P. Royo Marín- PECAR CONTRA LA MODESTIA

Que hermosa es entonces la modestia y que gema entre las virtudes.

San Bernardo

Se puede pecar contra la modestia en el vestir, por ser negligente.

En estos tiempos en donde la manera de vestir se ha vuelto demasiado casual, lo podemos observar a diario en las distintas actividades que realiza el hombre, ya sea en los lugares de trabajo, escuelas, y hasta en la Iglesia, en donde se ha perdido el pudor, el respeto de maneras tan evidentes, debemos recordar que se puede pecar contra esta hermosa virtud.

Antiguamente, y no tampoco demasiado lejano, ningún hombre – independientemente de su condición social – solía ​​aparecer en una iglesia católica a la Santa Misa sin un traje o una chaqueta, corbata y zapatos.

Hoy en día, el buen ejemplo que debería venir de los líderes en la sociedad no se encuentra, y casi todos los hombres en todos los estados de la vida han adoptado la vestimenta casual.

Es bueno recordar también que los de un estatus social más alto son más obligado que los de niveles sociales más bajos de vestir bien en todas las circunstancias, debido a la influencia que ejercen.

Para esto queremos compartir con nuestros lectores algunas recomendaciones del Padre Antonio Royo Marín.

modestia1La modestia es una virtud derivada de la templanza que se inclina al individuo a comportarse en sus movimientos internos y externos y en su vestido de acuerdo con los justos límites de su estado en la vida y la posición en la sociedad. (Santo Tomás, Summa , II-II, q. 160)

La modestia es una virtud por la cual se observa el decoro apropiado en sus gestos y movimientos corporales, en sus posturas y en su forma de vestir.

En el asunto de la modestia, es necesario atender especialmente a dos consideraciones: la dignidad de cada persona y de los que están en su compañía.

La modestia corporal tiene gran importancia tanto para el individuo como para la sociedad. Por lo general, una persona es juzgada por lo externo, y por esta razón cualquier movimiento excesivo, mirando, miradas indiscretas o cualesquiera otros movimientos incontrolados se interpreta generalmente como signos de un interior desordenado y rebelde. Con buena razón no recomiendan San Agustín en su Regla que los individuos deben tener especial cuidado para observar la modestia exterior de conducta para que no se escandalizan sus vecinos. Y, leemos en la Sagrada Escritura: “Uno puede decir como es un hombre por su apariencia; un hombre sabio se reconoce como tal al verlo por primera vez. La vestimenta de un hombre, su risa abundante y su modo de andar proclama  lo que es “(Ecl 19: 25-26)

Los vicios opuestos a la modestia de conducta son afectaciones y rusticidad o grosería. En cuanto a la modestia en el vestir, Santo Tomás afirma que cualquier pecado que se plantea en este asunto se debe a algo desordenado por parte de la persona a la vista de las circunstancias particulares. (Santo Tomás, Summa , II-II, q. 169, a. 1) Esta falta de moderación puede ser debido a una falta de conformidad con las costumbres de las personas con las que uno vive, o a un apego excesivo y preocupación en lo que respecta a prendas de vestir y adornos personales. Se puede llegar a ser excesiva debido a la vanidad, la sensualidad o interés excesivo en la ropa de uno. También puede suceder que uno puede pecar contra el pudor en la ropa por ser deficientes en la preocupación por la propia vestimenta personal, por ejemplo, si uno fuera a ser irrazonablemente negligente de acuerdo con este estado de vida, o estaban encaminada a atraer la atención por su falta de interés en su manera de vestir ( ibid a. 2).

Antonio Royo Marín, OP, La Teología de la perfección cristiana