SENTIMIENTOS Y AFECTOS DE UNA ALMA PENITENTE SOBRE EL SALMO L

VERSO VIII

Asperges me hyssopo, et mundabor; lavabis me, et super nivem dealbabor

Pierre-Puvis-De-Chavannes-The-Prodigal-Son

Rociadme, Señor, con el hisopo y quedaré limpia; lavadme, y quedaré más blanca que la nieve.

Vuestra gracia que todo lo puede, oh Dios mío, es mi solo y único consuelo; y a pesar del numero horrible de mis culpas, y de los motivos que os he dado para irritaros contra mi modo de proceder , no dejo de llegarme a Vos en la amargura de mi corazón y hablaros confiadamente sobre mi miseria. Os digo, pues, Señor mío, que recelo mucho equivocarme, tomando la sombra por el cuerpo, creyéndome con disposiciones de hacer penitencia, sin tener aun siquiera la voluntad de hacerla. Vos sabéis mejor que yo cuáles son mis verdaderos afectos y sentimientos; os suplico con todas veras, Salvador mío, por vuestra muerte santísima, y por vuestra dolorosa pasión, que esta malicia, que se oculta en el fondo de mi alma, no desvíe de ella vuestros beneficios.

Cuando vos me purificareis, quedaré pura; en habiéndome Vos lavado, quedare más blanca que la nieve, y hare efectivamente esta penitencia tan necesaria, y de que me alejo imperceptiblemente, aunque os la pido.

¡Ay de mí! ¿Qué cosa se podrá igualar con mi flaqueza? Ahora temo apartarme de algunos consuelos terrenos; privarme de las conveniencias de la vida, sacrificar a mi Creador las inclinaciones indignas de mi apego. No pienso en las penas eternas de que estoy amenazada, ni en la privación eterna de la vista de mi Dios, ni en este número de males espantosos que la imaginación, no puede comprehender, y que pueden ser el justo castigo de mis pecados.

Basta una muerte repentina o temprana para impedirme el hacer penitencia, y precipitarme en lo más profundo de los infiernos. Allí será el rechinar de los dientes y las lágrimas amargas; allí los dolores, los llantos, los suspiros, los más horribles espectáculos, los más crueles tormentos; los más sensibles remordimientos despedazarán el alma y el cuerpo, como verdugos desapiadados. Allí serán inútiles los arrepentimientos; nuestros pecados nos estarán presentes continuamente; nuestros llantos no serán oídos, y nosotros estaremos incesantemente sumergidos en el abismo de las aflicciones.

Yo, pues, ¿a qué me expuse? ¡Oh adorable  Jesús mío! ¿A qué peligro me arriesgué? ¿Qué? Por un deleite transitorio que el mundo me ofrece, y que ni aun puede dármele a gustar sin alguna mezcla de sinsabor y despecho; ¿qué? ¿Para satisfacer a mi ambición, a los desórdenes de mi corazón, a mi amor propio, a mi cólera? ¡Para merecer débiles alabanzas de un infeliz mortal, quizás tan malo como yo, para agradarle, para empeñarle en mis intereses; me he de perder para siempre! ¿Para siempre? ¡Ay! ¡Qué palabra tan terrible estar perdida para siempre! ¡Estar privada para siempre jamás de vuestra adorable presencia, Dios mío! ¡Estar desterrada para siempre jamás de la Patria celestial! ¿Mi imaginación ligera y distraída no podrá fijarse sobre este siempre, siempre? ¿Sobre esta eternidad de penas, y tormentos y sobre este paso instantáneo que nos lleva desde la vida a la muerte?

¿Qué duración es la de nuestra vida? Ella es un sueño, un momento, un átomo en la inmensidad de la eternidad. Con todo eso, por este punto, por este minuto sacrifico la eternidad; y no va en ello menos que, o ser para siempre bienaventurada, colmada de gloria, y de todas las delicias celestiales; o ser para siempre la presa de los demonios, y la más miserable y desdichada de todas las criaturas.

¿Cuántas veces sucede también que nos perdemos para con Dios, sin tener recompensa alguna por lo que obramos sirviendo al mundo? Las acciones malas, el mal modo de proceder, la falta de probidad, de virtud, de buena fe, no traen consigo su propia vergüenza. ¡Ay, qué ceguedad tan excesiva, querer perderse para el mundo, y para la eternidad!

Dios mío, purificadme con el hisopo, y entonces seré pura; lavadme y me pondré más blanca que la nieve. Aunque mi alma esté sucia con millares de manchas, que me cubren de confusión, y me causan un sensible dolor; vos podéis por vuestra gracia infinita ponerme más blanca que la nieve y darme tiempo para enmendarme y hacer penitencia. ¡Ay, Señor! oíd mis humildes ruegos; purificadme y haced que yo venga a ser objeto de vuestra gracia, y no de vuestra justicia.