LA LIMOSNA

VIUDA

El deber de la limosna

La limosna es una de las obras de misericordia especialmente prescrita a los católicos en la Santa Cuaresma. El mundo cree que la limosna es una obra libre, que sin reparo puede hacerse o dejarse de hacer, teniendo sobre esto ideas tan inexactas, que cree en todo caso sobradamente satisfecho el deber de la limosna, con dar unos centavos al pobre en la calle o al sacristán en el petitorio del Templo o al que recoge de casa en casa contribuciones para una suscripción. Pero no es así. Dar limosna de lo sobrante es un deber, una estricta obligación, y tanto mas cuantiosamente cuanto mas se tenga.

Ya sabe el rico, que no es propietario de sus bienes, sino un mero administrador de Dios, que se los da, se los conserva y se los aumenta, dándole a él salud y medios para negociar, y a la naturaleza feracidad y fecundidad. Si Dios le retirase todo esto ¿ qué sería de él y de sus riquezas? .

La riqueza que guarda avaramente el rico clama a gritos contra él, y el Cielo tarde o temprano, descargará su ira vengadora. En cambio, la limosna depositada en el seno del pobre- dice la Iglesia- rogará por quien la da a Dios. Y en otro lugar añade: Porque así como el agua apaga el fuego, así la limosna extingue los pecados.

La limosna cristiana

No siempre que se da algo, se hace limosna cristiana. Esta es el producto de la privación y de la mortificación. Si tu das lo que ahorras  en ayunar, al privarte de una diversión, al renunciar a un objeto o a un lujo innecesario, a un viaje de placer, etc., haces verdadera y meritoria limosna cristiana. En cambio, si das para un té, para un baile o para una cena de beneficencia, no haces verdadera limosna. La limosna es un tributo del corazón bondadoso y caritativo; el precio de un cubierto, o de una entrada a la diversión, es el tributo de un egoísta y muy a menudo de un innoble complacencia, y con frecuencia es el precio de la corrupción de muchos corazones y de las deshonras de muchas famas. “Es la moneda prostituida, bañada con la inmundicia de la sensualidad, no la moneda embalsamada con los perfumes de la virtud”( Sardá y Salvany). La limosna cristiana no se contenta con remediar la necesidad del pobre; hace más, lo eleva hasta nuestro nivel, nos hacer ver en él a un hermano; más aún, nos hace contemplar en él la imagen misma de Jesucristo.