LAS INDULGENCIAS (I)

La falta de claridad en las cosas de Dios, el desconocimiento por parte de los católicos (y cuando digo católicos, me refiero a los que pertenecen a la Verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, y no a lo que vemos hoy como iglesia); ese desconocimiento de las hermosa fe que poseemos, el gran tesoro que nos ha concedido la Santa Iglesia, hace que no podamos aprovecharnos de todos estos bienes que nos son otorgados.

Pensemos en todo el bien que podemos realizar en pos de las benditas Almas del Purgatorio, sacando a esas divinas esposas que sufren para purificarse; pero también todo lo que podemos reparar en esta vida, para no tener que padecer los terribles tormentos del Purgatorio en la otra.

Dios nos da todas las cosas por medio de la obra de Jesucristo. El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿CÓMO NO NOS DARÁ TAMBIÉN CON ÉL TODAS LAS COSAS (Romanos 8: 32), en estos tiempos tan difíciles?

INDULGENCIAS EN LA IGLESIA CATÓLICA

Definición

La palabra indulgencia (del latín indulgentia, de indulgeo, “ser amable” o “compasivo”) significa, originalmente, bondad o favor; en el latín post-clásico llegó a significar la remisión de un impuesto o deuda.

En la Ley Romana y en la Vulgata del Antiguo Testamento (Is. LXI, 1) se usaba el término para expresar la liberación de una cautividad o castigo.

En el lenguaje teológico también se suele usar en su sentido original, para significar la bondad o el favor de Dios.

Pero en el sentido estricto del término –sentido en el que se lo considera en este artículo– “indulgencia” es la remisión de la pena temporal debido al pecado, cuya culpabilidad ha sido ya perdonada.

Entre los términos equivalentes, usados en la antigüedad, se encuentran: pax, remissio, donatio, condonatio.

Lo que no es una Indulgencia

no indulgencia

A fin de facilitar la explicación, puede ser provechoso comenzar por afirma lo que NO ES una indulgencia.

No es un permiso para pecar, ni un perdón para pecados futuros: ninguna de estas dos cosas pueden ser concedidas por poder alguno.

No es tampoco el perdón de la culpa del pecado; y supone que el pecado ha sido ya perdonado con anterioridad.

No es una excepción que exima de alguna ley o precepto, ni mucho menos de una obligación contraída por algún pecado, como por ejemplo, la restitución de la cosa robada; al contrario, significa una satisfacción más completa de la deuda que el pecador tiene ante Dios.

No confiere ninguna inmunidad con respecto a posibles tentaciones, ni elimina la posibilidad de subsecuentes caídas en el pecado.

Y de ninguna manera la indulgencia puede entenderse como la compra del perdón de los pecados que aseguraría la salvación al comprador o la salida de algún Alma del Purgatorio.

Lo absurdo de todas estas nociones será evidente para cualquiera que tenga una idea correcta sobre lo que la Iglesia Católica verdaderamente enseña sobre el tema.

¿Qué es, pues, una Indulgencia?

indulgencias 1

Una indulgencia es una remisión extra-sacramental de la pena temporal debida –según la justicia de Dios– por el pecado que ha sido ya perdonado, remisión que es otorgada por la Iglesia en consecuencia del poder de las llaves, mediante la aplicación de los méritos sobreabundantes de Jesucristo y de los Santos, y por justos motivos.

Para entender esta definición, hay que tener en cuenta los siguientes puntos:

  • En el Sacramento del Bautismo se perdona no solamente la culpa del pecado, sino también toda la pena adjunta al pecado. En el Sacramento de la Penitencia se perdona la culpa del pecado y, conjuntamente con ella, también la pena eterna merecida por el mismo; pero el castigo temporal requerido por la justicia divina permanece, totalmente o en parte; y este reato de pena debe ser satisfecho, sea en esta vida, sea en la vida futura, es decir, en el Purgatorio. La indulgencia ofrece al pecador arrepentido la posibilidad de saldar o aligerar esta deuda durante su vida en la tierra.
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  • Algunos escritos indulgenciales –ninguno de ellos, sin embargo, emitido por algún Papa o Concilio (Pesch, Tr. Dogm., VII, 196, no. 464)– contienen la expresión “indulgentia a culpa et a pœna”, es decir, liberación de la culpa y del castigo; esto ha producido considerable confusión (cf. Lea, “History” etc., III, 54ss). El verdadero significado de la fórmula es que las indulgencias, presuponiendo el Sacramento de la Penitencia, hace que el penitente, después de recibir el perdón sacramental de la culpa de su pecado, se libera también, por la indulgencia, del castigo temporal (Bellarmine, “De Indulg.”, I, 7).

En otras palabras, el pecado es totalmente perdonado, es decir, sus efectos totalmente borrados, sólo cuando se ha realizado la completa reparación, lo que significa perdón de la culpa y remisión de la pena.

De aquí que el Papa Clemente V (1305-1314) condenara la práctica de aquellos proveedores de indulgencias que pretendían absolver “a culpa et a pœna” (Clement, l. v, tit. 9, c. ii); el Concilio de Constanza (1418, sesión XLII, n. 14) revocó todas las indulgencias que contenían esa fórmula; Benedicto XIV (1740-1758) las trataba como “indulgencias espurias” a las concedidas con esta fórmula, que él atribuía a las prácticas ilícitas de los “quaestores” o proveedores (De Syn. dioeces., VIII, viii.7).

  • La satisfacción, comúnmente llamada “pena”, impuesta por el confesor cuando éste administra la absolución, es parte integral del Sacramento de la Penitencia; una indulgencia, por el contrario, es extra-sacramental: presupone los efectos obtenidos por la confesión, la contrición y la satisfacción sacramental. También se distingue de las obras penitenciales que se puedan realizar por iniciativa propia del penitente –como son la oración, el ayuno y la limosna–, dado que estas son obras personales del penitente, y su valor depende del mérito de éste, mientras que la indulgencia brinda al penitente los méritos de Jesucristo y de los Santos, que son el “Tesoro” de la Iglesia.
  • La indulgencia es válida tanto en el tribunal eclesiástico cuanto en el tribunal de Dios. Esto significa que no sólo libra al penitente de sus deudas ante la Iglesia o de la obligación de cumplir con una pena canónica, sino que también lo libra del castigo temporal del que sea ha hecho merecedor ante Dios; castigo que, sin la indulgencia, el pecador debería recibir a fin de satisfacer la justicia divina. Esto no significa, sin embargo, que la Iglesia pretenda dejar de lado los reclamos de la justicia divina, o que ella permita al pecador despreciar la deuda contraída con su pecado. Como dice Sto. Tomás (Suppl., xxv. a. 1 ad 2um): “El que gana indulgencias no se libra absolutamente de la pena que merece, sino que se le conceden los medios para saldarla”. La Iglesia, entonces, no deja al penitente irremediablemente en su deuda, ni lo libra de tener que responsabilizarse por sus obras; al contrario, la Iglesia le permite cumplir con las obligaciones que contrajo.
  • Al conceder una indulgencia, el que la otorga (Papa u Obispo) no ofrece sus méritos personales en lugar de lo que Dios pide al pecador, sino que obra según su autoridad oficial como quien tiene jurisdicción en la Iglesia, de cuyo tesoro espiritual se conceden los medios con los cuales se salda la deuda adquirida. La Iglesia en sí misma no es la dueña, sino la administradora de los méritos sobreabundantes que contiene ese tesoro. Aplicándolos, la Iglesia no pierde de vista tanto los designios de la misericordia de Dios como los requerimientos de la justicia divina. Así, Ella determina la cantidad de cada concesión, como también las condiciones que el penitente debe cumplir si desea ganar la indulgencia.

Continuará…

Fuente:

Kent, William. “Indulgences.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/07783a.htm>.

http://ec.aciprensa.com/wiki/Indulgencias