SENTIMIENTOS Y AFECTOS DE UNA ALMA PENITENTE SOBRE EL SALMO L

VERSO X

Averte faciem tuam a peccatis meis; et omnes iniquitates meas dele.

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Apartad vuestros ojos de mis pecados, y borrad todas mis iniquidades

¡Ay, Creador mío! No sin razón os suplico que apartéis vuestros ojos, para que no vean mis ofensas. Esta vista no puede servir más que de irritaros, y de contribuir a mi perdición. Cuando las examino yo misma en lo interior de mi corazón, me quedo espantada de verlas, aunque no tenga idea alguna de la verdadera equidad, y tenga la mayor indulgencia para mis culpas. ¿Pues cómo os parecerán a vos, Dios mío, que sois un espejo sin mancha, más puro que el sol, y la regla de toda justicia?

El libro de la vida, en que todos mis pecados están escritos como ellos son, y sin mitigación me hace temblar. ¡Ah, Dios mío! ¿No satisfará por mí vuestra encarnación, vuestros trabajos, y vuestra dolorosa muerte? ¿No aplacarán al Eterno Padre? Una sola gota de vuestra preciosa Sangre bastaría para lavar los pecados de todo el género humano; y cuando hubiese aún millares de millares de mundos con este en que habitamos, basta el menor de vuestros trabajos para borrar todos los delitos. Estos pensamientos, Señor mío, consuelan mi espíritu, y le dan esperanza, sin temeridad. Yo creo que tendréis piedad y misericordia de mí, si os pido humildemente que me la concedáis, y si tengo verdadero arrepentimiento de haberos ofendido. Creo que apartareis vuestros ojos para nunca más ver mis ofensas y que borraréis todos mis pecados.

¡Oh Dios de paz, lleno de caridad y de amor para vuestras criaturas! ¡Qué grande será mi dicha, si os dignáis condescender a mis humildes ruegos! ¡Más ay, que yo me atrevo a discurrir que lo lograré, temiendo volver a ser peor de lo que soy, y que aquello que debiera servir a inspirarme buenos sentimientos, no sirva por mi abuso de hacerme más atrevida en el camino de la iniquidad!

Con todo eso me parece, amable Maestro mío, que deseo con una tierna pasión llegar a ser vuestra discípula, y practicar la virtud; esta doncella querida del cielo y de la tierra, de los Ángeles y de los hombres, que trae consigo la paz, el gozo y el honor, me servirá de guía para caminar a vos.

Yo deseo, Dios mío, combatir bajo de sus banderas las pasiones que perturban mi alma; ella me enseñará a corresponder en cuanto pueda a vuestro amor con mi amor, a vuestros beneficios con toda mi gratitud. Ah, Señor, apartad vuestros ojos, para no ver más mis ofensas, y borrad todos mis pecados. Espero que este favor tan poco merecido por mi parte, y tan extremado por la vuestra, me inspirará movimientos tiernos, y reconocidos; que de tal modo, Dios mío, conoceré los excesos de vuestras gracias sobre vuestra pobre criatura, que os seré tan fiel en lo venidero, como os fui desobediente en lo pasado, y que bendiciéndoos eternamente, me acordaré de vuestras benignidades infinitas.