Y NO… NO LO PUBLICARON… ¿SERÁ UNA REPRESALIA?

La tentación del… ¿cómo se diría? Ya veremos…

Nuestro amigo y corresponsal Osko ha elaborado un preciso artículo referido al post del sitio Wanderer del día 6 de Septiembre:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/09/10/osko-tolkien-y-la-apostasia-actual/

El título de nuestro colaborador y el del post al que remite, coinciden en desarrollar comentarios sobre las tentaciones; éste del personaje de El Señor de los Anillos, Bilbo Bolsón, y aquél del caminante.

Es oportuno reflexionar sobre las tentaciones, porque son el preludio y motivo —en cuanto acatadas— de nuestros pecados y, finalmente, de la condena de los precitos.

En estos tiempos postreros —que según nuestra firmísima esperanza han de ser acortados en beneficio de los fieles de la pequeña grey— las tentaciones son cada vez mayores y más sutiles, puesto que la defección de los últimos infieles no será una caída sufrida y dolorosa, sino un deslizamiento placentero hacia la apostasía final, por los engaños sagaces a los que seremos sometidos todos.

El Nuevo Orden Mundial podrá alegrarse de la derrota de los verdaderos creyentes (Ap. XI, 10), pero ese revés, visto de ese modo por los secuaces del Anticristo, será en realidad la victoria suprema, como la de todos los mártires. El genuino fracaso de que nos preservará la brevedad de la prueba final (Mateo XXIV, 22), será el del abandono de la fe y el seguimiento del Anticristo y sus esbirros.

Por eso es llamativo (aunque cada vez menos) ver a quien debería ser un auténtico Príncipe de la Iglesia, caer, ya no en tentaciones refinadas, sino en seducciones groseras, como las que pergeñó (vaya uno a saber por qué) la señorita Valle Pastel, o Val Torta, como suena su apellido.

¡Y vaya si hay abundantes valles de pasteles en sus escritos! Alrededor de 15.000 (sí, QUINCE MIL) páginas con “revelaciones” de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, que recitaban como al dictado. No se trata de la inspiración del Espíritu Santo propia de las Sagradas Escrituras, ni de la reproducción escrita de las palabras proferidas por Nuestro Señor durante su vida pública —tanto los textos de los Evangelios como los ágrafas diseminados en los demás libros canónicos del Nuevo Testamento— sino de supuestas comunicaciones verbales directas del Redentor y de la Virgen María a la no menos sospechada vidente; u “oyente”, más propiamente hablando.

Tan pueril y grotesco es esto, que la obra principal de María Valtorta, El Evangelio como me ha sido revelado, también titulado El poema del Hombre-Dios, comienza con esta locución: “Dice Jesús:”, luego repetida innumerables veces en todos sus escritos, así como la aseveración “Dice María:”.

De igual modo comienza el fragmento volcado por el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece en su comentario Eleison 477: “Dice Jesús:”; aunque para mayor confusión haya omitido esa expresión inicial, diciendo del pasaje, en reemplazo de lo suprimido, “La siguiente cita, proviniendo como de Nuestro Señor mismo,… ”, dándole así a las expresiones de MarÍa Valtorta la calidad de revelaciones directas de Jesucristo, y transmitidas en persona a la “auditora”.

El trozo transcripto en el mencionado Eleison, proviene de los llamados “Cuadernos de 1943”, y corresponde a lo “expresado” por Nuestro Señor el día 27 de Junio; se puede encontrar en Internet, y según los sitios, varía el número de la página donde figura este texto.

El estilo de la “revelación” no es nada evangélico, por supuesto, ni propio de Nuestro Señor Jesucristo; el lenguaje es edulcorado: “suavizándola con esos místicos vapores… ” (¿vapores?); “¡Qué dulzura para los hijos… ”; “… una dulce Majestad para contemplar,… ”; “… sobre el que desciende la eterna sonrisa… ”; “… los velos candidísimos de su carne inmaculada… ”; “… la Madre goza al dar otras almas enamoradas al Hijo,… ”; “… la suavidad de su sonrisa”.

La sensibilidad impregna varias expresiones del fragmento: “… que la hacen soportable a vuestra limitada naturaleza.”;  “¡Qué dulzura para los hijos mirar a su madre!”; “… cuyo esplendor fuera suficiente para arrebataros y cautivar vuestra mirada, pero no tan brillante como para cegaros”; “Mientras que a María la podéis mirar todos”; “Y la Madre tiene todas las piedades que os excusan,… ”; “… cuando vemos que separándose de mis pies uno de vosotros va a María, o separándose del regazo de María uno de vosotros viene hacia Mí”.

Como se ve, formas de expresión totalmente impropias, y ausentes de las expresiones afectivas de Nuestro Señor en los Santos Evangelios; cuando Jesucristo llora lo hace con una tristeza genuina y no con lastimeras penas (Juan XI, 35; Lucas XIX, 41), y sus demás manifestaciones sensibles son sobrias y mesuradas, como cuando recibe y abraza a los niños que lo rondaban (Marcos X, 13-16).

Muchas otras críticas, y más severas, se le han hecho a los escritos de esta pseudo-mística que tanto arroba al Obispo de Kent; no es la menor el hecho de que su obra fue incluida en el Índex. No ha faltado quien la defienda diciendo que no consta que hayan sido agregados sus libros por heréticos al índice de los vedados, basándose en el escueto pronunciamiento pontificio:

santo-oficio

Pero en este decreto tampoco consta QUE NO HAYAN SIDO INCLUIDOS POR HERÉTICOS, por lo que ante la duda, más vale abstenerse, no como temerariamente procede el Obispo kentiano, que los apoya y los utiliza como referencias casi patrísticas.

Por algo los sitios que son fieles seguidores suyos, no han replicado este comentario Eleison 477; no creemos que sea una represalia frente al silencio del prelado sobre las fundaciones de Monseñor Faure y compañía, sino más bien por un pudor ampliamente justificado ante este desliz.

Claro que pueden aducir que, lamentablemente, Monseñor de Deal no pudo resistir la tentación de tan arrobadores escritos; ¿qué diremos entonces?; ¿en qué tentación cayó el Obispo de Kent?

Parafraseando a nuestro corresponsal y amigo, que supo hablar de La Tentación del Caminante, nosotros podemos decir que el que no camina, vuela, y —estrenando un neologismo— que Monseñor Williamson ha sucumbido a La Tentación del Aviandante.