EXCELENCIAS DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA

DE COMO EL NOMBRE DE MARÍA FUE PUESTO A LA VIRGEN CON ESPECIAL REVELACIÓN

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Doctrina es de Santo Tomás, en la parte tercera de su Suma, que los nombres que se dan a las cosas, han de ser correspondientes a las propiedades y calidades de las mismas cosas que son nombradas. Lo cual sintió bien el gran filósofo Aristóteles, cuando dijo ser cosa conveniente que a los géneros y a las especies les den e impongan nombres acomodados y apropiados a ellas.

Y a estas causas los sacros Cánones vienen a decir en muchos Textos que, de la calidad del nombre propio, se arguye la calidad de la persona; con lo cual vienen otros textos del Derecho civil que dicen que es grande privilegio ser nombrado con buen nombre; y así dice allí que este nombre, Bonifacio, quiere decir Bona facies. También un grande y erudito Glosador del Derecho, que se llamó Acursio, dijo que su nombre venía muy bien con sus obras, pues él había ocurrido y socorrido a las tinieblas del Derecho común. Todo lo cual se confirma con decir Santo Tomás, que los nombres han de corresponder a las cosas nombradas; y así lo vemos en los nombres de la Sagrada Escritura, pues en ellos hallamos grande correspondencia de los nombres a las obras y de las obras a los nombres.

Adán quiere decir Terreno, porque le hizo Dios de la masa de la tierra. Eva quiere decir Madre de todos los vivientes, porque fue la primera mujer que hubo en el mundo. David se llama Dilectus, porque de él dijo Dios que había hallado a un hombre conforme su corazón. Daniel se interpreta Iudicium Dei, por los maravillosos juicios y justicias suyas, como se vio en el suceso de Susana la inocente. Salomón quiere decir Pacífico, porque lo fue; y así de todos los demás se verifica tener los nombres apropiados a sus obras y a las calidades de sus personas.

También las historias humanas vemos, que Aníbal le llamo Cartaginés, porque conquisto a Cartago; Cipion, Africano, por las hazañas que en la África hizo; Tulio le llamo Ciceron, porque fue muy dado al ejercicio de la agricultura, y tenía una verruga en el rostro, y dijeron en el vulgo que era guarango. Y por no cansar, en todas las naciones y pueblos, a los que tienen oficio en las Repúblicas, y están ocupados en el gobierno de ellas, se les da nombre ajustado a los oficios y ejercicios.

Pero para mayor declaración de lo dicho, es de advertir una admirable lección que cerca de esto da Santo Tomás, advirtiendo, que los nombres se ponen a las cosas, por uno de cinco respetos; o que tienen de consideración al tiempo, como llamarme yo Antonio, porque nací este día, y vos Juan, Pedro, o Sebastián, porque en el tiempo que se celebraba fiesta de estos Santos naciste.

Otras veces se tiene consideración el parentesco, pues llamáis a vuestro hijo Roque, Blas, o Francisco, porque vos, o vuestros padres tuvieron esos nombres: y esta fue la causa de la alteración que hubo en los montañeses de Judea, cuando quisieron poner al Bautista nombre, y supieron que le querían llamar Juan, levantaron el grito, diciendo: Nemo est in congnatione sua, qui vocetur hoc nomine. Ninguno hay en todo su linaje que tenga ese nombre.

Pónense también nombres teniendo consideración a algún particular suceso, como lo hizo Ioseph, según se escribe en el Génesis, que a su primogénito le llamo Manasés, que quiere decir, Oblivisci me fecit Deus omnium laborum meorum. Me ha hecho Dios olvidar de todos mis trabajos.

Suélense también poner nombres, atendiendo a alguna señal que hay en el que es nombrado, como le vio en el mismo Génesis, que porque Esaú era bermejo, le pusieron nombre que quiere decir bermejo.

Otras veces se dan nombres a los hombres, por orden y ordenación divina, con los cuales se declaran algunas señaladas mercedes y dones gratuitos que Dios hace a los nombrados: y así al gran Patriarca Abrahan le dio Dios este nombre, porque Abrahan quiere decir: Pater multitudinis. Padre de muchedumbre; ésto de dio Dios a entender, diciéndole: Patrem multarum Gentium constituite. Yo te he constituido por padre de muchas gentes. También Jesucristo Nuestro Señor quiso que San Pedro se llamase ese nombre, porque había de ser piedra fundamental de su Iglesia, según se lo advirtió cuando le dijo: Tu es Petrus, et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare yo mi Iglesia. También el Ángel que vino a dar las nuevas al santo sacerdote Zacarías, del nacimiento, y nombre del Bautista, le dijo que le llamase Juan, que quiere decir gracia; y dando la razón, dice: Spiritu sancto replebitur adhuc ex utero matris suæ. Será lleno del Espíritu Santo, desde el vientre de su madre. Cuando al Santo Esposo de María José le vino el Ángel a tratar del nacimiento de Jesucristo, le advirtió le llamase Jesús, porque Ipse salvum faciet populum suum a peccatis eorum. Porque el hará salvo a su pueblo de los pecados. También San Lucas tratando del Nombre de la Virgen dijo, que se llamaba María, por las muchas excelencias que tuvo la Señora que es nombrada con él, cifradas y reconcentradas en el Nombre de María; el cual Nombre no fue puesto acaso, ni sin consideración, sino por particular revelación, como Nombre que notificaba y declaraba particulares mercedes y dones gratuitos, comunicados y dados de Dios y su liberal mano a esta Soberana Señora.

Así lo siente San Jerónimo en la exposición sobre San Mateo, y San Ambrosio en un sermón que hace del nacimiento de esta Señora, y San Bernardo sobre el capítulo primero de San Lucas, y San Anselmo en un libro que hace de Conceptu virginali; todos estos, y otros muchos, confiesan y afirman que la Virgen tuvo Nombre impuesto por Dios, con especial revelación, el cual es manifestador de las grandezas de la Virgen; y esto está claro de ver, porque siendo la Virgen más allegada y amada de Dios que Abrahan, Pedro, y Juan, y a éstos los privilegió el Soberano Señor con que sus nombres fuesen dados por ordenación Divina, para manifestar sus grandes excelencias, con mayor razón debemos  entender que el Nombre de la Virgen fue dado e impuesto por la misma ordenación soberana.

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Es pues este Nombre de María tal que le podemos decir las palabras del profeta Elías: Vocabitur tibi nomen, quod os Domini nominavit. Pondrásete el nombre que la boca de Dios te puso, que fue María, a la cual parece haber hablado el mismo Señor, y díchole: Ego Dominus qui voco nomen tuum, Yo Soy el Señor que te pone nombre. Y así el Ángel  que la llamo María, cuando dijo. Ne timeas Maria: No temas María, pudo con justa razón decir lo que dijo el mismo Elías: Vocavi te nomine tuo: Llamete por tu nombre propio. Es este Nombre admirable, del cual podemos decir: Admirabile est nomen tuum in universa terra. Admirable es tu nombre en toda la tierra, pues no hay nación tan bárbara, tan remota y extranjera, que no tenga noticia de este Nombre, y se admiren de las excelencias de la Señora que le tiene.

Este nombre es bendito, y es reverenciado aun de los Infieles y Gentiles; y así le podemos decir: Sit nomen eius benedictum in saecula: Sea tu nombre bendito en todos los siglos; porque si bien se considera, no sólo en los siglos pasados es bendito, siendo figurado en las divinas Letras, y de las Sybilas celebrado, sino que en los siglos venideros se ha de ir aumentando la bendición de su Nombre, alabándole, y reverenciándole los Ángeles, y bienaventurados. Y también en los siglos presentes, vemos en ésto, poner sus devotos grande cuidado en que este misterioso Nombre le bendiga, celebrando con devoto corazón la fiesta del Nombre, invocándole en todos sus trabajos los que se ven trabajados, y controlándose con él los afligidos, y enterneciéndoles con él sus devotos; de suerte que se pueda decir bien de este Nombre lo que dijo Virgilio en sus Bucólicas: Semper honor, nomen tuum, laudes et, manebunt. Siempre tu honra, tu nombre, y tus alabanzas permanecerán.

Es este Nombre suave y agradable, y así le podemos llamar aceite derramado: aceite, por la suavidad y melosidad de este Nombre; derramado, por la dilatación con que le extiende a todas las naciones, y la benignidad con que se dilatan las mercedes que hace esta Señora, a los que invocan se reverenciable Nombre.

No es este Nombre de los que dijo Ovidio: Nomina sunt ipso pene timenda sono. Que hay nombres que sólo en nombrarlos ponen temor, pues antes nos provoca este Nombre a más amor y devoción, aunque para los demonios sea terrible y temeroso.

No es para los que de él se quieren amparar, como era el nombre de Héctor para Penélope, pues decía, según escribe el mismo poeta Ovidio: Nomine in Hectoreo, pallida semper eram. El color se me mudaba y se me desfiguraba oyendo el nombre de Héctor; antes el Nombre de María causa grande quietud y sosiego en los que le invocan, y le oyen.

Con este Nombre se recreaba el dulcísimo Bernardo, cuando decía: Oh Nombre de la gloriosa Virgen, Nombre suavecísimo, Nombre jocundisimo, yo confieso que no soy digno de nombrarte, mas ya que no lo soy por mí, séalo por Ti, porque Tú eres digna de ser nombrada, de todos amada, y de todos reverenciada, porque  por Ti, oh María, las ligaduras se quiebran, las deudas se pagan, los vicios se vencen, lo quebrado se fortalece, lo perdido se recupera, lo viejo se renueva, lo flaco se corrobora, lo empezado se acaba, lo imperfecto se perfecciona, lo perfecto se conserva, los demonios huyen, el corazón se purga, el entendimiento se ilustra, el ánimo se aviva, el pecho se enternece, el gusto se edulcora, y la vida se hermosea. Todo esto es del devoto Bernardo.

También San Bernardino, que fue uno de sus devotos, vino a decir: ¿Quién de los mortales, sino está ilustrado con divino oráculo, presumirá de decir de la única Madre de Dios y hombre, y que no tema con sus labios impuros nombrar su Nombre, siendo Ella quien el Padre de las misericordias escogió para Virgen perpetua, y el Hijo para Madre, y el Espíritu Santo para domicilio y casa? Donde da a entender cuán respetable y maravilloso sea el Nombre de María, a la cual Dios para sí escogió, y ab eterno escogiéndola, le dio Nombre a su elección, y predestinación apropiado, de manera que le podemos decir: A saeculo nomen tuum. Tu nombre es desde el siglo. Que fue decir ab eterno te predestinó Dios, y te dio Nombre a tus excelencias, y primores conveniente. Con lo cual vienen las palabras de David, que dicen: Ante solem permanet nomen eius. Su nombre permanece antes del sol; porque el Señor que la escogió para Madre de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, le impuso en aquella eternidad el Nombre, manifestador de sus grandezas.

A lo mismo le puede bien aplicar lo que dijo el Santo Profeta Malaquías, en el capítulo primero: Ab ortu Solis, usque ad Occasum, magnum est nomen meum in gentibus, et in omni loco. Desde el nacimiento del sol, hasta donde depone, es grande mi nombre en las gentes y en todo lugar. Que fue decir: El nombre santo que Dios ab eterno me acomodó, ése se empezó a conocer desde el principio de la creación del mundo, donde el supremo Señor hizo una congregación de aguas, a que llamo mar, en filiación de que yo me tenía que llamar María, que quiere decir mar, en quien acumuló muchedumbre de excelencias; y este Nombre se ha ido cada día manifestando y extendiendo en todas las naciones, que me llaman Bienaventurada, como yo en mi cantico lo tengo cantado, dando al divino dador, y comunicador de bienes, gracias continuas por ello.

Pero cerca de ésto será razón ver dos puntos curiosos, para que el alma tenga más ocasión de entretenerse en el Nombre de María, y sus altezas.

Uno, pues, es ¿cuál sea la causa de que, siendo este Nombre tan insigne y maravilloso y de Dios dado y revelado, el Ángel San Gabriel no la saludó con él cuando vino con la misteriosa embajada?, y ya que no la llamó cuando entró a Ella María, sino llena de gracia, ¿por qué nuestra Madre la Iglesia la saluda con el nombre de María, diciendo: Ave Maria?

Alberto responde a ésto con mucha claridad, brevedad y agudeza, diciendo, que la causa por qué el Ángel calló al principio el Nombre de María, cuando entró a saludarla, fue para significar con el nuevo Nombre la nueva excelencia y dignidad que había de tener, para que de la mudanza del Nombre se conociese la mudanza del estado.

Entre nosotros vemos que, cuando a uno le dan alguna dignidad, le suelen dar nuevo nombre, como si le graduasen, le llaman licenciado, maestro o doctor; y a los demás pontífices cuando los elijen les son dados diferentes nombres de los que tenían antes que lo fuesen, como la experiencia lo enseña, y lo advierte Juan Andrés, doctor legista: y así vemos, que para enseñar ésto Jesucristo le dijo al primer sumo pontífice que fue San Pedro: Simón Ioannis, tu vocaberis Cephas. Simón, hijo de Juan, tú serás llamado Cephas.

Entró pues el Ángel a María, y calla el propio de la Virgen, y dicele, Gratia plena, para que del nuevo nombre se conociese la nueva dignidad. De donde infiere un Doctor, que cuando la Santísima Trinidad mandó venir al Ángel no le diría: Ve a María, sino, ve a la Llena de gracia. Como cuando el Rey quiere hacer titular a un caballero, no hace sino decirle, Marqués o Conde de tal parte, levantaos. Así hemos de entender, que queriendo Dios dar el título a la Virgen de Madre del Verbo eterno, dijo: Ve a la llena de gracia, porque ese Nombre le viene bien a la que ha de tener tal dignidad.

Mas porque se entendiese que tenían los nombres de Llena de gracia y el de María encerradas en sí calidades y excelencias para ser Madre de Dios, prosiguiendo el Ángel el divino coloquio con la Virgen la llamó María, que era el nombre antiguo que Dios le puso, acomodado a sus alabanzas y excelencias; la principal de las cuales es llamarse Madre de Dios.

Pero, aunque el Ángel en la salutación calló el propio nombre, le saluda la Iglesia con él; lo uno porque tienen ambos nombres grande correspondencia, y el Ángel la nombró con ambos; y lo otro porque en llamarla Llena de gracia, hagamos memoria de la dignidad de ser Madre de Dios que tiene, y el nombre de María nos anime a pedirle socorro en nuestras necesidades, considerando que esta Señora es poderosa para ello, pues es Madre de Dios, y mar donde están acumuladas las gracias de los demás  santos, y estrella consoladora de los que en este golfo del siglo andamos engolfados.

Lo segundo que dijimos que había que considerar era, que, pues que los nombres han de ser correspondientes a las cosas nombradas, y este nombre Eva es una significación, quiere decir Madre de todos los vivientes, como se halla en el capítulo tercero del Génesis, porque es madre de los vivientes según la vida natural; con mucha más razón parece que la Virgen se había de llamar Eva, pues es Madre de todos los vivientes según la vida de la gracia, y pues Eva quiere decir Vida o viviente, nombre era que le podía venir bien a la Virgen; a lo cual con breve discurso decimos que si Eva quiere decir Madre de los vivientes, Vida y viviente; también María en este nombre tiene encerrada esta excelencia de ser llamada Madre de todos los fieles, Vida y viviente; y no convino que fuese llamada Eva, por haber sido María tan contraria a Eva y así dice Alberto: Eva nos causó daño y María salutación, Eva engendró todos los hombres para el mundo, María los engendra para el cielo, Eva es madre según la carne y María lo es según el espíritu, Eva es madre de miseria y María madre de misericordia, Eva fue principio de nuestra muerte y María principio de nuestra vida, Eva perdió la gracia y María la halló; Eva pasó, y nos hizo pasar de gracia a culpa, y María nos hizo resucitar de culpa a gracia. Aquella fue criada del lado de un dormido, María de Dios vigilante, Eva fue ocasión de perdición a su marido, y María dio el sí para nuestra redención, Eva fue la primera que perdió la virginidad y María la primera que votó virginidad, Eva fue engañada del demonio y María fue enseñada por un Ángel, a Eva la venció el demonio con soberbia y María le venció con humildad.

De todo lo cual se sigue, como María no convino llamarse Eva, pues fue tan contraria a ella, y así la Iglesia canta de Ella, y dice que mudó el nombre de Eva, porque quien había mudado los sucesos y condiciones, convenía mudarse el nombre, y así se llamó María, nombre admirable, suave, bendito, honroso y que Dios se le puso y con divina ordenación le fue dado.