MEDITACIONES SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

VISITAS

AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Y A MARÍA SANTÍSIMA

San Alfonso María de Ligorio

DÍA CUARTO

ORACIÓN

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de noche y de día en ese Sacramento lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a todos los que vienen a visitaros; yo creo que estáis presente en el Santísimo Sacramento del Altar; os adoro desde el abismo de mi nada, y os doy gracias por todas las mercedes que me habéis hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento vuestro Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, por haberme concedido por mi Abogada a vuestra Santísima Madre la Virgen María, y haberme ahora llamado a visitaros en este lugar santo. Adoro vuestro amantísimo Corazón, y deseo adorarle por tres fines: el primero en agradecimiento de esta tan rica dádiva; el segundo para desagraviaros de todas las injurias que habéis recibido de vuestros enemigos en ese Sacramento, y el tercero porque deseo en esta visita adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado con menos culto y más olvido.

¡Jesús amoroso!, os amo con todo mi corazón; pésame de haber ofendido tantas veces a vuestra infinita bondad, y propongo enmendarme ayudado de vuestra gracia. Miserable como soy me consagro todo a Vos, y entrego y pongo en vuestras divinas manos mi voluntad, afectos, deseos y todo cuanto soy y puedo. De hoy en adelante haced, Señor, de mí todo lo que os agrade; lo que yo quiero y lo que os pido es vuestro santo amor, el entero cumplimiento de vuestra santísima voluntad, y la perseverancia final. Os encomiendo las ánimas del Purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima, y os ruego también por todos los pecadores. En fin, amado Salvador mío, uno todos mis afectos y deseos con los de vuestro amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre, y por el amor que os tiene le pido en vuestro Nombre que los oiga y reciba benignamente. Amén.

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Los amigos del mundo hallan tanto consuelo en verse, que pasan los días enteros en conversación; si nosotros no empleamos el tiempo con Jesús Sacramentado, es porque no le amamos.

Los Santos hallaron el paraíso en la tierra delante del Santísimo Sacramento. Santa Teresa después de su muerte dijo desde el Cielo a una religiosa hija suya: los de acá del cielo y los de allá de la tierra hemos de ser unos en el amor y pureza; los de acá viendo la esencia divina, y los de allá adorando al Santísimo Sacramento, con el cual habéis de hacer vosotros lo que nosotros con la esencia divina: nosotros gozando y vosotros padeciendo, que en esto nos diferenciamos. (Vida de la Santa escrita por el P. Ribera, libro 5°, capítulo 4°)

¡Oh cordero sin mancha, sacrificado por nosotros en el Ara de la Cruz! Acordaos que yo soy una de aquellas almas que redimisteis con vuestra Pasión y Muerte; y ya que os entregasteis por mi amor, y os sacrificáis por mí todos los días en los Altares, sed para siempre mío, y sea yo todo vuestro sin temor de perderos jamás; a vos me entrego para que hagáis de mí cuanto os agrade; os entrego mi voluntad, estrechadla con los dulces lazos de vuestro amor, para que sea siempre fiel esclava de la vuestra; ya no quiero vivir para satisfacer mis deseos, sino para dar gusto a vuestra infinita bondad. Quitad de mí, Señor, quitad enteramente lo que no os agrade, y hacedme la gracia de que no tenga otro pensamiento que el de obedeceros, ni otro deseo que el de serviros. Os amo, dulce Salvador mío, con todo mi corazón; os amo porque deseáis que os ame; os amo porque sois infinitamente digno de ser amado; tengo suma pena de no amaros cuanto merecéis, y quisiera morir por vuestro amor; aceptad, Señor, este mi deseo, y dadme vuestro dulcísimo amor.

 

VISITA A MARÍA SANTÍSIMA

¡Oh Señora mía! vos, que sois nuestro amparo, hacedme digno de gozar con Vos alguna parte de aquella felicidad que gozáis en la bienaventuranza. Sí, Reina mía, mi refugio, mi vida, mi socorro, mi defensa, mi alegría, mi fortaleza, mi esperanza, haced que yo vaya con Vos por el camino del Cielo. Sé que siendo Madre de Dios podéis muy bien alcanzarme una gracia eficaz que me haga cooperar para conseguir mi perseverancia final.

¡Oh María! Vos sois poderosísima intercesora para salvar a los pecadores, ni necesitáis otra recomendación que el ser Madre de la verdadera vida.

 

SÚPLICA

Inmaculada Virgen y Madre mía María Santísima, a Vos que sois la Madre de mi Salvador, la Reina del mundo, la abogada, esperanza y refugio de los pecadores, recurro en este día yo que soy el más miserable de todos. Os adoro, oh gran Reina, y humildemente os agradezco todas las gracias y mercedes que hasta ahora me habéis hecho, especialmente la de haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mis pecados; os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo propongo siempre serviros y hacer todo lo posible para que de todos seáis servida. En Vos, oh Madre de misericordia, después de mi Señor Jesucristo, pongo todas mis esperanzas; admitidme por vuestro siervo, y defendedme con vuestra protección; y pues sois tan poderosa para con Dios, libradme de todas las tentaciones, y alcanzadme gracia para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor para con mi Señor Jesucristo, y por vos espero alcanzar una buena muerte. Oh Señora y Madre mía, por el abrasado amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero mucho más en el último momento de mi vida; no me desamparéis hasta verme salvo en el Cielo, alabándoos y cantando vuestras misericordias por toda la eternidad. Amén.