LETANÍAS LAURETANAS – PRIMERA PARTE

Letanía es una palabra griega que significa oración, especialmente oración hecha en común; significa también procesión, porque esta manera de orar se usa en las procesiones. El uso de las Letanías es antiquísimo, se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Las más antiguas son las Letanías de los santos, pero hay otras también aprobadas por la Santa Iglesia.

1

En honor de nuestra Madre Santísima, conocemos la más popular de todas las Letanías, las Lauretanas, que son llamadas así en las Constituciones de los Sumos Pontífices: Sixto V, Clemente VIII, Alejandro VII, etc., porque se usaron por primera vez en el Santuario de Loreto.

Las Letanías Lauretanas se componen de una serie de invocaciones a María, de títulos de honor que los Santos Padres le dieron, títulos que se fundan principalmente en la única e incomunicable dignidad de María Madre de Dios. Con ellos honramos su persona e invocamos su poderosa intercesión.

Las primeras invocaciones son a Dios, adorable Trinidad, y a Cristo Redentor, para dar a entender que de Dios nos llega todo bien y que Cristo es la fuente de toda gracia.

Las invocaciones a María, pueden dividirse en seis grupos:

1°.- Las primeras abarcan, en resumen, todas sus grandezas (Santa María, etc.).

2°.- Siguen sus atributos como Madre (Madre de Jesucristo, etc…).

3°.- Se saluda luego a María Virgen (Virgen prudentísima, etc.).

4°.- Las prerrogativas de Nuestra Señora son representadas por imágenes o símbolos (espejo de justicia, etc.).

5°.- Se le exalta en sus relaciones con la Iglesia Militante (salud de los enfermos, etc.).

6°.- Finalmente, se celebra su gloria en la Iglesia triunfante (Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Profetas, etc.).

Esta bellísima oración a María se cierra con una triple invocación a su Divino Hijo, CORDERO DE DIOS que quitas los pecados del mundo, para que nos perdone, nos escuche y tenga misericordia de nosotros que tantas veces hemos pecado.

En el transcurso de los años, los Papas añadieron algunas invocaciones; por ejemplo, cuando Europa fue invadida por los turcos, se añadió Auxilio de los cristianos; después de la definición del Dogma de la Inmaculada Concepción: Reina concebida sin pecado original; después de haber sido consagrado el mes de Octubre al Santo Rosario: Reina del santísimo Rosario; cuando ardía la primera Guerra mundial: Reina de la Paz; con motivo de la definición del Dogma de la Asunción: Reina llevada al cielo en cuerpo y alma.

Recitar las Letanías es ante todo dar gloria a Dios, que tanto ensalzó a su Madre Santísima; es darle gracias a Ella y por Ella. Es alabarla, admirarla y pedirle su protección, es reconocer y meditar sus virtudes, movernos a imitarla, en cuanto es posible a nuestra humana debilidad, es pedir a Dios y a Ella gracia y protección para llevar a cabo lo que es imposible a nuestras propias fuerzas.

Es una oración corta y muy fácil para quien la medita, es una oración rica de santos pensamientos y de afectos sobrenaturales.

Señor, ten piedad de nosotros (al Padre).

Cristo, ten piedad de nosotros (a Cristo).

Señor, ten piedad de nosotros (al Espíritu Santo), Así empiezan las Letanías.

2

Antes de abrir los labios para alabar a María hemos de preocuparnos ante todo, de conseguir de la misericordia de Dios; que se apiade de nosotros, que nos conceda su gracia y su perdón.

“Cualquier cosa que pidiereis al Padre, os la concederá”, pero recordemos que Jesucristo añade en mi nombre.

Interpongamos conscientemente esta mediación de Cristo, el Único que puede darle eficacia. Repitamos con ardorosa fe y con humildad el grito de PIEDAD ¡Señor, ten piedad! ¡Cristo, ten piedad!, ¡Señor, ten piedad!

CRISTO, ÓYENOS – CRISTO, ESCÚCHANOS

Para que Jesús nos oiga es necesario tener un corazón contrito. Si no estamos actualmente en gracia de Dios, propongámonos reconquistarla y apartemos el corazón de la culpa. Si tenemos odio, si alimentamos venganza, etc., no podemos pretender que Él nos oiga. Hagamos el propósito de recibir el Sacramento de la Confesión lo más pronto posible.

Ser escuchados no es lo mismo que ser oídos. Ser escuchados es como el colmo de la bondad de Cristo para nosotros. Él desea que lo que le pedimos sea con atención, no estar distraídos, que lo que pronuncian nuestros labios esté en la mente y en el corazón.

3

PADRE CELESTIAL QUE ERES DIOS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

Le decimos Padre Celestial. Esta palabra nos hace admirar la infinita grandeza y la infinita benignidad de Dios que aun habitando en una Luz inaccesible, atiende a la voz suplicante de sus criaturas, de sus hijos, con su amor Paterno.

HIJO REDENTOR DEL MUNDO QUE ERES DIOS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

Invocamos al Hijo no solamente como Dios, sino también como Hombre – Dios, como REDENTOR.

El Hijo de Dios vino a librarnos de la esclavitud del pecado. Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Con su Pasión y Muerte nos mereció el perdón y ahora por medio de la gracia obtenemos mucho más de lo que habíamos perdido. ¡Divino Redentor! ¡Amado Redentor! Líbranos de la esclavitud de nuestras culpas actuales.

ESPÍRITU SANTO QUE ERES DIOS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

Dios es amor, dice San Juan (I. 4, 16). En la admirable obra de la reconciliación del hombre con Dios, entre todos los atributos de la divinidad, está el Amor Infinito de Dios que busca la oveja descarriada y como el perdón de los pecados es obra del AMOR y de la BONDAD Infinita de Dios se atribuye al Espíritu Santo, Amor substancial del Padre y del Hijo.

La misericordia de Jesús para los pecadores y las parábolas en las cuales quiso expresarla en páginas eternas para consuelo de todas las ovejas descarriadas, son la expresión más bella del AMOR que perdona. Dios nos perdona siempre y nos llama, nos sale al encuentro, nos acoge, nos retorna su amistad y nos devuelve la dignidad de hijos suyos. Dios AMOR. Dios Espíritu Santo.

SANTÍSIMA TRINIDAD QUE ERES UN SOLO DIOS, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

Después de haber invocado a las tres Divinas Personas pasamos a invocarlas en unidad, bajo el nombre de Augusta Trinidad. La Iglesia pone en nuestros labios esta invocación para recordarnos el Misterio inefable de la Unidad y Trinidad de Dios. Este Misterio es el fundamento y el origen de toda la fe revelada. El Misterio de la Encarnación del Verbo lo supone y emana de él, y del Misterio de la Encarnación derivan todos los misterios y todas las verdades de nuestra fe: el misterio de las dos naturalezas y de la Persona Divina de Jesucristo, los Misterios de la Redención, de la Santa Iglesia, de la Gracia, de los Sacramentos, etc.

 

SANTA MARÍA

4

Debemos aceptar y entender que sólo Dios es Santo y que comunica sus grandes Atributos, en diferente medida, a sus criaturas racionales, ante todo, el de LA SANTIDAD, por ser el más necesario.

Por esta razón llamamos a nuestra Señora: SANTA MARÍA.

Cuando Dios quiso preparar una madre humana para su Hijo, la hizo Inmaculada en su Concepción, la hizo SANTA aún antes de que hubiera nacido, antes de que pudiera pensar, hablar, obrar. La preservó del pecado original y de toda mancha. Por esto, difiere de todos los santos. ¡Toda Pura, toda Santa es María!

María es nombre de ayuda y consuelo. Cuando la invocamos con fe, con devoción y con amor recibimos inmediatamente ayuda, aliento y consuelo. Dice San Bernardo, del Santísimo nombre de Jesús, pero muy bien puede aplicarse al Dulce nombre de María, que este Nombre es alimento suave que conforta, es medicina que alivia los dolores y las penas, “es miel en la boca, melodía en los oídos, alegría en el corazón”.

Procuremos honrar este Santo Nombre y reparar las ofensas que se hacen a esta Buena Madre. Invoquémosla en todas nuestras necesidades.

El Nombre de Jesús y el Nombre de María, concluye San Bernardo, producen la curación de nuestras miserias y dominan las pasiones violentas. Tengamos estos Nombres en el corazón y en los labios durante la vida y los tendremos en el corazón y en los labios en nuestra última hora, y así seremos auxiliados en aquel momento, pues esos Nombres santamente invocados serán para nosotros prenda de luz, de gracia, de perdón y de seguridad en aquella eternidad feliz que todos esperamos.

RUEGA POR NOSOTROS

En las Letanías le decimos a María: “Ruega por nosotros” y no “ten Piedad de nosotros” como lo hacemos al dirigirnos a las Tres Divinas Personas, porque sólo Dios es fuente infinita de toda gracia. Ella y los Santos son canales a través de los cuales Dios se complace en hacernos llegar sus gracias.

Las súplicas de los Santos son eficaces para nosotros y poderosas ante Dios, pero son mucho más poderosas y eficaces las súplicas de Nuestra Madre María Santísima

Rogándole a Ella su intercesión, estamos seguros de que como es la más excelsa, la más santa de las criaturas y la más grata a Dios es la que, en consecuencia, puede más delante de Dios y por otra parte es la que más nos ama y la que más desea favorecernos.

 

SANTA MADRE DE DIOS

5

Después de haber invocado a María con su Nombre, pasamos ahora a invocarla con una serie de títulos muy apropiados. Y ante todo con la más excelsa de sus dignidades, principio y fundamento de todas las demás, la sublime y singular dignidad de Madre de Dios.

La Divina Maternidad de María es Dogma y Artículo fundamental de nuestra fe.

En la base de nuestra religión tenemos dos inefables misterios: el Misterio de la Santísima Trinidad y el de la Encarnación del Verbo.

La Encarnación supone la Trinidad. El Hijo que se ha encarnado supone el Padre del cual ha sido engendrado, y si se ha encarnado por obra del Espíritu Santo, confirma la existencia de esta tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Y no se puede imaginar la Encarnación sin una Madre que proporcione la naturaleza humana al Verbo. He aquí cómo la divina Maternidad de María entra en el fundamento y en el nexo esencial de las supremas verdades de nuestra religión. Y así como los principales artículos de la fe revelada (la Redención, la Gracia, la Iglesia, los Sacramentos, la vida eterna, etc.) son consecuencias del Misterio de la Encarnación, así estas importantes verdades tienen una íntima e indiscutible relación con el Dogma de la Divina Maternidad de María.

Santa Madre de Dios. Porque Ella es Madre de la naturaleza humana de Cristo; pero esta naturaleza humana está en Cristo indisolublemente, personalmente, hipostáticamente unida a la naturaleza divina en unidad de Persona, y ésta es divina. María es por lo tanto, Madre de esta Persona divina, Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

 

SANTA VIRGEN DE LAS VÍRGENES

6

Con esta invocación afirmamos que la virginidad de María no es común; es única, perfecta, sublime y que añadió a su Pureza Virginal un sello de consagración y de perpetuidad.

Los católicos creemos con la Santa Iglesia que María ha sido antes del parto, en el parto y después del parto, SIEMPRE VIRGEN PURÍSIMA.

Los dos estados: virginidad y maternidad son en sí santos, el primero es muy generoso y noble.

La maternidad es un claro reflejo de la adorable fecundidad del Padre Eterno, del cual, como nos asegura el Apóstol San Pablo (Ef. 4. 14-15) deriva toda paternidad en el cielo y en la tierra, imita a la omnipotencia creadora y tiene el mérito de poblar el cielo.

María unió en sí estos dos títulos sublimes, ser MADRE y VIRGEN FECUNDA. Por estas razones la Iglesia llama a María VIRGEN DE LAS VÍRGENES.

 

MADRE DE CRISTO

7

Siendo Jesucristo Dios, Creador y Salvador, podría parecer que es lo mismo llamar a María, Santa Madre de Dios, Madre de Cristo, Madre del Creador, Madre del Salvador. Pero estos diversos títulos no expresan lo mismo. Indican diversos aspectos bajo los cuales es considerada la misma Persona adorable del Redentor, diversos oficios de esta divina Persona, o distintos beneficios que se derivan de Cristo y de María.

Madre de Cristo significa que María participa, en cuanto es posible a la criatura, de la dignidad y excelencia de Cristo y de los beneficios por Él otorgados.

La palabra griega Cristo significa ungido o consagrado.

Antiguamente eran consagrados con la unción (óleo) los sacerdotes, los reyes y los profetas; y Jesús es por excelencia el Sacerdote, el Rey y el Profeta; también se consagraban los vasos sagrados destinados al culto divino.

Cuando saludamos e invocamos a María como Madre de Cristo, significamos que Ella es vaso consagrado a Dios; que por las íntimas y singulares relaciones que la acercan a su Divino Hijo, participa en cierto modo de la dignidad de sacerdote, de rey y de profeta.

María fue vaso de unción o consagrado, y tiene participación en el sumo Sacerdocio de Cristo.

Desde el primer momento de su existencia Ella estuvo llena de la Divina Gracia, óleo precioso, y fue destinada a contener durante nueve meses a la Santidad por esencia.

María participa del Eterno Sacerdocio de Jesucristo, de Cristo Sacerdote, que se ofreció a Dios una vez sobre el altar de la Cruz, derramando entre grandes dolores su Sangre de precio infinito por nuestros pecados, y se ofrece cada día de modo incruento sobre los altares por manos de los Sacerdotes.

Ella participa del sacrificio de la Cruz y del de la Eucaristía.

En primer lugar suministró la materia: aquel Cuerpo Divino que fue inmolado en la Cruz, en el Calvario y que continuamente se inmola en las Iglesias, es Cuerpo formado de la sola substancia de María Santísima, puesto que Ella es Madre Virgen; la Sangre que un día fue derramada en la Pasión y en la Muerte del Hombre-Dios y que todos los días se derrama místicamente en el Perenne Sacrificio, es Sangre de María, suministrada por Ella al Hijo de Dios.

En segundo lugar, participa del Sacrificio de la Cruz y el de la Eucaristía, porque ofreció con Jesucristo Primero y Sumo Sacerdote, el Sacrificio del Calvario y sigue ofreciendo sobre los altares la Víctima Divina porque el Sacrificio de la Misa es prolongación del Sacrificio de la Cruz.

Por esto María Santísima es llamada Corredentora e invocada como MADRE DE CRISTO.

 

MADRE DE LA DIVINA GRACIA

8

El Arcángel San Gabriel saludó a María diciéndole: “llena de gracia”, por lo tanto, es de fe que al realizarse en Ella el Misterio de la Encarnación del Verbo, estaba PLENA DE GRACIA. Pero, desde aquel instante creció más en Ella la Gracia.

Plena quiere decir completa, llena, pero se usa este término para resaltar aquello de lo que se está hablando, en este sentido se dice que María estaba Plena de Gracia, llena, pero en su vida el momento central o culmen es el de la Encarnación del Verbo y desde entonces en Ella continuó aumentando la Gracia en Plenitud.

La Santidad de Jesús, cuánto aprovechó a Su Madre, que con tanta atención recibía y conservaba en su Corazón las palabras y los actos de su Divino Hijo. Él formó la Santidad de su Madre, tan próxima a la suya cuanto es posible en una pura criatura y la elevó a un grado altísimo, más alto, sin comparación, que el de todos los elegidos, de todos los Santos.

Llena de Gracia. Ninguna hay que Ella no pueda obtener. Cristo es el manantial de la Gracia y su Madre Santísima es como un depósito, un recipiente que recibe, de donde, por su intercesión, alcanzamos gracias y al Autor de la Gracia.

CRISTO, MANANTIAL DE LA DIVINA GRACIA.

MARÍA, MADRE DE CRISTO MADRE DE LA DIVINA GRACIA.

MADRE PURÍSIMA

9

Lo que manifestamos creer y atribuimos a María con este título, es la total y perfecta exención de toda sombra de culpa y defecto. Pureza excepcional, integridad de vida que no la tiene igual ni semejante, nadie más.

El Pontífice San León escribe que en las diversas vicisitudes de la vida, no hay, ni aún la persona más perfecta que de vez en cuando no se manche con el polvo de la tierra. En Proverbios (24.16) dice que 7 veces cae el justo, caídas ligeras y veniales pero… son caídas.

Únicamente en María nada que sea mancha se encuentra en Ella.

 

MADRE CASTÍSIMA

10

Madre Castísima se refiere al brillo de la virginidad en cuanto al alma, esto es a la perfecta pureza de pensamientos y afectos. Ella conservó durante toda su vida esta pura castidad del alma.

 

MADRE SIN MANCHA

11

Madre sin mancha expresa la limpieza de los sentidos externos. La causa de la admirable Pureza Virginal de María no fue la exención en Ella del pecado original. La primera y más eficaz razón fue la Gracia de Dios, pero Ella cooperó a esta gracia con todos los medios, guardando rigurosamente sus sentidos externos, sus ojos para la contemplación de todas las cosas en las que encontraba los vestigios de Dios, de la sabiduría y del poder divinos; los oídos y la boca para escuchar y para pronunciar las alabanzas de Dios.

Ella hacía en este mundo lo que los Ángeles hacen en el cielo y mejor aún que ellos: amar y alabar a Dios.

La Iglesia llama a María Virgen de las vírgenes, la Virgen por excelencia, porque fue incomparablemente la más pura de todas.

 

MADRE SIN CORRUPCIÓN

Madre sin corrupción, es decir, pureza de vida y santidad de costumbres.

En María Santísima todos sus pensamientos, palabras y obras siempre fueron para gloria de Dios.

Debemos entender que no sólo su alma sino también su cuerpo fue llevado al cielo después de su muerte, de tal manera que no pasó por el largo período del sepulcro, como todos los seres humanos. Su cuerpo santísimo no experimentó la corrupción. Su Divino Hijo, por el infinito amor con que la amaba no podía soportar que su cuerpo quedara en el sepulcro y también por la santidad trascendente de María y porque Ella estaba llena de gracia hasta rebosar.

Pasó por la muerte como Nuestro Señor y también como Él y por su poder omnipotente fue llevada al cielo.

 

MADRE INMACULADA

Esta invocación se refiere a la Inmaculada Concepción de Nuestra Madre la Virgen María.

Esta verdad revelada es que Ella fue concebida en el seno de su madre, Santa Ana, sin mancha de pecado original.

El pecado original es el pecado de infidelidad y desobediencia a Dios, cuyas consecuencias hemos heredado, todos nacemos en ese estado y el Sacramento del Bautismo es el medio por el cual somos liberados de él.

María nunca vivió en ese estado, fue exceptuada de él por un designio, por un decreto eterno de Dios y según este eterno decreto el que había nacido desde toda la eternidad, nació en el tiempo para salvarnos y la redención de María fue entonces resuelta de esta manera especial que llamamos Inmaculada Concepción. Ella fue redimida en previsión de los méritos de su Divino Hijo.

 

MADRE AMABLE

12

Madre digna de ser amada.

Tres cosas contribuyen principalmente para hacer a una persona amable, merecedora de nuestro amor:

La hermosura de cuerpo y de alma.

La bondad, esto es, la natural inclinación a hacer el bien

Y el amor que la persona nos tiene.

En ninguna persona se encuentran tan unidas y en grado tan eminente como en María Santísima que es digna de todo nuestro amor, por eso la Iglesia le da el título de Madre Amable.

 

MADRE ADMIRABLE

13

Se dice que una persona o cosa es admirable o digna de admiración cuando es perfecta, extraordinaria; por esto impresiona los sentidos, la imaginación, el pensamiento.

María es verdaderamente admirable, porque es extraordinaria y no hay nadie que reúna como Ella semejante grandeza de privilegios y de virtud.

Por estas dos razones: sus privilegios y sus virtudes, María Santísima es invocada con el título de Madre Admirable.

 

MADRE DEL BUEN CONSEJO

Son muchos y todos ellos magníficos y gloriosos, los títulos que la Iglesia da a la Madre de Dios en estas Letanías, pero es particularmente bello el de Madre del Buen Consejo porque:

  • Es la Obra del Eterno Consejo
  • Fue llena, de manera singular, del Don de Consejo
  • Y debemos recurrir a Ella para obtener este Don.

Obra del Eterno Consejo quiere decir que Dios, desde toda la eternidad, pensó en María y la miró con complacencia; la amó con especial afecto y quiso hacer de Ella la Obra Maestra de su Infinito Poder, Sabiduría y Bondad, puesto que desde toda la eternidad la eligió y predestinó para ser la Madre de su Divino Hijo.

Llena de manera singular del Don de Consejo. El Don de Consejo, don del Espíritu Santo por el cual somos iluminados para conocer y para escoger siempre entre todas las cosas, aquella que mejor sirve para la Gloria de Dios y para nuestra salvación.

De este Don estuvo singularmente llena María Santísima (y de todos los Dones y de todas las Gracias), por lo que Ella supera incomparablemente a toda la humanidad.

Debemos recurrir a ella para obtener este Don y así poder conocer, escoger y hacer siempre lo mejor para Gloria de Dios y bien del alma. Tenemos necesidad del Don de Consejo para defender nuestra Fe, para guardar el gran tesoro de la gracia de Dios, para huir del ambiente anticristiano, de todo el mal que nos rodea.

¡Oh querida Madre! Ruega a tu Divino Hijo que su Divino Espíritu, el Espíritu Santo, desarrolle en nuestras almas el Don de Consejo, y los otros seis Dones de los que tenemos tanta necesidad. ¡Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros!

 

MADRE DEL CREADOR

14

María en el plan de la Creación y de la Restauración:

Ella es la Madre de Cristo, del Verbo del Padre hecho carne. El Verbo es el centro de la creación “por medio de Él fueron hechas todas las cosas y sin Él no se hizo nada de cuanto existe” (Jn. 1.3). En Cristo, lo que se atribuye a Dios se puede atribuir también al Dios-Hombre, así, habiendo sido hecho de María Santísima Aquel por el que han sido hechas todas las cosas, puede decirse que toda cosa fue hecha por Ella, porque engendró al HACEDOR, al CREADOR. Por esto María tomó parte, en cierto modo, en la obra de la Creación.

Pero la restauración, la renovación de todas las cosas, según enseñan los Santos Padres, es una segunda creación y ésta fue realizada por medio de Jesucristo. En esta segunda creación, en esta Redención del género humano, el centro es también Jesucristo, de manera que el Verbo Divino es doblemente Creador.

También María Santísima tomó parte activa en esta restauración que se realizó con su consentimiento.

El “hagamos” (igual a “hágase”) primero (el de Dios) produjo de la nada todas las cosas. El “Hágase en mí según tu palabra” pronunciado por María cooperó a restaurar todas las cosas en Cristo y a devolverles su primitiva perfección.

Sin el “Hagamos” Divino, todo habría permanecido en la nada; sin el “Hágase” de María, todo habría permanecido en una condición, bajo muchos aspectos, peor que la nada.

El primer “Hagamos” levantó a la criatura humana hasta la semejanza con Dios; el segundo “Hágase” levantándola aún más alto, la unió (en Cristo) personalmente a Dios.

El “Hagamos” Divino es, por consiguiente, omnipotente y creador por naturaleza; el “Hágase” de Ella es omnipotente, restaurador y creador por gracia. De esta manera María Santísima tomó parte en la creación… ¡MADRE DEL CREADOR!

 

MADRE DEL SALVADOR

15

También aquí, como en las consideraciones anteriores, necesitamos entender por qué el nombre de Salvador va asociado al título dado a María en las Letanías.

Antes de su venida, Jesús era conocido como Mesías, pero cuando apareció en la tierra fue conocido bajo tres títulos nuevos:

  • Hijo de Dios
  • Hijo del hombre
  • Salvador.

El primero expresa su naturaleza Divina; el segundo su naturaleza humana; el tercero su ministerio personal.

El Ángel que se apareció a María le llamó Hijo de Dios; el que se apareció en sueños a José le llamó Jesús que quiere decir Salvador; también le dieron este nombre los Ángeles que se aparecieron a los pastores en la noche de su Nacimiento. Pero Él en el Evangelio se llama a sí mismo de un modo particular: Hijo del hombre.

Verdaderamente es nuestro Salvador, porque con su Pasión y Muerte nos ha redimido y nos ha liberado del pecado. Unió en la unidad de su Persona Divina la naturaleza divina y la naturaleza humana.

Dios verdadero, debía ser verdadero hombre para poder realmente sufrir y morir y al mismo tiempo para que el precio de nuestro rescate, su Pasión y Muerte, tuviera el valor infinito que exigía la Majestad de Dios y la culpa cometida por el ser humano… Y, María Santísima es Madre de Jesucristo, Madre del Dios-Hombre; así, Ella es Madre del Salvador.

Pero hay una segunda razón de este título y es que Ella cooperó y coopera de modo singular en la obra redentora de Jesucristo, como Corredentora al pie de la Cruz y como Corredentora en el corazón de sus hijos.

Sobre la Cruz debía consumarse el sacrificio de la redención y la victoria sobre el pecado y María Santísima está íntimamente asociada a la Cruz. Ella ofreció generosamente al Padre en el Calvario, la Carne y la Sangre del Hijo, que era también carne y sangre suya.

Después del amor a Dios no hay afecto que tanto nos aparte del pecado y sea tan fuerte y eficaz para librarnos de él como el amor a María, Madre del Salvador y Madre Nuestra.

En la persona de Juan, el discípulo amado, Jesús nos entregó a su Madre cuando le dijo a Ella: “Ahí tienes a tu hijo” y nos la dio a nosotros por Madre cuando le dijo a él: “Ahí tienes a tu madre”.