COLOQUIOS CON JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

MODO DE HONRAR AL SS. SACRAMENTO DEL ALTAR

86663d5cc8df897f92ef9970d814e2af

I. Tener viva fe de la verdad de este Misterio, y una soberana estimación de su excelencia; de suerte que su sola memoria nos llene de respeto, santo temor, y de un religioso temblor cuando comparecemos en su presencia.

II. Arder continuamente en una llama celestial por el divino objeto que está encerrado en este Sacramento, y tener un tierno e íntimo reconocimiento de las bondades que en Él nos manifiesta.

III. Poner toda su confianza en Jesucristo oculto bajo los velos de este misterio; recurrir a Él en todas las necesidades, como al mejor amigo que se puede tener en el mundo; ir en la prosperidad a hacerle partícipe de las alegrías, y darle gracias por los buenos sucesos; en la adversidad, a derramar lágrimas en su seno, y pedirle su socorro; en las dudas, a pedirle luz y consejo; y en las empresas, su favor y protección.

IV. Poner todo su consuelo y felicidad en ir a visitar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, haciéndolo con la mayor frecuencia posible. Cuando uno se retira, dejar su corazón y su espíritu al pie de los Altares, para hacerle compañía. Rogar a los Ángeles le adoren y alaben en su ausencia, y pedirle su bendición al salir.

V. Hacer de Jesucristo oculto en este misterio la materia de su recogimiento durante el día. Tener siempre sus pensamientos y los deseos de su corazón, vueltos hacia este Divino Sacramento. Admirar sin cesar el amor que nos manifiesta en Él; alabarle, y darle gracias por sus bondades; adorar el anonadamiento a que en Él se halla reducido; entrar en su divino Corazón para unirse a todas las operaciones; adorarle por la noche al despertar; implorar su auxilio en los acontecimientos del día.

VI. Ir a rendirle sus adoraciones regularmente tres o cuatro veces al día, por la mañana, al mediodía, y por la tarde. Las personas que tienen más lugar y comodidad pueden ir más a menudo; como han hecho algunos Santos. Las que no tienen esta comodidad, pueden adorarle en espíritu en su casa todas cuantas veces tengan devoción. Se podrá alguna vez postrarse con profundo respeto para rendirle sus adoraciones.

VII. Oír todos los días devotamente la Santa Misa, y no dejar de hacer en Ella estas tres cosas:

  • Ofrecer este adorable Sacrificio al Padre Eterno con Jesucristo y con la Iglesia, con las mismas intenciones que ellos le ofrecen.
  • Ofrecerse a sí mismo en unidad de víctima con ellos.
  • Comulgar espiritualmente por un ardiente deseo de recibir a Jesucristo en su corazón.

VIII. Comulgar a menudo con fervor y devoción, y tener todo el cuidado posible en prepararse dignamente, para lograr su fruto.

IX. Cuando el Santísimo Sacramento está expuesto, en cualquier parte ir a rendir sus adoraciones a Jesucristo; asistir con respeto a las procesiones y a la bendición del Santísimo Sacramento.

X. Acompañar devotamente al Santísimo Sacramento cuando se lleva a los enfermos.

XI. Desagraviar todos los Jueves, o más a menudo, al Santísimo Sacramento.

XII. Trabajar por el servicio de los Altares, haciendo alguna cosa que se refiera a honra de este adorable Sacramento.

XIII. Hacer algún presente a Jesucristo sobre nuestros Altares, como ornamentos sagrados, flores, etc. según sus comodidades.

XIV. Mandar decir alguna Misa en honra del Santísimo Sacramento, como el primer Jueves de cada mes o más a menudo.

XV. Honrar a los Sacerdotes en consideración al Cuerpo de Jesucristo, que consagran y distribuyen a los Fieles.

XVI. Dedicar su cuerpo, su alma, su vida, todas sus facultades y ser al Santísimo Sacramento. Renovar cada día esta consagración. Ofrecer sus acciones y rezar alguna oración en homenaje a Jesucristo oculto en este Misterio, y en reconocimiento de que siempre está ocupado en negocios de nuestra salvación.

XVII. Imitar los admirables ejemplos de caridad, de humildad, de obediencia, de mortificación, de paciencia, de retiro, de silencio, de oración, y de todas las demás virtudes que nos da en este Misterio.

XVIII. Rendir en días determinados un homenaje particular a ciertas virtudes que Jesucristo hace brillar en este Misterio, como:

  • el Domingo, al amor que en Él muestra a su Padre;
  • el Lunes, a la Caridad que manifiesta a los hombres;

  • el Martes, a su obediencia;

  • el Miércoles, a su humildad;

  • el Jueves, a su pobreza;

  • el Viernes, a su paciencia;

  • el Sábado, a la sujeción a la voluntad de su Padre.

Se pueden honrar estas virtudes adorándolas, admirándolas, alabándolas, ofreciéndolas al Padre Eterno, dando gracias a Jesucristo de que las practica por nuestro amor, y practicando acciones semejantes para rendirles homenaje.