OSKO: TOLKIEN Y LA APOSTASÍA ACTUAL

LA TENTACIÓN DEL CAMINANTE

(y de los conservadores
y tradicionalistas en general)

caminante1Caminante sobre el mar de niebla.
De Caspar David Friedrich (1774-1840)

Casi siempre, al hablar de “conservadores”, mencionar el blog Wanderer facilita las cosas; a mi modo de ver es claramente representativo de lo mejor de esos sectores.

En el artículo “LA TENTACIÓN DE BILBO” (Aquí) es posible encontrar muchas referencias interesantes; además, su autor cultiva la belleza, y en general uno se siente inclinado a darle la razón en prácticamente todo lo escrito.

Sin embargo, una nueva lectura hace que resulte necesario hacer algunas aclaraciones. O sea, es de recomendable lectura, aunque con salvedades.

Porque compartimos la visión de Wanderer, pero no en todo.

Por eso, sobre el texto mismo del artículo en cuestión, tal vez sea útil hacer algunos comentarios, sin que ello signifique un intento de enmendarle la plana; Wanderer tiene su propia manera de ver las cosas, y nosotros tenemos la nuestra, que no es nuestra, como ya se ha dicho más de una vez.

Aquí vamos:

“- ¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera! – dijo Bilbo.-

– ¡Claro! – dijo Gandalf – ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!

– ¡Gracias al cielo! -dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco.”

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De este modo termina Tolkien El Hobbit, y me parece que la historia, con el pote de tabaco incluido, es una buena clave de interpretación de nuestros días, por ejemplo, del triste caso del carmelo de Nogoyá o de los soponcios semanales a las que nos somete el Saruman de Santa Marta.

Que conste que es Wanderer quien le aplica el apodo de SARUMAN a Bergoglio. Y Saruman, en la historia tolkieniana, era un mago bueno que traiciona al bien y a la verdad pasando a servir a SAURON (que viene a ser el Diablo). Además Saruman, que anda por ahí disfrazado de blanco, pasa todo el tiempo a hacer “cosas de negro”; tiene el alma ennegrecida; según parece, es elegido como líder de un denominado “Concilio Blanco”. Todas son meras coincidencias, por supuesto.

A mí me parece que Bergoglio nunca fue mago. Ni bueno.

caminante3Saruman es malísimo; indefendible a mi juicio; y está claro que ninguno de los personajes buenos de la saga “El Señor de los Anillos” actúa como si sintiese que Saruman tuviese alguna clase de poder o de jurisdicción sobre ninguno de los habitantes de buena voluntad de la “Tierra Media”, a la que Sauron quiere someter con el concurso de, entre otros personajes, Saruman.

Si todo eso se aplica como corresponde a la actualidad que nos toca y a Bergoglio…, la analogía completa induce al sedevacantismo. ¡Ay Wanderer!

Estamos todos envueltos en una gran aventura, y en estos años nos toca atravesar un bosque oscuro y tenebroso, lleno de peligros y de temores, como el Bosque Viejo que tuvo que atravesar la Compañía del Anillo (Oh wanderers in the shadowed land…). No es fácil; muchos quedan atrapados en las raíces de los árboles; otros se pierden en los senderos y otros se desesperan en la oscuridad.

Y sí… El bosque es tremendo, oscurísimo y tenebroso; lleno de peligros y de temores. Justamente todas ellas son características aplicables al momento histórico de la Gran Apostasía.

Esto de la “Gran Apostasía” es algo de lo que los tradicionalistas y los conservadores hablan bastante poco. Ni siquiera mencionan ese término. Cuando se refieren a la iglesia conciliar, a sus desviaciones heréticas, a los desmanes de los “papas” conciliares, es prácticamente imposible encontrar la palabra APOSTASÍA en sus escritos. ¿Descuido? ¿Olvido? No, no… Conveniencia, en todo caso, ya que procuran evitar las consecuentes conclusiones.

No es fácil la travesía; “muchos quedan atrapados en las raíces de los árboles“; una apropiada imagen de los que quedan atrapados por continuar creyendo que la iglesia conciliar sigue siendo, al mismo tiempo, la Iglesia Católica

Otros se pierden en los senderos de una tentación que los llevará indefectiblemente a los brazos de la Roma apóstata y anticristo, en su afán de obtener el carnet de “católicos”.

Y algunos otros “se desesperan en la oscuridad” que, indefectiblemente, invade las inteligencias de quienes, si bien resisten a la ideología modernista y conciliar, sin embargo se empeñan en creer que el Saruman/Bergoglio y la jerarquía que lo secunda en su apostasía clara, contundente e inocultable, tienen, pese a todo eso, algún tipo de poder dentro de la Iglesia Católica.

Nos hemos quedado sin guía: nuestro Aragorn es Macri y nuestro Gandalf es Bergoglio…

Me permitiré aquí decir que me parece que Wanderer derrapa completamente en este punto, porque Aragorn es el REY, y no es cualquier Rey; porque, según la historia, es EL REY con preeminencia sobre todos los reyes. No hará falta decir de quién es figura Aragorn, que tiene poder sobre los muertos para convocarlos a la batalla contra el mal… Por eso es que la comparación de Aragorn con Macri me parece grotesca.

Y decir que Bergoglio sería nuestro Gandalf, es sumarle al derrape un trompo con salida de pista incluida. Bergoglio pasa de ser Saruman, ¡¡¡a ser GANDALF!!!

Se me hace que un despiste semejante es consecuencia del error de ver en Bergoglio a un sucesor de Pedro. Es tan grave que impide que personas muy inteligentes sean consecuentes.

¿Qué es ironía? Ah… 

caminante4Comparar al Rey con un orco como Macri…

Desconfiamos de todos y no tenemos reposo en nadie.

O sea, una DESOLACIÓN, que bien puede ser calificada de ABOMINABLE… tal vez a Wanderer y a algunos otros esto les recuerde ALGO.

¿O serán tan antiapocalípticos que no conseguirán verlo?

Cuando durante estos últimos días nos hemos animado a ver algún programa televisivo, nos invade una profunda tristeza al ver como la ignorancia absoluta de los periodistas denigra a las pobres carmelitas; ellos que, como topos, son incapaces de ver la luz, convencen al mundo que la luz no existe.

Esto me parece que es una ingenuidad pasmosa… ¿acaso (y desde hace décadas, o desde siempre) puede esperarse otra cosa al encender un televisor?

¿Acaso puede esperarse algo más que LA IMPIADOSA IGNORANCIA de los “cagatintas” que se dedican a la actividad periodística?

¿Cuánto hace que legiones de esos TOPOS INVIDENTES se dedican de manera sistemática a convencer a las personas de que la luz no existe?

Pues…, por lo menos desde “la ilustración”. Quizás antes.

Y cuando se les ocurre pedir la opinión de algún hombre de Iglesia, éste apenas ensaya una tímida defensa plagada de lugares comunes de corrección política. Más tristeza aún, fría como una puñalada: ni siquiera nos defienden quienes deberían hacerlo. Como dice Aragorn: Un hombre perseguido se cansa a veces de desconfiar y desea tener amigos. Y en esta hora oscura, a veces ni siquiera los amigos nos son dados.

No. Es un grave error continuar suponiendo que los que Wanderer llama “hombres de iglesia” sean quienes deberían defendernos, o defender la Verdad, porque han demostrado ser enemigos de la misma o, por lo menos, indiferentes en cuanto a su honor, prestigio y vigencia en este mundo.

Y de ese grave error se siguen todos los otros errores.

Porque está bien que “un hombre perseguido se canse a veces de desconfiar y desee tener amigos”; pero está muy mal, es pésimo y una señal clarísima de imprudencia y diría que de desviación doctrinal, buscar esos amigos que todo hombre necesita (adhiero a que es hasta natural esa necesidad) entre los súbditos y fieles servidores de SAURON.

No es para sorprenderse si “en esta hora oscura, ni siquiera los amigos nos son dados”. Más bien, nos son y serán quitados…;  eso es lo normal en tiempos del “pusillus grex”.

Pero recordemos que somos habitantes de la Tierra Media, hobbits si quieren, que hemos sido invitados a una aventura, ¡y ya habrían querido los hombres de la tranquila Edad Media tener aventuras como las que nos han tocado en suerte! Hay que atravesar el Bosque Viejo, y no sabemos qué encontraremos más allá. Quizás Isengard y un mago blanco en su torre alistando un ejército de orcos destructores de árboles, dogmas y belleza. Quizás las puertas mismas Mordor con el ojo de Sauron posado sobre nuestros rostros. O quizás —quién lo sabe— los bosques de Rivendel y a Galadriel brillando en medio de ellos. Es esta la condición de toda aventura: no saber qué ocurrirá mañana.

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No sé. No creo que a ningún honesto hombre de la Edad Media le habría parecido ni conveniente ni divertido cambiar “mano a mano” su tiempo y sus aventuras, para correr la que nos toca a nosotros en el tiempo en que vivimos; pero está bien, concedamos que pudiera ser.

Pero sí, coincido con Wanderer que es seguro que estamos a punto de toparnos con ISENGARD, o peor… con MORDOR, con el “ojo que todo lo ve” de SAURON, el Arquitecto del Nuevo Orden Mundial.

En concreto, con el Reino del Anticristo, que no será un personajito de la política, como comúnmente se cree (gracias a Hollywood y cierta exégesis común, general, figurativa, alegórica y conveniente), sino Leviatán, el “colectivo” humano que remeda satánicamente al “Cuerpo Místico de Cristo”, en abominable y blasfema inversión.

Si volvemos al texto de El Hobbit con el que inicié el artículo, vale la pena detenerse en las palabras de Gandalf. Tenemos tendencia a pensar que, estando ya sumidos en esta aventura, todo depende de nosotros. El mundo está lleno de voluntad. De los malos, y de los buenos. Creemos que nuestra voluntad y nuestros actos nos salvarán de perecer de hambre en medio del Bosque Viejo… y salvarán también a las carmelitas de las garras del fiscal Uriburu y del periodista Tennenbaum. La realidad es que no somos tan importantes. Esa es la tentación de Bilbo. No somos más que simples hombres en un mundo mucho más ancho.

Perfecto. Esto es precisamente lo que sostenemos desde hace bastante tiempo. NADA depende de nosotros en las actuales circunstancias y en atención a la situación de la Iglesia Católica.

Y que venga la acusación de “fatalismo”, “de predestinacionismo”, que sé yo…; que la cuenten como quieran, pero, de las palabras de Wanderer se deduce y queda muy claro, que esperar RESTAURACIONES es tan disparatado como creer que “nuestros actos nos salvarán de perecer”, o que salvaremos (no ya a las “carmelitas” de las garras de no sé quién) sino a la IGLESIA misma, como parece creer el inefable Mons. FELLAY desde que prestase oído a las “profecías” o “Revelaciones” de Madame ROSSINIERE…; y en esas anda todavía, muchos años luego, convencidísimo de que la F$$PX salvará a la Iglesia.

La realidad no sólo es que “no somos TAN IMPORTANTES”; sino que la verdad es que Dios no necesita de ninguno de nosotros en pro de salvar lo que debe ser salvado; si hasta el Universo entero será reformulado, es obvio que sin nuestra ayuda; y los que se salven será porque tienen sus nombres escritos desde el principio de los tiempos en “El Libro de la Vida”.

La verdad es que “no somos más que simples individuos en un mundo DEMASIADO ANCHO”, para lo que somos, hacemos y podemos comprender. Y con todo, bastante nos es dado comprender. Lo suficiente; no podemos quejarnos.

Claro que aquí hay un detalle que no debemos olvidar: es un mundo muy ancho porque en él se mueve la Providencia. Si estamos inmersos en esta fascinante aventura, es porque Dios así lo ha querido: nos ha elegido para ser humildes actores de reparto de las profecías narradas en las antiguas canciones, y esas profecías se cumplirán, más allá de nosotros, y de Bergoglio. O, mejor aún, a pesar de nosotros y de Bergoglio, porque el Anillo fue arrojado al fuego destructor a pesar de la última debilidad de Frodo, y a pesar de la compasión de Sam que no quiso matar a Gollum. Las profecías se cumplen. Siempre.

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Sam estaba dispuesto a dar muerte a Gollum, en realidad. No fue la compasión sino la obediencia de Sam para con Frodo, lo que impidió que lo ultimase.

Cuando Sam se disponía a ocuparse de Gollum, Frodo se sumerge en antiguas palabras. En sus cavilaciones recuerda lo siguiente:

“¿Tienes el poder de devolver la vida?… No. Entonces, ¿no te apresures a quitarla?”. Al volver en sí, decide llevarse a Gollum con ellos.

Y allí uno se dice a sí mismo, “Frodo va a arrepentirse de no haberle permitido a Sam que diera muerte al malvado Gollum”; sin embargo es la Divina Providencia la que obra para que finalmente Gollum y su codicia, sea el inesperado instrumento que acabe con la debilidad última de Frodo, que había caído dominado por el anillo, que le es arrebatado precisamente por Gollum, quien termina precipitándose con anillo y todo al fuego purificador.

Lo que Gandalf nos enseña es que formamos parte de un orden así dispuesto por la Providencia. Estamos atravesando la foresta tenebrosa en medio de una gran aventura, pero eso no significa que seamos los únicos actores de nuestra vida. Y lo que nos beneficia no nos beneficia a nosotros solos, lo mismo que lo que nos lastima no nos lastima a nosotros solos.

La respuesta de Bilbo, que ha roto su tentación, a las palabras de Gandalf es la respuesta cristiana: ¡Gracias al cielo! Sí, gracias, porque la carga del mundo no recae completamente sobre nuestros hombros, aunque nos veamos inmersos en la agonía y el drama del mundo en su lucha entre el bien y el mal.

La tentación de Bilbo no es sólo creer que él es el único protagonista de sus aventuras, sino creer que en ellas está solo. No lo está. Frodo tiene a Sam, que lo carga en sus hombros cuando el peso del Anillo se hace insoportable.

En efecto. Somos simples individuos en un mundo enorme. Y en una historia vastísima que concluirá tal y como dicen las Profecías; porque es cierto que “las profecías se cumplen siempre”; y porque además se cumplen del modo en que las mismas Profecías dicen que se cumplirán, y no según las caprichosas interpretaciones de algunos exégetas trasnochados.

De manera que, aunque nos veamos inmersos en la agonía y el drama del mundo y de la lucha entre el bien y el mal, que en términos humanos es claramente desfavorable a la causa del bien, podemos decir “Gracias al Cielo”.

Ahora bien. Todo eso es precisamente lo contrario de lo que llamaré “La tentación del Caminante”.

Dicha tentación (de la que Wanderer no es la única víctima) es la de seguir reconociendo como Iglesia Católica a la bastarda iglesia conciliar. Una tentación a la que por ahora Wanderer presta su consentimiento, aunque sospecho que con crecientes dudas.

Y podemos decir “Gracias al Cielo”, y estar tan alegres como Bilbo, únicamente porque sabemos que las Profecías se cumplirán.

Perfecto entonces, porque supongo que ni Wanderer ni ningún otro tradicionalista, ni conservador, se atreverá a decir que el Apocalipsis NO ES un libro profético.

Tal vez todos ellos todavía por un tiempo más prefieran seguir soslayando, desvirtuando o negándose a considerar (por oscuras, por “indescifrables”, o por otras mil diversas excusas mal aprendidas) la Profecía contenida en el último de los libros de nuestras Sagradas Biblias.

Para que no se queden mirando el “mar de niebla” con que se han topado en su peregrinaje, (como el caminante del cuadro de Caspar David Friedrich), sino que puedan perforarlo para ver más allá, los “caminantes” deberán indefectiblemente modificar este aspecto en particular.

Por ahora Wanderer parece preferir interpretar la devastadora actualidad de la Apostasía Abominable y Desoladora, pasándola por el tamiz de la hermosa e inspiradora saga de J.R.R. Tolkien. Pero creo que solamente por un poco más de tiempo podrá evitar sumergirse con avidez en los textos apocalípticos.

Porque, como resulta que es evidente que Tolkien escribió su obra inspirado en las Profecías del Fin de los Tiempos…, y como está escrito que “las Profecías de las viejas canciones” se cumplirán hasta la última iota, y como una cosa llevará a la otra, también podemos decir que sabemos que así sucederá; ¡”Gracias al Cielo”!

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