LAS GRANDEZAS INCOMPARABLES DE MARÍA

SAN BERNARDO

Abad de Claraval – Doctor de la Iglesia

CAPÍTULO TERCERO

 

MARÍA ORÁCULO DEL ALTÍSIMO

8

Y el nombre de la Virgen era María. Digamos también algo acerca de este bello Nombre que significa Estrella del Mar y se adapta a la Virgen Madre con la mayor proporción.

Oportunísimamente se compara María a la estrella, porque así como la estrella despide los rayos de su luz, sin corrupción de sí misma, así sin lesión suya alumbró la Virgen a su Hijo y Criador. Ni los rayos disminuyen a la estrella su claridad, ni el Hijo a la Virgen su integridad.

Ella es aquella noble estrella nacida de Jacob, cuyos rayos iluminan todo el orbe, cuyo esplendor brilla en las alturas y penetra los abismos, y alumbrando también a la tierra y calentando más bien los corazones que los cuerpos, fomenta las virtudes y consume los vicios.

Ella es aquella esclarecida y singular estrella, elevada por necesarias causas sobre este mar grande y espacioso, brillando en méritos, ilustrando en ejemplos.

¡Oh! quienquiera que seas, el que en la impetuosa corriente de este siglo te encuentres, más bien fluctuando entre borrascas y tempestades que andando por la tierra, no apartes los ojos del resplandor de esta estrella si no quieres ser oprimido de ellas.

1

Si se levantaren los vientos de las tentaciones, si tropezares en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María.

Si fueres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María.

Si la ira, la avaricia, o el deleite carnal impelieren violentamente la navecilla de tu alma, mira la estrella, llama a María.

Si turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin fondo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, mira la estrella, llama a María.

No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón, y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud.

No te descaminarás si la sigues, no desesperarás, si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas.

Si Ella te tiene de su mano no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara; y así en ti mismo experimentarás con cuánta razón se dijo: El nombre de la Virgen era María.

Detengámonos ahora un poco, no sea que miremos sólo de paso la claridad de tanta luz. Para usar de las palabras del Apóstol digamos: Bueno es que nos detengamos aquí (Mateo, XVII, 4). Da gusto contemplar dulcemente en el silencio lo que no basta a explicar la pluma laboriosa.

Y entre tanto, por la devota contemplación de esta brillante estrella, recobrará más fervor la exposición en lo que se sigue.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, acuérdate de María, invoca a María.

anagrama-constituciones-1905