MONSEÑOR TISSIER: TRAS LA CLAUDICACIÓN, LA PRETENDIDA JUSTIFICACIÓN BASADA EN LA FALACIA

SUTIL EMBAUCAMIENTO

Monseñor Tissier pretende justificar sobre una falacia la claudicación de la N$$PX, así como su pronta integración en la iglesia conciliar a las órdenes la Roma apóstata y anticristo.

Basta leer el siguiente extracto de una entrevista con ocasión del 25º aniversario de la muerte de Monseñor Marcel Lefebvre:

http://laportelatine.org/publications/entret/2016/entretien_mgr_tissier_25_ans_mgr_lefebvre_160325/entretien_mgr_tissier_25_ans_mgr_lefebvre_160325.php

 La Porte Latine: Ahora, veinticinco años después de la muerte de Monseñor Lefebvre, ¿dónde está el futuro de la Fraternidad?

Monseñor Tissier: Las cosas son más claras. Durante nuestra peregrinación a Roma, en el año 2000, hemos experimentado la ofensiva de seducción por parte del cardenal Castrillón Hoyos, que empujaba a Juan Pablo II a reconocer unilateralmente la Fraternidad.

Después, Benedicto XVI nos concedió las dos condiciones previas: el reconocimiento de la libertad de la misa tradicional y el retiro (más o menos feliz, para nosotros y para él) de las excomuniones de 1988.

En 2010-2011, tuvimos las discusiones doctrinales programadas: ¡y total desacuerdo!

Nuestro Superior General, Monseñor Fellay, estimó bien continuar las tactaciones y ésto ha causado bastante preocupación entre nosotros, hasta que se hizo evidente, en mayo y junio de 2012, que Benedicto siempre pedía como condición, como él lo había dicho desde el comienzo sin rodeos, la aceptación del Concilio y la legitimidad de las reformas.

Fue un fracaso.

Pero ahora es evidente que existe de parte del papa Francisco, una disposición a reconocernos sin estas condiciones.

Decimos “¡Bueno!” Porque las cosas se están moviendo hacia adelante y que todavía tienen que avanzar más.

Monseñor Lefebvre nunca ha puesto, como condición de nuestro nuevo reconocimiento por parte de Roma, que Roma abandone los errores y las reformas conciliares.

Incluso, si hubiera dicho algo así a André Cagnon en 1990, nunca lo habría hecho, porque ésto nunca había sido su línea de conducta, su estrategia con la Roma modernista. Él era fuerte en la fe, no cedía en su posición doctrinal, pero sabía ser flexible, paciente, prudente en la práctica. Para lograr sus fines su prudencia le dictaba empujar al oponente, acosarlo, hacerlo retroceder, persuadirlo, pero sin bloquearlo por exigencias que todavía se encuentran inaceptables. Él no rechazaba el diálogo y estaba dispuesto a aprovechar cualquier puerta abierta por el interlocutor. Es en este sentido que se ha señalado en él un cierto oportunismo, han hablado de “pragmatismo”, y es verdad: es una pequeña virtud anexa a la virtud cardinal de la prudencia: la sagacidad, una sabiduría práctica, que es vecina de la solertia, de la cual habla Aristóteles, Santo Tomás (2-2, q. 48, a. unicus) y el ‘Gaffiot’, y que es la capacidad para encontrar los medios para lograr sus fines.

Monseñor Lefebvre pidió con esta sagacidad “que seamos al menos tolerados” “Ésto sería un gran avance”, decía. Y “que seamos reconocidos como somos”, es decir, con nuestra práctica que deriva de nuestras posiciones doctrinales.

Pues bien, hoy vemos de la parte de Roma una disposición a soportar nuestra existencia y nuestras posiciones teóricas y prácticas.

Yo digo ‘soportar’ para evitar ‘tolerar’, ¡porque se tolera un mal!

Doctrinalmente, ya, no nos obligan más a admitir “todo el Concilio” ni la libertad religiosa; algunos errores que denunciamos están a punto de ser considerados por nuestros interlocutores como materia para la libre discusión, o a debate continuo. Este es un avance. Discutimos, pero hay que admitir que no cambiamos y que es improbable que cambiemos. Y en la práctica, pedimos a estos romanos: “Reconoced nuestro buen derecho reconfirmar a los fieles bajo condición”, y también: “Reconoced la validez de nuestros matrimonios”. Usted ve, estos son puntos graves de discordia. Será necesario que nos reconozcan estas cosas. De lo contrario, ¿cómo sería habitable nuestro reconocimiento?

Esto puede tomar tiempo, ¡pero hay un Dios!

¡Y una Mediadora y omnipotente!

ooo

¡Blasfemos!

¡Siguen utilizando el Nombre de Dios y la intercesión de su Santísima Madre!