El Secreto Admirable del Santísimo Rosario- Día Veintiseis

de San Luis María Grignion de Montfort

Presentación: Publicaremos durante el mes de agosto, dedicado al Corazón Inmaculado de María, el libro “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario” dividido en 31 meditaciones acompañadas de oraciones escritas por el mismo santo, en honra de María Santísima en calidad de esclavo. (Ver preparación para la Esclavitud Mariana aqui)

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Oración Inicial a Nuestra Señora

¡Salve, María , amadísima Hija del Eterno Padre; salve María, madre admirable del Hijo; salve, María, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María, mi amada Madre, mi amable Maestra, mi poderosa Soberana; salve, gozo mío, gloria mía, mi corazón y mi alma! Sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia, pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Ti todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada, ni para mí, ni para otros.

Si algo ves en mí que todavía no sea tuyo, tómalo enseguida, te lo suplico, y hazte dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrada a Dios y plantar y levantar y producir todo lo que os guste.

La luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu; tu humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; tu contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; tu continua vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad de tu corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a tus virtudes mis pecados; tus méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haz, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y entender sus divinas voluntades; que no tenga más alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el tupo para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Tú.

No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Ti el ver claro, sin tinieblas; para Ti el gustar por entero sin amargura; para Ti el triunfar gloriosa a la diestra de tu Hijo, sin humillación; para Ti el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios. Esta es, divina María, la mejor parte que se te ha concedido, y que jamás se te quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro sino el experimentar el que Tú tuviste: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Ti, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia te pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén (así sea) a todo lo que hiciste en la tierra cuando vivías; amén a todo lo que haces al presente en el cielo; amén a todo lo que obras en mi alma, para que en ella no haya nada más que Tú, para glorificar plenamente a Jesús en mí, ahora y en la eternidad. Amén.

Día 26

Meditación

45a Rosa

129) Añado que es preciso rezar el Santo Rosario con modestia; es decir, en cuanto se pueda, de rodillas, con las manos juntas y entre ellas el Rosario. No obstante, en caso de enfermedad puede rezarse en la cama; de viaje, puede rezarse caminando, y si por alguna enfermedad no se puede estar de rodillas, puede rezarse en pie o sentado. Puede también rezarse trabajando, cuando no es posible dejar el trabajo, para satisfacer los deberes de la profesión, porque el trabajo manual no siempre es contrario a la oración vocal.

Confieso que nuestra alma, por su limitación, cuando está atenta al trabajo de las manos, lo está menos a las operación es del espíritu, tales como la oración; pero, sin embargo, de imponerlo la necesidad, tiene también su precio esta oración ante la Santísima Virgen, que recompensa más el buen deseo del corazón que el acto exterior.

130) Os aconsejo dividir el Rosario en tres partes y tres tiempos diferentes del día, es preferible dividirlo así a rezarlo todo de una vez.

Si no podéis encontrar tiempo suficiente para rezar el tercio seguido, rezad una decena aquí y la otra allá y podréis arreglaros de modo que, a pesar de vuestras ocupaciones y negocios, antes de acostaros, hayáis rezado el Rosario completo.

Imitad en eso la fidelidad de San Francisco de Sales, quien, cierto día que se hallaba muy cansado por las visitas que había hecho, cuando eran ya muy cerca de las doce de la noche, recordó que le faltaba por rezar algunas decenas del Rosario, e inmediatamente se puso de rodillas y las rezó antes de acostarse, a pesar de todas las respetuosas reconvenciones que su capellán, viéndole tan cansado, le hizo para que aplazase hasta la mañana siguiente lo que quedaba por rezar.

Imitad la fidelidad, modestia y devoción de aquel santo religioso que, según refieren las crónicas de San Francisco, tenía por costumbre rezar un Rosario con mucha devoción y modestia antes de comer, como más arriba contamos (5).

46a Rosa

131) De cuantos modos hay de rezar el Rosario, el más glorioso para Dios y saludable para el alma, como también el más terrible para el diablo, es salmodiarlo o rezarlo públicamente a dos coros.

Dios se complace en las asambleas. Todos los ángele s y santos reunidos en el cielo le cantan incesantemente alabanzas. Los justos de la tierra, reunidos en varias comunidades, le ruegan colectivamente día y noche. Nuestro Señor aconsejó expresamente tal práctica a sus Apóstoles y discípulos, prometiéndoles que cuantas veces se reuniesen dos o tres en su nombre se encontraría en medio de ellos (6).

¡Qué dicha estar en compañía de Jesús! Sin embargo, para poseerle basta con reunirse a rezar el Rosario. ¡Estar en compañía de Jesucristo! He ahí la razón por la que los primeros cristianos se reunían tan a menudo, a despecho de las persecuciones de los emperadores, que les prohibían congregarse. Preferían exponerse

a la muerte a faltar a sus asambleas, en las que estaban ciertos de tener en su compañía a Jesús.

132) Este modo de oración es más saludable al alma: 1) Porque el espíritu está ordinariamente más atento en la oración pública que en la oración en privado.

2) Cuando se reza en comunidad, las oraciones de cada individuo se hacen comunes a toda la asamblea y no forman todas juntas más que una sola oración; de suerte que si algún particular no reza tan bien, otro que lo hace mejor compensa su falta; el fuerte sostiene al débil, el fervoroso enardece al tibio, el rico enriquece al pobre, el malo pasa entre los buenos. ¿Cómo vender una medida de cizaña?

Basta mezclarla con cuatro o cinco fanegas de trigo bueno.

  • Una persona que reza el Rosario sola tiene solamente el mérito de un Rosario; pero si lo reza con treinta personas, adquiere el mérito de treinta Rosarios. Tales son las leyes de la oración pública. ¡Qué ganancia! ¡Qué ventaja!

  • Urbano VIII, muy satisfecho de la devoción del Rosario, que se rezaba a dos coros en muchos lugares de Roma, especialmente en el convento de la Minerva, concedió cien días de indulgencia cuantas veces se rezara a dos coros: Toties quoties. Éstos son los términos de su breve que empieza: Ad perpetuam rei memoriam, año 1626. Así que todas las veces que se reza el Rosario en comunidad se ganan cien días de indulgencia.

5) Esta oración pública es más poderosa para apacig uar la ira de Dios y alcanzar su misericordia que la oración particular, y la Iglesia, dirigida por el Espíritu Santo, se sirvió de esa forma de oración en los tiempos de miserias y calamidades públicas.

El Papa Gregorio XIII declara en una bula que es forzoso creer piadosamente que las oraciones públicas y las proce siones de los cofrades del Santo Rosario habían contribuido mucho a obtener de Dios la gran victoria que los cristianos ganaron en el golfo de Lepanto sobre la armada de los turcos el primer domingo de octubre del año 1571.

133) Luis el Justo, de feliz memoria, sitiando La Rochela, donde tenían los herejes revolucionarios sus fuertes, escribía a la Reina, su madre, para que se hiciesen oraciones públicas por la prosperidad de su ejército. La Reina resolvió organizar Rosarios públicos en la iglesia de los Hermanos Predicadores del barrio de San Honorato de París, lo que cumplió con el mayor esmero el señor Arzobispo. Se empezó esta devoción el 20 de mayo de 1628. Asistieron la Reina Madre y la Reina Regente, así como el Duque de Orleans, los eminentísimos señores Cardenales de la Rochefoucault y de Berulle, muchos prelados, toda la corte y una multitud innumerable de pueblo. El señor Arzobispo leía en alta voz las meditaciones sobre los misterios del Rosario y empezaba a continuación el padrenuestro y el avemaría de cada decena, que los religiosos y asistentes contestaban. Después del Rosario, llevaban en procesión la imagen de la Santísima Virgen, cantando sus letanías.

Continuóse esta devoción todos los sábados con admirable fervor y bendición evidente del cielo, pues el Rey triunfó sobre los ingleses en la isla de Re y entró victoriosamente en La Rochela el día de Todos los Santos del mismo año; lo que demuestra la fuerza de la oración pública.

134) En fin, el Rosario rezado en comunidad es mucho más terrible para el demonio, pues se constituye por tal medio un cuerpo de ejército para atacarle.

Triunfa, algunas veces con facilidad, de la oración particular, pero si ésta se une a la de los demás, entonces con gran di ficultad podrá conseguir su propósito. Es fácil romper una varita, pero si la unís a otra y hacéis un haz, no podréis romperla. “Vis unita fit fortior.” Los soldados se unen en cuerpo de ejército para combatir a sus enemigos, los malos se unen con frecuencia para sus excesos y sus bailes, los mismos demonios se unen para perdernos; ¿por qué, pues, los cristianos no han de unirse para estar en compañía de Jesucristo, para apaciguar la ira de Dios, para alcanzar su gracia y su misericordia y para vencer y abatir más poderosa mente a los demonios?

Amados cofrades del Rosario, sea que viváis en la ciudad o en el campo, cerca de la iglesia parroquial o de una capilla, id a ella al menos todas las tardes y, con permiso del señor rector de dicha parroquia y en compañía de cuantos lo deseen, rezad el Rosario a dos coros; haced lo mismo en vuestra casa o en la de un particular cualquiera del pueblo, si no tenéis la comodidad de la iglesia o capilla.

135) Es una santa práctica que Dios, por su misericordia, estableció en los lugares en que di misiones, para conservar y aumentar el fruto e impedir el pecado. En esas villas y aldeas, antes de establecer el Rosario, sólo bailes, excesos, disolución, inmodestias, juramentos, querellas y divisiones se veían; únicamente se escuchaban canciones deshonestas y palabras de doble sentido. Al presente no se oyen más que los cánticos y la salmo dia del padrenuestro y el avemaría, sólo se ven santas compañías de veinte, treinta, cien y más personas que cantan com o religiosos alabanzas a Dios en una hora determinada.

Hay también lugares en que diariamente se reza el Rosario en comunidad en tres tiempos del día. ¡Qué bendición del cielo! Como por todas partes hay réprobos, no dudéis de que hay en los lugares donde vivís algunos malos que desdeñarán de venir a vuestro Rosario, que os ridiculizarán quizás y aun harán cuanto puedan, con sus malas palabras y ejemplos, para impediros continuar este santo ejercicio; pero resistid. Como tales desgraciados han de estar para siempre separados de Dios y de su paraíso en el infierno, es preciso que aquí anticipadamente, en la tierra, se separen de Jesucristo y de sus servidores y siervas.

 Oración Final a Nuestro Señor Jesucristo

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento. ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido. Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria. ¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio! María está en mí: Haec facta est mihi. ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte. Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María. Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas. ¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga. Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.

¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida. ¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno

maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta. Amén.