VOTO AL CORAZÓN ADORABLE DE JESÚS

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Yo he venido a poner fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que arda? (Luc. 12, 49).

 

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se llama con mucha razón tesoro de santidad, pero es tesoro escondido, y el que lo hallare, hallará la vida y alcanzará del Señor la salvación de muchas almas.

En la vida de Santa Margarita María Alacoque se leen estas terminantes palabras:

  1. ° «Mi Corazón, dice el Señor, derramará con abundancia las riquezas de su divino amor sobre los que se consagran a Él por un culto especial.»
  2. ° «Los que fueren devotos de mi Corazón, y procurasen propagar esta devoción entre los demás, hallarán el secreto de convertir los corazones de los pecadores más endurecidos.» Deben ponderar mucho esta promesa los sacerdotes y todos los que se interesan en la salvación de sus prójimos, constando por una larga experiencia que es bueno echar la red sobre esta palabra del Señor.

¡Oh cuán eficaz será el ministerio de los sacerdotes y de todos los que trabajan en la viña del Señor, si saben aprovecharse de este tesoro! Aunque sean pocos en número, recogerán frutos abundantes de salvación.

FÓRMULA DE ESTE VOTO

Dulcísimo Jesús, fuente de amor, padre de misericordia y Dios de toda consolación, que os habéis dignado manifestarnos, a pesar de nuestra indignidad y miseria, las riquezas inefables de vuestro Corazón; Yo N. deseando manifestaros mi agradecimiento por los innumerables beneficios que me habéis concedido a mí y a todos los hombres y especialmente por la institución de la Sagrada Eucaristía , y para reparar los ultrajes que yo y los demás pecadores hemos cometido contra vuestro Corazón en este misterio de infinito amor, me ofrezco a mí y a todas mis cosas en obsequio de este mismo Sacratísimo Corazón con todos los bienes y méritos que por vuestra gracia he adquirido hasta ahora y en adelante adquiriere, prometiendo propagar el culto de vuestro divino Corazón, según mi debilidad me lo permitiere.

Además elijo por especial Madre mía a la bienaventurada Virgen María, y me entrego igualmente y dedico con todas mis cosas a su Corazón Purísimo, prometiendo propagar, como pudiere, el culto y devoción de esta piadosísima Madre y especialmente de su Inmaculada Concepción.

Por tanto, a vuestra inmensa bondad y clemencia humildemente suplico, os dignéis admitir este holocausto en olor de suavidad, y así como me habéis dado gracia para desearlo y ofrecerlo, me la deis también abundante para cumplirlo. Amén.

« Gustad y ved cuán dulce es el Señor » (Salm. 33, 9).

« ¡Oh cuán bueno y cuán delicioso es tener su morada en este Corazón! ¿Quién no amará a un Corazón así llagado? ¿Quién no corresponderá con amor al que tanto nos ama? » (San Bern. Serm. 3. de Pass).

 

DECLARACIÓN DEL MISMO VOTO

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No retractando esta consagración, y conservando la intención de propagar el culto del Sagrado Corazón de Jesús, cumplirá el que entre año hiciere en su honor algunos actos interiores. Si alguno ofreciese a este mismo fin alguna obra exterior, como sería distribuir imágenes o libritos, hablar en público o en particular de las excelencias del Sagrado Corazón, o bien impusiere por penitencia o aconsejare a otros algunas preces u obsequios en su honor, éste habrá cumplido con el voto aún más de lo que está obligado.

Sin embargo, para precaver dudas y escrúpulos, el que quisiere hacer este voto, consulte antes a su confesor acerca del tiempo que ha de durar, y del modo de cumplirlo en su estado. Lo mismo debe entenderse del voto y consagración a la Virgen Santísima.

Para mayor fruto de devoción podrá renovarse este voto el Primer Viernes de cada mes, y el día de la Inmaculada Concepción de la gloriosa Virgen María.

 

 

ACTO DE CONSAGRACIÓN

A LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA

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Oh Corazón adorable de mi amado Jesús, trono de todas las virtudes, manantial inagotable de todas las gracias, ¿qué habéis visto en mí que así os empeñasteis en amarme con tanto exceso, mientras que mi corazón afeado con mil pecados no ha tenido para con Vos sino tibieza, insensibilidad y olvido? ¿No bastaba, oh Salvador mío, haberme redimido a costa de tantos trabajos y sudores y de vuestra misma vida, que no contento con ésto imaginasteis nuevos medios de manifestarme vuestro tierno amor, instituyendo la adorable Eucaristía para alimentarme con vuestra propia sustancia, ofreceros cada día como víctima de expiación por mis pecados, y ser de continuo mi fiel compañero durante esta mortal peregrinación? ¡Ah! Señor, ¿de qué modo podré yo corresponder a unos testimonios tan evidentes de la ternura de vuestro amor para conmigo? Aceptad por lo menos, oh mi amable Salvador, el deseo que tengo de consagrarme del todo a la honra y gloria de vuestro Sagrado Corazón.

Yo os hago libre y espontáneamente donación y entrega de mi persona y mi vida, de mis acciones, trabajos y sufrimientos, deseando ser una víctima ofrecida a vuestra gloria, ahora abrasada y algún día del todo consumida en las llamas sagradas de vuestro amor. Para Vos solo, hicisteis mi corazón, vuestro será en adelante; a Vos se dirigirán todos sus sentimientos y afectos; desde este momento pondré todo mi empeño en que mis deseos sean conformes a los deseos de vuestro Corazón adorable. ¡Oh mi Dios! ¡Cuán grandes son para conmigo vuestras misericordias! ¿Y quién soy yo para que os dignéis aceptar el sacrificio de mi tan indigno y miserable corazón? Recibidle, Señor, tal cual es, atendiendo no a la pobreza del don, sino a la sincera voluntad con que os le ofrezco. Enriquecedle Vos con vuestros divinos dones y gracias para que os sea más agradable. Hacedle puro, generoso, mortificado y humilde como el vuestro, y ahora y siempre sumiso a vuestra santísima voluntad.

Y Vos, oh Corazón Purísimo de María, entre todas las puras criaturas el más adornado de gracia y santidad, espejo perfectísimo en que resplandecen en sumo grado todas las perfecciones del Corazón de Jesucristo vuestro Hijo, pedidle tenga por bien de recibir con agrado y bendecir este mi humilde ofrecimiento. Sed Vos misma, oh Madre amantísima, la ejecutora de esta mi voluntaria donación. Y pues vuestro Purísimo Corazón está tan inseparablemente unido al de Jesús, que sus bienes son los vuestros, y unos mismos son los deseos e intereses de ambos, tomad Vos también como cosa y posesión vuestra este mi pobre y mezquino corazón.

Oh Corazones amabilísimos de Jesús y de María, logre yo la dicha de no apartar jamás mis pensamientos de tan dulces objetos; sed para mí como dos fortalezas inexpugnables que defiendan mi corazón a derecha e izquierda de las asechanzas de mis enemigos interiores y exteriores, visibles e invisibles, para que pasando con seguridad por entre las cosas prósperas y adversas, llegue felizmente al puerto deseado.

Dilatad los senos de vuestra misericordia, y compadeceos de mis miserias y de las de todos mis prójimos. Mirad las tinieblas de los infieles, la ceguedad de los herejes, el peligroso y lamentable estado de los pecadores, las lágrimas y aflicción de los justos. Dad, oh sagrados Corazones, a la Iglesia el triunfo tan deseado para gloria vuestra, y bien de tantas almas, que sin un pronto remedio se perderán para siempre. ¡Oh Corazón amante de Jesús! ¡Oh tierno y compasivo Corazón de María! unidnos a todos en unos mismos sentimientos de fraterna unión y caridad, de odio al pecado, de humilde sumisión a la Santa Iglesia, y de deseos de vivir en todo sujetos a vuestra voluntad, para crecer cada día mas en vuestro amor, y lograr la dicha de alabaros y bendeciros por toda la eternidad en la gloria. Amén.

 

ANTÍFONA

Alégrese tu Corazón, oh María, en Dios tu Salvador, porque le ha engrandecido el que todo lo puede.

V. Oh María Inmaculada, dulce y humilde de Corazón.

R. Vuelve mi Corazón semejante al de Jesús.

 

ORACIÓN

Clementísimo Dios, que para salvación de los pecadores y consuelo de los desgraciados quisisteis enriquecer al purísimo Corazón de la Bienaventurada Virgen María con los sentimientos de caridad y misericordia tan conformes a los del divino Corazón de Jesucristo vuestro Hijo, conceded a todos los que honramos a este dulcísimo y amantísimo Corazón, que por los méritos e intercesión de la misma Virgen Sacratísima nos halléis conformes al Corazón de Jesús. Os lo pedimos por el mismo Señor Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O cor, amoris victima,

Cœli perenne gaudium,

Mortalium solatium,

Mortalium spes ultima.

Tu Trinitatis gloria,

Jungit tibi se Filius,

In te quiescit Spiritus,

In te Patris sunt gaudia.

Te, sole puro purius,

Verbi Dei sacrarium,

Verbi Dei palatium,

Templumque cœlo dignius;

Te, digna sedes numine,

Fœcunda virtus flaminis

Illapsa in alvum Virginis,

Puro creavit sanguine.

Cor dulce, cor amabile,

Amore nostri saucium,

Amore nostri languidum,

Fac sis mihi placabile.

Vindex reis irascitur

Deus, sed ut te respicit,

Placatus iras abjicit

Et fulmen obliviscitur.

Grandi reclusum vulnere

Amor dedit te pervium,

Amor reclusit ostium,

Hortatur et pervadere.

Quos abluisti sanguine,

Venis apertis omnibus,

Nos intimis recessibus,

Semel receptos contine.

Jesu, Patris cor unicum,

Puris amicum mentibus,

Puris amandum cordibus,

In corde regnes omnium.