OSKO: REUNIÓN DE “SABIOS” TRADIS PREOCUPADOS

EL DOGMA vs. LOS PSEUDO-TRADIS

(¿Se equivocó S.S. Pío IX?)

Quousque tandem abutere, pseudotradis, Divinum patientia?

Advierto a los lectores que la lectura de este trabajo puede provocar dudas, sospechas e inquietud en aquellas personas no del todo acostumbradas a inmiscuirse en cuestiones medio complicadas.

Sin embargo, aclaro que no será culpa mía si, por leer los argumentos pseudo-tradis, usted termina con taquicardia, fiebre, convulsiones y los ojos dados vuelta.

El “TRADI Warp FESTIVAL” de argumentos no tendrá música tecno-pop, ni drogas en pastillas S, pero es muy capaz de dejar patidifuso al más corajudo.

He querido utilizar bastante desenfado, y tal vez haya quienes crean que es inoportuno hacer bromas con semejante materia. A mí no me parece. Por el contrario, estoy convencido de que es mejor tomarse estas cosas un poco en solfa, aunque prometo que este artículo tendrá un final para nada divertido, sino más bien sombrío, aunque esperanzador al mismo tiempo.

De lo contrario, nuestros detractores nos acusarían de ser unos “amargos”, como ya lo han hecho anteriormente, o de estar medio locos o frikis.

Esta vez quiero ganarles de mano y adelantarme. Y ya que estamos, aquí van las acusaciones.

La imputación que les hago es la de ser unos tristes mentirosos, patéticos distorsionadores de la realidad, capaces de cualquier cosa con tal de defender sus insostenibles posiciones “doctrinales”; y eso es lo que intento demostrar con este trabajo, que contiene diálogos absurdos o bizarros.

Claro que las acusaciones más pesadas vendrán al final del artículo, como ya se dijo.

Por eso es que, al principio, haremos de cuenta que estamos frente a un diálogo elaborado por nuestros adversarios, que también lo son; quiero decir que son “absurdos y bizarros” ellos mismos.

Ellos intentan, en esta ficción que nos hemos imaginado, dilucidar la cuestión de la Infalibilidad de los Romanos Pontífices, ahora que tienen delante de sus ojos la Exhortación post-sinodal Amoris Laetitia de Bergoglio…; la cual se constituye en un insalvable obstáculo para defender su posición antisedevacantista.

Como veremos se les ha convertido a estas alturas en un verdadero rompedero de cabezas para ellos.

La cosa comienza de este modo:

Diálogos en el mundo pseudo-tradi

HOY VAMOS A VER QUÉ HACEMOS con la

Constitución Dogmática PASTOR AETERNUS

Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

Canon: De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.

Seguidamente presentamos el diálogo – debate de los pseudo-tradis:

— Estimados amigos, lectores, y simpatizantes.

Nos encontramos en este espacio bajo el patrocinio intelectual de los nunca del todo ponderados intelectuales actuales (Los Wanderer`s, y Voris, serían algunos de ellos), quiero decir… no se trata de una mera repetición cacofónica (por lo de “intelectuales” y “actuales”, digo…) sino más bien, en vista de la inconmensurable tarea que nos preocupa y ocupa (ésta tampoco sería una mera repetición cacofónica, como podrán comprender…).

Lo cierto es que tampoco es poco (de nuevo…, no es culpa mía si coinciden ciertas palabras…) lo que está ocurriendo y resulta ser importantísimo reinterpretar algunos escritos para que los friki-locos y sedevacantistas no se aprovechen de los textos con el pretexto (y dale otra vez…) de que “¡¡¡ahhh, esto ya se definió antes y es Dogma!!!” y nos corran con la espada esa y la cosa se nos ponga espesa…, en fin.

No. Hemos de acometer la tarea de meter (pufff…) baza en el asunto, en esta disputa… en esta disputa.

Hemos de explicar para después definir, pues… y fini… quitar todo este asunto (aquí medio que zafamos), para escapar de las pretensiones semántico-logísticas, pretendidamente lógicas con las que procuran encerrarnos…; ¿quiénes? pues, los que intentan encerrarnos… los mismos que casi siempre suelen encerrarnos.

Ellos, que con esa maldad fría y típica de los hombres de “celo amargo” nos señalan con el dedo mientras profieren con aullidos: “¡AQUI ESTAAAAAAÁ ! “, e inyectados en sangre sus ojos nos enrostran un par de líneas escritas otrora y con eso quieren corrernos… A ellos les decimos… ¡NO!

— ¿NO… QUÉ?

— Bueno… les decimos que NO. Que no nos corran. Y que no corran, ya que a ellos nadie los corre…

— Ahhh.

— Y ya entramos entonces en la materia que nos ocupa y… preocupa; por no decir que nos desnuca. Tenemos aquí el texto que se nos enrostra. Analicémoslo, hermanos…

Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

— Aquí debe entenderse que tal vez, no fuera del todo seguro, ni oportuno, que el Papa Pío… este… el numeral del papa era… Pío… Pío… Pío…

— Pareces un pajarito…

— Muy gracioso… Pío IX, tal haya tenido realmente la voluntad de decir, exactamente digámoslo así, con toda la inoportuna intención puesta en que “sí o sí… ” por decirlo de algún modo… aunque prefiero no abundar en detalles… sin embargo, es evidente que… la palabra “adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida… ” ya implica, este… implica… SÍ IMPLICA… queda claro qué implica; dejémoslo ahí.

Después veremos qué implica y eventualmente lo diremos. Si conviene decirlo, claro está. Sino… no diremos nada, total, ya estamos acostumbrados.

El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

— Acá se pone la cosa realmente inoportuna. Hay que ver si habla ex cathedra. ¿Y cómo? Y bueno; hay que ver. Ya veremos.

Y digo veremos, porque los sabios de la pseudo-tradición debemos entender que se espera de nosotros una palabra de luz y fuerza.

— Llamen al Sindicato…

— NO. Lo que quiero decir es que se espera de nosotros LUZ, para poder ver y así darle más FUERZA a nuestra posición.

— Veamos entonces, hermano.

— De eso hablo justamente. De ver. No seamos redundantes, hermano.

— Bueno, hermano.

— Es evidente (no se sabe bien qué es lo evidente… bueno, lo que quiero decir es que lamentablemente yo no lo sé; pero queda bien decirlo) que estamos tratando.

— ¡¡¡ Ahí está !!! Ya lo tengo. Pío IX dice que cuando dicen algo ex cathedra los Papas son infalibles. Pero para decir eso, antes tuvo que haber no estado ex cathedra, porque antes de decirlo no era dogma, sino, no lo hubiera dicho. Je… Antes de decirlo estaba sin cathedra, y desde que lo dijo y lo promulgó… ahí sí, empezó a tener cathedra… ¿no? De manera que ANTES es una cosa y DESPUÉS es otra cosa, como resulta evidente para todos, menos para los de “celo amargo”. Los locos frikis que no quieren ver la verdad… se entiende, ¿no?

— Me parece que no se entiende… lo que creo que está diciendo Pío IX es que SIEMPRE fue así y NO desde ese momento.

— Ah. Bueno; sigamos, entonces. Como queda demostrado entonces, el argumento de los sedevacantistas no vale.

— ¿Dónde quedó demostrado?

— Ahí. Justamente donde digo, “Como queda demostrado…”

— Ah. ¿Tan fácil?

— Pues claro; ya se sabe que ellos están equivocados; solamente hay que decirlo. Y ya no me interrumpa más por favor. No sea inoportuno usted también…

— Perdón.

— Continuemos con nuestra demostración.

— ¿Continuemos?… pero, si todavía no empezó.

— Silencio. Dice que “en virtud de su suprema autoridad”… este punto es fantástico. ¿Dónde está la autoridad de Bergoglio? ¿Ve usted? Los sedevancatistas se contradicen.

— ¿Por qué dice usted que se contradicen, hermano?

— Es evidente, hermano… ¿no dicen ellos que Bergoglio NO ES papa?

— Sí, claro, hermano. Eso dicen los sedevacantistas.

— Pst… entonces, si NO FUERA Papa (no lo permita Dios) NO TENDRÍA AUTORIDAD, ¿verdad, hermano?

— Pues… claro, NO la tendría… ¿y?

— Y si no tuviera autoridad, entonces NO SERÍA INFALIBLE, porque NO PODRÍA hablar ex cathedra… ¿cierto, hermano?

— Mmm, ¿podríamos dejar de llamarnos “hermano”? Se hace un poco redundante. Y, la verdad no sé si es muy cierto eso… pero…

— Ningún “pero”. Entonces, si ellos mismos dicen que Bergoglio NO tiene autoridad, no es infalible es obvio que… es obvio que…

— Que tendrían razón los sedevacantistas…

— No. Yo quería decir otra cosa y ahora me compliqué… ah sí; ya me acordé; entonces, Amoris Laetitia no sería un documento infalible ni dicho ex cathedra y por eso no dañaría la infalibilidad de los Romanos Pontífices.

— Ahora que lo pienso… no sería inoportuno.

— ¿Amoris Laetitia… ?

— No. El amor de Leticia. He estado tan sólo últimamente…

— Deje tranquila a Leticia. ¿No es justamente ESO lo que dicen los sedevacantistas?

— Sí. Pero al revés.

— ¿Cómo es esto?

— Si Amoris Laetitia hubiera sido promulgado por un verdadero Papa entonces la Pastor Aeternus habría FALLADO… y como se trata de un documento DOGMÁTICO, la que fallaría sería la Iglesia, por lo que, desde ese momento, cualquiera podría cuestionar absolutamente TODOS los Dogmas, TODA la Doctrina de la Iglesia, TODO el Magisterio Solemne…

— Pero eso es imposible y por eso los sedevacantistas sostienen que ni Bergoglio es Papa, ni la iglesia conciliar es la Iglesia Católica y que Amoris Laetitia tiene tanto valor como aquello de que el hombre viene del mono.

— Pero eso no puede ser, porque sabemos que siempre tiene que haber un Papa. Alto, petiso, rubio o negro. Bueno o malo. Sabio o ignorante y si me apura, aunque sea un hereje o inclusive si adora a Satanás no importa, pero tiene que haber un Papa.

— Ajá… y por eso usted dice que…

— Yo digo que el Dogma de la Infalibilidad de los Romanos Pontífices es un Dogma INOPORTUNO.

— Ya entendí. Usted lo dice.

— Sí. Y los dice Voris también y Wanderer. Sigamos:

Canon: De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

— ¿Es consciente que estamos cayendo bajo el solemne ANATEMA explícitamente lanzado contra quienes hacen lo que usted… ?

— Pues, sí. Y no me importa porque ese anatema es también muy inoportuno.

Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado.

—0-0-0—

Breve nota sobre el Concilio Vaticano I, que aclara el contexto de la Constitución Pastor Aeternus:

Se celebró en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, por lo que se denominó Concilio Vaticano.

En un contexto mundial cada vez más hostil a Cristo y frente a un proceso Revolucionario Mundial que se encontraba ya tremendamente desarrollado, el Concilio Vaticano fue convocado por el Papa Pío IX para combatir precisamente las ideas revolucionarias, entre ellas el racionalismo y el galicanismo, que eran tendencias que concedían al Papa la parte más importante de las decisiones en materia de fe, pero sostenían que estas se hacían infalibles sólo si las aceptaba la Iglesia, es decir, el Concilio.

Fue por ese motivo que Pío IX tuvo que definir solemnemente la infalibilidad Pontificia como dogma de fe, cuando habla “Ex Cathedra”. Esto es cuando en calidad de pastor y maestro de todos los cristianos, y haciendo uso de su suprema autoridad apostólica define una doctrina sobre la fe y las costumbres.

Ahora bien. ¿Cuándo sucede esto, según este texto?

Únicamente cuando el Papa:

a) enseña una cosa referente al dogma o moral;
b) se dirige a la Iglesia Universal;
c) habla en su calidad de Maestro supremo de la cristiandad;

d) definiendo.

Si falta una de estas cuatro condiciones, el Papa no es infalible.

Hagamos una comparación con la Exhortación Amoris Laetitia. ¿Faltó acaso alguna de las CUATRO condiciones?

Amoris Laetitia, comienza de este modo:

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

AMORIS LÆTITIA

DEL SANTO PADRE

FRANCISCO

A LOS OBISPOS

A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS

A LAS PERSONAS CONSAGRADAS

A LOS ESPOSOS CRISTIANOS

Y A TODOS LOS FIELES LAICOS

SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA

Y culmina así:

Dado en Roma, junto a San Pedro, en el Jubileo

extraordinario de la Misericordia, el 19 de

marzo, Solemnidad de San José, del año 2016,

cuarto de mi Pontificado.

Franciscus

Pero, además, Bergoglio había manifestado el 17 de octubre de 2015, dirigiéndose a los “padres sinodales” que tenía la intención de expresarse magisterialmente:

“… el proceso sinodal culmina en la escucha del Obispo de Roma, que es llamado a pronunciarse como pastor y maestro de todos los cristianos, no basado en sus convicciones personales, sino como testigo supremo de toda la fe de la Iglesia,…”

COMO PUEDE VERSE NO FALTÓ NINGUNA DE LAS CUATRO CONDICIONES NECESARIAS.

Se me dice que alguien podría alegar que no queda clara la intención de DEFINIR, por parte del pseudo-papa.

Sin embargo, es evidente que esa intención está implícita, por lo menos, en:

1) el mismo hecho de la composición, publicación y promulgación del Exhorto.

2) La palabra EXHORTO.

Vayamos al diccionario; cualquier diccionario…

Exhorto: m. der. Escrito que envía un juez o un tribunal a otro para que mande el cumplimiento de lo que le pide.

Exhortar: Incitar a que se actúe de una manera determinada, especialmente cuando lo hace una persona que tiene autoridad material o moral para hacerlo. 

Exhortación: Acción de incitar a una persona a hacer algo o actuar de cierta manera mediante razones o ruegos –Movió a sus empleados a trabajar mediante severas exhortaciones

Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe

Bergoglio tenía la intención de definir respecto de las cuestiones expuestas durante el sínodo.  No vale alegar que como Bergoglio es modernista cree que la Doctrina de la Iglesia puede cambiar y por lo tanto no definiría nunca a perpetuidad.

Esa lectura del plano subjetivo de una persona no puede sobreponerse a la realidad objetiva, inherente al cargo que se pretende que desempeña, determinando o modificando o impidiendo nada en absoluto lo que de suyo habría en la naturaleza misma de ese cargo.

Ahora bien. Sabemos que en Bergoglio NO se encuentra el cargo Pontificio. Pero también sabemos que Bergoglio SÍ cree que en él se encuentra dicho cargo, como lo creen casi todos los que habitan este mundo.

Entonces, Bergoglio cree que tiene la autoridad cuando exhorta; cree que predica, cree que enseña y cree que conduce legítimamente a las almas. Cuando exhorta está definiendo que hay una determinada línea de conducta que debe ser seguida.

Eso es DEFINIR; y eso hace con Amoris Laetitia.

Está comparación que hacemos es meramente HIPOTÉTICA, y la usamos a los fines de este artículo; ya se sabe que, Amoris Laetitia NO ES un documento de la Iglesia Católica.

—0-0-0—

Hablemos ahora seriamente de esta cuestión.

Tenemos, por un lado a los CONSERVADORES (los llamaremos a TODOS de este modo a partir de ahora, sin diferenciar a tradis, pseudo-tradis, líneas media y tres cuarto; conciliares moderados y partidarios de la “hermenéutica de la continuidad”; todos ellos al fin y al cabo son esto último).

Por otro lado, estamos los IMPUGNADORES de la iglesia conciliar.

Bien.

Los CONSERVADORES sostienen a rajatabla que Bergoglio ES papa.

Los IMPUGANDORES sostenemos que Bergoglio NO ES papa.

Los CONSERVADORES sostienen a rajatabla que Amoris Laetitia ES un documento oficial y legítimo de un VERDADERO PONTÍFICE de la Iglesia Católica.

Los IMPUGNADORES sostenemos que Amoris Laetitia NO ES un documento oficial y legítimo de un VERDADERO PONTÍFICE de la Iglesia Católica.

En el medio de esta cuestión tenemos la Constitución Dogmática PASTOR AETERNUS.

Dicha Constitución DOGMÁTICA afirma que bajo ciertas condiciones el Romano Pontífice es INFALIBLE; cuando se pronuncia EX CATHEDRA.

Los CONSERVADORES ya no podrán negar que esas condiciones estén explícitamente dadas respecto de la promulgación de Amoris Laetitia, y ya que ellos sostienen que Bergoglio es Papa, se sigue incuestionablemente que deberán aceptar Amoris Laetitia como parte del Magisterio Solemne de la Iglesia Católica.

Los IMPUGNADORES sostenemos lo mismo, es decir que Bergoglio pretende explícitamente esas condiciones al momento de promulgar Amoris Laetitia, pero a diferencia de los CONSERVADORES, nosotros sostenemos que tal documento NO ES católico, ya que su promulgador no es católico y que por lo tanto no es un verdadero pontífice.

Quedan DOS y solo DOS posibilidades, a saber:

O los CONSERVADORES tienen razón, o los IMPUGNADORES la tenemos.

Si los CONSERVADORES tienen razón, Amoris Laetitia ES un documento promulgado por un Papa legítimo y verdadero y caen bajo anatema todos aquellos que lo cuestionan, impugnan o rechazan. O sea que los mismos CONSERVADORES caen en ese anatema y nada podrán alegar en su favor.

Si los IMPUGANDORES tenemos razón, Amoris Laetitia NO ES un documento católico.

Comienza a verse cómo se complica la cuestión para los CONSERVADORES y cómo se simplifica la cuestión para los IMPUGNADORES.

Es a partir de este punto donde se percibe más fácilmente lo que proponemos los IMPUGNADORES de toda la iglesia conciliar.

La cuestión se hace mucho más clara cuando no se abandona la lógica y el sentido común, o dicho de otra manera mucho más certera, cuando se aplica el BUEN CRITERIO.

Las principales causas morales del error son la vanidad, el interés y la pereza. El remedio moral por excelencia contra esas causas es el AMOR A LA VERDAD, que nos propensa a desconfiar de nosotros mismos, a ser imparciales, pacientes, circunspectos y buscadores perseverantes de la verdad.

Es siempre necesario aplicar el supremo criterio de la verdad; aplicarlo frente a la evidencia que reclama la adhesión de la inteligencia.

La evidencia es el esplendor de la verdad y debe determinar la inmediata adhesión a ésta última.

La evidencia es el motivo último de la certeza; esto significa que todo lo que es EVIDENTE es necesariamente VERDAD, y todo lo que es VERDAD es de derecho necesariamente EVIDENTE… y solamente eso lo es.

Ante las evidencias que ofrece la realidad que vemos, los CONSERVADORES están frente a un grave dilema. Una opción de HIERRO.

Y es por eso que desde ya hace un tiempo (previo a la promulgación del Exhorto Post-Sinodal) comenzaron a cuestionar la Constitución Dogmática Pastor Aeternus, sugiriendo que la promulgación de la misma y el DOGMA DE LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA serían, o habrían sido, algo INOPORTUNOS.

No son zonzos… abrieron el paraguas con cierta anticipación porque sabían lo que se les venía encima.

Ahora bien. El intento cuestionador del Dogma de la Infalibilidad Pontifica es incendiario y sumamente peligroso. Me parece incluso más peligroso que todo el “magisterio conciliar”.

No les preocupa a los CONSERVADORES ya que lo único que les interesa es tapar la cuestión que les quita el sueño, por más que no lo admitan.

Esa es su posición frente a la conclusión teológica que sostiene que la Sede Apostólica se encuentra en estado de VACANCIA.

Los CONSERVADORES se empecinan en negar ese hecho evidente, y en su terca obstinación, están dispuestos inclusive a llevarse puesta TODA LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA.

Sugerimos a los lectores una profunda lectura de la Constitución Dogmática Pastor Aeternus; también de los argumentos de los CONSERVADORES y, de ser necesario, unas segundas y terceras lecturas.

Es posible que sean necesarias muchas lecturas más, aunque en verdad creo que basta con una mínima y superficial lectura de los argumentos de los CONSERVADORES y ANTISEDEVACANTISTAS, para ver con claridad hacia dónde se dirigen y dónde van a terminar.

Amoris Laetitia vs. el Dogma Católico… ¿Con eso basta? Pues parece que no, porque ahora los “tradicionalistas” comienzan a convertirse en cuestionadores del DOGMA CATÓLICO, aunque por ahora no lo hacen explícitamente ni directamente.

Son también ellos (propio modo) NEO-MODERNISTAS. Esta no es una afirmación mía simplista y gratuita, ya que es corroborable que al igual que los MODERNISTAS hacen respecto del Mundo Moderno, los pseudo-tradis, en pos de sostener su indisimulada PAPOLATRÍA, cuestionan la oportunidad histórica (véase el tupé de estos individuos), cuestionan y de ser necesario llegarán inclusive a negar el Dogma de la Infalibilidad Pontificia.

Tampoco se trata de una suerte de futurología audaz sugerirlo. Detrás de la palabra “inoportuno”, en referencia al Dogma de la Infalibilidad Pontificia, no tardará en venir un cuestionamiento más profundo y tajante, toda vez que la iglesia conciliar seguirá su curso profundizando su alejamiento del Dogma Católico.

Los CONSERVADORES (recuérdese que este término incluye a los pseudo-tradis, sean de la F$$PX o los de la Falsa Resistencia) puestos frente a la evolución heterogénea del dogma que comenzó con el Concilio Vaticano II y proseguirá en adelante, ya han demostrado estar encaminados a NEGAR el Dogma Católico, paradojalmente en su lucha APARENTE por defenderlo.

Y esto será así no solamente porque son papólatras a ultranza, sino porque se han extraviado desde hace mucho tiempo, en la misma medida en que también son antiapocalípticos, y por ende antiescriturísticos.

No podía ser de otro modo, porque sea que se hagan cargo o no, los tradicionalistas están en vías de convertirse en partidarios del uso de métodos similares a los del método Histórico-Crítico, en este caso aplicados al discernimiento de la inoportunidad de la Pastor Aeternus.

No resulta entonces nada sorprendente, digámoslo abiertamente, que durante todo este tiempo se hayan manifestado también rotundamente antimilenaristas, además de antisedevacantistas.

En suma, los pseudo-tradis son más neo-modernistas de lo que muchos de nosotros llegamos siquiera a sospechar.

¿Cómo puede ser esto?

Pues, es que han desoído las advertencias del hombre que oportunamente suscitara la Divina Providencia para enfrentar la catástrofe conciliar y para sostener al Pequeño Rebaño hasta la llegada del momento en que el Rey de toda la Creación, en el Glorioso Día prefijado por la Infinita Sabiduría, irrumpa en la historia nuevamente con la excelsa maravilla de su Majestuosa Parusía.

Ese hombre fue el Fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Mons. Marcel Lefebvre, que no dudó en asociarse con otro obispo, Mons. de Castro Mayer, quien explícitamente y desde hacía tiempo se manifestaba sedevacantista.

El Arzobispo Lefebvre, poco tiempo antes de morir, no hesitó en afirmar PROFETICAMENTE que: “Van a perder la Fe. Nuestros TRADICIONALISTAS, VAN A PERDER LA FE”.

Como frutilla en el postre puede decirse que también son ANTI-PARUSÍA, ya que por tratarse de personas de una confusa concepción eclesiológica, creen en realidad en una iglesia irreal como si de un ídolo se tratase. Podemos denominarlo ECLESIOLATRÍA.

Papólatras y Eclesiólatras que, si de ellos dependiera, postergarían de modo indefinido y a perpetuidad la Segunda Venida de Nuestro Rey y Señor Jesucristo, con tal de ver concretado el “triunfo” de la Iglesia por sí misma y por manos humanas (¿las de ellos tal vez?).

No pueden imaginar el triunfo definitivo de Cristo, si no es del mismo modo en que los Fariseos y Saduceos imaginaban el triunfo del Mesías que esperaban (¡y todavía esperan!) un triunfo en términos humanos. Restauraciones y reconquistas… ilusiones inmanentes, al fin y al cabo.

En atención al párrafo precedente debo decir que me quedó algo por decir. Son también judaizantes.

En esas andan.

Por las razones esgrimidas más arriba, pienso que alguien (que no tenga “celo amargo”, ni sea “friki” o “conspiranoico”) debería tomarse el trabajo de explicarles que, al fin y al cabo, la VERDAD va a triunfar tal y como se nos ha prometido; pero que eso acontecerá sin concurso humano.

Antes bien, será contra todos los concursos y recursos humanos, precisamente.

Y aunque las Puertas del infierno no prevalecerán finalmente, el mundo está completamente en manos del maligno. Va siendo hora de que se asuma cabalmente lo que esto significa.