Padre Juan Carlos Ceriani: Sermón de la Domínica 9ª después de Pentecostés

Sermones-Ceriani

DOMINGO NOVENO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

La Epístola de este Domingo está tomada de la Iª Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios.

Sólo lo destacado en azul es lo que trae nuestro Misal; pero es muy útil meditar todo al pasaje del capítulo X, con el contexto de los versículos 1 al 22:

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos debajo de la nube, y todos pasaron por el mar; y todos en orden a Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, puesto que bebían de una piedra espiritual que les iba siguiendo, y la piedra era Cristo. Con todo, la mayor parte de ellos no agradó a Dios, pues fueron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron como figuras para nosotros; a fin de que no codiciemos lo malo como ellos codiciaron. No seáis, pues, idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantaron para danzar.” No cometamos, pues, fornicación, como algunos de ellos la cometieron y cayeron en un solo día veintitrés mil. No tentemos, pues, al Señor, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. No murmuréis, pues, como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades. Por tanto, el que cree estar en pie, cuide de no caer. No nos ha sobrevenido tentación que no sea humana; y Dios es fiel y no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que aun junto a la tentación preparará la salida, para que podáis sobrellevarla. Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes; juzgad vosotros mismos de lo que os digo: El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Dado que uno es el pan, un cuerpo somos los muchos; pues todos participamos del único Pan. Mirad al Israel según la carne. ¿Acaso los que comen de las víctimas no entran en comunión con el altar? ¿Qué es, pues, lo que digo? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? ¿O que el ídolo es algo? Al contrario, digo que lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar a celos al Señor? ¿Somos acaso más fuertes que Él?

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Si leemos toda la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, podemos apreciar que en este capítulo décimo el Apóstol sigue presentando razones para mover a los corintios a que sean muy cautos en la cuestión de lo ofrecido a los ídolos.

Y ahora los exhorta, poniéndoles delante el peligro de caer en la idolatría.

Con esa finalidad les dice que no se fíen demasiado de sí mismos; y tengan presente el caso de los israelitas en su salida de Egipto, regalados todos por Dios con extraordinarios favores, y, sin embargo, la mayor parte de ellos fue descalificada, sin lograr llegar hasta la meta…; aunque fueron seiscientos mil combatientes los que pasaron el Mar Rojo, sólo dos lograron entrar en la Tierra Prometida.

Este ejemplo era tanto más expresivo para los corintios, cuanto que la comunidad israelítica del desierto era considerada por las primitivas comunidades cristianas como la comunidad ideal.

Es así como se entienden mejor las aplicaciones que aquí hace San Pablo.

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Comienza haciendo notar las gracias extraordinarias con que Dios favoreció a los israelitas: todos estuvieron bajo la nube, todos pasaron el mar, todos fueron bautizados en Moisés, todos comieron el mismo pan y todos bebieron la misma bebida.

Las alusiones a determinados hechos históricos narrados en la Biblia son claras: la nube, el paso del mar Rojo, el maná, el agua que brotó de la roca.

Alude San Pablo al éxodo de los israelitas de Egipto bajo Moisés cuando pasaron el Mar Rojo, guiados por una nube que les daba sombra de día y los iluminaba de noche.

Sin embargo, es muy de notar el modo como San Pablo presenta esos hechos, proyectando sobre ellos la imagen de otros hechos cristianos (los Sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía), de los que aquéllos habían sido tipo o figura.

Estas cosas sucedieron como figuras para nosotros: es decir, así como los israelitas fueron bautizados en la nube y en el mar, y alimentados con un manjar espiritual, así también nosotros recibimos las aguas del Bautismo y el Pan del Cielo en la Sagrada Eucaristía.

Guiados por la nube, signo de la presencia y protección de Yahvé, y atravesando el mar, que los liberaba del dominio del faraón, los israelitas quedaron vinculados a Moisés, el caudillo elegido por Dios para mediador de la Alianza que pensaba establecer; lo mismo que, por el Bautismo, los cristianos quedamos, aunque en más alto grado, vinculados a Cristo, el Mediador de la Nueva Alianza.

En cuanto al maná y al agua que brota de la roca, los llama comida y bebida espiritual, no sólo en razón de su origen sobrenatural, sino también en cuanto a su carácter prefigurativo del pan y del vino eucarísticos.

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Hasta aquí, la parte hermosa de la medalla; mas viene en seguida el reverso…

El adjetivo todos se repite cinco veces para acentuar que, aunque todo Israel recibió aquellas bendiciones, sólo un pequeño número entró en la tierra prometida.

¡Gran contraste entre todos y la mayor parte de ellos no agradó a Dios…!

Fueron muchos los favores concedidos a los israelitas, pero la mayor parte de ellos pereció en el desierto, víctima de la cólera divina…

También aquí son claras las alusiones a determinados hechos históricos narrados en la Biblia: el desagrado divino castigándoles a morir en el desierto, la añoranza por las carnes y pescados de Egipto, las danzas del pueblo en torno al becerro de oro, la fornicación con las mujeres de Moab, las quejas contra el Señor de que no les dé otra comida que el maná, las murmuraciones contra Moisés y Aarón…

¡Pueblo sensual, de dura cerviz y fornicador!

Fornicar se usa generalmente en la Sagrada Escritura para señalar cuanta infidelidad se esconde en la idolatría. Aquí se refiere a la prevaricación con las moabitas.

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Presentada así la medalla por las dos caras, San Pablo saca la conclusión: Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades.

El fin de las edades se inicia con la venida del Mesías, y en ella cobra realidad todo cuanto anteriormente Dios había preanunciado en figuras.

Que no se confíen, pues, demasiado los corintios; lo que sucedió a los israelitas, cayendo en la idolatría y fornicación, fácilmente puede sucederles a ellos, si no son cautos en la cuestión de lo inmolado a los ídolos.

¡Qué decir de nosotros, que asistimos al fin del fin de las edades…!

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Para evitar toda especie de idolatría, el Apóstol da enseguida instrucciones sobre el misterio eucarístico y, descendiendo a la cuestión práctica, trata sobre la participación en banquetes sagrados.

Comienza con un aviso de carácter general, rogando a los corintios que se mantengan alejados de todo cuanto huela a idolatría, aviso que es consecuencia inmediata de lo que acaba de decirles sobre lo sucedido a los israelitas.

Luego, con exquisita delicadeza, les pide que ellos mismos sean jueces de lo que les va a decir.

Preparado así el terreno, propone ya el primer razonamiento, que es el siguiente: los fieles que participan de la Sagrada Eucaristía entran en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así como los que participan de los idolotitos, en los banquetes sacrificiales, entran en comunión con los demonios.

Como lo uno excluye lo otro, el que quiera estar unido a Cristo debe abstenerse de los banquetes sacrificiales; de lo contrario, provocaremos la ira del Señor, de la que no podremos escapar.

Este es el nudo y el nervio de la argumentación que propone San Pablo:

Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes; juzgad vosotros mismos de lo que os digo: El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Mirad al Israel según la carne. ¿Acaso los que comen de las víctimas no entran en comunión con el altar? ¿Qué es, pues, lo que digo? Digo que lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar a celos al Señor?

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Ahora bien, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que, después de tales ejemplos y ante declaración tan fuerte como clara de San Pablo, después de gracias extraordinarias, de 2000 años de enseñanza y de historia de la Santa Iglesia, tanto en la iglesia oficial, como en la Tradición en general, así como en la FSSPX en particular e incluso en la resistencia fláccida (en la medida que aún depende de la Neo-FSSPX), cómo puede ser, repito, se incurra en la fornicación espiritual, que no es otra cosa que idolatría y culto al demonio?

¿Usted piensa que exagero?

Debemos advertir que existe una relación entre los extraordinarios favores recibidos por los israelitas y las gracias extraordinarias recibidas en la Iglesia.

Gracias en el orden doctrinal, que implican a la iglesia oficial y a la Fraternidad: Misa y excomunión de la Tradición…

Gracias en el orden de la historia, que involucran a la Fraternidad y a la falsa Resistencia: palabras de Monseñor Lefebvre y persecución contra su persona y su obra…

Lo dicho para los corintios tiene todavía hoy actualidad…, y tal vez más que nunca… La crisis actual no es una crisis más, de la cual la sociedad y la Iglesia saldrán, como han salido de tantas otras… Asistimos a la crisis final…

Para comprobar que no hay exageración, consideremos algunos ejemplos solamente.

Respecto de la nueva misa bastarda montiniana:

Todos los conciliares conocían las enseñanzas de la Santa Iglesia respecto de la teología de la Santa Misa tal como fue formulada en la XXIIª Sesión del Concilio de Trento…; y sin embargo aceptaron la promulgación del Novus Ordo Missæ, que se aleja de manera impresionante, tanto en el conjunto como en el detalle, de aquella barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio.

Todos los tradicionales conocían tanto la doctrina católica tradicional como las desviaciones del Novus Ordo Missæ…; y sin embargo los sacerdotes de Campos, todos los institutos Ecclesia Dei y la misma FSSPX festejaron la promulgación del Motu proprio que afirma que la misa bastarda de Pablo VI y la Misa Tradicional son dos expresiones de la “lex orandi” de la Iglesia, que no inducen ninguna división de la “lex credendi” de la Iglesia, y que son, de hecho, dos usos del único rito romano.

Todos ellos festejaron (y festejan aún) ese documento, que sitúa la Misa legítima por debajo del nivel de la misa concubina, pues afirma que el Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “lex orandi” de la Iglesia católica de rito latino, mientras que el Misal Romano promulgado por San Pío V debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma “lex orandi”.

Todos ellos conocían la teología de la Misa, resumida por las enseñanzas y condenas de Monseñor Marcel Lefebvre…; y sin embargo muchos siguen las desviaciones de uno de sus hijos en el episcopado que ha propuesto firmar una declaración que sostiene la “legitimidad de los sacramentos promulgados por Paulo VI y Juan Pablo II” y ha dicho que “Si Monseñor Lefebvre hubiese conocido la misa del NOM tal como se celebra en una abadía cercana a Florencia, no hubiese dado el paso que dio”.

Todos ellos conocían la teología de la Misa, resumida por las enseñanzas y condenas de Monseñor Marcel Lefebvre…; y sin embargo muchos siguen las desviaciones de uno de sus hijos en el episcopado que ha dicho que Todavía hay casos en que la nueva misa puede ser usada, y todavía es usada, para edificar la fe” y que “Hay casos en que incluso se puede asistir a la misa Novus Ordo con un efecto de edificar la propia fe en lugar de perderla”.

Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros. Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría… Lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, y no a Dios, y no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios…

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Respecto de las excomuniones de 1988 y su levantamiento en 2009:

Todos los conciliares conocían las enseñanzas de la Santa Iglesia, cuerpo de doctrina que se puede resumir en una palabra: la Tradición…; y sin embargo condenaron a la Tradición, excomulgaron la Tradición en la persona de Monseñor Lefebvre.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre en su célebre sermón del eté chaud (verano caliente), 29 de junio de 1976: Mañana, tal vez, en los periódicos aparecerá nuestra condena, es muy posible, a causa de esta ordenación de hoy; probablemente seré castigado con una suspensión, estos jóvenes sacerdotes serán castigados con una irregularidad que, en principio, debería impedirles rezar la Santa Misa. Es posible. ¡Y bueno! Apelo a San Pío V (…) Y por lo tanto, esta censura, esta excomunión, estas censuras, si las hubiese, serán absolutamente inválidas…; y sin embargo aceptaron, casi unánimemente, el levantamiento de las excomuniones en enero de 2009.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre durante los interrogatorios del 11 y 12 de enero de 1979: Estimo que todas las medidas que se han tomado contra mí son ilegales, y que, por lo tanto, ni yo ni los seminaristas que ordeno caen bajo el golpe de las penas canónicas…; y sin embargo, en su inmensa mayoría, festejaron y agradecieron el levantamiento de las excomuniones en enero de 2009.

Todos los miembros de la FSSPX conocían bien las palabras de Monseñor Lefebvre en su histórico sermón de las consagraciones episcopales, del 30 de junio de 1988: Realizamos un acto que será tildado sin duda en los periódicos, de cisma, excomunión, todo lo que quieran; mas nosotros estamos convencidos de que todas estas acusaciones de las que somos objeto, todas estas sanciones son nulas, absolutamente nulas. Por eso no hacemos ningún caso de ellas. De la misma forma que no hemos tenido en cuenta la suspensión a divinis…; y sin embargo, salvo honrosas excepciones, reconocieron la validez del decreto que, al mismo tiempo que levanta la excomunión a los cuatro Obispos traidores, sigue señalando como excomulgados a sus dos consagrantes.

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Respecto de la regularización canónica:

Todos los miembros de la FSSPX conocían las palabras de su Fundador: Somos suspendidos a divinis por la iglesia conciliar y para la iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. (…) Esta iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus instituciones nuevas, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) Esta iglesia conciliar es cismática porque ha tomado por base de su puesta al día principios opuestos a los de la Iglesia Católica (…) La iglesia que afirma tales errores es cismática y herética. Esta iglesia conciliar, por tanto, no es católica…; y sin embargo ahora han aceptado sin contestación alguna de la Roma apóstata y anticristo el nombramiento de su Superior General como Juez de primera instancia, la jurisdicción ordinaria para las confesiones, la autorización para los sacramentos de la Extremaunción y del Sacerdocio…

Todos los miembros de la FSSPX, así como los de la Resistencia Fláccida, conocen la Carta de los Superiores del 6 de julio de 1988, que contiene duros conceptos, tales como: nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de iglesia conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad”; “no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable”; “No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles”; “los fieles tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”…; y sin embargo han aceptado que sus jefes estén dispuestos a ir a Roma para recibir reconocimientos canónicos de los apóstatas anticristos.

Todos ellos han conocido los frutos amargos del Concilio después de 50 años; todos ellos se han escandalizado de la reconciliación de Dom Gérard (en 1988), de Campos (en 2002), de los Redentoristas (en 2008)…; y sin embargo siguen buscando y/o aceptando un reconocimiento canónico.

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Sobre algunos puntos en particular:

Todos han recibido la esclarecedora advertencia de Monseñor Lefebvre que debía guiarlos en medio de las tinieblas del fin de los tiempos: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía…; y sin embargo han llegado a considerar como anormal su situación, y no la de la Roma anticristo que fornica con los reyes de la tierra; a punto tal que ahora dicen, con el Padre Schmidberger: parece que llegó el momento de una normalización de la Fraternidad.

No cometamos, pues, fornicación, como algunos de ellos la cometieron y cayeron en un solo día veintitrés mil…

Todos recitaron Rosarios y más Rosarios…; y sin embargo sus oraciones no han sido agradables a Nuestro Señor porque fueron utilizadas para cubrir su traición. Ya están castigados por las divisiones internas, el aflojamiento doctrinal, el liberalismo en las costumbres…

No tentemos, pues, al Señor, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes…

Todos han leído los Evangelios y los Padres de la Iglesia…; y sin embargo no han podido reconocer los signos del fin de los tiempos.

También todos leen en San Luis María Grignion de Montfort: Y si mi amable Jesús viene, en su gloria, por segunda vez a la tierra (como es cierto) para reinar en ella, no elegirá otro camino para su viaje que la divina María, por la cual tan segura y perfectamente ha venido por primera vez…; y sin embargo predican una restauración y esperan un triunfo de María anterior al Anticristo y a la Parusía de Nuestro Señor.

Todo esto les sucedió a ellos en figura, y fue escrito para amonestación de nosotros, para quienes ha venido el fin de las edades.

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¡Qué decir, de nosotros, que asistimos al fin del fin de las edades…!

Visto y considerado todo ésto, prestemos gran atención a la advertencia que trae el Evangelio de este Domingo:

¡Ah si en este día conocieras también tú lo que sería para la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, y tus enemigos te circunvalarán con un vallado, y te cercarán en derredor y te estrecharán de todas partes; derribarán por tierra a ti, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo en que has sido visitada.