FIESTA DEL INMACULADO CORAZON DE MARIA SANTISIMA

NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA

 

PREPARACIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.

No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.

DÍA DE LA FIESTA

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EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA BEATIFICADO EN EL CIELO

1°. Considera la gloria del Inmaculado Corazón de María en el Cielo. Ha dispuesto Dios que con las almas de los Santos sea también glorificado el cuerpo, y que el compañero e instrumento de sus fatigas participe de su gloria, para que la glorificación de los miembros, en los cuales y por cuyo medio obraron acciones tan sublimes y virtuosas, complete la felicidad de los Bienaventurados. Y en efecto es muy conforme a la razón que aquellos miembros que han sido en la tierra instrumentos de las acciones más heroicas, y centro particular de los más crueles padecimientos sufridos por Jesucristo, reciban una glorificación distinta, así como en Jesucristo las cicatrices de sus llagas resplandecen en el Cielo con luz y gloria singular. Y habiendo sido el Corazón de María la parte de su inmaculado cuerpo en que sufrió un martirio más doloroso que el de todos los mártires juntos, es muy puesto en razón que tenga la Virgen en su Corazón una corona de gloria distinta en particular testimonio de su virtud y constancia. Y pues que las llagas abiertas en el cuerpo de Jesucristo se trasfundieron en alguna manera en el Corazón de María, así como el Hijo glorificado en ellas con una gloria distinta, debe serlo también la Madre en su Corazón.

2°. Considera el gozo del Inmaculado Corazón de María en el Cielo. ¿Qué entendimiento podrá concebir el torrente de consolaciones celestiales en que debe hallarse abismado en la gloria un Corazón que tuvo tantas en el estado de martio y pena? Aquel Corazón que anheló con tanta violencia unirse eternamente a Dios ¿qué gozo no experimentaría en la perfecta posesión de sus anhelos y en el cumplimiento de sus deseos? María sí que podrá decir con verdad, no ya en esperanza, sino en plena posesión de su amor: Cor meum et caro mea exultaverunt in Deum vivum. Psalm. 83. ¿Pudiera María sin un gozo extremado de su Corazón verse coronada Reina del universo, sentada a la diestra de su divino Hijo, saludada y reverenciada por todos los coros de los Ángeles, y por la innumerable muchedumbre de los Bienaventurados y sobre todo? ¡Qué complacencia al reconocer en su propia exaltación glorificada la magnificencia y bondad de Dios, objeto primario de su celestial alegría! ¡Qué gozo para su Corazón ver la Humanidad de Jesus colocada en el trono de la Divinidad por su unión con el Verbo, y la gloria de aquel Santísimo Cuerpo, formado de la sangre más pura de sus entrañas! ¡Gozo inefable, gozo eterno! ¡Gozo del Señor!, al que Dios convida de continuo al Bienaventurado Corazón de su Hija Primogénita, de su Madre, de su Esposa. Intra in gaudium Domini Dei tui.

3°. Considera de aquí el amor del Inmaculado Corazón de María en el Cielo. Aquel Corazón que fue en la tierra instrumento material de tan nobilísimos afectos, por una gracia anticipada restituido a María por la omnipotencia de Dios, ¿en qué fragua de amor celestial no debe arder en la mansión bienaventurada el que ya en esta vida mortal estuvo tan abrasado de él? Los demás Santos en el Cielo aman a Dios con toda su alma, pero María le ama además con todo su Corazón, porque el amor que está en su alma refluye en sus efectos sensibles sobre su Bienaventurado Corazón. Amor y sentimientos de un orden inmensamente superior a todo cuanto puede concebir el entendimiento humano; amor y sentimientos que, en lo posible a humana criatura, resarce al amor divino de los vilipendios del amor profano y sensual de las criaturas. ¡Qué motivo de complacencia, de buen ánimo y confianza para nosotros pensar que María Santísima aun en el Cielo nos ama con Corazón de Madre y de Madre Reina! ¡En qué trasportes de regocijo no debe prorrumpir nuestra alma, al considerar que esta gran Señora nos dice, como siente efectivamente en la altísima mansión de la gloria, vosotros sois mi amor y las delicias de mi corazón! Ya toda pena debe sernos dulce en este destierro del mundo, si la pureza y amor de nuestro corazón nos hace tales que podamos con fundamento creer que somos objeto de complacencia para el Corazón Maternal y Bienaventurado de María , que nos mira desde el Cielo con ojos de protección y de amor

 

COLOQUIO

¡Reina del Cielo y de la tierra, Maria! congratúlame con Vos por la gloria superabundante y gozo inmenso de que está lleno vuestro Corazón en el Paraíso. ¡Madre del santo amor! admírome y no puedo formar cabal concepto de la intensísima caridad hacia Dios de que está inflamado vuestro amorosísimo Corazón. Desde el sublime trono de gloria en que estáis sentada dignaos echar una mirada de compasión sobre este mísero corazón. Os le presento inmundo, Madre mía, para que le purifiquéis, frío para que le calentéis, lleno de afectos terrenos para que le llenéis de amor divino. Purísima Abogada de pecadores, Madre de salud y gracia, por vuestro maternal Corazón, os ruego que intercedáis por este vuestro hijo e ingrato pecador delante el trono de nuestro amable Redentor. En prenda de mi perdón presentadle vuestro Inmaculado Corazón lleno de aquella gracia y amor que excede a los ardores de los más abrasados serafines. Mostrádsele traspasado por una espada de dolor en su Pasión, para que desagraviado me haga participante de sus gracias, de sus merecimientos y satisfacciones. ¡Ah Virgen, Madre mía! qué dicha será para mí poder un día contemplar de cerca vuestra gloria, y participar como hijo vuestro de aquel gozo bienaventurado que inunda vuestro dulcísimo y maternal Corazón. Esto os pido, Madre mía, y confío alcanzarlo por vuestra poderosa intercesión que abre las puertas del Corazón misericordioso de vuestro divino Hijo y le descubre de lleno a los pecadores arrepentidos. Entonces, oh Señora, se explayará eternamente mi corazón delante de Vos en sinceros afectos de amor filial y en cánticos devotos de gratitud y alabanza. Amén

OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.

LD et BMSV