SENTIMIENTOS Y AFECTOS DE UNA ALMA PENITENTE SOBRE EL SALMO L

VERSO V

Tibi soli peccavi, et malum coram te feci; ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris

2072934397.2

Pequé, Señor, contra Vos solo, y delante de Vos hice el mal; perdonadme pues, para mostraros justificado en vuestras promesas, y que queden convencidos de vuestra rectitud, vuestros enemigos

En el profundo secreto de mi alma, Dios mío, me sublevé contra Vos, sólo delante de Vos he pecado. A los ojos del mundo supe muy bien portarme, mientras interiormente me hacía odiosa a los vuestros.

Yo he sido semejante a aquellos sepulcros blanqueados, a aquellos soberbios mausoleos brillantes con mármoles, y pórfidos, que sólo representan bellos objetos, y encierran un cadáver horrible, roído de gusanos y consumido de podredumbre.

Procuré ocultar el gusano que me roía, y mi vanidad, pagada de la buena opinión en que me tenían, me endureció a las secretas reprehensiones que yo debía hacerme.

¡Miserable de mí! ¿Qué hice yo cuando me contentaba con simples apariencias? Yo me relajé en todas las obligaciones de una verdadera cristiana; mi delito, por haber sido oculto, no ha dejado de estar muy patente a vuestros ojos. Vos penetrasteis, Dios mío, el exceso de mi malicia, y yo la reconozco con horror.

Dígnese vuestra bondad infinita de perdonarme, para que aun de vuestros enemigos seáis reconocido y fiel rectísimo en vuestros juicios; para que aquellas promesas felices que hicisteis a nuestros padres, llenándolos de vuestras bendiciones, se cumplan sobre sus descendientes; para que vuestros terribles juicios no se ejerzan sobre una pobre criatura despojada en vuestra presencia de todo apoyo, de toda grandeza, de todas las riquezas, sola y sin más socorro que el de vuestra misericordia, que es infinita, Dios mío, y en la que pongo mi única esperanza.

¡Ay Señor! ¿Qué sería de mí, si me llamaseis a juicio sin tener piedad de mí, y solamente como un Dios justo, y un Dios ofendido? ¿Y quién me puede asegurar, que no lo haréis, sino vuestras promesas Creador mío, que sostienen mi alma penetrada de horror y me dejan ver los rayos de vuestra misericordia por entre las tinieblas de mis iniquidades?

Yo estoy sepultada en la noche del pecado, y mi pecado es tanto más peligroso, cuanto habiendo estado secreto, parece que no me avergüenzo de él; ¿más qué confusión, y dolor debo tener; pues es constante que Vos le conocéis mejor que yo? Que las apariencias no os engañan Dios mío; y no he tenido pensamiento malo, ni concebido deseo alguno pecaminoso, ni cometido infidelidad alguna de corazón, de que no os haya de dar cuenta.

Ni solamente son, Señor mío, los pecados graves los que os irritan; mas también como sois sumamente sabio, sumamente puro, y sumamente justo, no podéis sufrir las faltas y vicios de costumbre, de descuido, de pereza y de amor propio; Vos las veis todas, cuando apenas yo las percibo; y si las percibo, es sin tener un vivo dolor, y sensible pesar de haberlas cometido, y sin querer trabajar en corregirlas.

Tengo algunas cosas esenciales por escrúpulos de poca monta, los que juzgo deber desechar para mi quietud; sin pensar, Dios mío, que este es el camino de mi perdición eterna, y que nadie se entrega de una vez a los pecados enormes; sino que, cuando una alma por su desdicha se aleja de vuestro amor para perder vuestra gracia, insensiblemente se adelanta en el camino de la perdición, el corazón se endurece, y de aquí viene a hacerse capaz de todo.

No permitáis, pues, mi Señor y mi Dios, que cuando yo me haya confesado con verdadera contrición de mis culpas (como lo hago desde ahora al pie de vuestro trono, penetrado mi corazón de arrepentimiento y traspasada mi alma con una espada de dolor) sea tan miserable que me descuide del menor de vuestros preceptos, porque todos ellos me son importantes; y no permitáis ya, oh Dios mío, que yo peque a vuestros ojos; mas perdonadme, os suplico, para que seáis reconocido fiel en vuestras promesas, y conozcan vuestros enemigos la rectitud de vuestros juicios.

Perdonadme, mi adorable Jesús, porque sois mi única esperanza, y yo criatura vuestra, cuya perdición no queréis. Perdonadme porque propongo antes morir que ofenderos; y os suplico muy humildemente me deis fuerzas para cumplir firmemente esta resolución; la que tampoco puedo hacer si Vos Dios mío no me la inspiráis, ni la puedo ejecutar si no me ayudáis. Reconozco juntamente, que el bien no está en mí, sino que viene de Vos Señor mío, y que vuelve a Vos como a su centro.

Que por vuestra caridad infinita se llene mi alma de este bien, de tal manera que se sienta arrebatada con él en vuestro seno eterno.

Dios mío, salvadme, no me castiguéis según los pecados que cometí contra Vos solo, según las operaciones culpables que hice en vuestros ojos, y que detesto de todo mi corazón y con todas mis fuerzas; pero, Señor, perdonadme, para que seáis reconocido fiel en vuestras promesas y rectísimo en vuestros juicios.