CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS COMO SU GUARDIA DE HONOR- DÍA 16

Práctica nacida en el Monasterio de la Visitación de Bourg, Francia, en 1863

PRESENTACIÓN:

La Guardia de Honor es una  piadosa milicia que rodea Jesucristo, Rey inmortal de los siglos, abandonado, ultrajado y perpetuamente inmolado en su Trono Eucarístico. Estos fervorosos centinelas, escogen una hora al día, y en ella, sin dejar sus ocupaciones habituales, se postran en espíritu frente al Sagrario, a imitación de la primera Guardia, compuesta por Nuestra Madre Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena.

Durante junio, Mes del Sagrado Corazón, publicaremos el Manual (de 1904) con las instrucciones para asociarse a esta cofradía a la que pertenecieron Sus Santidades León XIII, Pío IX, San Pío X y Pío XI, San Juan Bosco y el Padre Mateo Crawley, entre otros.

Al final de cada día se copiará la oración para el ejercicio diario de la “Hora de Guardia”, y el 30 de junio se publicará la consagración, o fórmula de agregación, que cada uno puede hacer en su hogar.

guardia de honorDía 16

En adelante el puesto de este Guardia de Honor, es no solamente al pie del tabernáculo como antes, sino sobre el Altar mismo del sacrificio, en donde místicamente unido a la gran Víctima del Calvario, glorificará su Sacerdocio y su dignidad Real; participará de las disposiciones de su alma santísima y del amor infinito de su Corazón: de esta manera «cumple en su carne lo que falta a los padecimientos de Jesucristo»(1)

La ocupación interior de una alma víctima, consiste en seguir en espíritu, de altar en altar, al Salvador perpetuamente inmolado; en unirse a sus santísima disposiciones é intenciones por estas palabras del augusto sacrificio, que puede repetir de tiempo en tiempo, durante el día; « Por Jesucristo, con Jesucristo «y en Jesucristo : toda gloria y « honor os sean dados, oh Dios « Padre Todopoderoso, en unidad del Espíritu Santo. Amén..»(2)

Colos., 1, 24. / 2. Canon.

¿Quién podrá decir la gloria que dan a Dios estas almas, la eficacia de sus súplicas, los méritos , que adquieren, la hermosura interior a que se elevan y los consuelos que llevan al más amante y más ultrajado de los corazones?

¡Ah! este Real Corazón no se deja vencer en generosidad. Estos heroicos cristianos pueden, es verdad, repetir con el Apóstol el Quotidie morior (1); pero si mueren todos los días, es para «vivir con Cristo; y esta muerte es una ganancia (2).» El mundo está crucificado para ellos, y ellos para el mundo, he aquí su Confixus sum! (3) Pero tal es la liberalidad de Aquel por quién y con quién se inmolan, que se les oye decir con el mismo Apóstol: « Reboso de alegría en todas mis tribulaciones(4). » Se ve a estas noble víctimas del Amor, avanzar radiantes con su cruz, a través de los senderos tortuosos de este valle de lágrimas; y, por continuas ascensiones, « elevarse de desierto, colmadas de delicias, apoyadas en su Amado(5). »

Corinth., XV, 31. / 2. Philiph., I, 21. / 3. Galat., V, 14. / 4. 2a Corinth., VII, 14. / 5. Cant., VIII, 4.

Han lavado sus vestidos en la sangre del Cordero : tienen derecho al árbol de la vida y se alimentan con abundancia de sus frutos. Para ellas, « vivir es Cristo »( Galat., II, 20.) Ellas se acercan é El, y El les hace entrar en la Ciudad de Dios, en su Corazón; por la suave Herida de este Corazón que es la puerta; pueden decir con verdad: « Ya no vivo yo, Jesucristo es quien vive en mí (Galat., II, 19, 20.). »

Y el mayor deseo del Corazón de Jesús es que se realicen en estas almas aquellas palabras: « Padre, lo mismo que vos estáis en mí y yo en vos, que ellos sean uno en nosotros, y sean perfectos en la unión (Joan., XVII, 2).»

¡Qué hermosa es semejante vida! ¡qué preciosa tal muerte! Es la muerte de aquellos valerosos cristianos, que han vivido muertos y sepultados en Jesucristo; de quienes la Iglesia canta estas sublimes palabras: Beati mortui qui in Domino moriuntur: « Bienaventurados los muertos, que mueren en el Señor (Apoc., XIII, 13.).»

El número de Guardias de honor, llamados a esta elevación en el amor, no puede ser grande; lo escogido y exquisito es siempre raro; pero una sola de estas almas da más gloria a Dios, que mil de una virtud ordinaria. Y ¿de qué peso no serán ellas y sus oraciones en la balanza de la justicia divina en favor de nuestro siglo tan desgraciado y tan culpable?

Monseñor Gay, un docto y piadoso autor contemporáneo se expresa así: « Aún cuando la iniquidad, creciendo todos los días, obligara a Dios a no mirar más a la tierra; si encontrara un alma, una sola, así unida al sacrificio de Jesucristo, no solamente volvería Dios a mirarla; sino que la bendeciría; se complacería en ella trabajaría, a nuestro modo de hablar, por salvar todo lo que se pudiera salvar aún. »

Un día Nuestro Señor se apareció a la B. Margarita María: Hija mía, le dijo, busco una víctima para mi Corazón, y tú eres la que he escogido. 

Dichosas las almas que oigan el mismo llamamiento, que correspondan fielmente y que repitan esta hermosa frase de la grande Víctima, al entrar en el mundo, ofreciéndose a su Eterno Padre : « ECCE VENIO :» ¡Heme aquí!(Ps. XXXIX, 8.)

Su Santidad León XIII, se ha dignado, por un Breve de 13 de Diciembre de 1878, manifestar su particular benevolencia a la Sociedad de las Hijas del Corazón de Jesús, encargada del culto de este Santuario privilegiado : « Fue seguramente, dice el Soberano Pontífice, un pensamiento saludable y fecundo que tuvieron los católicos belgas el de confiar el culto del Templo recientemente erigido en Honor del Sagrado « Corazón de Jesús, en Anvers, en el cuartel llamado Berchem, a las Vírgenes consagradas a Dios, llamadas Hijas del Sagrado Corazón de Jesús; a fin de que hiciesen en este Santuario incesantes oraciones; principalmente para reparar los ultrajes hechos al Corazón Sagrado de Jesús en estos tiempos tan tristes; y también para obtener la exaltación de Nuestra Santa Madre la Iglesia; la conversión de los pecadores y la conservación de la unidad de la Fe en el reino de Bélgica. Estas Vírgenes consagradas han llenado esta misión con tanto celo y piedad, bajo la dirección de nuestra amadísima hija en Jesucristo, María de Jesús, su Superiora, que han correspondido plenamente a nuestra esperanza y a la de todo el mundo católico.

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Ofrecimiento de la Hora de Guardia para cada día:

¡Viva Jesús, muera el pecado, sea por siempre alabado, el Corazón de Jesús Sacramentado!

Sagrado Corazón de Jesús, encendido en llamas de infinito amor, pero herido hasta lo más hondo por nuestro desamor, desagradecimiento y dureza, me postro en tu presencia durante esta hora para hacerte fiel compañía en este Sagrario y en todos los Sagrarios de la tierra. En unión con el Corazón Inmaculado de María, mi Ángel Custodio y mis celestiales Asociados (aquí se nombra el patrono o patronos de la hora que se haya escogido), te dedico mis pensamientos, mis acciones y mis sufrimientos en reparación de los olvidos, ingratitudes e irreverencias que recibes en el Santísimo Sacramento del Altar, y ofrezco en reparación la Sangre y Aguas salidas de tu Corazón traspasado y que Tú presentas incesantemente al Padre, en unidad del Espíritu Santo, por la salvación de todas las almas. Amén.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, proteged a la Guardia de Honor.

Señor San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales y Santa Margarita María de Alacoque, rogad por vuestros Guardias.