DEVOTO TRIDUO EN HONOR DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

ACTO DE CONTRICIÓN

Con que será bien comenzar cada día el Triduo

Dios mío, suma bondad, infinitamente digno del amor de todas tus criaturas. Reconozco y detesto mi ceguedad y mi descaro en haber ofendido a tanta bondad. ¡Oh paciencia infinita! ¿Cómo has podido sufrirme? Me pesa de haberte ofendido a tu propia vista, en tu propio seno, entre tus mismos brazos con tanta desvergüenza. Yo he abusado de tus propios dones y beneficios; yo he despreciado tu inmensa Majestad, Grandeza, Dignidad y Bondad. ¡Qué castigos, qué tormentos, qué infiernos no he merecido!

Mas, ¿qué haré, Dios mío, ni que puedo hacer, sino humillado y contrito recurrir a Ti? Sí, Dios mío, a Ti recurro, postrado en espíritu de profundísima humildad y confusión. Sé propicio, Señor; perdóname mis culpas por los merecimientos de tu Hijo querido, que murió por mí. Propongo firmísimamente enmendarme con tu gracia.

 

 

MEDITACIÓN

PARA EL PRIMER DÍA

gloria

Punto I. El misterio de la Santísima Trinidad, que en este día nos propone más particularmente la Santa Madre Iglesia, es el más digno objeto de nuestra fe, como expresamente revelado por el mismo Dios y con maravillosos portentos confirmado. Él es la fuente, raíz y origen de todos los demás de nuestra Religión, y nos distingue de todo pagano e infiel que no lo adora. Toda nuestra vida y cuanto somos es debido en todo tiempo a Dios Uno y Trino.

Ven pues, alma mía, y con ella todas las almas fieles; venid, y adoremos a este Dios inmenso. Somos todos obras de sus manos; en él vivimos, nos movemos y somos. Nada tenemos que de Él no hayamos recibido; nada esperamos que de Él no hayamos de recibir. Postrémonos ante su Divina Majestad. Él nos ama; lloremos de consuelo. Él es el gran Dios, a quien hemos ofendido; lloremos de dolor de nuestras culpas. Alabémosle con todos los coros angélicos y cortesanos del Cielo. Alcemos nuestras voces y con inexplicable júbilo repitamos, Santo, Santo, Santo, Señor Dios de sabaoth. Yo te adoro, Dios mío, por cuantos no te adoran; yo te confieso, te amo, espero en Vos, etc.

Punto II. Lo que en Dios Uno y Trino creemos, es que aunque Dios es uno, y singular, infinitamente santo, sabio, omnipotente, etc., hay no obstante en Él tres distintas Personas de una misma substancia y esencia, perfectamente iguales en todas las perfecciones divinas. El Padre no tiene principio, de quien proceda; pero engendra al Hijo, esplendor de su gloria, verbo suyo, imagen consubstancial de su Persona; y Éstos, amándose eterna y mutuamente, no engendran, sino espiran la divina Persona del Espíritu Santo. Son sin embargo un solo Dios ese Padre tan amante nuestro, que nos dio a su Hijo para nuestro rescate; ese Hijo, que se hizo hombre por salvarnos; ese Santo Espíritu, que obró la Encarnación del Verbo; porque todos tres tienen una misma esencia divina.

¡Oh Misterio amable, imán de mi corazón! Yo no te entiendo; pero te creo, te confieso, te adoro y amo. Soy criatura tuya; me rindo a tu soberana Majestad. Venero la infinita ciencia que te fecunda, oh Padre eterno; confieso y adoro esa imagen la más propia del Padre, que eres Tú, oh eterno Hijo. Vos, Señor Dios mío, Uno y Trino, grande en Sion y excelso sobre todas las cosas creadas, seáis eternamente bendito! ¡Confiesen vuestro Santo Nombre los cielos y la tierra, el mar y los abismos! Os ofrezco en sacrificio y holocausto mis conocimientos, mis afectos; mi alma, corazón y vida, mi voluntad, todas mis potencias; todo cuanto soy y cuanto con vuestra gracia espero ser.

Punto III. El misterio de la Santísima Trinidad no solo debe ser creído, confesado y profundamente adorado de los hombres; sino ardientemente amado, y fidelísimamente servido.

De Dios Uno y Trino hemos recibido todo cuanto somos y tenemos; y así le debemos toda nuestra vida, fuerzas y esmeros; todas nuestras acciones, sentidos etc., en lo natural, como a Hacedor omnipotente, como a Conservador benéfico, como a Señor del universo, recto y justo, como a Padre próvido de todas sus criaturas; en lo sobrenatural, como a Autor de la santa Religión que profesamos y de todas las gracias y dones de que depende y se teje la serie de nuestra santificación, predestinación y salvación.

Este Dios grande, cuyo asiento es el Cielo, cuyo escabel la tierra, no sólo acepta, sino requiere de justicia nuestro amor y obsequio; y cuando se lo prestamos, Él por su bondad se complace en nuestro corazón sencillo, humilde y contrito. Este es el que con el valor de sus virtudes atrae a sí, hace suyo y hospeda en su puro espíritu a este Dios inmenso, que no cabe en la redondez de todo el orbe, ni en la ciega mente de tantos impíos que no lo reconocen.

¡Oh alma mía!, sabe apreciar el don preciosísimo que se te ha hecho de la fe de tan alto Misterio. Duélete de la ceguedad de tantos pueblos, que no creyéndole, gimen en tinieblas y sombras de muerte eterna. Agradece a quien sin mérito tuyo te colocó en el seno de la Iglesia, esposa inmaculada de Cristo. Ruega por tantos, que creyéndole, no obstante con abominable inconsecuencia le deshonran con su mala vida. Pídele que conserve sin mancha esta fe, y la aumente en su Iglesia, y con ella la caridad y la esperanza. Tú cultiva, riega y fomenta en tu corazón esta semilla de vida con el incesante ejercicio de todas las virtudes; para con tu Dios pía, grata, humilde, siempre unida a su voluntad sacrosanta, siempre observantísima de sus mandamientos, siempre fiel, dócil y obediente a sus inspiraciones; para con el prójimo sufrida, caritativa, edificativa y obsequiosa.

 

ACTOS DE FE Y OTRAS

virtudes, y oblación de sí mismo para los tres días del Triduo

 

ACTO DE FE

Yo creo en Ti, Dios incomprensible, Uno en esencia y Trino en Personas; yo creo en Ti, porque Tú, verdad infalible, has revelado a la Santa Madre Iglesia este adorable Misterio. Te ofrezco, ayudado de tu gracia, toda mi sangre y mi vida, mi alma y cuanto soy, en defensa de esta mi fe. Aparejado está mi corazón, Dios mío, aparejado está a tal sacrificio. No temo espadas ni incendios, tormentos los más crueles, penas las más atroces, por mantener ilesa e intacta la verdad de tu revelación. Tú, Dios mío, tienes palabras de vida eterna. Tú no puedes engañarte ni engañarnos.

 

ACTO DE ESPERANZA

Espero en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu Santo, Dios Uno y verdadero, la vida eterna a que aspiro y que creo y deseo alcanzar por la gracia divina, por los méritos de mi Señor Jesucristo, y mediante mi obediencia a los divinos mandamientos, y mi cooperación a los divinos auxilios oportunos y eficaces, que imploro de ti, oh Trinidad sacrosanta, de cuya bondad creo que me quieres salvar, de cuya omnipotencia que puedes, y de cuya infalible promesa que me has de salvar por tu misericordia infinita. Amén.

 

ACTOS DE CARIDAD Y AMOR

Tú sabes, Dios mío, que te amo, porque eres infinitamente bueno y digno de ser amado. Te amo sobre todas las cosas con todo mi corazón. Sí, Dios mío, Santo de los Santos, e infinitamente perfecto. ¡Oh hermosura siempre antigua y siempre nueva, centro y piélago sin suelo de toda bondad y perfección! Quisiera amarte cuanto te aman los Querubines y Serafines, la Virgen de las vírgenes María, la Humanidad sacrosanta de mi Salvador Jesucristo. Quisiera morir de pena de no amarte acaso cuanto puedo. Inflama, Dios mío, mi corazón, que te ofrezco en víctima del amor que Tú me pides, que yo te debo y en que ardo, por ser Vos quien sois. Amén.

 

Oblación De Sí Mismo sin reserva a la Santísima Trinidad para los tres días de este Triduo

Oh Dios omnipotente, Trino y Uno: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo: Dios verdadero; en quien creo, en quien espero, a quien amo sobre todas las cosas, por ser infinitamente santo, sabio, justo, perfectísimo, sumo bien, suma bondad, sumamente digno de todo amor. Dios creador y conservador de todas las cosas; Dios, a quien todo el mundo y yo debemos cuanto somos; yo criatura tuya, vil polvo de la tierra, en quien no obstante Tú, Dios mío eterno e inmenso, te has dignado fijar los ojos de tu misericordia, yo te adoro con mil ansias de que todo el mundo te reconozca y adore; me confieso obra de tus benéficas manos, y te agradezco el haberme sellado con el precioso sello de tu santo y eterno nombre en el Bautismo, el haberme colmado en mil maneras de infinitos e imponderables otros beneficios; yo, Dios mío, desde este momento para siempre te hago de mí mismo, de mis potencias y sentidos, de mi alma y cuerpo, de todos mis miembros y mi vida, un total y plenísimo sacrificio. Él es indigno de tu grandeza; indigno por mi vileza y por mis culpas; pero tú Dios mío, te ruego lo aceptes, pues te lo ofrezco con corazón humillado y contrito. Tu gloria es, Señor, la que busco, tu amor, tu bendición; que todos te conozcan, que todos te crean, que todos te sirvan; que yo me anegue, arda y me consuma en tu amor; que no sepa, ni quiera jamás sino hacer tu voluntad; que finalmente muera yo en tu santa dilección y te vea, te adore, te ame y te goce eternamente en el cielo. Amén.