PADRE CERIANI: REFUTANDO LA DECLARACIÓN

SCHMIDBERGER DE MENTIRÉISSCHMIDBERGER DE MENTIRÉIS

Todo permite pensar que han nacido en la misma región…, o al menos del mismo padre…, el padre de la mentira…

De la Declaración del Padre Franz Schmidberger, entresacamos los siguientes pensamientos (lo que va en rojo me pertenece):

* En 1975 la Fraternidad fue enviada al exilio (sin comillas).

* Queremos regresar del “exilio” (con comillas) en el cual estamos actualmente.

* ¿Dónde más podría estar la Fraternidad para que pueda realizar tal conversión?

* Una nueva situación no facilitará nuestra posición.

* En nuestro caso es Roma quien presiona por una solución y se acercó a nosotros (lo mismo que sucedió en 1987-1988…, los efectos serán los mismos…).

* Monseñor Lefebvre aceptó completamente el hecho de que la Fraternidad estaba en una situación excepcional.

* Cualquier situación anormal tiende por sí misma a la normalización.

* Parece haber llegado la hora de normalizar la situación de la Fraternidad (todo lo anormal es excepcional, pero no todo lo excepcional es anormal).

* No debemos perder de vista el peligro de que los fieles y algunos cofrades se acostumbren a la situación anormal y la vean como normal.

* Si los fieles o los cofrades se sienten cómodos en esta situación de libertad respecto a la dependencia de la jerarquía, entonces esto implica una pérdida gradual del sensus ecclesiae.

* Caerían muchas barreras que tienen los católicos fieles pero temerosos.

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¿Cómo se puede aceptar esta infame Declaración enfrentada con los dichos del propio autor?

Leamos las Anotaciones del Padre Schmidberger, Superior General de la FSSPX, a la Declaración de Dom Gérard, julio de 1988 (Fideliter N° 65, septiembre-octubre 1988, págs 20-21):

Dom Gérard: es perjudicial para la Tradición de la Iglesia ser relegada fuera de su perímetro oficial visible. Esto es contrario al honor de la Esposa de Cristo. La visibilidad de la Iglesia es una de sus características esenciales.

Nota del Padre Schmidberger: Por el contrario, ¿no sería conforme al plan de la Providencia que la Tradición católica de la Iglesia no sea reintegrada al pluralismo de la “la Iglesia conciliar”, mientras esta manche el honor de la Iglesia católica y oscurezca tanto su unidad como su visibilidad? “Cristo sufrió fuera de las puertas de Jerusalén”, dice San Pablo, y añade: “por lo tanto, para ir a Él, salgamos fuera del campamento, vistiendo su oprobio”. (Heb., 13: 12-13).

Dom Gérard: es lamentable que los únicos Benedictinos que son descartados… sean aquellos que precisamente conservan su tradición litúrgica.

Nota del Padre Schmidberger: Al contrario, es una marca de honor para Le Barroux ser rechazados por los otros benedictinos por haber permanecido completamente leal a la Misa de siempre y por esta razón convertirse en un maravilloso signo de contradicción.

Dom Gérard: obtener el levantamiento de la suspensión a divinis para nuestros sacerdotes constituye un punto de vista misionero: que el máximo de fieles (y los jóvenes: estudiantes, scouts, seminaristas) puedan asistir a nuestras Misas sin verse obstaculizados por su capellán o su obispo.

Nota del Padre Schmidberger: si estos sacerdotes del Barroux se consideran válidamente suspendidos, ¡vivieron durante quince años en pecado mortal! Si solamente piensan que su llamada “suspensión” perjudica la irradiación apostólica, están equivocados: la Cruz es más fecunda que la facilidad. Además, deben preferir a la irradiación misionera del Barroux, que es su propio bien, la irradiación de la Tradición en su cohesión indispensable: se trata del bien común de la tradición. ¡Primacía del bien común!

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¿Cómo se puede aceptar esta infame Declaración enfrentada con la Carta Abierta a Cardenal Gantin, del 6 de julio de 1988?:

Eminencia, reunidos en torno a su Superior general, los Superiores de los distritos, seminarios y casas autónomas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, piensan conveniente expresarle respetuosamente las reflexiones siguientes.

Usted creyó deber suyo, por su carta del 1º de julio último, hacer saber su excomunión latae sententiae a Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, a Su Excelencia Monseñor Antonio de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de junio último en Ecône.

Quiera usted mismo juzgar sobre el valor de tal declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.

En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales.

Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura.

Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.

En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad.

Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable.

No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.

El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles.

Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista (…).

Padre Juan Carlos Ceriani