COLOQUIOS CON JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

ELEVACIONES A  JESUCRISTO

CUANDO ESTÁ EXPUESTO

EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

17

VIII ELEVACIÓN

PARA CONSAGRARSE

a Jesucristo en el Santísimo Sacramento

Después de muchas consagraciones que ya os he hecho de todo mi ser, ¡oh Salvador mío!, vengo a haceros otra al pie de vuestros Altares, movido por el nuevo fuego en que mi corazón arde de ser todo vuestro.

Os ofrezco, pues, ¡oh Jesús mío! mí alma, mi vida, mis sentidos, mis potencias y todo lo que soy en perfecto holocausto de amor.

Recibid, os ruego, con ojos favorables la víctima que os presento, y consumidla en las llamas de vuestra ardiente caridad. ¡Que ese fuego inmenso que arde en vuestro divino corazón, descienda sobre ella para devorarla enteramente! Porque no pretendo ofreceros un sacrificio ordinario como el que se os ofrecía en la Ley antigua, en la cual el que se os presentaba, partía la hostia con Vos, y comía una parte, mientras que la otra se quemaba en vuestro altar; tengo designio de consagraros un perfecto holocausto, en donde todo sea consumido enteramente a gloria de vuestro Santo Nombre, sin que nada quede para mí.

No pretendo tener en lo sucesivo ninguna parte en mi entendimiento, en mi voluntad, en mis sentidos, en mis miembros, en mis pensamientos, en mis deseos, en mis acciones; en una palabra, en nada de lo que he poseído hasta aquí.

Me desapropio generalmente de todo por sacrificároslo; en adelante seré, así como Vos sois en este Altar, una hostia muerta y viva a un mismo tiempo; muerta a todas las criaturas y viva para Dios.

Ya no tendré vida ni ser para el mundo; viviré y subsistiré sólo para Vos, que sois mi Dios y mi todo;  y eternamente me consumiré en las llamas de vuestro amor.

Hasta ahora he sido desgraciadamente, no obstante las promesas que os había hecho de ser todo vuestro, una víctima consagrada al demonio, viva al mundo, muerta para Dios, y siempre consumida por el fuego de la concupiscencia; pero en adelante, con el auxilio de vuestra gracia, seré una hostia muerta al mundo, viva y consagrada enteramente a Dios, que no arderá sino en el fuego sagrado de la caridad.

Desde este momento, ¡oh mundo!, muero para ti. Ya no tengo ningún pensamiento, ningún deseo, ningún afecto por lo que sirve de objeto a la ambición de tus partidarios. No me hables más de tus alegrías y placeres; los muertos son insensibles. No me ofrezcas más tus bienes y riquezas; los muertos están desengañados de ellas. Ya no me lisonjeo con la esperanza de tu gloria y felicidad; los muertos no aguardan nada de ti.

Ya no tengo pensamientos, deseos ni inclinación sino por Vos, ¡oh Salvador mío! porque sólo vivo ya para Vos.

En Vos es en quien pongo toda mi alegría y mi consuelo, todo mi bien y mi tesoro, toda mi gloria y mi dicha. No ocuparé las potencias de mi alma y los miembros de mi cuerpo, sino en honraros y serviros; mi entendimiento se aplicará de tal manera a considerar vuestras divinas perfecciones, que no pensará más que en Vos; mi voluntad os consagrará tan perfectamente sus afectos, que sólo a Vos deseará; mi apetito no se dirigirá sino a Vos; mis ojos no mirarán más que vuestras maravillas; mis oídos no escucharán más que vuestros oráculos; mi lengua no publicará sino vuestras alabanzas; mis manos trabajarán únicamente para vuestra gloria; y mis pies no andarán ya sino para ejecutar vuestros mandatos.

No sólo emplearé todas mis potencias en honraros, sino que será con toda la extensión de sus fuerzas; mi entendimiento os dará tan perfectamente su estimación, que menospreciará todo lo que el mundo tiene de mayor; mi voluntad tendrá un amor tan ardiente por Vos, que mirará todo lo demás con horror; mis ojos estarán tan aplicados en considerar vuestros intereses, que cegarán a cualquier otro objeto; todas mis facultades se ocuparán tanto en trabajar por vuestro servicio, que ya no tendrán fuerza para emplearse en otra cosa.

Volaré como un relámpago a todo lo que pueda contribuir a Vuestra gloria; tomaré tanta parte por ella, que en cada momento y ocasión os procuraré toda la de qué soy capaz, sin que el amor del placer, el temor, la pena, las quejas de la naturaleza, los ruegos de mis amigos, ni las persecuciones de mis enemigos puedan detenerme o disminuir mi celo; siempre ejecutaré lo que crea seros más agradable, y estime por más perfecto; los sufrimientos y los oprobrios serán mis delicias a la vista de que es un motivó de gloria para Vos; estaré tan sujeto a vuestra voluntad, que por un mundo entero no me separaré jamás en un solo punto que ofenda a vuestros mandamientos; a ella miraré únicamente en todo lo que me suceda, tomándola por regla de la mía.

Si yo amo mi cuerpo, mi vida, mi salud y los bienes que me habéis dado, no será porque la naturaleza halle en esto su placer, su consuelo y su interés, sino porque Vos queréis que los estime, y que me habéis encargado el cuidado.

La vida y la muerte, la enfermedad y la salud, la abundancia y la escasez me serán en sí mismas una propia cosa; no preferiré la una a la otra, sino como se encuentre en el orden de vuestra adorable voluntad, y agrade a vuestra divina sabiduría, glorificaros en mí por este medio.

Si me aplico a los negocios que mis superiores me encargasen, no será porque la vanidad y el amor propio hallen en ellos las dulzuras, las ventajas y las comodidades que buscan, sino porque vuestra voluntad me lo ordena; todas las ocupaciones me serán iguales cuando ella me las prescriba, persuadido que sola ella es quien las da el mérito, y quien debe ser el solo motivo que me anime y haga obrar.

Si me suceden acasos favorables o adversos, los recibiré con la misma tranquilidad y gozo, porque en unos y otros no miraré más que el cumplimiento de vuestra voluntad, y la gloria que sacáis. Reprimiré los sentimientos de vana alegría en los primeros, para no tener placer sino en ver brillar en ellos vuestra bondad y magnificencia; y sofocaré los sentimientos de tristeza y aflicción en los segundos, para regocijarme de ver vuestra justicia satisfecha, y rotos los lazos con que estaba prendido a la criatura.

Emplearé todos mis cuidados para hacer ganar los pequeños talentos que habéis tenido a bien poner en mi mano; y no envidiaré los ricos talentos que habéis repartido a los otros. Contento perfectamente con la distribución que ha agradado hacer a vuestra sabiduría, y de la medida de gloria que quisieseis sacar de mí, me regocijaré más de ver fructificar los grandes talentos en las manos de aquellos a quienes los habéis dado, que quedar estériles en las de un siervo negligente y tan perezoso como yo.

En una palabra, solo en el cumplimiento de vuestra adorable voluntad pondré todo mi consuelo, toda mi gloria y toda mi dicha y no tendré otro cuidado que conformar la mía con ella.

Pero si me atrevo a haceros todas estas promesas, ¡oh Salvador mío! es únicamente con la esperanza de vuestro auxilio; convencido de que no soy sino la misma imposibilidad y la misma flaqueza, para nada cuento conmigo.

Espero, pues, que así como ya me habéis inspirado el deseo de ser todo vuestro, me daréis también las fuerzas para cumplirlo; concededme os ruego esta gracia.

¡Oh víctima de amor, que os consumís eternamente en las llamas de la Caridad!, asociadme a vuestro sacrificio, y haced que yo muera como Vos a este mundo corrompido, que viva como Vos para Dios vuestro Padre, que arda como Vos en un volcán de amor.

Y tú, alma mía, procura estrecharte cuanto te sea posible con esta divina Hostia; muere, arde, consúmete con Ella; abísmate eternamente en el inmenso fuego de su amor; toda tu vida no sea ya sino una representación fiel de la que lleva en nuestros Altares; es decir, una inmolación y consagración eterna a la gloria de su Padre, una llama inmortal, que se eleva siempre hacia el Cielo, un fuego voraz y consumidor que nada es capaz de apagar.

Sí, Jesús mío, arder y morir de amor por Vos y con Vos, derretirme en los fuegos más encendidos de vuestra divina Caridad, tener mis delicias en verme consumido, destruido y aniquilado en estos sagrados fuegos, será en adelante mi vida y toda mi ocupación. Amén.