COLOQUIOS CON NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

CUANDO SE ESTÁ PARA COMULGAR

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Venga, pues, a mí este bien Soberano, este Dios de amor; venga este único objeto de mis deseos y de todas mis esperanzas. ¡Oh quién me concederá el poseerle en medio de mi corazón! Venid, venid mi único amor, mi único tesoro, mi único bien, para que Vos me poseáis y yo os posea. Venid, ¡oh Dios de Majestad! a formar de mi alma un cielo brillante de los resplandores de vuestra Santidad; venid a hacer de ella el Trono de vuestra gloria y a establecer vuestro Imperio.

 

ACCIÓN PRÓXIMA DE GRACIAS

¿Sois, pues, Vos ¡oh Dios de gloria? ¿Sois Vos el que estáis oculto bajo el velo del Sacramento que acabo de recibir y quien actualmente reside en medio de mi pecho? ¿Sois Vos, Majestad Soberana, el que con una sola palabra habéis criado todo el Universo, el que podéis aniquilarle con otra, y el que lleváis, según el lenguaje de un Profeta, esta gran máquina con tres de vuestros dedos, que son vuestro Poder, vuestra Sabiduría, y vuestra Bondad? ¿Sois Vos, en fin, Divino Redentor mío, el que habéis rescatado el mundo por vuestra Sangre preciosa, y el que ahora estáis sentado a la diestra de vuestro Padre en el Cielo? Sí, Vos sois, lo creo firmísimamente, porque Vos mismo me lo aseguráis.

ACTO DE ADORACIÓN

Yo os adoro, pues, ¡oh gran Dios! os adoro con los sentimientos del más profundo respeto, con la veneración más perfecta de que es capaz una pura criatura. Me aniquilo mil veces ante Vos para manifestaros mi respeto y rendir homenaje a vuestras infinitas perfecciones. Os reconozco por mi Dios, por mi Rey, por mi Redentor y por mi todo. Confieso que Vos sois el Soberano de todas las cosas; el solo Dios que reina en los Cielos, y en todo el Universo; que todo os pertenece; que todo depende de Vos; que todo ha recibido el ser de Vos; y no subsiste sino por Vos y para Vos. Yo ensalzo, alabo, glorifico para siempre jamás vuestro Santo y adorable Nombre. Me uno con todos los Santos, con todos los Ángeles del Cielo y con todos los justos de la tierra, para adorarle, alabarle, glorificarle por ellos y con ellos en todos los siglos de los siglos. Amén.

 

 

ACTO DE ADMIRACIÓN

Pero ¿cómo habéis tenido a bien venir a vuestra pobre criatura, oh Criador del Universo, Ser de los seres, Abismo infinito de perfecciones, Océano inmenso de todos los bienes? ¿Cómo habéis tenido a bien abatir vuestra incomprensible grandeza, hasta mi bajeza, y daros a este hombre tan vil y miserable, a este ingrato, a este pérfido, que no ha hecho nunca más que irritar vuestra cólera por sus culpas? ¡Oh bondad inefable! ¡Oh caridad inmensa! ¡Oh generosidad nunca bastantemente admirada! Venid y escuchad todos los que teméis al Señor, y yo os contaré las gracias incomparables que ha hecho a mi alma. Ha bajado de los Cielos para visitarla, se ha inmolado para rescatarla, la ha dado su propia Carne en manjar, para alimentarla, curarla y fortalecerla.

Levanta, alma mía, levanta los ojos de tu espíritu hacia el Cielo, y considera a tu Divino Salvador sentado a la diestra de su Padre, en un Trono de gloria, recibiendo los homenajes de toda la Corte Celestial; y conviértelos hacia ti, y mira este mismo Salvador en tu pecho, donde toda su gloria parece eclipsada, su grandeza anonadada, su poder destruido y como aniquilado. ¿Puede dejar de sorprenderte tal mudanza?

Considera también con qué ojos el Padre Eterno, todos los Santos, y los Bienaventurados del Cielo, miran al Divino Jesús en tu pecho. ¿Cuáles deberán ser sus sentimientos al verle reducido a tan vil estado por tu amor?

 

 

ACTO DE AGRADECIMIENTO

¿Y que os retribuiré, Señor, que os retribuiré por este inestimable beneficio? ¿Qué pruebas os daré de mi reconocimiento? Pero ¿qué puedo hacer yo por Vos, débil y pobre criatura, más que bendeciros y daros gracias, publicar vuestras bondades, y cantar vuestras misericordias? Bendice, pues, alma mía, bendice al Señor; y que mis entrañas alaben su Santo Nombre; que todos mis huesos digan; Señor, quien como Vos, que habéis hecho cosas tan admirables en favor mío, que habéis humillado los Cielos para bajar a mí, y que me habéis concedido todas las cosas dándoos a Vos mismo. Criaturas del Cielo y de la tierra, que sois obras del Señor, bendecidle conmigo, celebrad sus alabanzas, publicad su gloria y su bondad, ayudadme a darle señales de mi perfecta gratitud. ¡Ah! Señor, ¿quién nunca se habría atrevido a esperar que Vos llevaríais vuestra magnificencia hasta este punto, en favor de una criatura tan indigna como yo? Mi corazón se derrite de amor y reconocimiento cuando pienso en ello, y no puedo cansarme de daros gracias.

ACTO DE AMOR

¡Ah! ¿Cómo podré yo dejar de amar a un Dios tan lleno de bondad, que me da pruebas de un amor tan tierno, tan ardiente, tan generoso? ¡Os amo, pues, oh Dios de amor, Dios de bondad, Dios de misericordia! Os amo con toda la extensión de mi corazón, con todas las fuerzas de mi alma, con toda la capacidad de mí ser. Por lo menos os amo por deseo, con un amor inmenso, infinito, eterno, con un amor que encierra todo amor. ¡Oh! Que no tenga yo un millón de corazones infinitamente ardientes y perfectos, para amaros con una fuerza, con un ardor, con una perfección infinita. Ángeles y Bienaventurados del Cielo, prestadme, os suplico, prestadme vuestro corazón para que pueda amar perfectamente a mi Dios; o a lo menos derramad en el mío todos los fuegos y llamas del vuestro, para que pueda amar más ardientemente un objeto tan amable.

Si mis ruegos fuesen oídos, y mis deseos cumplidos, mi corazón ardería en el amor más abrasado, en el más tierno, en el más perfecto que todo el poder de Dios puede encender en el corazón de una criatura, para corresponder en alguna manera a las bondades infinitas que mi dulce Jesús tiene por mí en este Misterio. Pero como todos estos sentimientos no son sino unos deseos e ideas, cuya ejecución no es posible, os sacrifico mil veces, ¡oh Jesús mío! sí, os sacrifico mil veces este Corazón que Vos me habéis dado. Os hago de Él mil víctimas y mil holocaustos; os consagro mil veces todos sus afectos, sus inclinaciones, sus deseos; y os ofrezco para suplir a su imposibilidad, todo el amor de vuestro Divino Corazón y del de todas vuestras criaturas.

 

 

ACTO DE GOZO

Ya que tu Divino Jesús se ha dado a ti, oh alma mía, goza apaciblemente su posesión, gusta cuan dulce y amable es, cuan dichoso el que le posee; llénate de su espíritu y virtudes. ¡Que yo os posea pues, oh Divino objeto, que yo os posea en medio de mi corazón! En él residís por mi gran dicha; en él sois todo para mí, como mi bien, mi tesoro, mi alegría, mi corona, y mi felicidad. ¡Oh cuán feliz soy! pues toda mi gloria es teneros conmigo, y estar unido a Vos. Quiero decir como vuestro Apóstol en el Tabor; ¡que bella mansión es esta! Sí, que bella mansión estar con Jesús, a quien tengo la fortuna de poseer. Aquí gozo en su persona del mismo objeto que hace en el Cielo la felicidad de los Bienaventurados; bebo en la misma fuente; me embriago con el mismo néctar; me ahogo en el mismo torrente de delicias. Si no gusto igualmente su dulzura, es porque lo estorba mi flaqueza. ¡Oh Jesús mío que estáis en medio de mí! haced, os pido, de mi alma un pequeño Cielo; haced un Paraíso de delicias, para que saciado de vuestros inefables placeres, no corra más en pos de las fatales dulzuras del pecado, ni de las insípidas consolaciones de las criaturas.

Derramad en mi corazón vuestra alegría, vuestra paz, vuestra luz, vuestra pureza, vuestro amor, vuestra Justicia. Hacedlo pasar del vuestro al mío. Comunicadme vuestro Divino Espíritu, para que en adelante no viva sino en Vos, por Vos y para Vos. Amén.

ACTO DE OFRECIMIENTO

Padre Eterno, Vos me habéis dado hoy vuestro único Hijo; le poseo dentro de mí, como un don que Vos y Él me habéis hecho y como un bien que en consecuencia de este don me pertenece verdaderamente. Os le vuelvo y ofrezco en calidad de víctima para pagar cuanto os debo. Este es, ¡oh gran Dios! este es mi holocausto, para honrar la grandeza infinita de vuestra Majestad, y la Soberanía de vuestro Imperio, de quien todas las cosas dependen.

Esta es mi Hostia Eucarística para daros gracias por todos vuestros beneficios. Esta es mi víctima de expiación, para daros satisfacción de todos mis pecados. Esta es mi Hostia pacífica, para obtener de Vos todas las gracias que me son necesarias para mi salvación y perfección. Me uno a esta Divina Víctima, y me ofrezco a Vos con ella. Me uno a toda la infinidad de la gloria que os procura, a toda la inmensidad del amor que os acarrea, a toda la excelencia de la alabanza que os da, a toda la perfección del Sacrificio que os ofrece, a toda la santidad de los obsequios que os hace.

Os ofrezco su amor para reparación de mi frialdad e indiferencia, su humildad para reparación de mi vanidad y orgullo, su dulzura para reparación de mis iras y arrojos, su paciencia para reparación de mis impaciencias y prontitudes, su pureza para reparación de mis impurezas y manchas, su obediencia para reparación de mis desobediencias y rebeliones, su pobreza y desinterés de las cosas criadas, para reparación de mi avaricia e inclinación a las criaturas; en una palabra, todas sus virtudes y perfecciones para reparación de todos mis vicios y defectos; y os suplico me concedáis por sus méritos todas las gracias que necesito.

No solamente os ofrezco esta Divina Víctima por mí, sino también por toda la Iglesia del Cielo; quiero decir, en honra de todos los Santos y Ángeles, y singularmente de la Humanidad Santa de mi Salvador, y de la Santísima Virgen; para daros gracias por todos los bienes y prerrogativas de que los habéis colmado, y para rendiros todos sus justos deberes.

Os la ofrezco por toda la Iglesia de la Tierra, a fin de que tengáis a bien conducirla por vuestro Divino Espíritu, llenarla de luz, de amor y de fuerza, conservarla entre los peligros y tentaciones a que sin cesar está expuesta y multiplicarla y dilatarla por todo el mundo.

Os la ofrezco por toda la Iglesia paciente, para que os agrade sacar del Purgatorio las Almas que expían en él sus pecados, y concederles la entrada en el Cielo.

Os la ofrezco, en fin, para reparar las faltas de todos los que no os tributan lo que os deben.

Os amo en Ella y por Ella, por todos los que no os aman, os adoro por todos los que no os adoran, os alabo y glorifico por los que no lo hacen.

Me ofrezco y consagro también a Vos, oh Divino Jesús mío, para ser alternativamente vuestra víctima. Os consagro mi cuerpo, mi alma, mis fuerzas, mi vida, mis pensamientos, mis deseos, mis acciones, y todo lo que me corresponde, para emplearlo únicamente en vuestra gloria. Disponed de mí como queráis; Vos sois absolutamente mi Señor; me pongo en vuestras manos, cumplid vuestros designios, ejecutad en todo vuestra adorable voluntad.

ACTO DE PETICIÓN

Divino Jesús mío, que por un efecto incomprensible de vuestro amor os habéis dignado venir a esta miserable criatura y daros a ella en alimento, obrad en mí, os pido encarecidamente, los efectos da este admirable Sacramento; lavad y purificad mi alma de todas sus iniquidades, por la virtud de vuestra Sangre preciosísima; destruid en mí el imperio del pecado, estableced vuestro Reino, derramad en mi corazón vuestras Divinas virtudes de caridad, de obediencia, de humildad, de paciencia, de dulzura, de amor a la Cruz, y todas las otras; hacedme vivir de vuestra vida Divina; iluminad mis tinieblas, fortificad mi flaqueza y destruid mi malicia, ponedme en vuestras sendas, acercadme a Vos para que os siga, libradme de los peligros a que me hallo expuesto sin cesar, protegedme contra mis adversarios, y no permitáis sea su presa.

¡Oh Salvador mío! Vos sois mí solo recurso, mi solo asilo, mi única esperanza; de solo Vos espero el auxilio, no me abandonéis, os ruego. Las señales de bondad que acabáis de darme alimentándome con vuestra Carne y Sangre, no me permiten dudar de vuestro amparo. Os suplico que no sea frustrada la esperanza que tengo de experimentar sus buenos efectos.

OTRO ACTO DE PETICIONES

¡Oh Divino Redentor mío, que poseo en medio de mis entrañas! Vos mismo veis el profundo abismo de mis miserias, compadeceos, pues, os suplico, y tened la bondad de remediarlas. Ved, Señor, la muchedumbre infinita de pecados en que estoy culpado, el poco dolor que tengo de ellos, la poca violencia que me hago para expiarlos por la penitencia, y para corregirme por una nueva vida; ved a cuantas diferentes pasiones estoy sujeto, a cuantos vicios soy inclinado, el afecto que tengo a mis placeres y comodidades; me hallo falto de fe, de esperanza, de caridad, y de todas las otras virtudes cristianas. Ved cual es la inclinación de mi espíritu, cual la frialdad de mi voluntad y la infidelidad de mi memoria para todo lo que toca a vuestro servicio y mi salvación; la ligereza de mi imaginación, la violencia de mi apetito, la licencia de mis sentidos, la facilidad con que me he entregado a toda suerte de vicios y la obstinación con que he perseverado en ellos; Ved, en fin, cual es el furor y la terquedad de mis enemigos en destruirme y que peligro corro de perecer a cada momento. Ah! ¿Señor, no tendréis piedad de mi miseria? ¿Me dejareis sin socorro en la necesidad extrema en que estoy?

Remediad, pues, os ruego, remediad todos mis males, socorred todas mis necesidades, dadme un verdadero espíritu de penitencia que me inspire un sincero dolor de mis pecados, que me los haga expiar por las austeridades y mortificaciones y me conduzca a corregirlos por una nueva vida ; hacedme victorioso de mis pasiones; destruid mis perversas inclinaciones y malos hábitos, romped toda la inclinación que tengo a mí mismo y a las criaturas; dadme una fe viva, una esperanza firme, una caridad ardiente, y todas las otras virtudes en un grado eminente; abrid los ojos interiores de mi alma, para hacerla ver las verdades del Cielo; desterrad la tibieza e indolencia de mi corazón; llenad mi memoria de santas ideas; detened la ligereza de mi imaginación; domad la rebelión de mi apetito; reprimid la libertad de mis sentidos; detened el afecto infeliz que tengo al pecado; sed mi escudo para librarme de los tiros encendidos de mis enemigos; en fin, tomadme sobre vuestros sagrados hombros, o en vuestro seno amoroso, para llevarme como el Águila lleva a sus polluelos, a vuestra morada Celestial; no me dejéis, os suplico , sin que me hayáis colocado en el bienaventurado descanso, donde no estaré expuesto a ningún peligro de perderme. Amén.

PROPÓSITOS

Concededme, oh Salvador mío, que nada olvide para hacerme fiel a vuestra gracia y que cumpla en todo vuestra adorable voluntad; os prometo que con el socorro de vuestra Divina gracia, que os suplico me concedáis, me corregiré de todo lo que os desagrada en mí. Haré particularmente mis esfuerzos para enmendarme de los defectos que creo os desagradan más como tal y tal. Os prometo también que me dedicaré con un singular fervor a la práctica de las virtudes y buenas obras; que particularmente ejecutaré tal tal cosa por vuestro servicio; en fin, que no viviré ya en adelante sino para Vos.

Esta será mi divisa; Anima mea illi vivit.

ACCIÓN DE GRACIAS REMOTA

Bendito seáis eternamente, Dios de mi corazón; eternamente os sean dadas gracias por el beneficio inestimable que me habéis concedido hoy dándoos a mí en alimento. Todos los Santos, todos los Ángeles, todas las criaturas del Cielo y de la tierra os bendigan y den siempre gracias.

¡Desearía ardientemente no ser ingrato al favor que he recibido de Vos, oh Divino Redentor mío! ¿Más que acción de gracias será proporcionada a la grandeza de este beneficio? ¡Ah! Sólo Vos sois digno de Vos mismo; sed, pues, Vos mismo, os suplico, mi acción de gracias; yo os las doy, pero por Vos mismo.

¡Oh fuego devorante y consumidor que hoy he recibido dentro de mí! ¿Por qué no destruís todo lo que os desagrada? No os compadezcáis de mí en esta parte, abrasad, devorad, consumid sin reserva todo lo que no os sea agradable.

Hacedme experimentar los efectos de vuestra visita, oh Divino Jesús mío, sacándome de mis miserias y transformándome en un hombre nuevo. ¡Ah! ¿Que se dirá si siempre soy el mismo, habiendo Vos venido expresamente del Cielo con el designio de mudarme? Haced, pues, os suplico, esta dichosa mudanza; transformadme en Vos enteramente. Grande y admirable Misterio, obrad en mí, os ruego; hacedme resentir los efectos de vuestra Omnipotente virtud, librándome de mis flaquezas, y poniéndome en el estado en que mi Dios me desea.

¿Dónde están, pues, esas grandes riquezas, oh Jesús mío, donde están esos dones preciosos que me habéis hecho esperar, y que yo aguardaba de vuestra liberalidad cuando habéis venido a mí? ¡Me dejareis siempre pobre y miserable! Ah enriquecedme de los tesoros de vuestra gracia y sabiduría; mis ingratitudes pasadas no pongan obstáculo, ya que estoy penetrado de dolor.

Hoy os he dado mi corazón, oh Jesús mío, me he consagrado enteramente a Vos; renuevo, mi consagración y os protesto de nuevo, que Vos sois el único objeto de mi amor, y de todos mis deseos.

¡Ah! ¿Que otro objeto hay en el mundo, ¡oh Jesús mío! que pueda seros comparado en hermosura, en perfección y en excelencia y que me tenga un amor igual al vuestro? ¿Cómo, pues, os quitaré mi corazón para dársele a él?

Lejos de mí, viles criaturas, lejos de mí; dejad a mi Jesús la pacífica posesión de un corazón que tantas veces le he consagrado. Será en vano que os esforcéis para robársele, porque he resuelto y prometido que él será siempre su único poseedor.

¿Te atreverás, alma mía, te atreverás a abandonarte todavía al pecado, después de haber sido hoy santificada por la presencia del Divino Jesús? No, Divino Redentor mío, no; moriré antes mil veces, que cometer ninguno con deliberación por pequeño que sea. Me conservaré inviolablemente puro y limpio de toda fealdad de pecado, con el socorro de vuestra gracia.

Piensa de veras, alma mía, en la obligación que te impone el Augusto Sacramento que hoy has recibido, de llevar una vida santa. Es el Pan del Cielo, y el Pan de Dios. Después de haberse alimentado de Él, es preciso llevar una vida celestial y divina.