LORENA VÁZQUEZ: DOMINAR LA MODA

DE LA DECENCIA EN LOS VESTIDOS

MODESTIA 1

En esta época, donde las modas se convierten, día tras día, en más escandalosas, es muy difícil, para muchos jóvenes sobre todo aunque no menos para los no tan jóvenes, el vestirse con decoro, con buen gusto, con modestia y, sobre todo, como buen cristiano.

Al caminar por las calles, uno puede observar con tristeza, asombro y hasta con un dejo de escándalo, las niñas cada vez más masculinas o cada vez más desvestidas, y los niños cada vez más afeminados, hasta el punto tal de ya no poder, muchas veces distinguir unas de otros.

Los peinados y tintes en los cabellos, los vestidos, los aros, tatuajes, modos de caminar y hasta el lenguaje, hacen difícil tarea de descubrir que hay detrás de esa persona en la calle, con la cual jugamos hasta, con pesar, una especie de adivinanza si se trata de Él o de Ella.

Esto lo podemos trasladar a cualquier ámbito y a cualquier situación, ya no referido tampoco a la clase social o a una edad específica, lo vemos en la escuela, el trabajo, los deportes, ni qué decir de aquellos que frecuentan hoy las usurpadas iglesias que, sin tapujos, acceden a las mismas sin recato, ni decoro. Lo vemos en niños pequeños, a los que sus mismos padres, quienes deberían velar por su inocencia y su recato, los disfrazan con ropas de adultos y hasta con ropa provocativa, como si fuera gracioso. Pero también lo vemos en gente adulta, que pareciese no querer aceptar el paso del tiempo y juegan a ser adolescentes rebeldes.

¡Qué tristeza ver la decadencia, cómo ya desde la más tierna edad se va infiltrando en las personas como letal veneno que, de a poco, va corrompiendo hasta llegar a matar el alma!

Pío XI publicó una carta al cardenal vicario de Roma expresando su desaprobación sobre las competencias de gimnasia y atletismo para mujeres. “Los medios empleados para dar salud al cuerpo, “el noble instrumento del alma”, ha indicado, deberían tener en cuenta la idoneidad de tiempo y lugar. No deben excitar la vanidad o promover la inmodestia. Y no deben disminuir la “reserva y dominio de sí misma, que son a la vez el adorno y la garantía de la virtud” de una mujer joven (Carta A Lei, Vicario Nostro 2 de mayo de 1928).

Pío XII, quien observó el avance moderno de estilos inmodestos para las mujeres con preocupación, a menudo recordaba a las jóvenes a estar alerta contra los peligros que amenazan la pureza. Les ofreció la exquisita delicadeza de conciencia de la mártir Santa Perpetua como ejemplo:

“Cuando fue lanzada al aire por un toro salvaje en el anfiteatro de Cartago, su primer pensamiento cuando se cayó al suelo era de reorganizar su vestido para cubrir su muslo, porque estaba más preocupada por la modestia que por el dolor” (Alocución a las jóvenes de la Acción Católica, 6 de Octubre, 1940).

El modo y la modestia deben ir de la mano como dos hermanas, continuó, porque ambas palabras derivan del latín modus, es decir, medida correcta. Él advirtió:

“Muchas mujeres se han olvidado de la modestia cristiana, debido a la vanidad y la ambición: se lanzan miserablemente a los peligros que pueden significar la muerte de su pureza. Ceden a la tiranía de la moda, de una manera tal que han perdido el concepto mismo de peligro, y han perdido el instinto de pudor”.

Un año más tarde, felicitando a las jóvenes de la Acción Católica para el comienzo de la “Cruzada por la pureza,” alentó un espíritu combativo contra la impureza. La vida del hombre sobre la tierra sigue siendo siempre una guerra, dijo, y las mujeres jóvenes tienen una lucha especial contra los peligros de la inmoralidad en el campo de la moda y el vestido, de la salud y el deporte. Las armas que deben tomar para la pelea, les dijo Pío XII, son las palabras, las prendas de vestir y el comportamiento que deben mostrar un alto nivel.

Es verdaderamente una guerra, advirtió el Sumo Pontífice. La pureza de las almas que viven en el estado de gracia sobrenatural no se conserva sin lucha. Se necesita un heroísmo especial para contrarrestar la opinión pública, al estar al margen de los estilos populares, recreo y deportes. Esto es aún más difícil debido a la “actitud indulgente, o mejor dicho, la actitud negativa de una parte cada vez mayor de la opinión pública, que la hace ciegos a los más graves desórdenes morales (Alocución del 22 de mayo, 1941).

Fue bastante específico sobre las cosas que las mujeres jóvenes deben rehuir a toda costa:

  • Vestidos que apenas son suficientes para cubrir a la persona;
  • Otros que parecen diseñados para enfatizar lo que más bien deben ocultar;
  • Deportes que se realizan con tales prendas de vestir;
  • El tipo de exhibicionismo que es irreconciliable con incluso el estándar menos exigente de modestia (ibid.).

He aquí las palabras de Pío XII en su Alocución sobre la moda (1957), que muestran claramente que una persona siempre debe ser consciente de que su ropa refleja su ser y manera de pensar:

“No se puede minimizar la importancia de la influencia del estilo para el bien o para el mal. El lenguaje de la ropa, como ya hemos dicho, es el más eficaz cuando es más común, y es entendido por todos. Podría decirse que la sociedad nos habla a través de la ropa que lleva. A través de su ropa revela sus aspiraciones secretas y lo utiliza, al menos en parte, para construir o destruir su futuro”.

Lo podemos ver también en el famoso libro de San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. En su capítulo sobre la vestimenta, que instruye a las mujeres devotas a seguir el consejo de San Pablo, es decir, estar siempre “vestido con ropa decente, adornarse con modestia y sobriedad (I Tim 2: 9).”

Los pantalones cortos, los escotes, la ropa ceñida y ropa de gimnasia que se usa hoy en público, ofenden la modestia y sobriedad. Imaginemos lo que diría San Francisco de Sales, si les hablara a las mujeres jóvenes de nuestros días, dadas las malas costumbres y estilos en boga. Pero incluso en esa época, él tenía esto para decir acerca de cómo un católico debe aparecer en público:

Quiere San Pablo que las mujeres devotas (lo mismo se diga de los hombres) vistan con decoro y se adornen con decencia y sobriedad.

Ahora bien, la decencia en el vestir y en el ornato depende de la materia, de la forma y de la limpieza.

En cuanto a la limpieza, ha de ser siempre la misma en nuestros vestidos, en los cuales, en la medida de lo posible, no hemos de tolerar ninguna mancha ni dejadez. La limpieza exterior es, en alguna manera, el reflejo de la honestidad interior.

El mismo Dios exige la decencia corporal en los que se acercan a los altares y en los que tienen principalmente a su cargo la devoción.

MODESTIA 3

En cuanto a la materia y a la forma de los vestidos, la decencia se ha de juzgar según las diversas circunstancias de tiempo, de edad, de condición, de compañías, de ocasiones.

Ordinariamente, acostumbramos a vestir mejor los días festivos, según la importancia de la solemnidad que se celebra; en tiempo de penitencia, como en Cuaresma, se viste con más sencillez; en las bodas se llevan trajes nupciales, y en los actos fúnebres se emplean ropas de luto; delante de los príncipes es menester un mayor realce, el cual disminuye entre los propios familiares.

La mujer casada puede y debe adornarse delante de su marido; si hace lo mismo cuando está lejos de él, entonces cabe preguntar a qué ojos quiere complacer con este cuidado singular.

A las doncellas se les permite un mayor acicalamiento, porque pueden lícitamente pretender agradar a muchos, aunque no sea más que para conquistar uno solo, para el santo matrimonio.

Tampoco es reprobable que las viudas que quieren casarse de nuevo se adornen discretamente, con tal que no se muestren frívolas, pues habiendo sido ya madres de familia y habiendo pasado por las tristezas de la viudez, se considera que su espíritu es más maduro y sensato.

Mas, en cuanto a las verdaderas viudas que lo son no sólo de cuerpo sino también de corazón, ningún adorno es más adecuado que la humildad, la modestia y la devoción, pues, si quieren dar amor a los hombres, no son verdaderas viudas, y, si no se lo quieren dar, ¿a qué tantos atavíos? El que no desea huéspedes, ha de sacar el rótulo de su casa.

Nos reímos siempre de los viejos cuando quieren presumir, y ¿por qué? Porque esto es una necedad, únicamente tolerable en la juventud.

Seas correcta, Filotea; que no haya en ti dejadez ni desaliño: sería despreciar a aquellos con los cuales convives, presentarte delante de ellos con vestidos ofensivos; pero guárdate de la afectación, de las vanidades, curiosidades y frivolidades.

En cuanto te sea posible, inclínate siempre del lado de la sencillez y de la modestia, que, sin duda, es el mejor adorno de la belleza y lo que mejor encubre la fealdad.

San Pedro avisa, de un modo particular, a las doncellas que no lleven los cabellos encrespados, rizados y ondulados. Los hombres que son tan débiles de complacerse en estas frivolidades, son llamados, en todas partes, hermafroditas, y las mujeres que se envanecen por ello, son tenidas por ligeras en la castidad; si la guardan, a lo menos no se echa de ver, en medio de tantas trivialidades y bagatelas. Dicen que lo hacen sin pensar mal, más yo digo que el demonio siempre piensa mal. Quisiera que mi devoto o mi devota anduviesen siempre mejor vestidos, pero que, a la vez, fuesen lo menos pomposos y afectados, y como dice el proverbio, estuviesen adornados de gracia, de modestia y dignidad. Dice brevemente San Luis que cada uno ha de vestir según su estado, de manera que los discretos y buenos no puedan decir: Es demasiado, ni los jóvenes: Es demasiado poco. Y, si los jóvenes no quieren contentarse con la decencia, hay que inclinarse al parecer de los prudentes. (INTRODUCCION A LA VIDA DEVOTA. San Francisco de Sales).

Procuremos desde la más tierna edad fomentar la delicadeza en el vestir, la sobriedad, la belleza en la sencillez, el pudor… cuando esto se mama de pequeñito es como un sello a fuego en nuestras almas.

Pidamos al Señor con insistencia, como siempre lo hacemos, a sabiendas que sólo Él puede arreglar todo lo que está sucediendo en este mundo que ha dado vuelta su cara a Dios, y por tanto ha entrado ya hace muchísimo tiempo en un caos que van en caída libre a velocidad extrema:

¡VEN, SEÑOR JESÚS!

Fuentes:

http://www.traditioninaction.org/index.htm

INTRODUCCIÓN A LA VIDA DEVOTA, San Francisco de Sales