MEDITACIONES SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

VISITAS

AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Y A MARÍA SANTÍSIMA

San Alfonso María de Ligorio

DÍA QUINTO

ORACIÓN

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de noche y de día en ese Sacramento lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a todos los que vienen a visitaros; yo creo que estáis presente en el Santísimo Sacramento del Altar; os adoro desde el abismo de mi nada, y os doy gracias por todas las mercedes que me habéis hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento vuestro Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, por haberme concedido por mi Abogada a vuestra Santísima Madre la Virgen María, y haberme ahora llamado a visitaros en este lugar santo. Adoro vuestro amantísimo Corazón, y deseo adorarle por tres fines: el primero en agradecimiento de esta tan rica dádiva; el segundo para desagraviaros de todas las injurias que habéis recibido de vuestros enemigos en ese Sacramento, y el tercero porque deseo en esta visita adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado con menos culto y más olvido.

¡Jesús amoroso!, os amo con todo mi corazón; pésame de haber ofendido tantas veces a vuestra infinita bondad, y propongo enmendarme ayudado de vuestra gracia. Miserable como soy me consagro todo a Vos, y entrego y pongo en vuestras divinas manos mi voluntad, afectos, deseos y todo cuanto soy y puedo. De hoy en adelante haced, Señor, de mí todo lo que os agrade; lo que yo quiero y lo que os pido es vuestro santo amor, el entero cumplimiento de vuestra santísima voluntad, y la perseverancia final. Os encomiendo las ánimas del Purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima, y os ruego también por todos los pecadores. En fin, amado Salvador mío, uno todos mis afectos y deseos con los de vuestro amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre, y por el amor que os tiene le pido en vuestro Nombre que los oiga y reciba benignamente. Amén.

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¡Ah Dios mío, Rey mío y Señor mío! ¡Quién me diera que todos mis miembros se convirtiesen en lenguas para alabar y agradecer las finezas de vuestra bondad en ese divino Sacramento, donde continuamente estáis pronto para oír y consolar a esta indigna criatura vuestra!

Me atrevo, Señor, a decir que sois con demasía amante de los hombres, porque les disteis todo lo que podíais darles en este Sacramento con el fin de que ellos os amasen. ¡Ay, amabilísimo Jesús mío! dadnos un amor grande, un amor fuerte para amaros, pues no es razón que amemos con tibieza a un Dios que nos ama con tanto ardor; atraednos a Vos con los dulces atractivos de vuestro amor.

¡Oh majestad y bondad infinita! Vos amáis tanto a los hombres; Vos habéis obrado tantas finezas para ser amado de los hombres, y con todo son muy pocos los que os aman. ¡Oh espantosa ingratitud de los hijos de Adán!

¡Más ay, Señor, que yo he sido uno de los ingratos! pero no quiero serlo en adelante; estoy resuelto a amaros cuanto pueda, y a no amar sino a Vos; Vos lo mandáis, Vos lo merecéis, y yo quiero contentaros. Haced, oh Dios de mi alma, que yo os agrade; así lo espero y os lo suplico por los merecimientos de vuestra Pasión sagrada. Los bienes de la tierra dadlos si queréis a quien los desee; lo que yo quiero y busco es el rico tesoro de vuestro amor; os amo Jesús mío, bondad infinita; Vos sois toda mi riqueza, todo mi contento, todo mi amor.

 

VISITA A MARÍA SANTÍSIMA

¡Oh Reina del mundo! ¿Hemos de comparecer delante del soberano Juez después de haber cometido tantos pecados? ¿Quién le aplacará? No hay quien lo pueda hacer mejor que Vos, soberana Señora, que tanto nos amáis y sois su querida Madre. Abrid, pues, oh Madre de misericordia, los oídos de vuestro Corazón a nuestros suspiros y ruegos. Nos acogemos a vuestra protección poderosa; aplacad la indignación de vuestro Hijo, y restituidnos a su gracia. Vos no aborrecéis al pecador por malo que sea, ni le despreciáis si acude a Vos, e implora arrepentido vuestra intercesión, antes con vuestras piadosas manos le libráis de la desesperación, le confortáis y animáis a esperar; no le desamparéis, Señora, hasta que sea reconciliado con su Juez.

 

SÚPLICA

Inmaculada Virgen y Madre mía María Santísima, a Vos que sois la Madre de mi Salvador, la Reina del mundo, la abogada, esperanza y refugio de los pecadores, recurro en este día yo que soy el más miserable de todos. Os adoro, oh gran Reina, y humildemente os agradezco todas las gracias y mercedes que hasta ahora me habéis hecho, especialmente la de haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mis pecados; os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo propongo siempre serviros y hacer todo lo posible para que de todos seáis servida. En Vos, oh Madre de misericordia, después de mi Señor Jesucristo, pongo todas mis esperanzas; admitidme por vuestro siervo, y defendedme con vuestra protección; y pues sois tan poderosa para con Dios, libradme de todas las tentaciones, y alcanzadme gracia para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor para con mi Señor Jesucristo, y por vos espero alcanzar una buena muerte. Oh Señora y Madre mía, por el abrasado amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero mucho más en el último momento de mi vida; no me desamparéis hasta verme salvo en el Cielo, alabándoos y cantando vuestras misericordias por toda la eternidad. Amén.