NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ- DÍA QUINTO

Pidiendo su auxilio para Colombia

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ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo, que haces infinitas maravillas en el cielo y la tierra; Vos, Señor, que nos hiciste a vuestra imagen y semejanza, y capaz de tu gloria y de la felicidad eterna, beneficio que nunca os podremos pagar; por el amor que nos tenéis; oh Dios, cuya grandeza nos abisma, escuchad la sincera confesión de nuestros pecados. Aquí estamos, postrados de hinojos ante vuestra augusta presencia, llenos de vergüenza, pero arrepentidos y dispuestos a desagraviaros.

Confesamos, Señor, que hemos pecado, que no hemos evitado las ocasiones de pecar, despreciando los sublimes mandamientos de vuestra Ley santa y labrando a sabiendas la eterna condenación. Nos pesa, Señor, nos pesa una mil veces haber manchado nuestra alma con la sombras del pecado. Pero como el penitente David, aquí nos tenéis suplicando el perdón de nuestras culpas prometiendo la enmienda de la vida y la salud del alma.

Protegednos, Señor, os lo suplicamos fervorosamente, por el amor que tenéis a vuestra Santísima Madre, en cuyo honor hacemos este novenario bajo la dulce advocación del Rosario de Chiquinquirá, cuya sacratísima imagen se renovó milagrosamente en Maracaibo ante un pueblo celoso de amor a la Virgen María. Por ella, pues, dulce Jesús, aplaca vuestra justa ira y concedednos toda vuestra clemencia, de la que tanto necesitamos para salvarnos de los peligros que nos rodean. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Omnipotente y Sempiterno Dios y Señor Nuestro, que sois la esperanza y el consuelo de todos los afligidos que os invocan, y quisisteis que todos los bienes que tenemos, y los que esperamos alcanzar, nos vengan por mano de la Santísima Virgen dignísima madre tuya; concedednos que todos los que veneremos piadosamente vuestro nacimiento en carne mortal y roguemos delante de esta milagrosa Imagen renovada por sí misma, sintamos el perpetuo socorro de vuestro patrocinio y seamos libres en el cuerpo y en el alma, de toda tribulación. Tú que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén

DÍA QUINTO

El encomendero murió al año siguiente en la capital del Virreinato y su viuda, Doña Catalina, llegó a Suta para quitar su casa y establecerse en la vecina población de Chiquinquirá. Al cuadro de la Virgen se lo llevó consigo y, sin preocuparse por hacerle la menor reparación, lo dejó en un rincón del pequeño oratorio particular que se hizo construir en el jardín de su nueva casa.

Ahí permanecía, igualmente descolorida y rota, diez o doce años después, hasta 1585, cuando llegó a vivir a Chiquiquirá una pariente de Doña Catalina llamada María Ramos. Esta mujer tenía una acendrada devoción por la Virgen del Rosario y, no bien reparó en la imagen abandonada y en el estado lamentable en que se encontraba, lo limpió, lo arregló lo mejor que pudo y lo expuso en el sitio principal del oratorio. Como antaño lo había hecho el de Santana, su pariente Doña María fomentó la devoción a la imagen, se preocupó por mantener limpia y adornada la capillita y no pasaba día sin que fuese a rezar ante la Virgen del Rosario; una de sus peticiones más ferviente era la de ver renovada la borrosa pintura para contemplar a su gusto el rostro de la Madre de Dios.

ORACIÓN FINAL

¡Oh Soberana Reina de los Cielos y tierra! Que fuiste elevada por gracia a un a estado más sublime que el que tienen por naturaleza nuestros Ángeles custodios, os damos gracias por las buenas inspiraciones que nos habéis prodigado toda la vida, y especialmente en este día; también os agradecemos que renueves milagrosamente tu Imagen del Rosario de Chiquinquirá, expresamente para proteger a tus fieles devotos ; y os pedimos que asimismo renueves con tu milagroso poder en el tosco lienzo de nuestros corazones la imagen de tu Hijo benditísimo. Alcánzanos también la gracia que en esta Novena os pedimos por la intercesión de tus Siervos San Andrés y San Antonio, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

Pater, Ave y Gloria.