CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS COMO SU GUARDIA DE HONOR- DÍA 24

Práctica nacida en el Monasterio de la Visitación de Bourg, Francia, en 1863

PRESENTACIÓN:

La Guardia de Honor es una  piadosa milicia que rodea Jesucristo, Rey inmortal de los siglos, abandonado, ultrajado y perpetuamente inmolado en su Trono Eucarístico. Estos fervorosos centinelas, escogen una hora al día, y en ella, sin dejar sus ocupaciones habituales, se postran en espíritu frente al Sagrario, a imitación de la primera Guardia, compuesta por Nuestra Madre Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena.

Durante junio, Mes del Sagrado Corazón, publicaremos el Manual (de 1904) con las instrucciones para asociarse a esta cofradía a la que pertenecieron Sus Santidades León XIII, Pío IX, San Pío X y Pío XI, San Juan Bosco y el Padre Mateo Crawley, entre otros.

Al final de cada día se copiará la oración para el ejercicio diario de la “Hora de Guardia”, y el 30 de junio se publicará la consagración, o fórmula de agregación, que cada uno puede hacer en su hogar.

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Día 24

INTERCESIÓN PERPETUA

POR LOS VIVOS Y LOS MUERTOS.

 

“Orad los unos por los otros para que seis salvos;

porque la oración continua del justo es poderosa cerca de Dios.”

 Jacob V, 16.

Es una práctica grata a todos los amantes del Corazón de Jesús, el reunirse en espíritu en ciertos días y a ciertas horas junto a este Corazón Sagrado, para rendirle los homenajes de adoración, de amor, de reparación. Y suele ser tan grande el sabor de devoción que se siente en estas piadosas reuniones; que se quisiera poder multiplicarlas y prolongarlas, para imitar de alguna manera en la tierra, el cántico de los Ángeles, que no cesa jamás en el cielo.

Pero parece que este deseo es ya una dulce realidad para los fieles Guardias de Honor. Pues divididos en muchas falanges que se suceden con regularidad cerca del Corazón de Jesús, Se relevan de hora en hora en este puesto de amor que jamás debe quedar vacío, y cumpliendo cada cual con este piadoso oficio de adoradores, lo llenan todos constantemente. En cada momento, es la familia entera que rodea a su divino jefe y le rinde sus homenajes en la persona de sus delegados; y este concierto, como el de los ángeles, nunca se interrumpe; trasmitiéndose y enviándose las diversas falanges de la Guardia de Honor, la una a la otra el cántico de la adoración y de la oración. Incessahili voce proclamant : Sanctus, Sanctus, Sanctus, etc.

Y en este himno sin fin, ¡qué variedad y qué tierna armonía reinan! Los unos adoran a Aquel que reina en los cielos y reside en el sagrado Tabernáculo; los otros cantan sus alabanzas ó se entregan a los santos transportes del amor divino; estos lloran por sí mismos y detestan sus propias faltas; aquellos gimen por tantas almas infieles y solicitan su conversión; todos, en fin, reuniéndose en una común oración, los unos por los otros, imitan a los santos mártires de Sebaste, que exclamaban : “Señor, hemos entrado cuarenta en la lid; que ninguno desfallezca en el combate.”

¡Qué espectáculo tan encantador! ¡Cuánto tenemos de qué alegrarnos y cuánto por qué animarnos! pues debe ser muy poderosa para con Dios la oración de este ejército suplicante; cuya voz no cesa jamás de subir hasta el trono de la infinita Majestad, para pedir misericordia, darle gracias y bendecirla.

Llega un día en que la tentación me estrecha, la enfermedad me aflige, la tristeza me agobia…; pero sé que, en ese momento, una de las falanges de la Guardia de Honor ora, y pide por mí las gracias que necesito; y este pensamiento me anima y fortifica…

O bien, siento que mi corazón está frío y mi oración tibia; que mis comuniones las hago sin fervor, y la acción de gracias sin amor; pero me acuerdo de que en esa hora millares de Guardias de Honor practican las mismas obras con un fervor edificante, y luego exclamo : « Dios mío, yo me uno a ellos y os ofrezco sus actos de adoración, de amor, de reparación; os ofrezco sus oraciones y sus buenas obras para que suplan lo que yo hago tan mal. »

¿No es verdad que este pensamiento anima, y que debe hacernos apreciar más la dicha de pertenecer a la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús?

¡Pero cuánto más conmovedor espectáculo es, si dirigimos nuestras miradas más allá del sepulcro!

Ha de llegar un día en que ya, no podremos ni comulgar, ni merecer, ni hacer penitencia por nuestros pecados, ni ganar indulgencias para pagar las deudas contraídas con la Justicia divina…; mas otros lo harán por nosotros.

Esta unión de oraciones y de méritos, que los lazos de nuestra piadosa Asociación establecen entre todos los Guardias de Honor, no se rompe con la muerte. No dejaremos de pertenecer a la familia del Corazón de Jesús, y tendremos siempre parte en sus tesoros de riquezas espirituales; así como sus miembros vivientes tendrán la misión y crédito especial cerca del supremo Juez, para interceder por nosotros y abreviarnos las penas del Purgatorio.

Nosotros ya no podremos hacer la Hora de Guardia cerca del Sagrado Corazón; pero otros la harán en nuestro lugar; no podremos hacer la Preciosísima Ofrenda, pero otras manos piadosas se levantarán para presentar a Dios en nombre nuestro la Sangre preciosa salida de la Llaga Sagrada del Corazón de su divino Hijo; y en virtud de esta oblación santísima, seremos consolados, purificados y puestos en libertad….

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Ofrecimiento de la Hora de Guardia para cada día:

¡Viva Jesús, muera el pecado, sea por siempre alabado, el Corazón de Jesús Sacramentado!

Sagrado Corazón de Jesús, encendido en llamas de infinito amor, pero herido hasta lo más hondo por nuestro desamor, desagradecimiento y dureza, me postro en tu presencia durante esta hora para hacerte fiel compañía en este Sagrario y en todos los Sagrarios de la tierra. En unión con el Corazón Inmaculado de María, mi Ángel Custodio y mis celestiales Asociados (aquí se nombra el patrono o patronos de la hora que se haya escogido), te dedico mis pensamientos, mis acciones y mis sufrimientos en reparación de los olvidos, ingratitudes e irreverencias que recibes en el Santísimo Sacramento del Altar, y ofrezco en reparación la Sangre y Aguas salidas de tu Corazón traspasado y que Tú presentas incesantemente al Padre, en unidad del Espíritu Santo, por la salvación de todas las almas. Amén.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, proteged a la Guardia de Honor.

Señor San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales y Santa Margarita María de Alacoque, rogad por vuestros Guardias.