MARÍA REINA: FIESTA IMPEDIDA EL 31 DE MAYO Y TRASLADADA AL DÍA DE HOY

MARÍA SANTÍSIMA

REINA Y SEÑORA DE CIELOS Y TIERRA

El cargo de rey requiere excelencia de virtud y primacía sobre los miembros de la sociedad. De estas dos cualidades propias del oficio de regir suelen dar los hombres, por traslación o metafóricamente, el nombre de rey a aquellos en que quienes se reconoce en algún aspecto mayor virtud o primacía sobre los demás. Así a la rosa se la llama reina de las flores; al león, rey de los animales; a Virgilio, rey de los poetas.

Ahora bien, María Santísima supera a todas las criaturas angélicas y humanas, por ser superior a ellas en ministerio, grado, santidad y méritos. Por ello se la llama, y es, Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos.

Pero el título de Reina no significa solamente que María sobresale en tal o cual cualidad. La Santísima Virgen María, no sólo es Reina en este sentido, dicho metafórico, sino también en sentido estricto, y esto a causa de su primado de poder sobre todas las cosas.

Por este título expresamos que María Santísima tiene un derecho de posesión verdadero, una soberanía real, un poder real.

¿De dónde le viene esa primacía? Muchos son los títulos de la potestad regia de María que los teólogos y Santos aducen; pero verdadera y propiamente, el derecho y la regia potestad de la Virgen ha de fundarse en su dignidad de Madre.

María Santísima es Reina en cuanto es Madre del Rey.

En efecto, María es la Madre de Cristo Jesús, Hijo de Dios. Ahora bien, Jesucristo, como Dios y como Hombre, es Rey. Luego, María Santísima es Madre del Rey y, como tal, verdadera  Reina.

María Santísima, al consentir en que el Hijo de Dios se encarnase en Ella, consintió también en que el Hijo de Dios se hiciera Rey en cuanto hombre. La misma carne purísima que le dio la Virgen fue la púrpura regia de Cristo Rey.

maria-reina 3

Triple corona: Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo

Pío XII, al instituir la fiesta de María Reina, en su Carta Encíclica Ad cæli Reginam, se expresa de este modo: «El fundamento principal documentado por la Tradición y la Sagrada Liturgia, en que se apoya la realeza de María es indudablemente su divina maternidad. Ya que se lee en la Sagrada Escritura del Hijo, que una Virgen concebirá: “Hijo del Altísimo será llamado y a Él le dará el Señor Dios la sede de David, su padre, y en la casa de Jacob reinará eternamente, y su reino no tendrá fin”, y con esto a María llámase “Mater Domini”, de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que en el mismo momento de su concepción, en virtud de la unión hipostática de la humana naturaleza con el Verbo, era Rey, aun como hombre, y Señor de todas las cosas. Así que con razón pudo San Juan Damasceno escribir: “Verdaderamente fue Señora de toda criatura, cuando fue Madre del Creador”; y de igual modo puede afirmarse que el primero que anunció a María con palabras celestiales la regia prerrogativa fue el mismo Arcángel San Gabriel».

Otro título de la dignidad regia de María es el de adquisición por su consorcio con Cristo en la obra de la redención humana. Así como Jesucristo por el título de la Redención hizo también suyo el reino adquirido con su propia Sangre, así también María preside este mismo Reino, que hizo suyo, sino por la Sangre de su Cuerpo, como el Hijo, al menos por la del Alma, que traspasó la espada del dolor. María Santísima es Reina del Universo también por derecho de conquista, como Corredentora de la humanidad.

Es oportuno citar las palabras de San Anselmo: «Así como Dios, que ha hecho todo por su poder, es el Padre y Señor de toda criatura, de la misma manera la Bienaventurada Virgen, Madre de Dios, que ha reparado todo por sus méritos, es Madre y Soberana de todas las cosas».

Pío XII lo dice con firmeza y claridad: «Como Cristo por título particular de la redención es Señor nuestro y Rey, así la Bienaventurada Virgen es Señora nuestra por el singular concurso prestado a nuestra redención, suministrando su substancia y ofreciéndola voluntariamente por nosotros, deseando, pidiendo y procurando de una manera especial nuestra salvación».

Ambos títulos, pues, la Maternidad divina y el Consorcio redentivo de la Santísima Virgen, son el fundamento de su Realeza.

maria reina 7

De aquí que sabiamente dijera un autor: «Desde el momento de la Encarnación y de la Divina Maternidad, la Madre de Dios tiene derecho radical al Reino. Pero, según las disposiciones de la Providencia divina, hubo también de merecer el Reino por su unión y compasión con Cristo. Por lo cual no debió ejercerlo plenamente, sino desde el momento en que, unida en los Cielos a su glorioso Hijo, quedó constituida Reina de todo el universo».

Para solazar nuestras almas, hagamos ahora una recorrida por las diversas provincias del Reino de María.

Su Reino comprende primeramente toda la tierra e incluso las criaturas irracionales. Los seres inanimados, así como los vegetales y los animales están sometidos a la Santísima Virgen y consagrados a su servicio: el sol la reviste, la luna está a sus pies, las estrellas forman su corona, su trono es una columna de nubes, la tierra viene en su ayuda cuando el dragón la persigue. Como dice San Bernardino, «hay tantas criaturas al servicio de María como las hay al servicio del Creador».

Si descendemos al Infierno, vemos que allí se cree y se tiembla. María Inmaculada ha sido instituida por Dios la adversaria triunfante de Satán, a quien Ella se manifiesta terrible como un ejército en orden de batalla.

Su poder se ejerce en los abismos infernales refrenando el orgullo y la malicia de los espíritus malditos y de los condenados que les están asociados; así como también estrechando las puertas del infierno: Ella es la Puerta del Cielo, y numerosas almas no han caído al abismo porque han entrado por este pórtico celestial.

Ella ha prometido que quienes mueran revestidos de su Santo Escapulario, así como los que abracen la devoción a su Corazón Inmaculado y cumplan con la reparación sabatina de los cinco sábados, escaparán de los fuegos infernales.

Si del Infierno pasamos al Purgatorio, comprobamos que también es parte del Reino de María. Allí están sus hijos, esperando nacer a la gloria del Cielo después de una dolorosa purificación. Ella los visita, los refrigera, los consuela y les aplica los sufragios que sus hijos de la tierra alcanzan para las benditas almas del Purgatorio.

Nuestra Señora del Carmen también prometió ir a buscar a sus devotos, que mueran revestidos con su Escapulario, el sábado siguiente a su muerte, para llevarlos al Cielo.

¿Será necesario hablar del Cielo, de los Bienaventurados, de los Ángeles? «Reina de los Cielos», «Reina de los Ángeles», «Reina de todos los Santos», «Emperatriz del Cielo» son títulos familiares a los cristianos. «Exaltada eres, María, sobre todos los coros angélicos al Reino de los Cielos», canta la Iglesia en la fiesta de la Asunción de María.

Pero…, subamos más arriba. Por sobre la Virgen Santísima está Jesucristo, su Divino Hijo; ahora bien, Jesús estuvo sumiso a su Madre Inmaculada, y en el Cielo la Madre tiene todavía sobre el Hijo una soberanía… Como dice San Pedro Damiano: «¿Cómo puede oponerse a tu poder este Cristo Rey, nacido de tu carne? De este modo, Tú te allegas a este altar de oro de propiciación para los hombres, no solamente suplicando, sino mandando, en calidad de Soberana y no de esclava».

Virgen María Reina-6

Estimado lector, María Reina quiere reinar de modo particular en otro lugar…

San Luis María Grignion de Montfort enseña que «María es la Reina del Cielo y de la tierra por gracia, como Jesús es el Rey por naturaleza y por conquista; ahora bien, como el Reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, asimismo el Reino de la Santísima Virgen está principalmente en el interior del hombre, es decir, su alma; y en las almas es principalmente donde Ella es más glorificada con su Hijo que en todas las criaturas visibles, y podemos llamarla con los Santos “Reina de los corazones”» (Tratado de la Verdadera Devoción, Nº 38).

Este gran Santo llega a preguntarse: «¿Cuándo vendrá este tiempo feliz en el que la divina María será establecida Dueña y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su grande y único Jesús? ¿Cuándo vendrá ese tiempo feliz y ese siglo de María, en el que muchas almas elegidas y obtenidas por María del Altísimo, sumergiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, llegarán a ser copias vivientes de María, para amar y glorificar a Jesucristo?»

Y responde sin equívocos: «Este tiempo vendrá sólo cuando se conozca y se practique la devoción que enseño: “Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ”» (Tratado de la Verdadera Devoción, Nº 217).

Si has comprendido y quieres que en tu corazón reine María, toma tu Rosario diariamente y haz tuya esta divisa:

A FIN DE QUE VENGA TU REINO, OH SEÑOR,

¡QUE VENGA EL REINO DE MARÍA!