CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS COMO SU GUARDIA DE HONOR- DÍA 23

Práctica nacida en el Monasterio de la Visitación de Bourg, Francia, en 1863

PRESENTACIÓN:

La Guardia de Honor es una  piadosa milicia que rodea Jesucristo, Rey inmortal de los siglos, abandonado, ultrajado y perpetuamente inmolado en su Trono Eucarístico. Estos fervorosos centinelas, escogen una hora al día, y en ella, sin dejar sus ocupaciones habituales, se postran en espíritu frente al Sagrario, a imitación de la primera Guardia, compuesta por Nuestra Madre Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena.

Durante junio, Mes del Sagrado Corazón, publicaremos el Manual (de 1904) con las instrucciones para asociarse a esta cofradía a la que pertenecieron Sus Santidades León XIII, Pío IX, San Pío X y Pío XI, San Juan Bosco y el Padre Mateo Crawley, entre otros.

Al final de cada día se copiará la oración para el ejercicio diario de la “Hora de Guardia”, y el 30 de junio se publicará la consagración, o fórmula de agregación, que cada uno puede hacer en su hogar.

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Día 23

En el primer grado de este Culto, se han purificado en la sangre del Corazón de Jesús.  En el segundo grado, han recogido y ofrecido esta Sangre preciosísima. En el tercer grado, han unido sus inmolaciones a esta Sangre vertida; han llegado a Jesucristo, penetrando hasta el santuario de su Corazón… Y allí, en ese santo Templo; en presencia de este santo Templo, en presencia de los santos Ángeles; en unión con el Adorador verdadero; adoran en este mundo, esperando la eterna adoración de los Cielos. ¡Adorabo ad Templum sannctum tuum!

Por esta razón el estandarte de la Obra conduce a los socios al Tabernáculo. Cada día van en, para llenar el amoroso cargo de la Hora de Guardia: es su puesto de honor. Vienen en realidad, lo más frecuentemente posible, sobre todo, el primer viernes de cada mes, para ofrecer humildes adoraciones al Rey de su amor, solemnemente expuesto en el altar.

En todos los templos donde la santa Eucaristía está expuesta al culto de los fieles, se ve a los Guardias de Honor acudir los primeros; ese es su verdadero puesto.

Al pié de este trono de amor contemplan, aman, consuelan y adoran a su soberano Señor y tierno Padre!

Le ofrecen enmienda y Reparación de honor; por el odio con que le persiguen los impíos; por los ultrajes con que le injurian; por los crímenes con que inunda la tierra tanta diversidad de pecados…. Imploran misericordia para ellos, perdón para todos…

Inclinándose hacia estos amadísimos hijos suyos, el Rey Jesús los colma de beneficios. Puede ser que no siempre les conceda los consuelos que con tanta avidez ansía el alma: puede ser que los asocie a las agonías de su amarga Pasión; pero entonces, de un modo especial, los bendecirá, los fortalecerá; viniendo El mismo a ayudarlos, y quizá no a sufrir menos, sino sufrir con un amor más valeroso y perseverante.

Hallándose cerca y como en contacto con su adorado Salvador, los Guardias de Honor comprenden la suavidad de esta palabra de la divina Escritura; «Gustad y ved cuán suave es el Señor’…! Y ellos responden con esta aclamación de amor.

Rex meus… y Deus meus ¡Oh mi Rey! ¡Ah, Dios mío !… ¡Serviros es reinar !

Este real servicio de adoración conviene muy especialmente los miembros de una Obra que reconoce y proclama la dignidad Real de Jesucristo. Los Guardias de Honor lo saben muy bien y le reservan el mejor lugar en sus ejercicios de piedad.

Se puede creer que las mayores bendiciones del Corazón de Jesús corresponderán intectiblemente, y recompensarán el sacrificio de sus humildes adoradores.

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Ofrecimiento de la Hora de Guardia para cada día:

¡Viva Jesús, muera el pecado, sea por siempre alabado, el Corazón de Jesús Sacramentado!

Sagrado Corazón de Jesús, encendido en llamas de infinito amor, pero herido hasta lo más hondo por nuestro desamor, desagradecimiento y dureza, me postro en tu presencia durante esta hora para hacerte fiel compañía en este Sagrario y en todos los Sagrarios de la tierra. En unión con el Corazón Inmaculado de María, mi Ángel Custodio y mis celestiales Asociados (aquí se nombra el patrono o patronos de la hora que se haya escogido), te dedico mis pensamientos, mis acciones y mis sufrimientos en reparación de los olvidos, ingratitudes e irreverencias que recibes en el Santísimo Sacramento del Altar, y ofrezco en reparación la Sangre y Aguas salidas de tu Corazón traspasado y que Tú presentas incesantemente al Padre, en unidad del Espíritu Santo, por la salvación de todas las almas. Amén.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, proteged a la Guardia de Honor.

Señor San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales y Santa Margarita María de Alacoque, rogad por vuestros Guardias.