NOCIONES ACERCA DE LA DEVOCIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

DE LOS MOTIVOS QUE DEBEN EMPEÑARNOS EN LA PRÁCTICA DE LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

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(Hemos indicado estos motivos tales como se hallan expresados en su mayor parte en la vida y escritos de la Santa religiosa de quien se sirvió Dios para fundar esta devoción y cuyas palabras nos complacemos en citar)

I. El primer motivo se halla en la excelencia misma de esta devoción. Lo que llevamos dicho acerca de su naturaleza y de su fin, de su objeto especial y de su principal práctica, nos dispensa de entrar aquí en otros detalles y bastará para hacer comprender cuán justa y racional, sólida y agradable debe ser a Dios esta devoción.

II. El segundo motivo es el quererlo así Jesucristo. En efecto, el divino Salvador es quien se ha dignado establecer esta devoción, el que ha solicitado nuestros homenajes para su adorable corazón ¿Podríamos mostrarnos insensibles a su llamamiento y sordos a la voz de su amor? Oigámosle hablando a su fiel sierva Santa Margarita María: «No puedes demostrarme más grande amor, que haciendo lo que tantas veces te he encargado… Pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento, se consagre a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando aquel día, indemnizándole por medio de un público desagravio, de los ultrajes que ha sufrido durante el tiempo que ha estado expuesto en los altares». (Vida de Santa Margarita María, in-4°, p. 129).

«Jesucristo, dice Santa Margarita María, me ha asegurado que recibía particular gozo y complacencia al ver honrados los sentimientos interiores de su Corazón y de su amor, bajo la figura de este corazón de carne, tal como me lo había mostrado el mismo Jesús; Corazón cuya imagen quería se expusiese al público, con el fin, añadía, de mover el corazón insensible de los hombres » (Ib., p. 234).

Y en otra parte: «Este amable corazón tiene un deseo infinito de ser conocido y amado de sus criaturas, en las cuales quiere establecer su imperio como fuente de todo bien, a fin de proveer a todas sus necesidades. Esta es la razón porque quiere que se dirijan a Él con la más grande confianza» (p. 241).

III Motivo. El amor del divino Corazón para con los hombres. «He aquí, decía Jesús a su sierva, he aquí, este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha dejado de hacer hasta agotarse y consumirse para darles testimonio de su amor» (p. 129).

« Mira este mi Corazón tan poseído de amor para con los hombres y para contigo en particular, que no pudiendo contener en sí mismo las llamas de su caridad, siente necesidad de esparcirlas por tu medio» (p. 115).

«Lo digo con toda seguridad, escribía esta santa Religiosa; si nos convenciéramos de cuán agradable le es a Jesucristo esta devoción, no habría ningún cristiano que por poco que amase al Redentor, no la practicara desde luego.»

IV Motivo. La ingratitud de los hombres y los ultrajes hechos a Jesucristo. Él mismo es quien se lamenta de ellos: «En recompensa, dice, no recibo de la mayor parte de los hombres sino ingratitudes, por los menosprecios, irreverencias, sacrilegios, e indiferencia con que me miran en este Sacramento de amor; y lo que más siento es que esos corazones que así se portan conmigo son los que me están consagrados» (p. 129).

«Mostrando un día a su sierva el Corazón herido y destrozado a golpes, la dijo: mira que heridas recibo de mi querido pueblo; otros se contentaron con golpear mi cuerpo, pero esos lastiman mi Corazón; este Corazón que nunca dejó de amarles» (p. 288).

«Lo que más sentimiento me causa entre todo lo que he sufrido en mi pasión, es la ingratitud de los hombres, tanto más que si ellos me pagaran amor con amor, en nada tendría todo cuanto por ellos hice, deseando si dable fuera, hacer más todavía. Pero ellos no tienen más que tibieza y desaires, para corresponder a mi afán por hacerles bien… A lo menos dame el gusto de suplir su ingratitud en cuanto te sea posible».

V Motivo. Las inmensas gracias prometidas a todos los que practiquen esta devoción. Veamos, ante todo, las promesas comunes a toda clase de personas.

«Los tesoros de bendición y gracias que este Sagrado Corazón encierra, son infinitas, dice Santa Margarita María. — Te prometo, díjole un día Jesucristo, que mi corazón se dilatará para repartir abundantemente las influencias de su divino amor, entre aquellos que le honran y procuran que lo honren otros (p. 129). (Trátase aquí de la fiesta del Sagrado Corazón, que Jesucristo pedía se celebrase, así como la comunión, y el acto de desagravio en el mismo día).»

Pero entremos en pormenores: ¿Te aterran los peligros que corre tu salvación? pues oye a san Pedro Damiano: «En el adorable Corazón de Jesús, dice, es donde hallamos armas para defendernos, remedios para curarnos, poderosos recursos contra las tentaciones, dulcísima consolación en las penas, y las más puras delicias en este valle de lágrimas.»

«¿Estás afligido? continúa diciendo el mismo Santo: ¿Te turba la memoria de tus pecados? ¿Está tu corazón movido por alguna pasión violenta? acógete al Corazón de Jesús. Este corazón es asilo seguro, refugio de desgraciados y salud para todos los fieles.»

¡Oh! ¡Cuán dulce es y cuán agradable, exclama San Bernardo, habitar en el Corazón de Jesús!»

«¡Oh Sagrado Corazón de Jesús!, dice san Francisco de Sales; ¡oh fuente de soberano amor! ¿Quién puede bendeciros bastante? ¿Quién os volverá amor por amor? De Vos vienen todas las gracias.»

«Le hablaré al corazón, dice san Buenaventura, y estoy seguro de obtener todo cuanto le pida.»

Sean cualesquiera vuestras necesidades, recurrid a ese bondadoso Corazón, seguros de encontrar en Él lo que os haga falta. «Si estáis sumido en un abismo de flaqueza, de recaídas y de miserias, también el corazón de Jesús es un abismo de fortaleza y de misericordia. Si descubrís en vos una sima de orgullo y de vana estimación, entraos en el anonadamiento del Corazón de Jesús… Si os halláis inquietos y turbados, el Corazón divino, que es morada de la paz, os la comunicará indudablemente (Santa M. M)»

Si anheláis preveniros contra el peligro de una mala muerte, y asegurar para aquel trance la gracia de la penitencia final, sabed que «En el Corazón de Jesús es únicamente donde hallareis un lugar de refugio durante la vida y más aún a la hora de la muerte.» (p. 224).

Era familiar a Santa Margarita María una práctica que nuestro Señor la había sugerido, y por la cual esperaba la gracia de la penitencia final y la de no morir sin los Sacramentos de la Iglesia; práctica que consistía en hacer una novena de comuniones con esta intención, y con la de honrar al Corazón de Jesucristo. Los días destinados a esta novena, eran los primeros viernes de cada mes (p. 241).

Si os asusta el rigor del juicio de Dios, recurrid al Corazón de Jesús. «¡Oh! ¡Cuán dulce es morir después de haber profesado una constante devoción al Corazón misericordioso del mismo que nos ha de juzgar!» (Ibid.)

Vengamos ahora a las promesas especiales hechas a diferentes clases de personas.

¿Vivís en el mundo?—«Las personas seculares hallarán por medio de esta grata devoción, los socorros necesarios a su estado, es decir: la paz en sus familias, la paciencia en sus trabajos, la bendición del Cielo en sus empresas y el consuelo en sus infortunios» (p. 224.)

¿Tenéis la dicha de vivir en una comunidad?— «Las personas religiosas que profesan esta devoción, obtendrán tantos socorros que no necesiten valerse de otro medio para establecer el fervor y la más exacta regularidad en las comunidades más relajadas, y para elevar a lo más alto de la perfección a las que viven ajustadas a su regla» (p. 224.)

¿Aspiráis a ser perfecto?—«No sé qué haya ejercicio alguno de devoción en la vida espiritual que sea más propio para elevar en poco tiempo a una alma a la más alta perfección, y para darle a gustar la verdadera dulzura que se siente en el servicio de Jesucristo… Los tesoros de bendiciones y gracias que este Sagrado Corazón encierra, son infinitos» (p. 224.)

¿Os ha impuesto vuestra vocación la noble tarea de trabajar en la salvación de vuestros hermanos?—«Mi divino Salvador me ha dado a entender que aquellos que se emplean en la salud de las almas encontrarán el arte de mover los más endurecidos corazones, y trabajarán con maravilloso resultado, si se penetran ellos mismos, de una tierna devoción a su Corazón divino.

Pero si deseáis atraer sobre vosotros la plenitud de esas gracias, no os contentéis con honrar vosotros solos al adorable Corazón de Jesús; trabajad para que sea conocido y honrado por otros. «Nuestro Señor me ha enseñado los grandes tesoros de amor y de mercedes que guarda para las personas que se consagren y sacrifiquen a rendir por sí, y a hacer que rindan los demás a su Corazón todo el honor, gloria y amor que les sea posible. Tan grandes son los tesoros a que me refiero, que no sé cómo ponderarlos (p. 242.)

«¡Oh! ¡Cuán dichosos somos! exclama la misma Santa Religiosa, ¡en cuánta obligación estamos al divino Corazón, porque se digna servirse de nosotros para propagar esta devoción, pues reserva tesoros incomprensibles para todos aquellos que se emplearán en esta obra, según la gracia que Él les diere.»

VI Motivo. Esta devoción es un remedio especial que Dios ha querido aplicar a los males que desconsuelan a la Iglesia en estos últimos tiempos; un medio poderoso para regenerar al mundo, y para avivar en los cristianos la fe que se va extinguiendo, y la caridad que se enfría.

«Nuestro Señor, dice en otra parte Santa Margarita María, me dio a entender que el deseo grande que tenía de ser amado con fervor de los hombres, le había inducido a tomar la resolución de enseñarles su corazón, ayudándoles en estos últimos tiempos, con el último esfuerzo de su amor, en el hecho de señalarles el fin y el medio más a propósito para moverles a que le amen con un amor sólido… Que con esto les abría todos los tesoros de amor, de gracias y de misericordias, de santificación y de salud que su Corazón encierra, con el objeto de que las personas que quisieren darle, o procurar se le dé, todo el amor y honor que les sea posible, queden enriquecidas profusamente con los tesoros de que ese divino Corazón es manantial fecundo e inagotable» (p. 234.)

Lo mismo fue revelado a santa Gertrudis, y casi en los mismos términos. Se lee en la vida de esta Santa, que un día en que la favoreció apareciéndosele San Juan Evangelista, preguntó al Santo por qué estando reclinado en el pecho de Jesucristo durante la cena, nada nos había dejado escrito para nuestra enseñanza acerca del movimiento de su Corazón. A lo cual respondió San Juan estas notables palabras: «Yo estaba encargado de escribir a la naciente Iglesia la palabra del Verbo increado. Dios se reservó dar a conocer la suavidad del movimiento de aquel Corazón, en la vejez del mundo; a fin de avivar la caridad que se entibiara en gran manera entonces.» (Insinuat, L. 4., c. 4).

¿Hay algo más consolador que esta promesa para nuestros desgraciados tiempos, en que desencadenado el demonio parece haber salido de los infiernos, para esparcir por todo el universo, junto con las ideas erróneas de una falsa libertad, el trastorno, el desorden, la licencia y todos los crímenes? Nunca; jamás ha sentido la Europa entera necesidad más perentoria de un socorro extraordinario. Por grandes que fuesen los males de la Iglesia en la época que fue revelada esta devoción y comenzó a establecerse, no eran comparables con los que la afligen hoy. La devoción al Sagrado Corazón no ha conseguido aun plenamente su fin, sus resultados, y su objeto; no ha obtenido el desarrollo que debe tener, ni este último esfuerzo del amor de Dios ha producido todo el fruto que debía dar de sí…

Pero vemos con satisfacción los progresos que hace en nuestros días, a pesar del funesto influjo de la impiedad, que en todas partes causa estragos en las almas. Algunas diócesis de Francia han sido solemne y auténticamente consagradas a este adorable Corazón. Haga el cielo que este ejemplo tenga imitadores en todas partes.

¡Oh Dios mío! haced que no se retarde este dichoso momento, y que el Corazón de Jesús sea nuestro refugio, nuestro asilo y nuestra salvación.