CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS COMO SU GUARDIA DE HONOR- DÍA 17

Práctica nacida en el Monasterio de la Visitación de Bourg, Francia, en 1863

PRESENTACIÓN:

La Guardia de Honor es una  piadosa milicia que rodea Jesucristo, Rey inmortal de los siglos, abandonado, ultrajado y perpetuamente inmolado en su Trono Eucarístico. Estos fervorosos centinelas, escogen una hora al día, y en ella, sin dejar sus ocupaciones habituales, se postran en espíritu frente al Sagrario, a imitación de la primera Guardia, compuesta por Nuestra Madre Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena.

Durante junio, Mes del Sagrado Corazón, publicaremos el Manual (de 1904) con las instrucciones para asociarse a esta cofradía a la que pertenecieron Sus Santidades León XIII, Pío IX, San Pío X y Pío XI, San Juan Bosco y el Padre Mateo Crawley, entre otros.

Al final de cada día se copiará la oración para el ejercicio diario de la “Hora de Guardia”, y el 30 de junio se publicará la consagración, o fórmula de agregación, que cada uno puede hacer en su hogar.

guardia de honorDía 17

CAPÍTULO VII.

La Santa Milicia.

Su Rey divino. — Sus jefes. — Su Divisa. — Su Estandarte. — Su Puesto de Honor. — Sus Insignias. — Sus Cánticos.

 

« Entonces el que estaba en el trono dijo:  Yo renovaré todas las cosas. »

Apoc. XIII.

LA SANTA MILICIA. Su Rey Divino.

SI desde su origen la Iglesia ha sido militante, si cada uno de sus miembros ha nacido soldado de Cristo ¿quién debe repetir con toda verdad estas palabras de San Pablo: « Yo combato un buen combate (Timotheo, VI, 7.);» sino el Guardia de Honor alistado bajo la bandera del amor y guerreando al lado de su Madre la santa Iglesia por el triunfo de este divino amor? La Guardia de Honor, es, pues, una verdadera milicia, sus miembros verdaderos combatientes.

Nunca, en efecto, el imperio de las inteligencias y el reinado de los corazones han sido con más tenacidad disputados, que en esta hora de lucha decisiva. El amor y el odio están el uno enfrente del otro.

El príncipe de las tinieblas despliega para conquistar a las almas el estandarte de la rebelión, de la iniquidad y del error. Jesucristo le opone su Cruz, su Amor, la paciencia y los méritos de sus Santos. ¡Por eso la Guardia de Honor le ensalza y le proclama hoy como a su Rey!

¿Quién podrá dudar del éxito del combate?

Proclamado Rey en su cuna; coronado Rey por la Sinagoga, elevado en el trono real de la Cruz; ungido con real unción con la Sangre de su Corazón; Cristo Jesús será definitivamente el Señor y Dominador de todas las cosas; porque, « para dar testimonio de la verdad vino a este mundo» (Juan, XVII, 27.); y para unir todos los hombres formando un pueblo de hermanos derramó su sangre; y a Él, en fin, le ha dado el Padre el imperio de los siglos y la soberanía de los corazones.

La Guardia de Honor parece que tiene la misión de favorecer el advenimiento sobre la tierra del reino del Pacífico Salomón: « Decid a la Hija de Sión: He « aquí a vuestro Rey, que viene lleno de dulzura». (Mat., XXI, 3.)

El nuevo Doctor de la Iglesia, San Francisco de Sales, nos había enseñado ya, que por el culto del Corazón herido de Jesús, su Reinado de amor se establecería en el mundo de las almas. « El amor divino, dice, está sentado en el Corazón del Salvador, como en un Trono real, mira por la hendidura de su costado atravesado, a todos los corazones de los hijos de los hombres; de los cuales es Rey».

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En todo el curso de la historia, el mundo, como dice San Ignacio, aparece dividido en dos campos del todo opuestos: de un lado, el ejército de Satanás, y del otro, el de Jesucristo. Pero hoy, ¿quién no lo ve? el encarnecimiento de los enemigos de Dios no conoce ya límites, y la lucha es más ardiente que nunca. Satanás, el eterno rebelde, atrae a sí a los demás espíritus rebeldes, que rechazan la fe, porque condena sus malas costumbres; y estos, trémulos de cólera y de odio, quisieran romper el yugo del Señor, «Ni Dios, ni Amo!» dicen esos furiosos; pero el orgullo y la impiedad llevan en sí mismo su castigo. Los que blasfeman de Dios y lo desprecian acaban por abandonarse a todas las torpezas del vicio y vienen a caer aún más bajo que los mismos animales a quienes su instinto defiende contra ciertas perversidades.

Felizmente para bien de la humanidad, tenemos a Jesucristo. Desde hace cerca de veinte siglos agrupado en torno de Él las almas de buena voluntad y las convierte en almas puras, humildes, abnegadas, valientes ante el sacrificio, el ejercicio de la oración y de la caridad; alimentándolas con su doctrina, su gracia, y su Eucaristía. Todos sus dones vienen de su Corazón.  A medida que mejor le conocemos y le amamos más, ese Dios todo caridad, nos acerca a su Corazón y Él mismo por las formales intimaciones que le ha hecho los santos de los últimos siglos y por las aprobaciones y definiciones infalibles que sugiere a su Iglesia, nos invita a prestar un culto de gloria, reparación y amor a ese su Corazón Sagrado.

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Ofrecimiento de la Hora de Guardia para cada día:

¡Viva Jesús, muera el pecado, sea por siempre alabado, el Corazón de Jesús Sacramentado!

Sagrado Corazón de Jesús, encendido en llamas de infinito amor, pero herido hasta lo más hondo por nuestro desamor, desagradecimiento y dureza, me postro en tu presencia durante esta hora para hacerte fiel compañía en este Sagrario y en todos los Sagrarios de la tierra. En unión con el Corazón Inmaculado de María, mi Ángel Custodio y mis celestiales Asociados (aquí se nombra el patrono o patronos de la hora que se haya escogido), te dedico mis pensamientos, mis acciones y mis sufrimientos en reparación de los olvidos, ingratitudes e irreverencias que recibes en el Santísimo Sacramento del Altar, y ofrezco en reparación la Sangre y Aguas salidas de tu Corazón traspasado y que Tú presentas incesantemente al Padre, en unidad del Espíritu Santo, por la salvación de todas las almas. Amén.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, proteged a la Guardia de Honor.

Señor San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales y Santa Margarita María de Alacoque, rogad por vuestros Guardias.