SENTIMIENTOS Y AFECTOS DE UNA ALMA PENITENTE SOBRE EL SALMO L

VERSO II

Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam

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Y borrad mis iniquidades, según la multitud de vuestras misericordias

Cuando yo os suplico, Dios mío, que borréis todas mis iniquidades, debo verdaderamente acordarme de la grandeza  y multitud de vuestras misericordias; pues sin este pensamiento, que me llena de confianza, no pudiera tener la temeridad de pediros perdón, ni lisonjearme de obtenerle.

¡Oh Dios de gloria, de fortaleza, de grandeza! Siempre que pienso en las ofensas infinitas que he cometido contra Vos, me siento sobrecogida del horror de mis pecados, del temor de volver a caer en ellos, y del espanto por el castigo que merezco.

Cuando traigo a mi memoria aquellas infidelidades del corazón que fueron tan largas, como mi vida, aquel amor propio en todas las ocasiones, aquel apego para mí misma, aquella pasión para los deleites, aquella tibieza en mis oraciones; las obligaciones del Cristianismo tan descuidadas, y tan mal cumplidas; tanta propensión a las vanidades; tanto desvío para seguiros, para oír, y responder a vuestra voz; tan poca sencillez en mis palabras, tan poca caridad y amor del próximo; toda llena de gloria mundana; sin piedad y sin socorro para los pobres, ambiciosa, inconstante, pronta, colérica, distraída; siempre ocupada en lo que contribuye a mi perdición, y desocupada de lo que debe ayudar a mi salvación; en fin, Señor mío, cuando examino mis innumerables pecados, los miro como una alta montaña levantada sobre mi cabeza, y que está para enterrarme y hundirme al abismo, si vuestra mano omnipotente no me defiende y me libra de este monstruo de iniquidad, que está para tragarme.

Dios mío, por muy grande que sea la confianza que yo tengo en la grandeza y multitud de vuestras bondades, conozco que me acomete el desfallecimiento; paréceme que camino pálida y temblando a vuestro tribunal para recibir mi sentencia definitiva de vida o de muerte; reconozco que he merecido vuestra indignación, y que soy una miserable rebelde que me sublevé contra mi Rey, que le ofendí, y me hice indigno de su misericordia. Sé que hay vasos de elección, que vos sois el árbitro y dueño de hacer gracia, o usar de la justicia; y que por mi parte no tengo sino motivos de temor y sustos; que no he hecho penitencia hasta ahora, y que tampoco he querido entrar en el camino estrecho de la salud.

Ay Dios mío, ¿quién abogará por mí sino la grandeza y multitud de vuestras misericordias? ¿A quién podré acogerme sino a ellas? ¿A quién recurriré sino a vos mismo? ¿Quién querría interceder por una persona cargada de iniquidades?

Si un vasallo es tan desgraciado, que cometa alguna gran culpa contra su Rey, todos le abandonan; hasta sus parientes, y sus mayores amigos; su nombre es aborrecido, su memoria execrable y se mira con gusto su castigo. A quien yo he ofendido es al Rey de los Reyes, al Señor de Cielo y tierra, mi Creador, que todo lo ve, que sabe mis más ocultos pensamientos, que penetra los senos más secretos de mi corazón; de cuya presencia nadie puede huir, ni escaparse; que rige las legiones de los Ángeles; que puede condenar a los suplicios eternos.

¡Ay infeliz de mí! ¡Es posible que hallándome ilustrada con las luces de la fe, haya caído y caiga continuamente en delitos tan espantosos! Dios mío, yo me horrorizo; yo me entrego a mi justo dolor, yo no tengo palabras, no tengo sentimientos con qué poder explicar el estado presente en que me hallo.

Misericordia, Señor, misericordia; oíd mis ruegos, volved vuestros ojos a mi alma afligida, dadme aquel verdadero horror del pecado, que puede preservarme de cometerle en adelante; pero, Dios mío, aborrézcale yo más por vuestro amor que por mi propio interés; detéstele yo más porque os desagrada, y me hace ingrata para con Vos, que por el temor del castigo.

En fin, Dios mío, dadme vuestro amor, dándome vuestro santo temor, y pueda yo cantar algún día con los Ejércitos Celestiales que os adoran: Mi Señor se dignó borrar todos mis pecados según la grandeza y multitud de sus gracias y de sus auxilios.