SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

ALGUNAS IMÁGENES

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Casa natal: 31 de enero de 1673, en el pueblito de Montfort

Calvario de Pontchâteau

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Historia del Calvario

Un día, el 31 de enero de 1673, ocurrió algo en este lugar. Unas cruces luminosas rodeadas de estandartes aparecieron en el cielo, un ruido terrible se oyó. Los rebaños que pastaban en la landa huyeron, espantados. Durante una hora cantos celestiales echaron el asombro y el misterio en las fincas vecinas… Aquel día nacía en Montfort-la-Cane aquel que la Iglesia llama con el hermoso nombre de Heraldo de la Cruz, San Luis María Grignion de Montfort, que el pueblo se complacerá en llamar el buen Padre de Montfort.

El asunto del Calvario comenzó el primero de mayo de 1709, bajo el reinado de Luis XIV. Al terminar la misión que acaba de dar en Pontchâteau, el Padre de Montfort propuso a la parroquia entusiasmada un Contrato de Alianza y la edificación de un Calvario monumental.

Esta idea de construir un Calvario grandioso, San Luis María la tenía pensada desde hacía tiempo. Tenía, por otra parte, en su bagaje de misionero un magnífico Cristo de dos metros.

El lugar que fue escogido en definitiva se situaba en la landa de la Magdalena, donde se hallaba antaño la leprosería del Puente (así se llamaba Pontchâteau antes de la Revolución).

San Luis María había pensado construir su Calvario en Sainte Reine de Bretagne; pero una hermosa leyenda cuenta que, en cuanto el montículo de tierra comenzó a elevarse, los benévolos se dieron cuenta de que regularmente dos palomitas venían a tomar tierra en su pico. Extrañados por este vaivén de los pájaros, siguieron su trayecto y se dieron cuenta, con estupor, que depositaban meticulosamente su precioso picoteo en la landa de la Magdalena. San Luis María vio en ello una señal de la Providencia y decidió que su proyecto se realizaría en este lugar: Hagamos un Calvario aquí, ¡hagamos un calvario!

Desde octubre de 1709 a septiembre de 1710, millares de trabajadores benévolos erigieron, a la gloria de la Cruz de Cristo, un monumento que parecía deber desafiar el tiempo.

Un colaborador del Padre de Montfort, el Padre Olivier da testimonio: He visto a diario 400 a 500 personas trabajar juntas en ello. Unos layaban el suelo, otros cargaban la tierra, otros la llevaban en cuévanos. Conté hasta 100 pares de bueyes para arrastrar los carros. Vi sacar piedras que pesaban hasta 800 kilos. Vi a toda clase de personas trabajar en estas excavaciones: señores y señoras de calidad, y también sacerdotes que llevaban tierra por devoción. Vi gente venir allí de todas partes; los había incluso de España y de Flandes.

Cánticos y Ave Marías daban el ritmo a estos nuevos cruzados.

San Luis María seguía, mientras tanto, predicando misiones en la región. Acudía cada semana para visitar la obra y animar a los trabajadores.

El apóstol había querido volver visibles con estatuas las representaciones bíblicas, el Huerto del Edén, el Huerto de la Agonía… Pero lo esencial del mensaje es más profundo. El gran apóstol de María no podía olvidar aquí su devoción favorita, la del Rosario.

A los pilares que coronaban el muro de la plataforma hizo sujetar un inmenso Rosario, cuyos granos tenían el tamaño de una bala de mediano calibre, y que, cayendo como guirnalda de un pilar al otro, rodeaba la cumbre del Calvario.

En el camino de ronda, al pie de la montaña, reprodujo todos los misterios del Rosario. Plantó a distancias constantes 150 pinos, que figuraban las « Ave Marías ». Después de cada decena se alzaba un ciprés, que indicaba « el Pater »; de tal forma que los peregrinos podían, mientras caminaban, rezar el Rosario completo, ajustándose a los árboles que habían sido plantados.

El “buen padre de Montfort”, como querían llamarle los benévolos, deseaba también construir 15 capillas en las cuales estarían representados, en tamaño natural, los misterios del Rosario.

El misionero fijó la bendición solemne del calvario para el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, llamada también fiesta de la Cruz Gloriosa.

Las aldeas cercanas a Pontchâteau rebosaban de peregrinos. No se dejó nada al imprevisto. Se nombró a cuatro predicadores célebres para predicar en las cuatro esquinas; el recorrido de la procesión había sido trazado minuciosamente, las horas de las ceremonias fijadas, el programa de la jornada establecido con precisión.

El apóstol poeta había compuesto para la circunstancia uno de sus hermosos cánticos: “Queridos amigos, estremezcámonos de alegría, tenemos el Calvario entre nosotros. Acudamos a él, la caridad nos apremia a ir a ver a Jesucristo que murió por nosotros.”

El 13 por la tarde, 20.000 peregrinos acudían de todas partes; la familia del señor Grignion, bajo la dirección de su anciano padre, había acudido de la región de Rennes.

Hacia las 4 de la tarde, un párroco de la vecindad llega, portador de una carta de Monseñor Gilles de Bauveau, obispo de Nantes, notificando al padre de Montfort que un Entredicho, llegado de Versailles, mandaba que todo lo que había sido hecho fuera destruido.

“Su Majestad, habiéndose enterado que este calvario estaba adecuado a proporcionar asilo a gentes con malas intenciones más que favorecer la devoción de la gente, el obispo me mandó escribirle que cuanto había sido hecho fuera destruido, rellenados los fosos, suprimidas la Cruz y otras figuras.”

El motivo del Entredicho era muy distinto en realidad: era la vindicta de cierto senescal de la Chauvelière, representante del duque de Coislin, indignado de lo que había ocurrido recientemente en la iglesia de Campbon dentro de la cual las sepulturas señoriales habían sido desposeídas de sus privilegios, por orden de San Luis María.

Inmediatamente después, el Padre de Montfort se pone en camino, a pie, para Nantes, con el deseo de intentar explicarse de viva voz con el Obispo, esperando que la autorización no sería denegada. Llega a Nantes a las 6 de la madrugada; se presenta ante el Obispo. ¡Ay de él! No consigue nada: la decisión de Monseñor de Bauveau es irrevocable.

San Luis María suspira: El Señor ha permitido que construya ese Calvario, y ahora permite que sea destruido; ¡bendito sea su Santo Nombre!

Recuperada la paz de su alma, continúa con su tarea apostólica.

Después de su muerte, el Calvario será reconstruido.

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Marchando para predicar con la Cruz…

Y la imagen de María Santísima.

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Basílica en Saint Laurent sur Sèvre, ciudad santa de La Vandée

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Su última misión se llevó a cabo en Saint-Laurent-sur-Sevre, donde murió el 28 de abril de, 1716, y donde está enterrado.

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La nave central

 Diversas imágenes situadas al interior de la Basílica

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         Predicador infatigable

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Padre de los huérfanos

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Esta obra muestra los últimos momentos de San Luis María.

Mientras que los fieles de la localidad y sus alrededores acudieron al anuncio de la agonía del misionero, deseando recibir la bendición final, él no se juzga digno de conceder su petición. El Padre Mulot, su compañero de misión y confesor, le sugiere: Bendígalos, Padre, con su crucifijo. Será Jesucristo quien les dé su bendición y no usted.

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Este ciborio o baldaquino se construyó sobre las tumbas de San Luis de Montfort, la Beata María Luisa Trichet, cofundadora y primera superiora de las Hijas de la Sabiduría (1684-1759) y del Marqués de Magnanne (1664-1750), amigo y discípulo de San Luis María, así como benefactor de las comunidades fundadas por él.

Diseñado por el arquitecto Rouillard, bendecido el 28 de abril de 1922, este baldaquino es de piedra blanca de Lavour.

Sostenido por cuatro columnas de mármol verde de los Pirineos, está decorado en cada esquina por un ángel con alas desplegadas, que llevan los símbolos de la espiritualidad montfortiana: la Cruz y el Rosario.

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OBRAS DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

Cartas.

El Amor de la Sabiduría Eterna.

Carta Circular a los Amigos de la Cruz.

El Secreto Admirable del Santísimo Rosario.

Métodos para rezar el Rosario.

El Secreto de María.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María.

Oración Abrasada, “Memento”.

Reglas de los Padres Misioneros de la Compañía de María.

A los Asociados de la Compañía de María.

Cruz de la Sabiduría de Poitiers.

Regla Primitiva de la Sabiduría.

Máximas y Enseñanzas de la Sabiduría Divina.

Carta a los habitantes de Montbernage.

Reglamento para cuarenta y cuatro vírgenes.

Reglamento para los penitentes blancos.

El Santo Peregrinaje de Nuestra Señora de Saumur.

Contrato de Alianza con Dios.

Testamento.

Coronita de la Virgen María.

Oraciones de la noche.

Cánticos.

Cuaderno de Notas.

Reglas de la pobreza voluntaria de la Iglesia Primitiva.

Cuatro resúmenes de meditaciones sobre la vida religiosa.

El Libro de Sermones.

Disposiciones para morir bien.