Mons Tihamer Tóth- El Joven de Carácter

jovenQuerer mucho

El carácter no brota de la efervescencia de un momento, de un arranque que se lanza para detenerse en seguida, sino del trabajo metódico, perseverante y formativo, tratando de poner en juego todas las energías espirituales. Hay que pensarlo bien, emprenderlo con tesón y perseverar con constancia.

Muchos jóvenes «quisieran» muchas cosas, «desearían» y «les gustaría que fueran así o asá»; nada, sin embargo, hacen para ello. Que distinta situación de la expresada en la poesía:

No miró a la derecha. No miro a la izquierda.

¡Adelante! ¡Derecho al fin!

¡Con la confianza en Dios!

¡Y a través de todo!

Todo lo que puede hacer el hombre, puede hacerlo. Es inconcebible lo que es capaz de hacer un hombre, basta que sepa querer con decisión y constancia. Grandes fuerzas duermen en nosotros, mucho mayores de lo que pensamos. Debes creer que están escondidas en ti estas grandes fuerzas, y así se romperán de improviso las cadenas que te atan. Da comienzo a todas tus empresas con este pensamiento: «conseguiré ciertamente el fin que me propongo». Si no tienes una fe ciega en el triunfo, tu «querer» tan sólo será un «quisiera» ineficaz.

¡Fuera los Alpes!

Cuando Napoleón conquistaba países uno tras otro y les imponía su yugo, le ocurrió una gran contratiempo; sus generales le advirtieron que los Alpes impedían el paso a su ejército. Napoleón al momento contestó con decisión: «¡Entonces, fuera los Alpes!»

Una voluntad fuerte no se arredra ante las dificultades. ¡Titánica fuerza de voluntad la de Napoleón. Y si esta voluntad de acero se hubiera hermanado con adecuada rectitud de alma y hubiese vencido su egoísmo incontenible, no sólo no hubiese caído en la desgracia y hubieses evitado muchos males, sino cuánto bien hubiese podido hacer… Pero aprende de él a querer con fuerza.

  Hay que ver antes con claridad el objetivo, pero una vez decidido, venga lo que viniere, hay que hacerlo… o vencer o morir.

Tú también tienes que dejar el cómodo «quisiera» o «me gustaría», que no sirve para nada, y entrar por el sendero estrecho del «quiero». Dejar de gastar las fuerzas lamentándote con que «soy débil, no podré lograrlo» y aprovecharlas para empezar a actuar.

Supo querer

En el retrato de los grandes hombres se podrían inscribir estas palabras: «Supo querer». A Santo Tomás de Aquino le preguntó su hermana: «¿Qué he de hacer para alcanzar la salvación eterna?» «Querer», fue su breve res­puesta.

El joven no ha de acobardarse anodadado ante las dificultades, sino que ha de mirar de frente los obstáculos que le cierran el paso. Por más nublado que esté el cielo, llegará a salir el sol. Y por más crudo que sea el invierno, ha de llegar un día la primavera.

Fuera el desaliento. Para los jóvenes el trabajo, para los viejos el descanso. No desmayes jamás. Y adelante, con valentía, contra las difi­cul­ta­des. Muchas veces nos imaginamos las empresas mucho más arduas de lo que suelen ser. Y, sin embargo, lo dice muy bien el proverbio inglés: «Nunca llue­ve tan fuerte como cuando se la mira desde la ventana.»

Mira qué sabiamente pensaba el pagano Séneca en este punto: «La desgracia no quebranta al hombre valiente» (Prov. 2), «La desgracia es ocasión para la virtud» (Prov IV, 6), «El fuego sirve de prueba al oro; la miseria, a los hombres fuertes» (Prov. V, 8).

La historia está llena de ejemplos de estos. Hubo muchos que parecían tener conjuradas contra sí todas las fuerzas. Miles y miles de obstáculos se le­van­taban contra sus planes; pero ellos opusieron con noble ardor su volun­tad de acero y vencieron. Donde la primavera es continua y la Naturaleza siem­pre benigna, los hombres son indolentes y sin energías.

Beethoven, el gran músico, estaba completamente sordo cuando compuso su obra más excelsa.

Moisés, el gran libertador de los judíos, no sabía casi hablar; pero con la ayuda de Dios y con el humilde reconocimiento de su flaqueza, se hizo jefe de todo un pueblo.

Por tanto, ¡no seas pesimista! No digas: «En vano emprendo cualquier asunto, nací con mala estrella, nada me sale bien.» Si te persigue la mala suerte, encárate con ella y no cejes. No te cruces de brazos.

Es la suerte patrimonio de los tontos. Con esto suelen consolarse los perezosos y los fracasados. No admiten que el otro sea más diligente, más hábil, que sea más tenaz en el trabajo.

Los trece de la fama

Cuando Francisco Pizarro viajó hacia la conquista del Perú y se vio metido en graves peligros —de suerte que su tripulación se rebeló y exigió la vuelta—, se puso en medio de sus hombres y les dijo: «Al Norte de esta línea os espera una vida cómoda, sin peligros, pero también pobreza, un destino oscuro; al Sur os esperan duros esfuerzos, arduos combates y penuria; pero si triunfamos, la riqueza, el poder y la gloria. Escoged, pues, ahora.» Casi todos marcharon hacia el Norte; sólo hubo doce que se colocaron junto a Pizarro en la parte Sur, y estos trece, «los trece de la fama», después de muchas privaciones, llegaron a la meta, porque no se habían arredrado ante la lucha.

Por tanto, no pierdas nunca la cabeza, por muy grande que sea el contratiempo. Algunos hombres pasan por muchas pruebas en la vida, y no parece sino que la desgracia los persigue. Si tú te encuentras en el mismo caso, no te aflijas, no importa, trabaja sin desmayo. Quienes logran más en la vida son los que cumplen siempre su deber con alma serena y la sonrisa en los labios; se alegran en silencio cuando les va bien, y sufren con entereza la desgracia, siguiendo el consejo del poeta romano: «En los trances duros y lo mismo en la bonanza, ten siempre ánimo sosegado.»

Supongamos que estás trabajando y te echan de la empresa. De ves de repente en la calle con graves dificultades económicas. Estás a punto de desalentarte y desesperarte. Pero piensa un poco. ¿No hay otro puesto para ti en toda la redondez de la tierra? ¿Y qué sabes tú lo que Dios quiere al cortar bruscamente tu carrera? ¿Quien sabe si no es así como te quiere guiar a tu debida carrera, a tu verdadero cometido?

Edumndo Campión era el favorito de la reina Isabel de Inglaterra. Celebróse una gran fiesta, y Campión hubo de mostrar su admirable arte de montar a caballo delante de los invitados. Cayó del caballo. En vez de aplausos, risotadas mordaces. Campión se retiró, descubrió su verdadera vocación, se hizo misionero jesuita, y dio su vida por Cristo como mártir.

Julio César desembarcó en Africa. Al bajar del buque tropieza de repente y cae en tierra. El cortejo supersticioso susurra, ve un augurio malo en el suceso. Pero César tiene una feliz ocurrencia. Extiende sus brazos, y con acento patético grita: «Te abrazo, Africa.» Supo forjar un éxito del mismo percance.

La lucha, las privaciones, no sólo no son un mal, sino también fuente de virtudes heroicas. Si no hubiese tentación, no habría tampoco dominio de sí mismo. Si no hubiese pruebas, tampoco habría perseverancia. Quien lucha, se hace fuerte.

Dante escribió en el destierro luchando con la miseria, su magnífica obra, la Divina Comedia. Schiller escribió en una dolorosa enfermedad sus dramas de más relieve. Mozart terminó su Réquiem en el lecho del dolor. No le iría bien al hombre si sus empresas todas fueran coronadas por el éxito. Enseña el fracaso a ser humildes, y da vértigo el éxito continuo. Todo es capaz el hombre de soportar, menos un bienestar continuo.

Continuará…