CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS COMO SU GUARDIA DE HONOR- DÍA 13

Práctica nacida en el Monasterio de la Visitación de Bourg, Francia, en 1863

PRESENTACIÓN:

La Guardia de Honor es una  piadosa milicia que rodea Jesucristo, Rey inmortal de los siglos, abandonado, ultrajado y perpetuamente inmolado en su Trono Eucarístico. Estos fervorosos centinelas, escogen una hora al día, y en ella, sin dejar sus ocupaciones habituales, se postran en espíritu frente al Sagrario, a imitación de la primera Guardia, compuesta por Nuestra Madre Dolorosa, San Juan y Santa María Magdalena.

Durante junio, Mes del Sagrado Corazón, publicaremos el Manual (de 1904) con las instrucciones para asociarse a esta cofradía a la que pertenecieron Sus Santidades León XIII, Pío IX, San Pío X y Pío XI, San Juan Bosco y el Padre Mateo Crawley, entre otros.

Al final de cada día se copiará la oración para el ejercicio diario de la “Hora de Guardia”, y el 30 de junio se publicará la consagración, o fórmula de agregación, que cada uno puede hacer en su hogar.

guardia de honorDía 13

CAPÍTULO  V

La Preciosísima Ofrenda

OFICIO DE LA SECUNDA FANLANGE.

LAS ALMAS REPARADORAS.

Nos ha hecho Sacerdotes de Dios su Padre. »

Apoc., I, 6.

Una gracia incomparable debía recompensar el sacrificio de los Guardias de Honor del Calvario: Magdalena, Juan, María, asistieron al tierno misterio de la herida de la lanza… Fueron los primeros que contemplaron el noble y dulcísimo Corazón de Jesús profundamente abierto: ¡que espectáculo! Magdalena, con todo el ardor de su amor, vendó esta nueva. Llaga de Jesús; amor crucificado. Juan, recogió y ofreció esta última efusión de Sangre y Agua; símbolo del Cáliz Eucarístico.

María, uniéndose al sacrificio de su amado Jesús, se arrojó, digámoslo así, dentro de esta herida inefable, verdadero Sancta Sanctorum de donde nunca debía salir, y en donde se inmoló corno Víctima pura hasta el último suspiro.

Pero ¿por qué esta transfixión de la Víctima adorable hasta después de la muerte? La Redención ¿no estaba completa y no era ya abundante y copiosa? Cierto es que nada podía añadirse en cuanto á los méritos; pero la última palabra de esta Obra Maestra debía quedar para el amor. La caridad de Cristo era tal, qué ni las grandes aguas de nuestras ingratitudes habían podido extinguirla; ni los ríos de su amarga pasión ahogarla: (1) « el amor es fuerte como la muerte.»(2)

Jesucristo dormía en el árbol de la cruz; pero el amor de su Corazón velaba. De este Corazón, verdadero Sancta Sanctorum, de donde el alma santísima. del Salvador se acababa de apartar, pero en donde asistía toda la Beatísima Trinidad, iba á brotar bajo la acción directa del Espíritu Santo, una última y magnífica manifestación de amor; y Juan, el discípulo amado, será el testigo fidedigno. Escuchemos el relato evangélico.

Cant., VIII, 7. / 2. Cant., III, 6.

Los soldados habiéndose acercado á Jesús y viendo que estaba muerto, no le rompieron las piernas; pero un soldado le abrió el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua, y el que lo vio ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero.» (1)

¡Misterio adorable! Tres hay en el cielo que no hacen sino uno para dar testimonio (2) del amor de Dios á sus Criaturas.

El Padre, que amó tanto al mundo, que le dió á su Unigénito Hijo único (3). El Hijo, que nos ha amado tanto, que se ha entregado por nosotros (4). El Espíritu Santo, que siendo amor, ha consumido la Víctima con las llamas de su ardentísima caridad.

Joann., XIX, 34. / 2. Joann, V, 7. / 3. Joann, III, 16. / 4. Ephes., V, 2.

Hay también tres en la tierra que darán testimonio de este mismo inefable amor: el espíritu, el agua y la sangre, y estos tres, que no hacen sino uno, porque son la vida y la vida es amor, y el amor es Dios, saldrán del Corazón traspasado de Jesucristo y le proclamaran vencedor por medio del amor hasta la muerte.

En esos momentos de una solemnidad imponente, una hora de gran silencio hubo en el cielo (1) y en la tierra: « porque el que había ganado esta última victoria, » el León de Judá, abrió el libro, escrito por dentro y por fuera, y rompió los siete sellos que nadie antes de él había podido romper (2). No solamente sobre todos los miembros de Cristo inmolado, sino hasta en el interior mismo de su Corazón, podemos leer los excesos de su infinita caridad, escritos con los caracteres indelebles del amor.

Apoc., VIII, 1 / 2 Apoc., V. I, 9.

El jardín cerrado por la culpa de nuestro primer padre, nos fue abierto por la lanza: Yo dije en un trasporte de amor: « Subiré á la palmera y cogeré sus frutos. (1)

Adán pecador secó para nosotros la fuente de la vida: esta frente sellada (2) brota abundantemente del costado abierto de Jesucristo; los sacramentos, como siete arroyos vivificantes derramándose, regarán las almas: « Sacaran con alegría agua de las fuentes del Salvador »(3). « El que tenga sed venga á mí y beba; el que quiera, reciba gratuitamente el agua que da la vida(4). En fin, porque el que es la vida, ha consentido en gustar la muerte. » « Una posteridad numerosa nacerá de El. »(5)

La iglesia, según el lenguaje de los Padres y Doctores, salió del costado abierto del nuevo Adán, dormido en el árbol de la cruzó, y todas las gracias, todos los tesoros acumulados en su Corazón salieron para formar el dote magnífico de su real Es-posa, porque la Iglesia, como Eva, era no solamente la Hija, sino la Esposa de Aquel que la había engendrado.

Cant., VII, 8. / 2. Cant., IV. 12. / 3. Isaías, XII,3. / 4. Apoc., XXII, 17. / 5. Gen., XXII, 17. / 6. S. Agus., trad., 120, in Joan.

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Ofrecimiento de la Hora de Guardia para cada día:

¡Viva Jesús, muera el pecado, sea por siempre alabado, el Corazón de Jesús Sacramentado!

Sagrado Corazón de Jesús, encendido en llamas de infinito amor, pero herido hasta lo más hondo por nuestro desamor, desagradecimiento y dureza, me postro en tu presencia durante esta hora para hacerte fiel compañía en este Sagrario y en todos los Sagrarios de la tierra. En unión con el Corazón Inmaculado de María, mi Ángel Custodio y mis celestiales Asociados (aquí se nombra el patrono o patronos de la hora que se haya escogido), te dedico mis pensamientos, mis acciones y mis sufrimientos en reparación de los olvidos, ingratitudes e irreverencias que recibes en el Santísimo Sacramento del Altar, y ofrezco en reparación la Sangre y Aguas salidas de tu Corazón traspasado y que Tú presentas incesantemente al Padre, en unidad del Espíritu Santo, por la salvación de todas las almas. Amén.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, proteged a la Guardia de Honor.

Señor San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales y Santa Margarita María de Alacoque, rogad por vuestros Guardias.