CAMBIEMOS

CAMBIANDO LA ESTRATEGIA…
CAMBIANDO LAS CONDICIONES…
CAMBIANDO LOS PRINCIPIOS…
¡CAMBIANDO TODO!

“Cambiemos”; la consigna de los políticos de turno en la República Argentina…, y no sólo en la Argentina…

Lo único que no cambia en el Obispo de Kent es que no se retracta… de lo que debería retractarse, según ya lo señaló el Padre Juan Carlos Ceriani:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/08/31/padre-ceriani-contradicciones-episcopales/

Pero, en lo que resulta incoherente rectificarse, se vuelve atrás…, mostrando la misma actitud errática, tornadiza y engañosa que exhibió en la respuesta a la mujer que le consultó sobre la misa novus ordo en Junio del año pasado…; pobre mujer, encontrarse con alguien más voluble que el humo de una bomba… de humo, precisamente.

Ahora, ya desorientada la dama, que desde hace más de un año todavía no debe saber qué hacer con su asistencia a la Santa Misa y al pastiche blasfemo conciliar, el Obispo kentiano se dedica a confundir a jóvenes brasileños, como si ya no hubieran tenido bastante los cariocas con las JMJ del año 2013, con las consagraciones episcopales de Miguel Faure y Dom Ferreira da Costa y con los Juegos Olímpicos auspiciados por Decimejorge:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/08/31/pregunta-que-flota-en-el-aire/

En primer lugar, Monseñor Williamson supone gentilmente que Evandro podrá traducir su carta, pero el problema no es volcar del inglés al lusitano, sino encontrar algún especialista en “Williamson-portugués — portugués-Williamson”, o similarmente con el castellano. Modestia aparte, creemos estar tan habituados a las fintas del Obispo de Kent, que nos atrevemos con la empresa.

Por mi parte he pensado hasta ahora que una nueva congregación no era ni necesaria ni probablemente posible.

Primera artimaña: lo que en realidad manifestó reiteradas veces el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece, es que un obispo no puede fundar una congregación si no tiene la aprobación de Roma; no es que haya sido “hasta ahora” innecesaria y probablemente imposible, sino que le está vedado siempre a cualquier prelado fundarla sin autorización oficial; recordemos, en lo pertinente a este criterio de Monseñor de Kent, el Comentario Eleison Nº 312 (https://stmarcelinitiative.com/debatevivaz/?lang=es):

Es por ello que un obispo o un sacerdote necesita no solamente el poder sacramental de su Orden Sagrado, poder que él nunca puede perder por toda la eternidad, sino también el poder de jurisdicción, el cual es el poder de decir (dictio) el derecho, o lo que es justo (ius, iuris). Este segundo poder no viene con su Orden Sagrado y él no se lo puede otorgar a sí mismo, solamente puede recibirlo de arriba, de un Superior de la Iglesia, en última instancia del Papa, y el Papa de Dios.

Pareciera que en este fragmento sólo se refiere a una especie de actividad judicial canónica, pero el entorno del Comentario del Obispo de Kent se refiere a la creación de una congregación, tal como hemos analizado reiteradas veces y surge de la misma redacción de todo el Eleison, y del juego interpretativo ineludible con los otros comentarios vinculados: 307 y 311.

Por ende, si el poder de jurisdicción necesario para fundar una congregación le viene a un obispo —a todo obispo— sólo del Papa y —ahora sí— en última instancia de Dios, debería haber explicado Monseñor Williamson cómo le llegó a Monseñor Faure ese poder; a través de cuál especie de escala descendió de Dios al obispo argelino-francés la facultad jurisdiccional de crear una congregación.

Pero Monseñor Lefebvre obtuvo para la Sociedad de San Pío X la autorización oficial, y mientras Monseñor Fellay es infiel a Monseñor Lefebvre, Monseñor Faure es fiel. Por lo tanto, uno puede argumentar que Monseñor Faure tiene una jurisdicción de suplencia,…

Aquí parece querer aclarar un poco la cuestión, pero la complica por demás: la jurisdicción de suplencia, que estaría ejerciendo Monseñor Faure, le vendría de Monseñor Lefebvre; de ahí que la segunda oración del párrafo comience con la expresión Por lo tanto…, como si la jurisdicción supletoria fuese hereditaria… Pero Monseñor Lefebvre, en todo caso y en ese supuesto, le habría conferido el legado de la jurisdicción de suplencia —que al fundador de la FSSPX le asignaba el estado de necesidad de la Iglesia—a Monseñor Fellay, a Monseñor de Galarreta, a Monseñor Tissier de Mallerais, y a… ¡Monseñor Williamson!

Por lo tanto, a quien le hubiese correspondido en ese supuesto el delegar a favor de Monseñor Faure la jurisdicción de suplencia es al mismo confundido y confundidor Monseñor de Kent, visto que Monseñor Fellay, Monseñor de Galarreta y Monseñor Tissier de Mallerais, son infieles a Monseñor Lefebvre.

Si Monseñor Williamson tampoco se atribuyó la posibilidad de otorgar esa herencia a Monseñor Faure… ¿será porque también el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece, ha defeccionado en su fidelidad a Monseñor Lefebvre? Es muy evidente que aquí se puede aplicar el principio de la iuris dictio: A confesión de parte, relevo de prueba.

Ahora bien, ¿qué ocurre con la jurisdicción de suplencia?; ¿la tuvo Monseñor Lefebvre?; ¿la tiene Monseñor Faure? Todo parecería indicar que la resistencia fláccida encabezada —al menos en apariencia, y también aparentemente con reticencia de su parte— por Monseñor Williamson, así lo sostiene, vista la invocación de la obra de Dom Gréa que efectuaron Los Impotentes el pasado 22 de Agosto.

Pero Monseñor Williamson tiene su criterio sobre la jurisdicción de suplencia; no nos olvidemos la importancia que el Obispo de Kent le da a la aprobación de la FSSPX por parte del Obispo de Friburgo, Monseñor Charrière, que no tenía, obviamente, jurisdicción de suplencia; veamos, no obstante, qué juicios ha emitido Monseñor Williamson acerca de la jurisdicción supletoria (siempre en el Nº 312):

Pero, la jurisdicción supletoria tiene una debilidad porque, no siendo oficial, está mucho más expuesta a la disputa (…) Tal es la necesidad de la autoridad para ser oficial

O sea, siempre está necesitado, cualquier obispo que desee fundar una congregación, a respaldarse en la “tan preciada regularización que solamente Roma tiene la autoridad de otorgar”; como nos hace recordar el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece, Monseñor Lefebvre no invocó la jurisdicción de suplencia para su fundación, sino que le fue otorgada la preciada regularización por Monseñor Charrière, que estaba en condiciones de conferirla.

Y entonces, ¿en qué queda la fundación de Monseñor Faure, huérfana de toda regularidad oficial…? Amén de eso, cabe preguntarse qué situación novedosa se ha producido, de entre las que enumera Dom Gréa, desde que Monseñor Lefebvre fundó la FSSPX.

Y de haberse producido alguna de las condiciones expuestas por el fundador de los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, ¿es eso reciente?; ¿no existe ya desde los años ’70, al menos?; ¿no justificaba una fundación más antigua, tal vez desde la expulsión de Monseñor Williamson de la NeoF$$PX, vista la infidelidad de Monseñor Fellay?; ¿no se sumó esto a la situación eclesial en el siglo XXI?

Muchas preguntas para la falta de respuesta del Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece; aunque así lo reconoce casi expresamente el señor Obispo:

De hecho, es preferible más temprano, es decir ahora, a más tarde (…) También varios sacerdotes de la Resistencia han pedido una estructura.

Contradictorio en grado sumo; si es preferible más temprano, se aplica lo que dijimos más arriba: ¿por qué no desde la defección de Monseñor Fellay? Pero la contradicción sigue y asume otra variante, según nos señalara certeramente un colaborador:

Ahora considero que ha llegado el tiempo para una estructura, acorde a los signos de la Providencia indicando que hay una necesidad, y el tiempo dirá si es posible en el estado actual caótico de la Iglesia y del mundo. Monseñor Faure lo está intentando. Puede ser la única manera de ver si es lo que Dios quiere. Puede ser. Veremos. Creo que los signos lo están encaminando. Saludo su coraje e iniciativa.

Es muy fácil encontrar la antítesis entre los pasajes destacados: si los signos de la Providencia indican que hay una necesidad, no sería preciso esperar (“Veremos… ”) para ver si es la única manera de saber si es lo que Dios quiere… La Providencia, ¿se mostró y en sus signos indica que hay una necesidad?; ¿o hay que esperar para ver si Dios muestra lo que quiere? ¿Los signos lo están encaminando al corajudo, práctico y proactivo Monseñor Faure?; ¿o habrá que ver si su iniciativa es la única manera de “detectar” los dictados de la Providencia?

Completa su respuesta enmarañada el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece, manifestando certeramente su ansiedad de maridaje con la iglesia conciliar:

Hay un canon en el Derecho Canónico que dice que “La salvación de las almas es la ley suprema”.

Pero… ¡se trata de un canon de 1983!:

1752: En las causas de traslado es de aplicación el can. 1747, guardando la equidad canónica y teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia.

Veamos, en el Código de Derecho Canónico de 1917, el canon que se puede poner en paralelo con el anterior:

2168 p.1: el Ordinario debe advertir al párroco, al canónigo o cualquier otro clérigo que descuida la ley de la residencia a la cual está obligado en razón de su beneficio, y si se trata de un párroco, durante su ausencia, el Ordinario debe proveer, a cuenta del dicho párroco, a que la salvación de las almas no sufra ningún detrimento.

Un amigo fiel nos decía hace un tiempo, hablando de los políticos, que cuando viéramos a uno de esos personajes atacando alguna irregularidad social, estemos seguros de que el hablante es quien la defiende o promueve en las sombras, haciendo alarde, con sus palabras públicas, de combatir lo que en realidad está bajo su amparo.

Lo mismo, por ende, nos permitimos concluir de las expresiones de Monseñor Williamson en su respuesta al joven brasileño: como todo es política —siguiendo a Monseñor Fellay, el infiel— es para dudar que el Obispo-que-se-retracta-de-lo-que-le-parece esté en realidad defendiendo lo que dice defender fielmente, y que antes atacaba infielmente… ¿o será al revés…?

Todo es política; por eso, cambiemos todo: la estrategia, las condiciones, los principios, y todo lo que le parece a Monseñor de Kent.

Habrá que preguntarle a Evandro Santana si el Obispo de Kent realmente ha satisfecho sus preguntas; sinceramente, lo dudamos.