El Secreto Admirable del Santísimo Rosario- Día Veintinueve

de San Luis María Grignion de Montfort

Presentación: Publicaremos durante el mes de agosto, dedicado al Corazón Inmaculado de María, el libro “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario” dividido en 31 meditaciones acompañadas de oraciones escritas por el mismo santo, en honra de María Santísima en calidad de esclavo. (Ver preparación para la Esclavitud Mariana aqui)

maria29
Oración Inicial a Nuestra Señora

¡Salve, María , amadísima Hija del Eterno Padre; salve María, madre admirable del Hijo; salve, María, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María, mi amada Madre, mi amable Maestra, mi poderosa Soberana; salve, gozo mío, gloria mía, mi corazón y mi alma! Sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia, pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Ti todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada, ni para mí, ni para otros.

Si algo ves en mí que todavía no sea tuyo, tómalo enseguida, te lo suplico, y hazte dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrada a Dios y plantar y levantar y producir todo lo que os guste.

La luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu; tu humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; tu contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; tu continua vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad de tu corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a tus virtudes mis pecados; tus méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haz, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y entender sus divinas voluntades; que no tenga más alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el tupo para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Tú.

No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Ti el ver claro, sin tinieblas; para Ti el gustar por entero sin amargura; para Ti el triunfar gloriosa a la diestra de tu Hijo, sin humillación; para Ti el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios. Esta es, divina María, la mejor parte que se te ha concedido, y que jamás se te quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro sino el experimentar el que Tú tuviste: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Ti, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia te pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén (así sea) a todo lo que hiciste en la tierra cuando vivías; amén a todo lo que haces al presente en el cielo; amén a todo lo que obras en mi alma, para que en ella no haya nada más que Tú, para glorificar plenamente a Jesús en mí, ahora y en la eternidad. Amén.

Día 29

Meditación

49a Rosa

151) A fin de que, al rezar el Rosario, ganéis las indulgencias concedidas a los cofrades del Santo Rosario, es conveniente hacer algunas observaciones sobre las indulgencias.

La indulgencia, en general, es una remisión o moderación de las penas temporales debidas por los pecados actuales, por la aplicación de las satisfacciones sobreabundantes de Jesucristo, de la Santísima Virgen y de todos los santos, que están encerradas en los tesoros de la Iglesia.

La indulgencia plenaria es una remisión de todas las penas debidas por el pecado; la no plenaria, como de cien, mil años, más o menos, es la remisión de tantas penas como hubiéramos podido expiar durante cien o mil años si hubiéramos hecho durante ese tiempo, proporcionalmente, las penitencias enumeradas en los antiguos cánones de la Iglesia. Ahora bien, estos cánones ordenaban, para un solo pecado mortal, siete y algunas veces diez y hasta quince años de penitencia, de suerte que una persona que hubiera cometido veinte pecados mortales debía hacer, por lo menos, siete veces veinte años de penitencia, y así sucesivamente.

152) Para que los cofrades del Rosario ganen las indulgencias, es preciso: 1) Que estén verdaderamente arrepentidos y que hayan confesado y comulgado, como dicen las bulas de las indulgencias. 2) Que no tengan afecto alguno al pecado venial, porque subsistiendo el afecto al pecado subsiste la culpa, y subsistiendo la culpa no se perdona la pena. 3) Es preciso que hagan las oraciones y buenas obras que señalan las bulas. Cuando, según la intención de los Papas, se puede ganar una indulgencia parcial, por ejemplo, de cien años, sin ganar la plenaria, no siempre es necesario -para ganar la parcial- haber confesado y comulgado. Es lo que sucede con las indulgencias otorgadas al rezo del Santo Rosario, a las procesiones, a los Rosarios benditos, etc. No despreciéis estas indulgencias.

153) Flammin y un gran número de autores refieren que una distinguida señorita llamada Alejandra, milagrosamente convertida, e inscrita en la Cofradía del Rosario por Santo Domingo, se le apareció después de muerta y le dijo que estaba condenada a setecientos años de purgatorio por varios pecados que había cometido y hecho cometer a varios con sus vanidades mundanas, y le rogó que la aliviase e hiciese que la aliviasen con sus oraciones los cofrades del Rosario; así lo hizo el Santo. Quince días después se reapareció a Santo Domingo más brillante que un sol, pues en tan corto tiempo había sido libertada por las oraciones que los cofrades del Rosario hicieron por ella. Advirtió también al Santo que venía de parte de las almas del purgatorio para exhortarle a continuar predicando el Rosario y hacer de modo que sus parientes las hicieran partícipes de sus Rosarios, por lo cual ellas les recompensarían abundantemente cuando llegaran a la gloria.

50a Rosa

154) A fin de facilitar el ejercicio del Santo Rosario, he aquí varios métodos para rezarlo santamente, con la meditación de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de Jesús y María. Os detendréis en el que más os agrade, y aun podéis vosotros mismos formar particularmente otro, como han hecho muchos santos personajes.

 

Métodos devotos de recitar el Santo Rosario y atraer la gracia de los misterios de la vida, pasión y gloria de Jesús y María.

 

Primer Método

Veni, Sancte Spiritus, etc.

Ofrecimiento del Rosario.

155) Yo me uno a los santos del cielo y a los justos de la tierra, oh Jesús mío, para alabar dignamente a vuestra Santísima Madre y a Vos en Ella y por Ella. Y renuncio a cuantas distracciones sufra durante este Rosario.

Os ofrecemos, Señora, el Credo para honrar vuestra fe mientras vivisteis en la tierra y pediros que nos hagáis partícipes de esa misma fe.

Os ofrecemos el padrenuestro, Señor, para adoraros en vuestra unidad y reconoceros como principio y fin de todas las cosas.

Os ofrecemos, Trinidad Santísima, tres avemarías, para agradeceros todas las mercedes que habéis hecho a María y las que nos habéis hecho a nosotros por su mediación.

Un padrenuestro, tres avemarías, gloria.

Ofrecimiento particular de las decenas.

Misterios Gozosos.

156) Primera Decena. Os ofrecemos esta primera decena, Señor nuestro Jesucristo, en honor de vuestra Encarnación. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santa Madre, una profunda humildad de corazón.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Encarnación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente humilde.

Segunda Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta segunda decena en honor de la Visitación de vuestra santísima Madre a su prima Santa Isabel. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de María, una perfecta caridad con nuestro prójimo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Visitación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente caritativa.

Tercera Decena. Os ofrecemos esta tercera decena, oh Jesús niño, en honor de vuestro santo nacimiento. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de vuestra santa Madre, el desasimiento de los bienes de la tierra y el amor a la pobreza y a los pobres.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Natividad, descended a mi alma y hacedla pobre de espíritu.

Cuarta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta cuarta decena en honor de vuestra Presentación en el templo por manos de María, y por este misterio y por la intercesión de vuestra santa Madre, os pedimos el don de sabiduría y la pureza de corazón y de cuerpo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Purificación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente sabia y pura.

Quinta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta quinta decena en honor de haberos recobrado María en medio de los doctores cuando os había perdido. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de Ella, nuestra conversión y la de los herejes, cismáticos e idólatras.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de Jesús hallado en el templo, descended a mi alma y convertidla.

 Oración Final a Nuestro Señor Jesucristo

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento. ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido. Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria. ¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio! María está en mí: Haec facta est mihi. ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte. Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María. Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas. ¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga. Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.

¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida. ¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno

maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta. Amén.