ALREDEDOR DEL ASESINATO DEL PADRE JACQUES HAMEL

La noticia del asesinato del sacerdote Jacques Hamel, en Normandía, ha generado diversas reacciones a nivel mundial, tanto en el orden político como en el religioso, no sólo en la iglesia apóstata conciliar, sino incluso en ámbitos tradicionales, que no dudan denominarlo “el primer mártir de este siglo”.

Hemos recogido interesantes testimonios, escritos y gráficos, al respecto.

DE LA HOMILÍA DE DOMINIQUE LEBRUN

“El mal es un misterio. Alcanza alturas de horror que nos hacen salir de lo humano. ¿No es esto lo que quisiste decir, Jacques, por tus últimas palabras? Caído en tierra después de la primera puñalada, intentaste repeler a tu atacante con los pies, y dijiste: “Atrás, Satanás“. Repetiste: “Atrás, Satanás”. Expresaste, entonces, tu fe en el hombre creado bueno, al cual el diablo atrapa. El Evangelio dice que Jesús sanó a todos los que estaban bajo el poder del diablo.”

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El Padre Hamel con su habitual “ornamento” litúrgico

En su homilía, con ocasión del funeral del Padre Jacques Hamel, el ocupante del arzobispado conciliar de Rouen, Dominique Lebrun, hizo un llamamiento a la unión de las religiones, saludando a “los creyentes de otras confesiones religiosas, especialmente la comunidad judía y la comunidad musulmana, muy sacudidas y ya decididas a unirse para que nunca vuelva a repetirse ésto”.

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Como se sabe, la mezquita de la localidad de Saint Etienne du Rouvray (Alta Normandía) estaba construida sobre una parcela de terreno que en el año 2.000 fue donada por la parroquia de Santa Teresa. En aquella época, el párroco titular de la iglesia católica de Saint Etienne de Rouvray era Jacques Hamel, cargo que ejerció hasta su jubilación en 2008, y por tanto el último responsable de la decisión de ceder a la comunidad musulmana los terrenos propiedad de su parroquia para la construcción de la mezquita, que adoptó el nombre de ‘Yahya’.

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DEL COMUNICADO OFICIAL DEL PADRE CHRISTIAN BOUCHACOURT
SUPERIOR DEL DISTRITO DE FRANCIA DE LA F$$PX

En Saint-Etienne-du-Rouvray, Francia, el islam ha dado el primer mártir del siglo XXI. Un hombre ha muerto, sacrificado, y no por supuestas razones políticas, sino por odio a la fe. El hecho ocurrió en una iglesia durante una misa celebrada por el sacerdote, y el asesinato se llevó a cabo junto con una profesión de fe islámica. En este caso, el martirio, en sentido canónico, está perfectamente calificado como tal.

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COMUNICADO DEL INSTITUTO MATER BONI CONSILII

Nota: Radio Cristiandad hace suyas las palabras de este Comunicado.

¿MARTIRIO O CASTIGO?

Como todo el mundo sabe, dos militantes mahometanos han degollado, en la iglesia parroquial de Saint-Étienne-du-Rouvray, Normandía, un sacerdote, el Padre Jacques Hamel.

No hace falta decir que se trata de un crimen horrible y de un sacrilegio, y que rogamos por el alma de este hermano en el sacerdocio (fue ordenado en 1958).

Muchos bautizados se han preguntado si no se podía hablar de martirio, en el sentido estricto y “canónico” del término: por ejemplo, el superior del distrito de Francia de la Fraternidad San Pío X, Christian Bouchacourt, que considera a la pobre víctima un mártir del Islam, muerto en la iglesia “durante una misa”.

Sin embargo, los testimonios sobre la vida y el ministerio del anciano sacerdote francés, hablan de otra cosa.

El Padre Hamel, al igual que todos los fieles adeptos del Vaticano II, estaba activamente comprometido en el “diálogo interreligioso” con los negadores de la Santísima Trinidad y de la divinidad de Cristo.

Y la “misa” que la víctima celebraba era la misa reformada, que el fundador de la sociedad religiosa del padre Bouchacourt llamaba, con razón, la “Misa de Lutero”.

A menos que nos convirtamos en seguidores del wojtyliano “Ecumenismo del martirio”, no se puede reconocer en un modernista, incluso si fue matado en cuanto cristiano, un “mártir de la fe”, especialmente en el sentido estricto y canónico.

El mártir da testimonio, de hecho por la sangre, de la verdad y de la fe profesada durante su vida y en el momento de su muerte.

Los Padres de la Iglesia han negado siempre a los bautizados herejes o cismáticos, aunque sufriesen y muriesen como cristianos, el carácter de mártires.

La ignorancia invencible (no culpable) puede hacer libre de pecado (formal) al que cae en el error contra la fe, pero no puede hacer de él un testigo de la verdad.

Entonces uno puede preguntarse si lo que pasó, y lo que tal vez vuelva a suceder (Dios no lo quiera), no es más bien un castigo, no tanto en lo que respecta a la persona misma víctima del sacrilegio atroz (cf. Lucas XIII, 1-5), sino en vista del modernismo, por su complacencia impía respecto de los enemigos de la divinidad de Jesucristo y de la fe en la Santísima Trinidad.

El Señor advierte: “Si no hacéis penitencia, todos pereceréis”. Estas palabras hacen temblar, si pensamos que la invitación a la penitencia, la advertencia del Señor, con sus castigos, para abandonar el espíritu apóstata de la declaración Nostra ætate —que da frutos evidentes por todo el mundo— no se ha oído.

¡Al contrario! ¡El domingo 31 de julio, los musulmanes fueron invitados a predicar en las iglesias católicas profanadas de Francia e Italia!

Ningún católico, que no desea caer en el pozo, puede tomar como guía a ciegos que guían a otros ciegos.

Ningún católico, que quiere salvarse y no perecer por la eternidad, puede seguir a aquellos que consideran sin importancia —al menos de hecho— creer o no creer en la divinidad de Cristo y en la Santísima Trinidad.

Que Dios nos salve, que salve del modernismo la fe de los católicos, y nos salve del justo castigo con que el Señor castiga y castigará la ofensa hecha a su Nombre.

Verrua Savoia 1º de agosto de 2016, San Pedro ad vincula.

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DE LA DECLARACIÓN CONCILIAR NOSTRA ÆTATE

Sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas

3.La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.

Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.

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CATÓLICOS, JUDÍOS Y MUSULMANES
EN EL ÚLTIMO HOMENAJE AL PADRE JACQUES HAMEL

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Ceremonia en la catedral ocupada de Rouen

http://www.aica.org/24359-catolicos-judios-musulmanes-en-el-ultimo-homenaje-al-padre-jacques.html

Una semana después del asesinato del padre Jacques Hamel en la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray, en Francia, la memoria del sacerdote fue honrada este martes 2 de agosto, en la catedral de Rouen, Normandía, donde tuvo lugar un funeral solemne presidido por el arzobispo monseñor Dominique Lebrun y del que participaron más de 2.000 personas, representantes de las comunidades musulmana y judía, un centenar de sacerdotes, además del ministro del Interior y de Culto, Bernard Cazeneuve, y el presidente del Consejo Constitucional, Laurent Fabius, entre otras autoridades políticas.

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Detalle de la foto del sacerdote asesinado colocada junto al féretro

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¿MÁRTIRES DE ESTE SIGLO?

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/07/28/martires-de-este-siglo/

El mártir es perseguido y muerto por odio a la fe, muere pasivamente (sin resistir) y por guardar la fe (amor a Jesucristo). Guardar la fe puede significar ya sea declararla, o defender las obras de la fe (como San Juan Bautista que muere por denunciar el adulterio de Herodes, o Santa María Goretti que muere por defender su virtud).

Defender la fe es algo objetivo. Es defender la verdadera fe y no lo que cada cual cree que es la fe.

Antes del Vaticano II no se admitía reconocer la existencia de auténtico martirio fuera de la Iglesia católica: porque al testimonio de los otros cristianos le falta la integridad y plenitud de la fe católica.

Concilio de Florencia
– Fuera de la Iglesia no hay salvación, aun para quien derramare su sangre por Cristo.

Sínodo de Laodicea
– Los “mártires” de los herejes son ajenos a Dios.

San Fulgencio de Ruspe
– Quien no está en la Iglesia Católica no puede salvarse, aunque vierta su sangre por el nombre de Cristo.

San Cipriano de Cartago
– La sangre derramada por un cismático no lava ninguna mancha.

– El suplicio sufrido por un cismático no sería corona, sino castigo de su perfidia.
– El bautismo de sangre de nada sirve al hereje.

San Agustín
– No puede tener muerte de mártir quien, como cismático, no tiene vida de cristiano.

– No pueden presumir de persecución por Cristo quien se rebelan contra su Cuerpo.
– Si el cismático muere como un sacrílego, ¿cómo puede ser bautizado con su sangre?
– A los mártires los hace no la pena, sino la causa.
– No son mártires los que padecen por la iniquidad y por dividir la unidad cristiana.
– En el horno donde el mártir es purificado, los herejes son reducidos a cenizas.

San Paciano de Barcelona
– Un cismático asesinado no tenía comunicación con la Santa Madre Iglesia para poder ser considerado mártir.

Benedicto XIV
– Aunque el hereje muera por un artículo de la verdadera fe no puede ser mártir.

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El Padre Hamel, ¿estará diciendo con el incensario: Atrás, Satanás?

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DICHOS DE MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

– Esta Iglesia Conciliar es cismática, porque rompe con la Iglesia Católica. Ella tiene sus nuevos dogmas nuevos, su nuevo sacerdocio, sus instituciones nuevas, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos.

– La iglesia que afirma tales errores es cismática y herética. Esta iglesia conciliar, por lo tanto, no es católica. En la medida en que el Papa, obispos, sacerdotes y fieles adhieren a esta nueva iglesia, se separan de la Iglesia Católica.

– El Concilio Vaticano II representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestro, una nueva iglesia, a la cual, por otra parte, ellos llaman la iglesia conciliar.

– Todos aquellos que cooperen en la aplicación de esta perturbación, aceptando y adhiriendo a esta nueva iglesia conciliar, entran en el cisma.

– Esta unión deseada por los católicos liberales entre la Iglesia y la revolución es una unión adúltera, ¡adúltera! De esta unión adúltera no pueden venir sino bastardos. ¿Y quiénes son estos bastardos? Son los ritos. El rito de la misa es un rito bastardo. Los sacramentos son sacramentos bastardos…