OSKO: LA EPIDEMIA DEL ANTICRISTO (I)

LOS SÍNTOMAS
(Narcisismo)

“… y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.” I S. Juan 4, 3.

anticristo1aEl Leviatán

¿Cómo que “YA ESTÁ EN EL MUNDO”?

Pues, eso es lo que dijo San Juan.

Dos investigadores diagnostican bastante correctamente una realidad; sin embargo debe decirse que dicha realidad merece otros nombres, otra categorización y, por supuesto, otro tratamiento.

Vamos a ver cómo, aunque desde una visión desprovista de toda trascendencia, analizando el mundo y sus problemas, ellos hacen una aproximación al asunto.

Muy difícilmente encontraremos otra manera de analizar las cosas en los medios; no obstante por una vez los datos que proporcionan son elocuentes.

Las recetas que terminan sugiriendo para combatir el mal que denuncian son del estilo de aplicarle unas cataplasmas a un poseído por diez demonios; por supuesto no debe esperarse otra cosa.

Sin embargo reitero que creo que de todas maneras muestran un poco cómo nos precipitamos sin remedio en la profundidad abisal del tiempo de la POST-APOSTASÍA.

Y eso porque me da la impresión de que la materialización de la apostasía fue el estadio anterior, cuando la misma alcanzó el carácter de “institucional”, toda vez que acabó por constituirse en una “iglesia”, la conciliar, que exitosamente reemplazó, eclipsándola, a la verdadera Iglesia.

Claro que aquella apostasía se prolonga, persiste y se expande actualmente por supuesto; pero creo que es deber decir que ahora estamos recorriendo el oscuro y tenebroso tramo del pleno Reino del Anticristo, que consumada la Apostasía de las Naciones y de las personas (en su inmensa mayoría) alcanza, o se apresta a alcanzar, finalmente el “tiempo de cosecha”.

Las uvas parecen estar maduras, y listas, para ser pisoteadas en el lagar. Y aunque seguramente no resultará del agrado de prácticamente nadie, y menos generará adhesiones, y por supuesto provoque más de una sonrisa e indiferencia, no queda otra que hablar del actualmente establecido Reino del Anticristo.

Y si hablamos del Reino del Anticristo es porque… él reina, amigo lector, sólo que lo hace de una manera sutil y efectiva como ninguna, aunque inesperada. Y hay que decirlo porque algunos, (muchos, más bien), persisten todavía en esperar que se manifieste, y esto hace que corran un grave riesgo al pasarse de largo la cuestión; puesto que el Anticristo ya está aquí, y si uno no ve donde está el enemigo, o no sabe por dónde viene, será mucho más dificultoso establecer ciertos mecanismos de defensa.

Porque hay mecanismos de defensa que son, digamos, habituales o para todos los tiempos; los medios ordinarios que nos propone la Iglesia; pero también hay otros que necesariamente deberán ser puestos en funcionamiento frente al actualmente reinante Anticristo.

¿No me cree?

Dése una vuelta por los escritos del Padre Lacunza en lo relacionado con el Anticristo y su manera de manifestarse en el mundo, de su pérfida epifanía; vea el texto que ahora comentaremos, y después deténgase por unos minutos a pensar en lo que implica todo esto.

Razonemos en función de esta idea; consideremos la posibilidad de que las cosas estén ocurriendo ahora mismo pero de un modo diferente al esperado por la exégesis habitualmente acogida por la mayoría.

Suponga que el Anticristo hace rato que se ha instalado en este mundo; y que la idea de un Anticristo como “individuo” o “persona” fuera un descomunal engaño, y que la exégesis que pretende ver en el Anticristo a un hombre que surgirá del Poder Político, o de las Finanzas, o de la Religión, o de todas esas cosas juntas, fuese también completamente equivocada.

Y además por un momento supongamos que tampoco ocurrirá que detrás de ese “colectivo humano”, más tarde aparecerá un individuo que lo encabezará todo y que será propiamente señalado como “el Anticristo”. NO. Desechemos esa idea.

He aquí el Anticristo:

“Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita.”

(San Pablo; II Timoteo 3: 1-5)

Suponga que es posible que (reuniendo algunas, muchas o todas de las características que menciona San Pablo), el Anticristo pudiéramos ser usted, yo, su mujer o su esposo, sus amigos, sus hijos, sus padres, sus maestros o los de sus hijos, sus líderes, su médico y su abogado (pues… no, no necesariamente en el caso de los abogados se trata de algo inevitable; deseche esa idea) o el sacerdote o religioso de su mayor confianza; sus parientes, su suegra (no se empecine; tampoco es necesariamente seguro en este caso); todos al mismo tiempo y sin exclusión de los demás.

¿Pero entonces, que? Verdaderamente puede parecer una hipótesis producto de la paranoia, ¿verdad? Pues no. Porque la condición previa de la que habla San Pablo, es una sola y se viene haciendo concreta, alargando y profundizando desde hace siglos y se encuentra ya consumada y culminada, o casi, delante de nosotros.

Se habla del Anticristo como “el ÁNOMOS”; “sin Ley“. San Pablo elige señalarlo como “el hombre de pecado” y “el hijo de perdición”; todas perfectas maneras de referirse a un tipo de hombre, y no necesariamente a un particular; son definiciones aplicables a muchedumbre de personas.

Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición,…” 

(II Tesalonicenses 2: 3)

Muchos han intentado obtener el “nombre” del Anticristo, sumando letras a partir de lo que dice el Texto Sagrado en Apocalipsis 13: 18.

El Padre Lacunza se refiere a esto, y dice que el Anticristo tendría que tener un distintivo o un nombre para poder ser identificado y encuentra que es el siguiente: RENEGADO. Apelativo que bien aplicable resulta ser también al hombre moderno/revolucionario.

Eso representa un “espíritu” o “carácter”, que el Padre Lacunza ve en el término ABRENUNTIO, que literalmente significa (dice el Padre Lacunza) “… hago profesión de renegado”; lo que no es otra cosa que tomar partido por la libertad; un solvere Jesum (DISOLVER A CRISTO); una formal apostasía de la religión cristiana que antes se profesaba.”

Categórica manera de describir al hombre de hoy.

Pese a todo, respire profundo y relájese. Para el caso, usted, yo y todos contamos con un método infalible para saber quién se ha sumado ya al Leviatán, a su Cuerpo Místico, a las legiones de hombres y mujeres que le sirven.

En el interesante artículo que sigue,

http://www.infobae.com/america/mundo/2016/09/10/yo-mi-mio-en-la-era-de-la-selfie-el-narcisismo-ya-es-epidemia/

se declara que el narcisismo ya es una epidemia.

Tenemos:

ricos falsos (con hipotecas de puros intereses y pilas de deudas),

belleza falsa (con cirugía plástica y procedimientos cosméticos),

atletas falsos (con drogas para mejorar su desempeño),

celebridades falsas (en los reality shows televisivos y en YouTube),

estudiantes geniales falsos (por una inflación de las calificaciones),

una economía nacional falsa (EE.UU, con 11 billones de dólares de deuda gubernamental),

sentimientos de ser especiales falsos (por la crianza de los niños y la educación concentrada en la autoestima)

y amigos falsos (con la explosión de las redes sociales)”.

“The Narcissism Epidemic”

Es importante considerar que entre todos los “falsos” enumerados anteriormente hay rasgos comunes.

Me parece que de todas maneras en el elenco anterior faltaron algunos rubros.

Aquí van los ejemplos que, por supuesto, no pretenden agotar la cuestión:

Resistencias falsas tradis diversas (que procuran mantener intacto el cordón umbilical que los une a la Roma Anticristo, de la que “proviene toda jurisdicción“, al decir de un conocido obispo inglés).

Falsos defensores de la Misa de Siempre (que entre tantas diversas posiciones tibias todavía rezan la Misa Tridentina UNA CUM Bergoglio. Peor aun, están los que aceptan la reformada por Roncalli).

Conservadores falsos (la mayoría infectados de Neo-modernismo).

Tradicionalismo falso que abandonada la antigua lucha contra el Neo Modernismo de la Roma anticristo, procura pactar con ella.

Falsos seguidores de Williamson (que adhieren disimuladamente a las iniciativas de Faure, no del todo del gusto del primero).

Falsos seguidores de Faure (que, con excentricidades y todo, disimuladamente, todavía esperan algo de Williamson).

Falsos críticos de Bergoglio (se hacen los escandalizados por algunas de las barbaridades del “papa argento”, pero en el fondo no les parece tan malo).

Bueno; que el asunto no resulta ser para nada extraordinario si se piensa un poco. Hasta suena lógico en la época del café descafeinado, la cerveza sin alcohol, la leche deslactosada, el “descubrimiento” de que no se nace hombre o mujer sino que se llega a serlo por cuestiones que vienen después y que recientemente nos hemos enterado de que no somos quién para juzgar a nada ni a nadie, ni hay nadie que pueda hacerlo tampoco.

Desde los viejos días del catecismo sabemos que Satanás es el padre de la mentira. (En realidad, antes se sabía; ahora no se sabe, porque de Satanás no hablan más los supuestos curas ni los llamados catequistas, para evitar asustar a los chicos). Entonces, ¿a qué dar gritos de asombro si resulta que en el mundo actual, el mundo de la modernidad, TODO, absolutamente TODO es FALSO, o MENTIRA, o MISTIFICACIÓN?

Sería para asombrarse si ocurriera otra cosa.

Pero no es lo único que merece ser dicho sobre este asunto.

Porque el principal problema, que por supuesto la señora Twenge y el señor Campbell, autores del libro o de los libros, no mencionan y se ve que desconocen por completo, es la total, completa y absoluta DESACRALIZACIÓN de todos los aspectos de la vida humana; una visión que desdeña toda trascendencia.

Cuando un sacerdote consagraba una capilla, o una iglesia, o un objeto para privarlo de todo uso que no fuera el propio del CULTO DIVINO, entonces, por medio de ese acto consagratorio, SEPARABA algo de este mundo, una porción de lo creado, para ponerlo al servicio únicamente de Dios (como si dijéramos que lo DES-PROFANABA).

Me gusta pensar que en realidad TODAS las cosas le pertenecen a Dios, y solo a Él. Pero como la confusión y la maldad que reinan en el mundo y la ceguera derivada de la misma, hacen que el hombre vea todo patas para arriba, pues, entonces, la Iglesia desde siempre procedía a “consagrar” o apartar del uso común y humano, aquellos objetos que quería que fueran reservados solo para Dios.

Entre tanto, el resto de las cosas proseguía siendo de uso, digámoslo así, profano.

Hoy más que nunca en la historia humana puede decirse que más que de uso profano, casi todas las cosas están PROFANADAS; empezando por la naturaleza; pero eso es una cuestión distinta al tema de este artículo (no sé si tan distinta, pero si muy extensa).

Antes de dejarlos con el texto que pretendo comentar, una cosa más.

A mí me parece que todo lo que ocurre es como en la Trilogía Cósmica de C.S. Lewis. El mundo entero se encuentra PROFANADO, desde que el Oyarsa de este planeta se declaró en rebeldía y desde que el mismo quedó aislado y se convirtió en “el planeta silencioso”; me cierran mucho más las cosas desde este modo de verlas. Si no la leyó, léala. Se consigue en internet.

Entonces, estimado lector, hágase a la idea y verá que no resulta tan difícil. El ANTICRISTO es un “cuerpo moral”, un “colectivo humano” que se encuentra en este preciso momento aquí, en franco desarrollo y crecimiento.

Cada día, cada minuto, cientos, tal vez miles, se incorporan al impío “cuerpo místico” de LA BESTIA, sólo que… NO LO SABEN.

En ese caso, no creo que la IGNORANCIA sea una excusa, por las siguientes razones:

Porque el Orden instaurado en el mundo, este Nuevo Orden Mundial que se va coagulando cada vez un poco más, es un “orden” INVERSO. Es decir, INVERTIDO. O sea, ANTINATURAL y eso no puede pasar desapercibido a nadie que tenga buena voluntad.

Ahhh… ¡Ojo! que la cuestión no es sencilla.

Mantenerse fuera del alcance de Leviatán, de sus oropeles, de sus “misericordinas”, de sus promesas, de sus encantamientos, de sus propuestas de “acuerdo” y prelaturas, de sus falsas “jurisdicciones”, de sus “entretenimientos”, y de un enorme y larguísimo etcétera de seducciones, NO ES NI SERÁ PARA NADA FÁCIL.

Por sobre todo, ¡cuidado con el NARCISISMO!, que a fin de cuentas es el tema de este artículo.

anticristo1bNarciso, contemplando extasiado su imagen en el agua

Algunos párrafos del artículo, “Yo, mí, mío: en la era de la selfie, el narcisismo ya es epidemia”

Jean M. Twenge, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de San Diego y W. Keith Campbell, titular del mismo espacio en la Universidad de Georgia estaban dando los toques finales a su libro The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement (La epidemia de narcisismo: vivir en la era de merecer todo) cuando ella recibió una comunicación del jardín de infantes al que asistía su hija:

“Queridos padres —decía—. Durante las próximas cuatro semanas nuestros temas serán Todo Sobre Mí y Soy Especial. Los temas enfocarán habilidades y conceptos que son importantes para el crecimiento”.

Parecía una broma.

La autora de Generation Me (Generación Yo) y el autor de When You Love a Man Who Loves Himself (Cuando amas a un hombre que se ama a sí mismo) se disponían a entregar a su editor una investigación sobre el cambio cultural radical que ha puesto al individuo en el centro de la historia, aunque menos como el Renacimiento que como en un sueño delirante.

El libro “The Narcissism Epidemic” se ocupa de una gama enorme de indicios que apuntan a un problema social de grandes dimensiones: la expansión del materialismo, la idea de que uno merece todo lo que se le ocurre, el deseo de ser excepcional y exhibirlo donde se pueda, entre ellas.

Los psicólogos no hablan del trastorno clínico del Desorden de Personalidad Narcisista, sino del pan de cada día en la sociedad estadounidense. “No quisiera generalizar”, dijo Campbell a Infobae. “En cada sociedad pasan cosas distintas”. Sin embargo, por efecto de la globalización, los Estados Unidos no son el único país donde se verifica este fenómeno. Inclusive en economías en desarrollo existen espacios de sintomatología idéntica.

“El narcisismo no es simplemente una actitud de confianza en uno mismo o un sentimiento saludable de valor propio”, escribieron Twenge y Campbell. “Los narcisistas son arrogantes, no ya seguros de sí, y a diferencia de la mayoría de las personas con autoestima elevada otorgan poco valor a las relaciones de proximidad emocional”.

Primero aumentó la cantidad de gente con esas características, explicaron. Y luego hubo un cambio en la cultura: los valores, las creencias, las prácticas. Un narcisista tiene la fantasía de que es mejor de lo que es, y mejor que todos los que lo rodean.

“Los chicos de las escuelas secundarias no mejoraron su desempeño académico en los últimos 30 años, el tiempo en que la autoestima se estimuló e infló activamente entre ellos”.

Es complicado advirtió Campbell, pero diría que comenzamos a ver cambios hacia el final de la década de 1960 y el comienzo de la de 1970. La gente comenzó a centrarse en sí misma… Y cambió la crianza de los hijos: en los 80 hubo un impulso a la autoestima de los niños. Por último señalaría que los medios influyeron: los reality shows se difundieron desde los 90, y la transformación que causaron las redes sociales ha sucedido en los últimos diez años, o menos.

Los chicos de las escuelas secundarias no mejoraron su desempeño académico en los últimos 30 años, el tiempo en que la autoestima se estimuló e infló activamente entre ellos.

Y todos estos factores se retroalimentaron entre sí. Si uno cambia la cultura, eso cambia a las personas, que a su vez cambian más a la cultura, y así.

Los cambios más importantes fueron el aumento de la permisividad y el otorgamiento a los niños de un control mayor sobre los asuntos de la familia. Por ejemplo, hacer que los niños participen de grandes decisiones, como una mudanza. En los 60, los niños podían estar en la calle más que ahora y tenían más libertad. Eran, además, niños más obedientes. Eso ha cambiado tanto que la gente no lo valora ya como rasgo para sus hijos.

Ya no se considera, como antes, que la obediencia sea algo bueno en un niño. Ya no estimulamos la obediencia: estimulamos que los niños tomen sus propias decisiones. En The Narcissism Epidemic se enfatiza una paradoja: dado que hoy los niños crecen en un mundo mucho más abierto a los valores y las conductas narcisistas, los padres y los maestros creen que los dejarían desvalidos si no siguieran esa misma corriente al educarlos. Protegerlos equivale a caer en el mismo problema de criar personas que se creerán mejores que las demás.

Históricamente los varones han tenido más rasgos narcisistas que las mujeres, pero la tendencia está cambiando: aunque todavía las superan, ellas han avanzado. “Eso no llega a ser sorprendente en una época de fiestas de pedicuría para niñas de cinco años y aumentos de mamas para la graduación del secundario.

—La cultura ya no debe enfocarse en inflar la autoestima de los jóvenes. Esto ya no importa, si acaso alguna vez importó. Tenemos autoestima más que suficiente en la sociedad y eso no ha resuelto nada: la gente se gusta a sí misma, lo cual está bien, pero eso no se tradujo en otro efecto positivo. También podría ser bueno concentrarse más en la comunidad, en construir conexiones entre las personas, enfocarse en los demás.

Twenge y Campbell publicaron dos propuestas, junto a sus críticas. La primera: “En lugar de enseñarle a las personas ‘Tienes que amarte a ti mismo antes de que puedas amar a otros’, se les puede enseñar algo mucho más cercano a la verdad: ‘Si te amas demasiado, no te quedará amor para darle a nadie más”. La segunda: “Transmitamos el mensaje de que centrarse en uno mismo no conduce al éxito, y que en realidad con frecuencia conduce al fracaso en el largo plazo”.

Consideraciones finales.

Como ya fue dicho, es muy lamentable que estos especialistas (Twenge y Campbell), si bien hacen un diagnostico aproximado, fallen en distinguir las verdaderas causas de todo el problema; más bien las ignoran completamente.

Y es tal su ignorancia en esta materia que apenas si alcanzan a vislumbrar la clase de diabólico engendro con que estamos tratando.

Eso por un lado.

Por otro lado, fallan más lamentablemente aun en los “remedios” que sugieren, y esto es completamente lógico, por lo que ya dijimos respecto de su ceguera en cuando a las causas verdaderas.

De manera que la cuestión parece insoluble.

Hay mucho de preternatural en el hombre actual que se encuentra incorporado al “cuerpo místico” del Anticristo.

El NARCISISMO genera una arrogancia diabólica que se opone “natural” y principalmente a toda autoridad, a toda regla que se encuentre fuera de “sí mismo“.

Es decir que el “narciso” es alguien que solamente se gobierna por sus gustos, sus deseos, sus ansias. La Ley del Narciso es la que él mismo se da y no acepta ninguna otra. Por supuesto que menos que ninguna, la de Dios.

Dios molesta. Dios importuna. Dios resulta desdeñable y el orden de las cosas creadas también; Dios es el enemigo a vencer y el Orden Natural debe ser violado.

Bueno… eso es precisamente lo que estamos presenciando.

Así se construye el Nuevo Orden Mundial al que sirven, con meras diferencias de grado, las distintas instituciones erigidas a lo largo y ancho del mundo. Y haciendo punta, obviamente, la iglesia conciliar que tiene su asiento en Roma, y la Organización de las Naciones Unidas.

En este marco, la notable y pública colaboración de la iglesia conciliar con sus “papas” a la cabeza, no puede ser ocultada ni maquillada con fines de disimulo. Primero en la materialización de la Apostasía; después en la construcción de una sociedad masónica y anticristiana; hoy, trabajando descaradamente en los detalles del Nuevo Orden Global que se edifica ante nuestros ojos.

De modo que ya no hay nada bueno que de allí pudiera esperarse; por eso es que tampoco pueden inspirar ninguna confianza, aquellos prelados o sacerdotes de la Tradición que todavía se empecinan en tal sentido.

Creo que puede verse claramente el síntoma narcisista de la “Epidemia del Anticristo”, en el “colectivo humano”, el “cuerpo moral”, que conforma el “cuerpo místico” que llamamos Leviatán.

El Anticristo “ya está en este mundo” (y desde hace tiempo) pero todavía se encuentra en proceso de coagulación, supongo que hasta que se complete cierto número.

Cuando San Juan dice que “habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.”, se refiere al Anticristo.

Y si San Juan dice que “ya está en este mundo”, ¿quién se atreverá a llevarle la contraria?