COLOQUIOS CON JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

EJERCICIO PARA LA COMUNIÓN

ELEVACIONES PARA LA PREPARACIÓN REMOTA

Festividad-del-Corpus-Christi

¡Oh de cuán gran negocio estás hoy encargada, alma mía, pues tienes que preparar en tu corazón una morada no para un hombre, sino para un Dios de Majestad infinita!

Pero a Vos mismo, Señor, toca prepararla; porque ¿qué puedo yo hacer, flaca y miserable criatura, que sea digna de Vos?

Señor, la santidad debe ser el adorno de vuestra casa, la gloria y la magnificencia debe brillar en ella por todas partes. Llenad, pues, os suplico, mi alma de santidad. Ejecutad en ella cosas grandes y magníficas, para que se haga una morada digna de Vos.

Sol de Justicia, que debéis entrar hoy en mí, preparad, os ruego, vuestra morada en mi corazón. El sol prepara su trono en el cielo, por los rayos de luz de que le ilumina antes de entrar en él; preparad igualmente Vos mismo el vuestro en mi alma, antes de venir a ella, disipando sus tinieblas por la brillantez de vuestros rayos.

Venid, Espíritu Santo, venid, os suplico, a disponer mi corazón para recibir al Divino Jesús; venid a purificar este corazón; venid a santificarle; venid a abrasarle con los fuegos sagrados de vuestra divina caridad.

Divino Jesús mío, Vos enviasteis en otro tiempo vuestro Espíritu Santo a preparar el seno de María para recibiros en el Misterio de la Encarnación; enviad hoy, os pido, el mismo Espíritu a preparar mi corazón para recibiros en el Misterio de la Eucaristía.

Sangre adorable de mi Jesús, purificadme, limpiadme de todas mis inmundicias, para que pueda recibir dignamente a mi Divino Redentor.

Me anego en esta Sangre preciosa; en Ella me lavo y purifico de todos mis pecados; en Ella dejo todas mis manchas e impurezas, para no volver a ser manchado con ellas.

Os ofrezco ¡oh Jesús mío! todos vuestros méritos y santidad, con los de vuestra Divina Madre, de todos los Santos y de todos los Ángeles; aceptadlos, os ruego, como suplementos de las disposiciones que me faltan para acercarme dignamente a este gran Misterio.

Dios, cuya santidad causa terror a los más elevados Serafines y cuya pureza hace en algún modo descubrir manchas en los más puros espíritus, ¿cómo me atreveré hoy a presentarme ante Vos, yo que no soy sino inmundicia y pecado, y que me reconozco indigno de ello? ¿Cómo podéis, ¡oh gran Dios! resolveros a venir a un lugar tan vil y miserable como es mi corazón, Vos que amáis tanto la gloria? ¡Oh que excesivas son vuestra bondad y misericordia!

Dios de gloria, me estremezco cuando considero lo indigno que soy de recibiros. Pero ya que Vos mismo me lo mandáis, no me lo imputéis, os ruego, a pecado.

Os pido humildemente, Señor, no permitáis que la Comunión que he de hacer, sea un motivo de condenación para mí en vuestro juicio; haced por el contrario me sea un manantial de gracias, y de toda suerte de bienes.

¡Oh que día tan grande es este para ti, alma mía, pues en él tienes que recibir al Criador del Universo, al Dios de toda la naturaleza! Disponte a aprovecharte de un tan grande beneficio.

Prepara, ¡oh alma mía! prepara los caminos del Señor antes que venga; endereza lo torcido, baja lo levantado, levanta lo bajo, limpia lo impuro, siémbralos con las flores de todas las virtudes.

Os ofrezco, Señor, durante este día mis acciones, mis pensamientos, mis deseos, mis sufrimientos, para que me sirva de disposición para recibir este gran Misterio. ¡Oh qué dicha tan grande es para mí hospedar al Dios de todo el Universo!

Venid, deseado de mi corazón; venid, objeto de todos mis votos y deseos; venid, mi gloria, mi tesoro, mis delicias. ¡Oh quién me concederá saciarme de vuestra Sagrada Carne y beber de vuestra preciosa Sangre!

Dilata, alma mía, dilata tu corazón para recibir la abundancia de gracias y favores de que tu Divino Salvador quiere hoy colmarte. Solo pide un corazón espacioso y capaz de contenerlos; arroja del tuyo todas las criaturas, para disponerle a recibir sus divinas efusiones.

PREPARACIÓN PRÓXIMA PARA LA COMUNIÓN

ACTO DE FE

Vos habéis dicho, Divino Salvador, que allí está vuestro Cuerpo y vuestra Sangre. Lo creo firmísimamente sobre vuestra palabra, persuadido de que es infalible y que el Cielo y la tierra faltarán más pronto que ella deje de tener su efecto.

Sí, creo ciertamente que allí está aquel Cuerpo adorable que nació del seno purísimo de la Santa Virgen, que ha sido clavado en la Cruz por la salvación del género humano, y que al presente brilla en el Cielo con un resplandor que oscurecería al Sol; y que también está la Sangre preciosa que salió de vuestro Divino Costado y de todos vuestros miembros Sagrados en el Calvario.

Creo que vuestra Alma Santísima, vuestra Persona Divina, vuestra Divinidad, se hallan igualmente, como que están unidas a vuestro Cuerpo y Sangre; y que las Personas adorables del Padre y del Espíritu Santo están también, como inseparables de la vuestra.

Creo que vuestro Sagrado Cuerpo estando vivo, está unido con la Sangre y que se hallan uno y otro bajo cada una de las dos especies.

Creo, en fin, que en el momento que el Sacerdote ha dicho las palabras Sagradas, la substancia del pan y del vino se ha convertido en la de vuestro Cuerpo y Sangre, que queda oculto bajo sus apariencias; y por más que mis ojos, mi gusto, mi tacto, mis otros sentidos y mi razón misma combatan esta admirable mudanza, y quieran persuadirme que no hay en el Altar sino pan y vino como antes, desecho todas sus deposiciones convencido de que no pueden ser Jueces legítimos en las cosas sobrenaturales y que no deben ser creídos contra el testimonio de vuestra palabra.

Me sujeto con una ciega sumisión, e invencible firmeza a todo lo que habéis revelado, y vuestra Iglesia nos enseña de este gran Misterio. Estoy gustoso con no comprehender nada de Él, y hallar dificultades para tener por esto ocasión de daros pruebas más ilustres de mi sumisión y respeto.

Creo la presencia real con toda la fe de vuestros Santos; y estaré pronto, si fuese necesario, a sellar la confesión de esta verdad derramando mi sangre. Lo creo, más ciertamente que si viese con mis ojos y tocase con mis manos el Cuerpo Sagrado de mi Salvador.

Llénate bien de todos estos sentimientos, ¡oh alma mía! imprime bien esta verdad en tu espíritu; ten una fe viva y perfecta de este Misterio; penetra con las luces de la fe sus tinieblas; y mira con ojos fijos y seguros bajo el velo del Sacramento, este Cuerpo Divino, que llena todo el Cielo con el resplandor de su gloria.

Este es el Misterio de la fe, que la pide grande en los que le reciben. La fe es una de las más excelentes disposiciones para recibirle dignamente. Afírmate siempre más y más en la creencia de sus dogmas tocante a este Misterio.

ACTO DE HUMILDAD

Dios de gloria, ante quien las columnas del Cielo tiemblan de un religioso temor, y cuya Majestad no se atreven a mirar por respeto los más altos Serafines; ¿cómo tendré valor a presentarme ante Vos para participar de estos formidables Misterios, yo que no soy sino un vaso de podredumbre y corrupción?

Ah! Me reconozco infinitamente indigno del favor inestimable que queréis hoy concederme, dándoos a mí para ser el alimento de mi alma.

¿Y quién soy yo, Señor, quien soy para merecer una gracia tan singular, yo que no tengo sino ignorancia, pecado, miseria por herencia y que por mis ingratitudes y malicias he merecido mil veces ser destruido por vuestros rayos y precipitado en los Infiernos?

Ah! confieso ante Vos mi extrema indignidad; confieso que nada hay en mí que no deba obligaros a negarme un favor tan admirable.

Me pongo bajo los pies de todas las criaturas, entre las cuales me reconozco la última y más miserable. Me abismo mil veces en la profundidad de mi nada; y sí me atrevo a presentarme ante Vos, Señor, para participar de este augusto Misterio, es únicamente por obedecer vuestras órdenes y porque Vos mismo me lo habéis mandado, a fin sin duda de hacer brillar más vuestra infinita misericordia, dando la vida por este Pan vivo, a quien tantas veces ha merecido la muerte y colmando con vuestros beneficios a la más indigna y miserable de todas las criaturas.

ACTO DE ADORACIÓN

Aunque no vea en nuestros Altares ninguna señal de vuestra grandeza, ¡oh Dios de Majestad! y que vuestra infinita caridad para con los hombres os haya puesto en ellos en el estado del más profundo aniquilamiento que se puede imaginar para acomodaros a su flaqueza, que no habría podido sufrir la brillantez de vuestra gloria, no obstante os reconozco por mi Rey y mi Dios.

Os adoro como Soberano Señor de todas las cosas, como Dios de toda la naturaleza y Criador del Universo; haced que os tribute todos los respetos que nunca jamás puede rendir una simple criatura.

Os hago homenaje de mí ser, de mi vida, de todo lo que soy, de todo lo que poseo, que reconozco tener de vuestra mano liberal.

Tengo sentimientos de vuestra infinita grandeza y demás perfecciones, superiores a toda idea y expresión.

Miro este grande Universo, con todo lo que encierra, como menos que un átomo en comparación de Vos; y no pudiendo hallar en mi con que honraros de un modo digno de vuestra infinita Majestad, me uno a todos vuestros Santos, Ángeles del Cielo, Justos de la tierra, y particularmente a vuestra Humanidad Santísima, subsistente en el Verbo Divino y a la Santa Virgen vuestra Divina Madre, para honraros por ellos y con ellos, y ofreceros toda la honra y gloria que os rinden, y rendirán, por toda la eternidad. Junto también toda la gloria que Vos posees dentro de vuestra Divina Esencia y que sacáis de vuestras infinitas perfecciones.

En ella tomo toda la parte que puede tomar una débil criatura y os la ofrezco con un espíritu de adoración y homenaje.

ACTO DE CONTRICIÓN

Yo mismo confesaré al Señor mí injusticia; le declararé que mis iniquidades se han elevado sobre mi cabeza y que me han abrumado como una carga cuyo peso no puedo sobrellevar.

Reconoceré en su presencia, que toda mi vida no ha sido sino una cadena de delitos y desórdenes; que no hay ingratitud ni malicia de que no sea culpable; porque después que me hizo la gracia de volver a entrar en mí, y de que yo viniese a él para dedicarme a su servicio, he descuidado todas mis obligaciones, y no he seguido sino mi pasión y mi amor propio.

Pero ¡cuánto pesar tengo, Señor, de todos mis desarreglos! ¡Cuánto detesto mi conducta pasada!

Ah! así os lo protesto. Tengo el corazón traspasado de dolor de haberos ofendido tantas veces gravemente. Estoy pesaroso de lo más profundo de mi alma por vuestro amor; os pido perdón, con lágrimas en los ojos, un millón de veces; y os prometo firmemente, mediante el auxilio de vuelta Divina gracia, que os suplico me concedáis, no ofenderos nunca jamás y serviros en adelante con la mayor fidelidad.

¡Oh que desdichado soy por haber ofendido a un Dios tan lleno de bondad, que toda mi vida me ha colmado de beneficios, que me ha dado el ser, adoptado por su hijo e instituido su heredero; que siempre me ha protegido, favorecido, colmado de gracias y en una palabra a quien debo todo lo que soy!

¿Ha habido jamás ingratitud, malicia que pueda igualarse con la mía? Llorad, ojos míos, llorad, derretíos en lágrimas; haced salir dos fuentes de agua viva que no se agoten, para lavar las manchas tan negras con que me he manchado.

Y Vos, Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, borrad os pido, los míos por la virtud de vuestra Sangre preciosísima; lavadme, purificadme, santificadme, revestidme con la ropa blanca de la inocencia y de la caridad, para que sea hallado digno de tener parte en el convite que Vos nos habéis dispuesto en este Augusto Sacramento. Amén.

ACTO DE ESPERANZA

Manantial inagotable de bondad y misericordia, por grande que sea la muchedumbre y enormidad de mis pecados e indigno que me haya hecho de vuestras gracias por mis ingratitudes y crímenes, espero no obstante obtener de Vos el alivio de mis miserias y el perdón de mis pecados.

No leemos en el Evangelio que ningún miserable haya nunca recurrido a Vos que no haya recibido socorro; ¿seré yo el primero a quien Vos le negaréis?

Clamáis de en medio de vuestros Altares, que todos los que están cargados y cansados lleguen a Vos para aliviarlos, ¿me desechareis cuando me presento para pediros alivio?

Aquí os sacrificáis de nuevo a vuestro Padre por mí; me alimentáis con vuestra Carne preciosa; obráis una infinidad de prodigios inauditos para manifestaros, a fin de que yo os pueda recibir, ¿haréis en vano todo esto?

No, Divino Salvador mío, vuestro designio es remediar mis males, colmarme de vuestros bienes y enriquecerme con todos vuestros tesoros.

Espero, pues, que por los méritos de vuestra Sangre y de vuestra muerte seré reconciliado con vuestro Padre, y obtendré la remisión de todos mis pecados.

Espero que vuestra carne preciosa me curará de todas mis enfermedades y flaquezas espirituales; que me comunicará su Santidad; que será para mí un manantial de gracia, de luz, de amor y de fuerza; que me servirá de escudo y defensa contra mis adversarios; y en fin, que me conducirá felizmente al puerto de la salvación.

Fortalécete, alma mía, fortalécete con la esperanza de que recibirás de tu Divino Salvador todos los socorros y ventajas que puedes desear. Espera bienes infinitos del amor infinito que te manifiesta en este Sacramento; y disponte a recibirlos por la firmeza de tu esperanza, por el ardor de tus deseos, y renunciando sinceramente a todas las criaturas. Amén.

ACTO DE AMOR

Aunque yo tuviera un corazón de tigre, ¿podría, oh adorable Salvador mío, dejar de amaros, cuando por una parte sois infinitamente amable por el conjunto de todas las bellezas y perfecciones que dichosamente se hallan reunidas en vuestra Divina Persona, como en su centro; y por otra me habéis siempre amado, y amáis aun con un ardor y ternura inexplicable, a pesar de mi extrema bajeza, y las ofensas que he cometido y cometo sin cesar contra Vos?

Toda mi vida me habéis colmado de bienes, aunque me he hecho indigno de ellos por mis ingratitudes y rebeliones; y con todo venís hoy a darme vuestro Cuerpo y vuestra Sangre preciosísima para que sea el alimento de mi alma, el remedio de todos mis males, y una prenda segura de la dicha que me habéis preparado en el Cielo. Siendo esto así ¿cómo podré negaros mi corazón?

Ah! ¡Os le doy, oh Jesús mío! os le consagro mil veces todo entero; os ofrezco todo el amor, todos los afectos, todos los deseos de este corazón.

Os amo con todo el ardor y fuerza, con toda la sinceridad y toda la ternura de que es capaz. Para siempre rompo con todas las criaturas, y renuncio a todos sus engañosos atractivos para no amar sino a Vos.

Todo mi pesar es no tener un corazón bastante ardiente y dilatado, para amaros de una manera más digna de Vos. Para suplir este defecto recurro al corazón de vuestra Divina Madre, al de vuestros Ángeles y Santos, a vuestro propio Corazón. Me uno a ellos para amaros por ellos y con ellos con todo su amor, ahora y siempre.

ELEVACIÓN DE CORAZÓN SOBRE LA PASIÓN DE JESUCRISTO

Ya que Vos habéis instituido este gran Sacramento, ¡oh Salvador mío! para ser el memorial de vuestra Sagrada Pasión, no debo acercarme sin renovar la memoria de todo lo que sufristeis por mi amor.

¡Oh! ¿cuál fue el exceso de vuestra caridad, Divino Redentor mío, que os indujo a padecer por la salvación de esta vil criatura, la cruel agonía que sufristeis en el Huerto de las Olivas, donde se vieron todos los miembros de vuestro Sagrado Cuerpo cubiertos de un abundante sudor de Sangre, que corría hasta la tierra; los indignos tratamientos de los Soldados, que después de haberos atado, os condujeron como un ladrón por las calles de Jerusalén; la confusión que recibisteis cuando os arrastraron de Tribunal en Tribunal para ser examinado y juzgado por Jueces inicuos; el dolor y afrenta que sufristeis cuando vuestro Cuerpo adorable fue despojado y despedazado a los golpes de los azotes y coronada vuestra cabeza de agudas y penetrantes espinas; las ignominias que os hicieron padecer los Soldados, cuando después de las adoraciones fingidas, os dieron de bofetadas, y cubrieron de feas salivas vuestro Divino Rostro; en fin, la infame y cruel muerte en medio de dos ladrones que padecisteis en la Cruz? Bendito sea para siempre el amor inefable que os condujo a sufrir tanto para salvarme.

Os doy un millón de gracias con toda la sensibilidad de que mi corazón es capaz. Humildemente os pido perdón de haber sido por mis pecados la causa de vuestros sufrimientos y muerte.

Os ruego, por el mismo amor que os los ha hecho padecer, me apliquéis el mérito de este Divino Sacramento, haciéndome morir al pecado y a la injusticia, para vivir a la justicia y a la gracia. Amén.

ACTO DE OFRECIMIENTO

Ya que Vos me hacéis el honor de llamarme a vuestro festín, ¡oh Jesús mío! para alimentarme con vuestra Carne y Sangre preciosa, voy a presentarme por sumisión a vuestras órdenes y con las mismas intenciones que Vos tenéis mandándomelo.

Voy para adorar la Majestad suprema de Dios, y rendir homenaje a su infinita grandeza, por este divino holocausto; para dar las gracias por todos sus beneficios por esta víctima de acción de gracias; para darle satisfacción de mis pecados por esta Hostia de expiación; para obtener de su bondad, por esta Hostia pacífica, los auxilios que necesito.

Voy para reverenciaros, ¡oh amable Soberano mío! haciéndoos reinar en mi corazón; para ser transformado enteramente en Vos, incorporado con vuestro Cuerpo, lavado, purificado y santificado por la virtud de vuestra Sangre; para ser animado de vuestro Espíritu; lleno de vuestra gracia y enriquecido de todas vuestras virtudes.

Voy para regocijar toda la Corte Celestial, por el don precioso que ofrezco en su honor; para socorrer la Iglesia en sus necesidades; y para procurar alivio a las almas que expían sus pecados en el Purgatorio.

Voy a obtener nuevas gracias para los Justos, a fin de que perseveren en la Justicia y adelanten en los caminos de la gracia; nuevos socorros para los pecadores a fin de que salgan de sus pecados; nuevas consolaciones a los afligidos, para que lleven sus aflicciones con sumisión y valor; finalmente voy para que tengáis a bien remediar todas las necesidades públicas y particulares de vuestros fieles, singularmente las de tal y tal persona, y cumplir todos los designios secretos que Vos tenéis sobre vuestras criaturas, por quienes queréis que os le ofrezca.

INVOCACIÓN

No podría pensar, Divino Salvador mío, en el honor que hoy me hacéis de recibirme en vuestra Mesa, sin que la vista de mi indignidad me llene, de espanto.

Tiemblo de temor que esta Comunión, en lugar de atraerme nuevos favores, como hizo el Arca a la Casa de Obededon cuando entró en ella, no me acarree nuevas desgracias, como hizo la misma Arca sobre los Filisteos, cuando fue transportada a su país; y que sea en vuestro Juicio un motivo de condenación para mí.

Pero Vos, Señor, que queréis tenga la dicha de recibiros, hacedme, os pido, digno de un favor tan poco común. Poned en mí todas las disposiciones que me son necesarias para recibir este gran Sacramento, de una manera que sea gloriosa a vuestro Nombre y ventajosa a mi salvación; llenadme de vuestro Espíritu antes de alimentarme de vuestro Cuerpo; revestidme de la ropa nupcial de la caridad, antes de darme entrada al convite de vuestras bodas; purificadme antes de hacerme comer vuestra Santa Carne; separadme de las criaturas antes de unirme e incorporarme con Vos, que sois mi Criador.

Desearía, Salvador mío, tener el mérito y la perfección de todos vuestros Santos y Ángeles, para recibiros más dignamente. Os lo ofrezco para suplir mi extrema pobreza y miseria. Os ofrezco también con el mismo designio y de una manera más particular, toda la santidad de que llenasteis a vuestra Divina Madre para disponerla a recibiros en vuestra Encarnación y todas las perfecciones de que vuestra Santa Humanidad fue adornada cuando se unió a vuestra Persona Divina.

Santísima y muy adorable Trinidad, de quien debo hoy tener la dicha de hacerme Templo, recibiendo a mi Salvador, poned en mí, os ruego, los ojos de vuestra misericordia para purificarme y santificarme, a fin de que me convierta en una morada digna de Vos.

Mi corazón ha sido hasta ahora un asilo de serpientes y dragones; desterrad de él estos monstruos, limpiadle de toda la infección e inmundicias que han dejado, mudadle en un Divino Santuario, enriquecedle con vuestros dones y gracias para que haya alguna proporción entre la grandeza infinita de vuestra Majestad, y el lugar donde habitéis.

Virgen Santísima, que tomáis tanta parte en todo lo que toca a la honra de vuestro querido Hijo, Vos sabéis cuan indigno soy de recibirle; alcanzadme, os suplico, por vuestra intercesión, las disposiciones cristianas y santas necesarias para recibirle dignamente.

Ángeles del Señor, que como Ministros celosísimos de su gloria, tenéis cuidado de disponer la habitación donde debe hospedarse, emplead todos vuestros cuidados, os suplico, en preparar mi alma para recibirle; alcanzadme ricos dones que la adornen y hermoseen. Juntaos a ellos vosotros Santos y Bienaventurados del Cielo y Justos de la tierra, y rogad todos de concierto a mi Divino Redentor, que ponga en mí todo lo que me es necesario para recibir con fruto tan gran Sacramento.

ACTO DE JÚBILO Y DE DESEO

¡Oh que alegría y felicidad para mí recibir hoy dentro de mí mismo un Dios de gloria; ser saciado de la Carne y Sangre de mi Divino Redentor; ser unido a su Cuerpo, para no hacer más que una misma cosa con él, y participar de su gloria y felicidad!

Viene a mí este Dios de Majestad, para derramar las riquezas de su gracia y misericordia; para hacerme participante de su Divinidad, transformarme en alguna manera en sí mismo, revistiéndome de sus Divinas perfecciones y haciéndome llevar una vida divina.

Es un Dios cuyo poder es infinito, y que se complace en obrar prodigios. Viene a mí para hacer de mi alma un teatro de maravillas; para hacer resplandecer la magnificencia de su amor; para obrar prodigios de gracia, de santidad y perfección. ¡Que consuelo, y que ventaja no es para mí el recibirle!

No hay ciervo sediento que suspire con más ardor por una fuente de agua viva; ninguna tierra seca que pida más la lluvia del Cielo; ningún hambriento que desee con mayor ansia la comida; ningún enfermo que tenga mayor anhelo por el remedio de quien espera la salud, como mi alma tiene por recibiros, ¡oh mi Dios y Salvador mío!