Germán Mazuelo-Leytón- El culto a los ángeles

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En la economía divina (conjunto de las disposiciones divinas, decididas en la eternidad y realizadas en el tiempo con vistas a la salvación del hombre), los Ángeles ejercen un papel singular, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento ocupan un puesto extraordinario.

Encontramos la palabra Ángel en 24 libros de la Sagrada Escritura: 148 veces en el Antiguo Testamento y 74 en el Nuevo, lo cual no incluye las otras maneras bíblicas de hablar de ellos. La expresión Dios envió a su Ángel se repite casi a cada paso.

Ángel del hebreo maleak en las Sagradas Escrituras significa mensajero yministro de Dios. Los Ángeles son espíritus puros. Santo Tomás de Aquino enseña que como espíritus los Ángeles no tienen necesidad de un lugar material parta existir, sino que pueden estar presentes por acción.

El nombre de Ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un Ángel.[1]

Los Ángeles fueron creados en el estado de gracia santificante (se les llama de hecho Santos y amigos de Dios).

San Agustín enseña que todos los Ángeles sin excepción, fueron dotados de gracia habitual para ser buenos y ayudados incesantemente con la gracia actual para permanecer siendo buenos.[2]

Advierte San Gregorio Magno que casi todas las páginas de la Revelación escrita atestiguan la existencia de los Ángeles: baste recordar en el A. T. los querubines que quedaron de guardia en el Paraíso terrenal después de ser arrojados de él Adán y Eva; los tres Ángeles que se le aparecieron a Abraham; los serafines de los que habla Isaías; el Arcángel Rafael, que ayuda a Tobías; Miguel y Gabriel, nombrados por el profeta Daniel, que reaparecieron en el N. T., en el cual aumenta el número de testimonios (cfr. El Apocalipsis; en los Evangelios, la narración del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y de su Resurrección; San Pablo enumera varias categorías de Ángeles).

La existencia de los Ángeles es una verdad de fe. No obstante, hoy en día, hay una notable disminución de la fe y confianza en los Ángeles, dentro de un empobrecimiento de la fe católica, la mayoría de los católicos desdeñan la devoción a los Ángeles dándole la categoría de devoción infantil, reliquia de un pasado más supersticioso, o una práctica que fue abandonada por las reformas del Concilio Vaticano II.

En la conciencia del hombre moderno, existe una cierta tendencia con relación a los Ángeles, si no a negarlos, por lo menos a negar su injerencia en nuestras vidas. En un tiempo en que el mal, la brutalidad y lo inhumano, han adquirido una legitimidad mayor que nunca antes; en un tiempo en que la psicología profunda enseña que hay realidades que no quedan reducidas ni eliminadas por el hecho de que un análisis racionalista las declare inexistentes, surge la proliferación de cultos satánicos: ocultismo, satanismo, poderes extrasensoriales, superstición, magia, horóscopos, rock satánico, métodos de oración según prácticas orientales, meditación trascendental, el entrenamiento autógeno, el control mental de Silva, el yoga, el zen, la «metafísica», etc.[3]

La existencia de los Ángeles fue negada por los saduceos:

Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni Ángel, ni espíritu, mientras que los fariseos profesan ambas cosas [4].

Posteriormente la negaron los anabaptistas, los socinianos (enemigos de todo lo sobrenatural), y la han negado el materialismo y el racionalismo de todas las épocas. El racionalismo considera a los Ángeles como personificaciones de atributos y acciones divinas, o ven en la angelología judeocristiana vestigios de un politeísmo primitivo o elementos tomados de las ideologías pérsicas y babilónicas.

Por otra parte entre las numerosas prácticas de la llamada Nueva Era o Era de Acuario se observa el desarrollo de una pseudo angelología que nada tiene que ver con el verdadero culto católico a los ángeles.

Respecto de esta práctica, la literatura de la herejía nuevaerista, asegura que los «Ángeles» se están comunicando actualmente con los seres humanos de una manera muy distinta de como lo hicieron en el pasado, y afirman, dichos manuales, que en la Edad Media ya se conocía esta práctica en ciertas religiones, pero que el secreto lo conocían únicamente los iniciados.

Nada más falso, escuchemos a San Pablo:

Que nadie os defraude de vuestro premio con afectada humildad y culto de los Ángeles, haciendo alarde de las cosas que pretende haber visto, vanamente hinchado por su propia inteligencia carnal, y no manteniéndose unido a la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y trabado por medio de coyunturas y ligamentos, crece con crecimiento que viene de Dios… Las cuales cosas tienen ciertamente color de sabiduría, por su afectada piedad, humildad y severidad con el cuerpo; mas no son de ninguna estima: sólo sirven para la hartura de la carne.[5]

240px-cortona_guardian_angel_01La misión primaria de los Ángeles buenos es la glorificación y servicio de Dios (sent. cierta).[6]

La misión secundaria de los Ángeles buenos es proteger a los hombres y velar por su salvación (de fe en virtud del magisterio ordinario y universal de la Iglesia).

Cada creyente tiene su particular ángel de la guarda desde el día de su bautismo  (sent. cierta) *Nota de Radio Cristiandad:

Santo Tomás dice lo siguiente:

Como dice Orígenes, sobre esto hay dos opiniones. Pues unos creen que los Ángeles custodios se asignan a los hombres al momento de ser bautizados, y otros que al momento de nacer. Por esta segunda opinión se inclina Jerónimo, y no sin razón. Ciertamente que los beneficios conferidos por Dios al hombre en cuanto que es cristiano, comienzan desde el momento del bautismo, como el poder recibir la Eucaristía y otros semejantes; pero los que Dios le otorga en atención a su naturaleza racional, se le confieren desde el momento en que, al nacer, recibe la naturaleza. Ahora bien, el beneficio del Ángel custodio pertenece a la segunda clase. Por lo tanto, desde el momento mismo de nacer tiene el hombre asignado su Ángel custodio.

San Basilio, fundándose en Mateo 18, 20, enseña:

Cada uno de los fieles tiene a su lado un Ángel como educador y pastor que dirige su vida.[7]

El culto tributado a los Ángeles encuentra su justificación en las relaciones, antes mencionadas, de los mismos para con Dios y para con los hombres. Todo lo que el Concilio de Trento nos enseña acerca de la invocación y culto de los santos (Dz 984 ss) se aplica también a los Ángeles.

Por la Sagrada Biblia sólo se conocen los nombres de tres Arcángeles: Rafael, Gabriel y Miguel, y aunque sabemos por la misma Escritura que son siete los Arcángeles:

Porque yo soy el Ángel Rafael, uno de los siete que asistimos delante del Señor.[8]

Juan a las siete Iglesias que están en Asia: gracia a vosotros y paz de Aquel que es, y que era, y que viene; y de los siete Espíritus que están delante de su trono [9].

La doctrina católica prescribe el uso de nombres de Ángeles que no se encuentren en la Biblia, nombres tomados de escritos apócrifos, que al no ser citados en la Escritura Sagrada fueron rechazados por la Iglesia en el año 745 y posteriormente en 789.[10]

En hebreo tales nombres indican funciones, la fantasía popular y la literatura apócrifa (no inspirada) elaboraron otros nombres y funciones para los Ángeles.[11]

También hay que rechazar el uso de dar a los Ángeles nombres particulares, excepto Miguel, Gabriel y Rafael, que aparecen en la Escritura.[12]

En la cábala judía, en la literatura islámica y principalmente en los escritos esotéricos de hoy, aparecen Ángeles para todo, incluso para funciones sin sentido o absurdas. El ritual para el culto de los Ángeles, propuesto por tales escritos, es sincrético, muy alienante, intimista, arbitrario y mágico.

La palabra cábala es hebrea y significa recibir algo en particular. Originalmente designaba toda la doctrina religiosa hebrea, excepto el Pentateuco. A partir del siglo XII se convirtió, sin embargo, en una tendencia místico-teológica en el judaísmo y pasó a profesar doctrinas metafísicas, dogmáticas, exegéticas no siempre bien definidas y que llevan a la magia, a la astrología, a la quiromancia, a la lectura de cartas, etc. La cábala admite la existencia de seres intermediarios entre Dios y los hombres: son semidioses y proceden de la divinidad.[13]

Ya San Pablo, combatió la idea judaica, de que los Ángeles fueran semidioses, y hablando de los engañadores nos dice:

Y no es de extrañar, pues el mismo Satanás se disfraza de Ángel de luz.[14]

El Ángel del Apocalipsis corrigió a San Juan cuando éste quiso adorarlo:

Guárdate de hacerlo, porque yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. A Dios adora.[15]

Los Ángeles de Dios son mensajeros, no el mensaje; son criaturas, no el Creador, cualquiera   que sea su identidad, siempre serán reflejo de Dios, y no el mismo Dios.

El máximo teólogo, Santo Tomás de Aquino sostiene que, siendo los Ángeles servidores de la Providencia Divina, no sólo la vida de cada ser humano, sino también las naciones, ciudades, iglesias y comunidades están bajo su protección y cuidado. Recordemos que las apariciones de nuestra Señora de Fátima a los niños pastores estuvieron precedidas por el Ángel Guardián de Portugal.

El Aquinate incluye en la Summa Teológica un amplio estudio sobre los Ángeles y señala que independientemente de sus respectivos Ángeles de la guarda, a las personas que tienen responsabilidades importantes como el gobierno de las naciones, comunidades civiles o comunidades eclesiásticas (obispos, abades, superiores, párrocos, etc.), les son asignados uno o más Ángeles cuando asumen estas elevadas tareas para ser asistidos en la conducción de las personas encomendadas a su cuidado.

Debemos ciertamente incrementar nuestra devoción a los santos Ángeles que traen entendimiento, fuerza y perseverancia a las conciencias humanas, y debemos regresar a la oración y devoción a nuestros Ángeles de la guarda, ellos luchan en niveles que nosotros simples humanos no podemos ver, debido a que el intelecto angélico es mucho mayor al nuestro, porque no depende de la materialidad, es un intelecto infuso, que les sirve en sus roles providenciales como una fuerza indispensable para la Iglesia.

Veneremos e invoquemos adecuadamente a los Ángeles de Dios.

Germán Mazuelo-Leytón

 

[1] SAN AGUSTÍN, Enarratio in Psalmum, 103, 1, 15.

[2] SAN AGUSTÍN, De civ. Dei XII 9, 2; De corrept. Et gratia, c. II, n. 32.

[3] CEJA ALVAREZ, Pbro. J. JESÚS, Ángeles y demonios en su relación con el hombre.

[4] HECHOS 23, 8.

[5] COLOSENSES 2, 18-19 y 23.

[6] Cf.: Salmo, 102, 20; Salmo 148, 2; Daniel 3, 58; Isaías 6, 3; Apocalipsis 4, 8; 5, 11 s.; hebreos 1, 6; Lc 1, 11 ss.; 1, 26 ss; Mateo 1, 20 s; Lucas 2, 9 ss; Mateo 2, 13 y 19 s.; Hechos 5, 19 s; 8, 26; 10, 3 ss; 12, 7 ss.

[7] SAN BASILIO, Adv. Eunomium III, I.

[8] TOBÍAS 12, 15.

[9] APOCALIPSIS 1, 4.

[10] Cf.: VIDAL DE TENREIRO, ISABEL Y ALFONZO, MARÍA CAROLINA, El mundo de los ángeles.

[11] Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, nº 217.

[12]

[13] VAN DEN BORN, A., Diccionario enciclopédico de la Biblia.

[14] 2 CORINTIOS 11, 14.

[15] APOCALIPSIS 22, 8.