UN SANTO ANTE LA MUERTE

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

DISPOSICIONES PARA LA BUENA MUERTE

san luis maria

DISPOSICIONES REMOTAS

1ª. Pensar todos los días en la muerte; que es: cierta, cercana, engañosa, terrible, cruel, semejante a la vida.

2ª. Vivir bien; es decir: evitar el pecado mortal y el venial deliberado; combatir la pasión dominante; amar la Cruz; recibir frecuentemente los Sacramentos; dedicarse a la oración y a la obediencia; tener una gran devoción a la Santísima Virgen.

3ª. Hacer sin demora el propio testamento: hacer celebrar Misas antes de morir; hacer el susodicho testamento en la debida forma; restituir los bienes injustamente adquiridos; pagar las deudas.

4ª. Ser fieles a ciertas prácticas piadosas de los Santos, aptas para pensar en la muerte y prepararse a ella. Así, por ejemplo: al acostarse, colocarse en la posición de un muerto; en toda comida tomar un trozo de pan como para alimentar los gusanos que un día consumirán nuestro cuerpo; considerar las enfermedades como compañeras de la muerte; tener en el aposento una calavera y meditar lo que fue la persona del difunto, lo que hizo, dijo y pensó; lo que es ahora y lo que hará y reflexionar sobre sí mismo; hacer el propio ataúd y mortaja y besarlos todos los días.

SAN LUIS MARIA

DISPOSICIONES PRÓXIMAS

1ª Sufrir pacientemente la enfermedad: porque Dios la envía; porque puede librarnos del destierro; porque nos hace expiar los propios pecados; creer firmemente que ella nos llevará a la muerte.

2ª Recibir los Sacramentos de la Penitencia, la Eucaristía y la Extremaunción: oportunamente y antes de que lo insinúen los amigos y familiares; con arrepentimiento, humildad y acción de gracias; con fervor.

3ª  Escoger dos buenos amigos: para que mantengan lejos del aposento a los parientes, amigos y personas inútiles; para que te ayuden a hacer actos de fe, esperanza y caridad; para que te ayuden a prepararte a recibir los Sacramentos; para que te sostengan en las tentaciones.

4ª Resistir a las tentaciones del demonio: a la tentación contra la fe, diciendo sencillamente: “Creo en Dios” o “Creo cuanto cree la Iglesia Católica”. A la tentación contra la esperanza, apoyándote en los méritos del Señor y en la omnipotente intercesión de María. A la tentación de impaciencia, considerando los padecimientos de Jesucristo, la recompensa que te está prometida, los tormentos de la otra vida, la gravedad de tus propios pecados.

5ª Resistir a la tentación de vanagloria y presunción con el recuerdo de los pecados cometidos, su número y gravedad, con una mirada a la infinita santidad de Dios.

6ª Resistir a la tentación de los amigos interesados y de los parientes, alejándolos en cuanto posible, no tomando parte en sus llantos demasiado humanos, en sus consejos interesados ni en sus falsas promesas.

MUERTE

ÚLTIMAS DISPOSICIONES

1ª Perdonar de todo corazón a todos los enemigos, a ejemplo de Jesucristo.

2ª Pedir perdón a quien hayas ofendido y a cuantos hayas dado ocasión de ofender a Dios.

3ª Entregar el propio espíritu en manos de Dios.

4ª Devolver a la tierra el propio cuerpo y aceptar su corrupción.

5ª Orar a Dios por ti mismo y por los demás.

6ª Encomendar a la Santísima Virgen todos los parientes y amigos.

7ª Exhortar a toda la familia a la verdadera devoción a la Santísima Virgen.

8ª Renovar las promesas del Santo Bautismo y despedirte de todas las creaturas de la tierra.

9ª Dar gracias a la misericordia infinita de Dios por todos los favores y abandonarte enteramente a ella.

10ª Adorar los juicios de Dios sobre ti, sean los que sean.

11ª Ofrecerte a la justicia de Dios, en unión con Jesucristo, colocándote donde te coloque, con tal que puedas amarlo.

12ª Desear ardientemente poder gozar de Jesucristo y de su Reino.

13ª Hacerte recitar las oraciones de los agonizantes y responder a ellas; hacerte leer la Pasión del Señor o la oración que el divino Maestro pronunció antes de su muerte que se halla en el capítulo XVIIº del Evangelio de San Juan.

14ª Si es posible, recitar el Salmo 122 Qué alegría cuando me dijeron y el Magnificat.

15ª Por último, en unión de Jesús y de María, sin preocupación de otro género, sin otra compañía que la de tus amigos, esperar con alegría la hora dichosa de la muerte, diciendo con frecuencia: “Jesús, María y José” (para ganar las indulgencias de las Cofradías en las cuales estés inscrito y la Plenaria que te haya concedido el sacerdote), besando el crucifijo, contemplando la imagen de la Santísima Virgen, haciendo la Señal de la Santa Cruz y esparciendo agua bendita sobre el propio lecho.

MORIBUNDO

ORACIONES PARA LAS SIETE UNCIONES DE LA EXTREMA UNCIÓN

A los ojos

Dulcísimo Jesús, te pido, por las lágrimas que derramaste, que canceles los pecados que he cometido por la intemperancia de mi vista, a fin de que, terminado el curso de mi vida, pueda ver la belleza de tu rostro, que constituye el paraíso de mis miradas.

A los oídos

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por la celestial pureza de tu oído, que laves la impureza del mío, a fin de que en la hora de la muerte no tema oír de tu boca una sentencia condenatoria y pueda presentarme con alegría ante tu trono para recibir el premio y escuchar las dulces palabras: Venid benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

A la nariz

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por el suave perfume de tus virtudes y la paciencia con que soportaste la fetidez del Calvario a fin de librarme de la del infierno, que perdones los pecados que he cometido con mi delicadeza y con los gastos superfluos hechos para satisfacer mi olfato, a fin de que, en la hora de mi muerte, nada me impida decirte: Atráeme hacia Ti. Suave es el olor de tus perfumes.

A la boca

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por la fuerza de las santas palabras salidas de tus labios, que perdones la intemperancia de los míos y la incontinencia de mi lengua, a fin de que –al salir de este destierro– pueda yo entrar alegremente en el templo de tu gloria y cantar eternamente tus alabanzas.

A las manos

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por las sagradas llagas de tus manos, que anules todos los desórdenes que he cometido por las mías, a fin de que después de mi muerte pueda abrazarme estrechamente y unirme contigo para siempre.

A los pies

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por las sagradas llagas de tus pies, que me perdones todos los pasos que he dado por los senderos de la iniquidad, a fin de que mi alma, liberada del peso de este cuerpo mortal, alce el vuelo hacia ti, que eres centro y lugar de su descanso.

A los riñones

Dulcísimo Jesús mío, te pido, por la dulce llaga de tu corazón, por la inocencia de tu vida santísima, que perdones los vergonzosos excesos de mi concupiscencia. Lávame, te ruego, en tu sangre, en la que pongo mi esperanza. Aplícame los méritos del agua que brotó de tu sagrado costado para lavar las manchas de mi cuerpo y de mi alma, a fin de que, plenamente purificado, pueda salir de esta miserable esclavitud y encontrarme feliz en ti, que eres el verdadero paraíso de eternas delicias. ¡Oh Dios, crea en mí un corazón puro, lava del todo mi delito, limpia mi pecado!

SAN LUIS MARIA7EPITAFIO DE LA TUMBA DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT

Que regardes-tu, passant?

Un flambeau éteint,

Un homme

que le feu de la charité a consumé,

Qui s’est fait tout à tous,

Louis-Marie Grignion de Montfort.

Si tu t’informes de sa vie,

aucune n’a été plus pure.

De sa pénitence,

aucune plus austère.

De son Zèle, aucun plus ardent,

De sa dévotion envers Marie,

Personne n’a mieux ressemblé

à saint Bernard.

Prêtre du Christ,

sa vie a retracé celle du Christ,

Sa parole a prêché partout le Christ.

Infatigable,

il ne s’est reposé que dans le cercueil.

Il a été le père des pauvres,

Le défenseur de l’orphelin,

La réconciliation des pécheurs,

Sa glorieuse mort

a ressemblé à sa vie,

Comme il avait vécu,

il cessa de vivre.

Mûr pour Dieu,

il s’est envolé pour le ciel.

Il mourut en l’an du Seigneur 1716,

à l’âge de 43 ans.

Viajero, ¿Qué estás mirando?

Una antorcha apagada,

Un hombre

consumido por el fuego de la caridad.

Que se hizo todo para todos,

Luis María Grignion de Montfort.

Si te informas de su vida,

ninguna más íntegra,

De su penitencia,

ninguna más austera.

De su celo, ninguno más ardiente.

De su devoción a María,

nadie tan semejante

a san Bernardo.

Sacerdote de Cristo,

su vida expresó claramente la de Cristo.

Que con sus palabras enseñó por doquier.

Infatigable,

sólo reposó en la tumba.

Padre de los pobres,

Protector de huérfanos,

Reconciliador de pecadores.

Su gloriosa muerte

fue como su vida.

Como vivió,

Cesó de vivir.

Maduro para Dios,

voló al cielo.

Murió en el año del Señor 1716,

a los 43 años de edad.