MATRIMONIO DE SAN JOSÉ

FUE VERDADERO Y VIRGINAL

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¿Cómo fue llamado San José a ser uno de los pretendientes a la mano de María?

Cuando la joven María llegó a la edad de catorce años, los sacerdotes a cuya vista fue educada en el templo mismo pensaron darle un esposo; más se hallaron en un gran embarazo: por una parte habiéndose hecho admirable la joven María por sus aventajadas cualidades y excelsas virtudes, era indispensable que la elección fuera digna de ella, y que tuviera lugar, además, en su propia familia, porque la ley así lo prescribía; por otra, María había hecho voto de virginidad, y era necesario conciliar el debido respeto a las promesas hechas a Dios, con la prescripción Mosaica que exigía el casamiento a todas las doncellas de Israel.

Después de un maduro examen, los sacerdotes, para conciliarlo todo, resolvieron el dar a María por esposo a alguno de sus parientes que pudiera ser el más fiel custodio de su inmaculado y virginal candor.

Para mejor hacer la elección, decidieron que todos aquellos a quienes la ley daba derecho de obtener la mano de la divina doncella, fuesen convocados al templo.

José, como descendiente de la casa de David, y como pariente de María fue comprendido entre los pretendientes. La orden de los sacerdotes fue ejecutada, y José, sea por obediencia, sea que su humildad le persuadiese que era imposible que la elección recayese en él, fue al templo; pero los pretendientes, atraídos por la reputación de la joven María, fueron tan numerosos, que la elección fue para los sacerdotes, si no imposible, al menos difícil.

¿Cómo fue visiblemente designado San José a los sacerdotes, para ser esposo de María?

Hallándose los sacerdotes embarazados para la elección, a consecuencia de los numerosos pretendientes, recurrieron a la oración, y el Cielo les respondió con una inspiración: esta decía que todos los jóvenes debían tener en su mano varas secas, y aquel cuya vara floreciese sería el elegido.

La orden fue ejecutada, y puestos todos en oración, la vara de José floreció en sus manos, y una blanca paloma vino a colocarse sobre su cabeza.

Convencidos por este milagro de los designios de Dios sobre San José, los sacerdotes enviaron a buscar a la joven María, que sólo consintió en este enlace por obediencia; la noticia del milagro debió causar en ella una grande alegría, porque pensó que ya que el Cielo la enviaba tan visiblemente a José por esposo, el Cielo sabría inspirar respeto a su voto de virginidad, y hacerle solamente un custodio y un apoyo para ella.

Los sacerdotes procedieron en seguida a la ceremonia, que se hizo conforme la ley exigía, y según la costumbre de la nación. José puso un anillo en el dedo de la joven virgen, como prenda de la fidelidad conyugal que le prometía, recibiendo una recíproca promesa en la aceptación que ella hizo.

¿Qué juicio formaremos del anillo que San José dio a María, con motivo de su casamiento?

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La Iglesia nada ha decidido respecto de esta preciosa reliquia. Diremos tan solo que ciertos autores, cuya autoridad debemos respetar, dicen que San José puso en el dedo de María un anillo formado de una piedra de amatista, símbolo de la fidelidad virginal; que este anillo existe aún, y se conserva cuidadosamente en Perusa de Italia, en la Basílica de San Lorenzo, siendo tal su antigüedad, que impide discernir de qué materia sea.

Benedicto XIV, exponiendo en uno de sus escritos el origen de la fiesta de los desposorios de San José con María, habla también de este anillo, que se conserva en Perusa como el que fue entregado a María por San José en el momento que la tomó por esposa, y sin decidir nada acerca de esta tradición, levanta con fuerza su voz contra la crítica amarga de un protestante que condena orgullosamente la devoción del pueblo a esta reliquia.

El Papa Urbano VIII compara este anillo a un doble arco iris que rodea a Perusa haciendo de ella un fuerte baluarte para defenderla de los peligros y del furor del infierno.

¿Qué más se dice de este anillo nupcial?

El anillo dado por San José a la augusta María, prenda preciosa de la alianza más afortunada, fue traído en el siglo X a Italia por un judío de Jerusalén, que le dio con otras alhajas a la condesa Judith, esposa de un poderoso señor llamado Hugo. El judío entregó el anillo de María con las otras alhajas a Bainier de Clusium, intendente de la condesa; mas éste no entregó esta reliquia a Judith, guardándola como un objeto precioso, pero sin honrarla con la reverencia debida. Diez años después, su hijo único le fue arrebatado por una enfermedad repentina; y cuando le iban a bajar al sepulcro, despertándose como de un profundo letargo, en medio de la multitud admirada, se levanta, descubre la falta cometida por su padre, revelando la existencia del tesoro, y al concluir su relato, se envuelve en el lienzo mortuorio, y se duerme el sueño de la muerte. El desgraciado Bainier, fuera de sí mismo, confiesa su crimen, entrega el sagrado depósito, que con este suceso se granjeó la veneración de los fieles.

Algunos años después, se dice que una princesa de sangre real llamada Valdrade, tuvo la temeridad de probarse el anillo bendito de la Santísima Virgen, y al retirarle de su dedo se le secó éste, siendo inútiles todos los remedios para curarle.

Algún tiempo después, el anillo nupcial de San José pasó a poder de los habitantes de Perusa, a cuya ciudad fue, en fin, otorgado solemnemente por el Papa Urbano VIII, en el año de 1486, después de largos y terribles debates que para ello mediaron.

¿Se puede decir que fue un verdadero matrimonio el de José y María?

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Aunque San José y la Augusta María hicieron voto de perpetua virginidad, no es menos cierto que hubo entre ellos un verdadero matrimonio.

En efecto, se dice en las Santas Escrituras, que José era el esposo de María, de quien nació Jesucristo; luego es evidente que por estas palabras ha querido revelarnos el Espíritu Santo, y en efecto nos revela, que hubo un perfecto casamiento entre José y María.

Todos los teólogos, dice Suarez, expresan que esta verdad es de fe, y la Iglesia, la enseña como tal, lo mismo que todos los doctores. Luego debemos creer y podemos decir con toda certidumbre, que la unión de José y de María ha sido un verdadero matrimonio, y por consiguiente que estos dos esposos se pertenecían mutuamente el uno al otro.

Sin embargo, confesamos que este matrimonio ha sido virginal en la promesa, virginal en el amor, virginal en la paternidad.

¿Cómo fue virginal en la promesa este casamiento?

Puesto que, según nos ha revelado el Espíritu Santo y nos enseña la Iglesia, el casamiento de San José y de María Santísima ha sido muy verdadero, se sigue que estos dos santos esposos se han pertenecido verdaderamente el uno al otro, por consecuencia. María pertenece a San José y San José a la divina María.

¿Pero cómo se han entregado el uno al otro? «Aquí es donde, exclama San Agustín, debemos admirar el triunfo de la pureza, en la certidumbre de este matrimonio. José y María se entregaron mutuamente, es cierto, más se dieron su virginidad, y se concedieron un mutuo derecho de guardársela el uno al otro; luego María tuvo el derecho de guardar la virginidad de José, y José el de guardar la de María: ni el uno ni el otro puede disponer de ella, y toda la virginidad de este casamiento consiste en guardar su santa virginidad; he aquí las promesas que les unieron, he aquí el tratado que les enlazó: son dos virginidades que se enlazan para conservarse mutuamente el uno y el otro por una correspondencia de deseos púdicos.»

Tal es el nudo de este matrimonio, dice San Agustín, que es tanto más firme cuanto las promesas que en ella se hacen, deben ser más inviolables, porque son más santas.

¿Cómo fue virginal en el amor el matrimonio de San José?

Es una verdad conocida que cuanto más puro es el amor y más espiritual y desprendido de la materia, es tanto más fuerte y más vehemente; porque el fuego de la concupiscencia encendido en nuestros cuerpos, no puede igualar jamás a los ardores de los espíritus unidos por el amor de la pureza. Y por tanto, ¿hay alguien que pueda decir cuál fue el amor conyugal de San José y María Santísima? Porque en ninguna parte ha sido este amor espiritual tan perfecto como en este santo matrimonio.

En esta unión, el amor es santo, espiritual y celeste pues todas sus llamas y todos sus deseos tienden a conservar la virginidad. Se aman entre sí, y en su grande amor aman su mutua virginidad.

San José ama a la Virgen María sobre todo lo que decirse puede; pero lejos de nosotros el pensar que el objeto de su amor eran los dones de la naturaleza con que María se hallaba adornada; o, en otros términos, la belleza mortal que la hermoseaba. No, lo que San José amó en María Santísima era la belleza oculta e interior, cuya virginidad forma el principal adorno.

Era, pues, la pureza de María, el objeto del amor de José, y cuanto más amaba a esta pureza, más quería conservarla, primero en su santa esposa y después en sí mismo, por una perfecta conformidad del corazón.

Y así, tan verdad ha sido el decir que las promesas de San José han sido puras, como que su amor a la Virgen  María fue divino y enteramente virginal.

¿Cómo fue virginal en la paternidad el amor de San José?

La Iglesia nos enseña que es artículo de fe que ha habido un verdadero matrimonio entre San José y María Santísima.

Es también un artículo de nuestras creencias, que la Virgen María ha sido la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, hecho hombre, y que Dios es su Padre.

Además, nos dice un piadoso autor: ¿por qué ha querido el Hijo de Dios encarnar en las purísimas entrañas de la augusta María? Pues ha sido, y este es el parecer de todos los Santos Padres, a causa de la virginidad de aquella santa criatura.

Es, pues, la virginidad de María la que ha sacado a Jesucristo del Cielo para presentarle en la tierra; Jesucristo es la flor sagrada que encerró la virginidad, el fruto feliz que la virginidad produjo.

Y san Fulgencio nos lo dice formalmente: «Sí, Jesús es el fruto, el adorno, el precio, Jesús es la recompensa de la santa virginidad.»

Luego, debemos concluir con Bossuet, «que así como todos debemos creer que es la virginidad de María la que la hace fecunda, no debemos temer el afirmar, que José tuvo parte en este gran milagro».

En efecto, si esta pureza angélica es el bien de la divina María, es el depósito mejor, es el bien del justo José, su casto esposo, porque la Virgen María pertenece a San José por su matrimonio y por los castos cuidados con que la ha conservado; así, pues, teniendo San José tanta parte en la virginidad de María, así también la tiene en el fruto que llevó la misma por cuya causa Jesús es hijo de José, no verdaderamente según la carne, sino según el espíritu, por la alianza virginal que tuvo con la madre.

Por lo cual diremos con razón que el matrimonio de San José fue virginal respecto de la paternidad.

¿Qué consecuencia legítima se podrá deducir del verdadero matrimonio entre San José y María Santísima?

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Si la unión entre el Casto José y la Virgen María ha sido un verdadero matrimonio, podemos deducir dos consecuencias muy gloriosas para el santo Patriarca.

La primera es que San José, desde su nacimiento, ha debido hallarse colmado de gracias y de méritos. Y, en efecto, si María Santísima ha sido saludada llena de gracia, y si de sus castas entrañas debía nacer el autor de ella, ¿no es evidente que San José ha debido estar colmado de gracia?

La segunda es, que San José ha debido ser y fue siempre virgen; si María Santísima, en efecto, no obstante su maternidad, no ha cesado jamás de ser virgen; si además su virginidad atrajo a Jesucristo a sus castísimas entrañas; si el Salvador ha amado a San Juan con un amor de predilección y le confió su Santa Madre porque era virgen, ¿no debemos concluir también y creer, en contra de lo que ciertos autores dicen, que San José siempre fue virgen?

Sí, podemos decirlo, porque el Cielo le ha escogido para ser el custodio de la virginidad de María y el Padre Adoptivo de Jesús.