EL ESPÍRITU CONSOLADOR

O REFLEXIONES SOBRE

ALGUNAS PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO,

MUY PROPIAS PARA CONSOLAR

LAS ALMAS AFLIGIDAS

 

DÍA ONCE

Peccavi, et vere deliqui, et ut eram dignus non recepi, Job. 33, v.27.

Ipse castigavit nos propter iniquitates nostras, et ipse salvabit nos propter misericordiam suam. Tob. 13, v.5.

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Pequé y delinquí verdaderamente, y no fui castigado como merecía.

Él es el que nos castigó por nuestras iniquidades; y él es el que nos salvará por su misericordia.

Yo pequé, y pequé muchas veces después que nací; y pequé gravísimamente; tengo merecido el infierno; y, si lo merezco, ¿cómo me quejaré de algunas penas temporales y pasajeras?

Un condenado sería feliz, si no tuviese más que sufrir que los mismos tormentos que me parecen intolerables.

Si yo estuviese actualmente en el infierno, y me preguntasen lo que quería padecer en el mundo para salir de él; las más violentas enfermedades, los más sanguinolentos ultrajes, los suplicios más crueles que los tiranos hicieron padecer a los mártires, me parecerían tormentos muy pequeños.

Debo, pues, confesar en medio de mis aflicciones, a imitación de muchos Santos que habían ofendido mucho menos al Señor que yo; debo confesar con consolación, y con los sentimientos más grandes de reconocimiento hacia la bondad de Dios, que todo cuanto pueda padecer en esta vida, es nada en comparación de lo que merecía padecer en la otra.

Debo esperar que mis pecados hayan sido perdonados en el tribunal de la penitencia; más en este tribunal no quedé enteramente libre de la pena que por ellos merecía. El soberano Juez, lleno de misericordia para con los pecadores verdaderamente contritos, no hizo más que mudar la pena eterna que yo merecía, en pena temporal. Ahora bien, ¿cómo he cumplido hasta ahora con esta pena temporal? ¿Recé algunas oraciones, hice algunas obras satisfactorias, y cumplí las que me pusieron en el Sacramento los ministros de la Penitencia? ¿Y esto es bastante?

Yo veo que los Santos aumentaban esta pena y penitencia, tan pequeña en sí misma, con los ayunos y las austeridades; yo debiera, como ellos, y aun más que ellos, castigar mis pecados con diversos ejercicios de penitencia cristiana, y es lo primero que descuido y de lo que no tengo valor de cuidar.

Por lo mismo, Dios por su misericordia me envía aflicciones para que, sobrellevándolas con espíritu de penitencia, suplan a todo lo que yo debiera hacer y no hago.

¡Ah! Si yo tuviese una justa idea de las grandezas de Dios y de sus perfecciones; si yo comprendiese bien lo que es el pecado, su carácter de rebelión y de ingratitud; en vez de quejarme de lo que padezco, hallaría que padezco muy poco, para satisfacer por mi parte los ultrajes hechos a Dios, para darle con mi sufrimiento tanta gloria, si fuese posible, como le robé con el pecado; todas las aflicciones me son fáciles de soportar, cuando pienso en los pecados que por ellas me fueron perdonados.

Señor, merezco sufrir por toda la eternidad los efectos de vuestra venganza, y es justo que experimente algunos en el breve espacio que me resta de vida. Si hallo que vuestros castigos son rigurosos acá en el mundo, donde solo castigáis por misericordia, y por algún tiempo; ¿qué sería de mí, si estuviese ya en los infiernos, donde vuestro brazo fuerte descargase sobre mí toda su justicia, la que nunca podrían ablandar mis lágrimas ni mis gemidos?

Servíos, mi Dios, servíos, para disponerme a expiar mis pecados de la fuerza de los elementos, de las enfermedades, de los enemigos, de los parientes, de los extraños, como os servisteis en otro tiempo de Asirio para castigar a Israel, y de la maldad de Absalón para castigar a David; es una gracia que me haréis por los merecimientos de los tormentos que vuestro divino Hijo padeció en el Calvario, a los cuales uno yo los míos, y os suplico os dignéis perdonar mis pecados.

Espero, que en lugar de las maldiciones que los tormentos del infierno me harían vomitar por toda la eternidad contra Vos, si me hubieseis castigado ya como merecía, cantaré eternamente allá en los Cielos vuestras misericordias con los Ángeles y los Santos.