No se trata de un Tribunal Católico, por eso…

… aunque aparenta haber, al menos, una pizca de sentido común, no es así.

Visto en Catolicidad

Ampliemos un poco: Se trata de un “tribunal de derechos humanos” (a tal punto de que esta es su denominación oficial: “Tribunal Europeo de Derechos Humanos”); y este concepto abarca un cuerpo doctrinal contrario al Decálogo.

Dios Nuestro Señor, antes de reconocerle derechos al hombre, le dictó, en orden a ellos, Sus mandatos; Diez Mandamientos cuyo cumplimiento asegura una relativa felicidad terrena, y prepara para la consecución de la gloria eterna.

En Deuteronomio, VI, 5, aparece un epítome de los Mandamientos —luego de haberlos reiterado en el capítulo anterior—, en el conocido pasaje: “Amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuer­zas.”, un resumen del Decálogo al que Jesucristo le hizo un agregado perfectísimo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo XXII, 39), ratificando su afirmación de Mateo V, 17, que asimismo demostró con los siguientes preceptos de este capítulo, fragmento que bien titula Monseñor Straubinger “Jesús perfecciona la Ley antigua“.

Este Tribunal de Estrasburgo, desde ya, no está con Cristo; en consecuencia está contra Cristo, y sus pronunciamientos tienen la validez y veleidad de una corriente de aire, tornadiza y cambiable en forma caprichosa. Por lo tanto, si bien esta “sentencia” parece ser un golpe a los apologistas de la perversión, no debemos dejar de lado que en cualquier momento el Tribunal modifica su “jurisprudencia”, se pone a tono con los tiempos, y promueve la obligatoriedad del contubernio homosexual perverso en todas las naciones de Europa. En el propio cuerpo de la sentencia se advierte esa perspectiva.

Tampoco podemos compartir todos los conceptos del blog de origen de esre post, por ejemplo en cuanto alude exclusivamente al matrimonio natural y omite sostener que se trata de uno de los siete Sacramentos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo.

Por lo demás, y al contrario de lo que se afirma en Catolicidad, la resolución del caso (que se puede ver aquí), se basó, exclusivamente, en cuestiones de derecho positivo, y sólo se aludió al orden natural en forma sesgada y para dejarlo de lado, lo mismo que el sentido común.

También dejan en claro los jueces (sin sombra de disimulo) que los homosexuales tienen derecho a “casarse” y a fundar una “familia”. En esto asimismo se confunde el blog de origen.

Finalmente, el caso se limita a Austria, y como bien dice la sentencia, hay seis países europeos que han aprobado la formalización del conyugo homosexual mal llamado matrimonio (Bélgica, España, Holanda, Noruega, Portugal y Suecia), y otros trece que permiten “registrar” yuntas de pervertidos (Andorra, Austria, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Islandia, Luxemburgo, Eslovenia, Suiza y Gran Bretaña). Nada que celebrar.

LOS 47 JUECES DEL TRIBUNAL DE ESTRASBURGO: NO EXISTE DERECHO AL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

 NOTICIA SILENCIADA EN LA MAYORÍA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MEXICANOS
Los 47 jueces, de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo, el tribunal de derechos humanos más importante del mundo ha dictado una sentencia sorprendente el pasado jueves 09 de junio.
 
Por unanimidad, todos los 47 jueces, han aprobado la sentencia que establece que no existe el derecho al matrimonio homosexual. No es un derecho fundamental y universal.
 
El dictamen fue fundado en un sinfín de considerandos filosóficos y antropológicos basado en el orden natural, el sentido común, informes científicos y por supuesto, en el derecho positivo. Sustentan su decisión en el artículo No. 12 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Dicho artículo equivale a los artículos de los tratados sobre derechos humanos firmados por México: No. 17 del Pacto de San José y al No. 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
 
Se establece que “el hombre y la mujer tienen derecho a casarse y a fundar una familia”.
 
Si los legisladores hubiera querido decir que el matrimonio es también para hombres “gays” o mujeres lesbianas habría escrito: las personas tienen derecho a casarse y a fundar una familia.
 
Pero no es así. Específicamente quisieron preservar la institución natural del matrimonio.
 
También han dicho que el Convenio Europeo de Derechos Humanos consagra “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.
 

En cuanto al principio de no discriminación, el Tribunal de Estrasburgo también afirma que no hay tal discriminación y dice que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”.

La reciente sentencia viene a enfriar y templar la propaganda incesante de los grupos LGBT que artificiosamente intentan parecer la aprobación del matrimonio homosexual como un “avance” imparable al que solo se resisten, movidos por “homofobia” (palabra inventada para denominar arbitrariamente a cualquiera que no favorezca la homosexualidad), un puñado de países. La realidad es que solo 17 de los 193 países miembros de la ONU tiene esta institución.

 
La opinión unánime de 47 jueces de 47 diferentes países del Consejo de Europa deja claro que hay un grave error por parte del Presidente Enrique Peña Nieto y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), en su interpretación del significado de lo que es discriminar, aspecto en el que se sustentan para promover el mal llamado “matrimonio” homosexual.
 
Con “su” interpretación, el Presidente y la SCJN violentan la realidad, corrompen el lenguaje y destruyen el sentido común. La institución natural del matrimonio no puede ser deformada artificialmente para dar gusto a los poderes internacionales que promueven su destrucción y quieren imponer arbitrariamente en México esta aberración. Aunque la Presidencia o la Suprema Corte dictaminaran y decretaran que una vaca puede volar, ésta nunca lo lograría. La realidad y naturaleza de las cosas no puede ser modificada caprichosamente por un decreto dictatorial.