COLOQUIOS CON NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

CAPÍTULO CUARTO

Método para acercarnos con fruto a la Santa Comunión

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El método para acercarse con utilidad a la Santa Comunión comprehende dos partes: la primera es la preparación; la segunda la acción de gracias; pero una y otra se subdividen; de modo que las hay remotas y próximas.

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La preparación remota es la que se hace antes del tiempo que precede inmediatamente a la Comunión: corresponde a los preparativos que se hacen para recibir un Rey en cualquiera de sus pueblos antes de la ceremonia de la recepción actual.

Esta preparación comprehende tres cosas.

La primera es una gran pureza de corazón, por la cual se está vigilante, no solamente contra los pecados mortales que se aborrecen, mas también contra las faltas veniales que se procuran evitar; porque es del todo indigno y vergonzoso que una persona que se acerca frecuentemente al manantial de toda pureza en el Santísimo Sacramento, vaya a mancharse a sangre fría y con entera deliberación, con pecados veniales, como mentiras oficiosas, murmuraciones ligeras, pequeños enfados, algunos movimientos pasajeros de aversión o menosprecio del próximo y otros semejantes; pues aunque los pecados veniales no hagan morir a Jesucristo en nuestro corazón, no obstante son como otras tantas llagas que se le hacen; no causan la muerte a nuestra alma, pero son como un lodo infecto que mancha la ropa nupcial, o como úlceras que empañan la hermosura, desfiguran la cara y desagradan a Jesucristo.Por esto una alma que frecuenta este Divino Sacramento, ha de evitar con el mayor cuidado esta suerte de pecados cometidos con designio formado, singularmente los que son contra las virtudes de la caridad, castidad, humildad y obediencia, los cuales se oponen más a la gracia de este Sacramento.

Debe ir a purificarse en el Sacramento de la Penitencia cuando haya caído en ellos (lo que se debe entender con mayor razón de los pecados mortales), y es necesario rompa enteramente el apego que los tiene, antes de presentarse a la Santa Mesa.

La segunda cosa que pide la preparación remota , es la práctica continua de todas las virtudes; porque no es bastante purificar de toda mancha de pecado la casa donde Jesucristo ha de ser recibido, es menester también hermosearla con los adornos de las virtudes.

La vida de los que frecuentan este Divino Sacramento debe ser un ejercicio continuo de buenas obras. Los que pasan su tiempo en la ociosidad y en la diversión, o no trabajan para el Padre de familias Evangélico, no merecen que Él los alimente con su pan, que únicamente está destinado para los obreros que trabajan en su viña.

Es, pues, necesario que los que se acercan a menudo a la Santa Mesa , tengan en primer lugar cada día horas arregladas para la oración, para la meditación, para la lectura espiritual , para el examen de conciencia, etc. En segundo lugar, que tengan también limosnas, ayunos, mortificaciones arregladas. En tercer lugar; que cumplan puntualmente, y con espíritu cristiano, las obligaciones de su estado, haciendo todas sus acciones con puro deseo de agradar a Dios y practicando con fervor las virtudes cristianas, singularmente las que brillan más en este Divino Sacramento, como son la caridad, humildad, obediencia y dulzura; y es necesario que algunos días antes de la Comunión, y aún más particularmente el día que se ha de comulgar, ofrezcan todas sus acciones para servir de preparación a este Divino Sacramento. Los que comulgan todos los días, o muchas veces en la semana, deben ofrecer cada día todas sus acciones para que sirvan de acción de gracias a las Comuniones precedentes, y de preparación a las que siguen.

La tercera cosa que comprende la preparación remota es la oración y el recogimiento. Es preciso muchos días antes de acercarse a la Santa Mesa, hacer frecuentes y serias reflexiones sobre la grandeza de este Augusto Misterio, sobre la excelencia de las disposiciones que pide en los que le reciben, sobre los efectos maravillosos que obra en las almas que se acercan a él dignamente y sobre el terrible juicio que se atraen las que se presentan con indignidad; y rogar sin cesar al Señor con muchedumbre de cortas, pero fervorosas oraciones, tenga a bien concedernos las disposiciones convenientes para recibirle con fruto. Se han puesto aquí algunas elevaciones para las personas que no tienen la facilidad de formarlas por sí mismas. Podrán servirse de ellas recitándolas con fervor, ya una, ya otra, según su afecto; o por lo menos la mañana del día que han de comulgar, podrán tomar un rato en su casa para rezarlas con devoción todas juntas.

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La preparación próxima consiste en el coloquio o ejercicio que se tiene inmediatamente antes de la Comunión; y corresponde a la ceremonia que se hace en la actual recepción de un Rey cuando entra en alguno de sus pueblos.

Es muy importante practicar bien este ejercicio; porque siendo hecho con fervor, nos dispone para sacar grandes frutos del Santo Sacramento, que se pierden cuando se hace con negligencia.

Por esto es necesario recoger todos los sentidos, y reunir todas las fuerzas del espíritu para procurar hacerle bien. Los que se sienten inclinados y tienen facilidad para la oración, pueden en este ejercicio:

  1. Considerar con fe viva, por una parte las grandezas y perfecciones infinitas del que viene a ellos oculto bajo el velo del Sacramento; por otra su propia bajeza e indignidad; y quedar anonadados a los pies de esta adorable Majestad, únicamente ocupados en rendirle sus homenajes, y reconocer sus miserias y su nada.
  2. Admirar el exceso de bondad que Jesucristo les manifiesta coronando los otros beneficios suyos con este, que es el mayor de todos; detestar sus propias malicias; gemir sobre la muchedumbre y enormidad de sus pecados; pedirle muy humildemente perdón con un vivo y sincero dolor.
  3. Entrar en espíritu en el Divino corazón de Jesus para considerar el ardiente amor con que nos ama, el cual le obliga a querer unirse con ellos de una manera muy íntima: excitarse por esto a un amor recíproco y producir los actos más ardientes que les sea posible.
  4. Pesar las maravillosas ventajas que les acarreará la posesión de un bien tan grande; excitarse a deseos ardientes de poseerle; esperar que recibirán todos los auxilios de que puedan tener necesidad.
  5. Atender a la alta santidad que pide tan gran Sacramento; confundirse al verse tan distantes de ella; rogar a Jesucristo los revista de su Santidad y de la de sus Santos y Ángeles; ofrecérsela como suplemento a la que les falta.
  6. Traer a la memoria los Misterios de la Pasión de Jesucristo, de que este es el memorial; darle gracias de tanto como ha padecido por ellos: compadecerse de sus sufrimientos; pedirle perdón de habérselos causado; rogarle les aplique su fruto en este Sacramento.
  7. Considerar la excelencia del Sacrificio incruento que Jesucristo ofrece en el Altar; la gloria que este Sacrificio procura a Dios y los favores que acarrea a los hombres; ofrecerle juntamente con Jesucristo, y con las mismas intenciones que le ofrece; ofrecerse también a sí mismos en calidad de víctima.
  8. Ir a la Comunión con el designio de unirse y hacer alianza con Jesucristo comiendo su Carne, de que reine en su corazón, de ser transformados en Él, y de morir con Él al mundo, al pecado y a todas las criaturas.
  9. Convidarle por ardentísimos deseos a que venga a tomar posesión de su corazón.
  10. Se puede también ocupar en el Evangelio del día, aplicándole al objeto de la Comunión.

Pero es necesario que todo esto se haga no de un modo frio y débil, sino vivo, animado, ardiente, imprimiendo bien en su alma los sentimientos de que acabamos de hablar. Los que no tienen la misma inclinación y facilidad de orar, deben en su ejercicio producir diversos actos de fe, esperanza, caridad, contrición, humildad, petición, deseo y otros semejantes.

Sería más útil y conveniente que cada uno los formase por sí mismo, en lugar de sacarlos de un libro, porque serán más vivos y animados; pero como pocas personas son capaces de ello, y aun las que lo son no se hallan siempre en una situación de espíritu que se lo permita, se dan aquí estos Actos con toda extensión, después de las elevaciones que se han puesto para servir de preparación remota.

También se dan unos coloquios para cada día de la semana, en favor de los Sacerdotes y personas que comulgan con frecuencia. Los que los hallaren de su gusto, podrán servirse de ellos; los otros encontrarán por lo menos la materia de su coloquio.

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La acción de gracias próxima consiste en el coloquio que se hace inmediatamente después de la Comunión, el cual se llama acción de gracias, porque la acción de gracias hace su parte principal, a la cual se refieren las otras en algún modo.

El hacer bien este coloquio es de la mayor importancia, porque como actualmente se posee a Jesucristo en el pecho, que abundantemente derrama sus gracias sobre los que se las piden y procuran con su respeto hacerse dignos de ellas, es el tiempo más precioso y la ocasión más favorable de toda la vida para alcanzar de Él favores extraordinarios.

Por lo cual es preciso aplicar toda la atención para aprovechar aquellos dichosos instantes. Los que Dios ha favorecido con el don de oración, pueden en este coloquio:

  1. Dar gracias a Jesucristo con sentimientos de un profundo reconocimiento, de haber tenido a bien entregarse a ellos en alimento; admirar la grandeza del beneficio y el exceso de amor que ha movido a este Divino Salvador a concederle; convidar a todas las criaturas del Cielo y de la tierra a darle gracias.
  2. Adorarle como su Rey y su Dios con los más profundos sentimientos de respeto que les sea posible; unirse a los Ángeles y Bienaventurados del Cielo para adorarle con ellos.
  3. Rendirle homenaje de su ser, de su vida, de todo lo que son y de todo lo que poseen; consagrarse enteramente a Él y protestarle que en adelante se ocuparán únicamente en su servicio; pedirle de nuevo perdón de las ofensas cometidas contra Él.
  4. Ofrecer esta adorable víctima al Padre Eterno en homenaje a su grandeza, en acción de gracias a sus beneficios, en satisfacción de los pecados cometidos y para obtener de su bondad las gracias de que se tiene necesidad.
  5. Ofrecerse también a sí mismos en unidad de víctima con Jesucristo, juntamente con la Iglesia del Cielo y la de la tierra, para gloria de la adorable Trinidad, honra de la Santa Humanidad de Jesucristo, de la Santísima Virgen, de todos los Santos, de todos los Ángeles y por todas las necesidades de la Iglesia y de sus hijos.
  6. Unirse a todas las operaciones de adoración, de amor, de alabanza, y otras de Jesucristo, para honrar a su Padre por Él y con Él.
  7. Representar a este Divino Salvador sus propias miserias y necesidades públicas y las particulares de los que se les encomiendan, o que tienen algún enlace con ellos, y rogarle con instancia las remedie.
  8. Renovar sus buenas resoluciones; y proponerse en particular la victoria de algún vicio o pasión más peligrosa y la práctica de la virtud más necesaria.

Las personas que han recibido de Dios una oración pasiva, no deben incomodarse en recorrer todos los puntos que aquí señalamos, sea para la acción de gracias, sea para la preparación a la Comunión. Deben seguir su inclinación, y detenerse solamente en los principales, o en lo que a Dios agrade ocuparlas. Hay algunas que tienen un gusto particular en contemplar sobre la Pasión de Jesucristo y hallan en ello mucho consuelo; estas pueden meditar sus misterios, ya en la preparación, ya en la acción de gracias, aplicándolos a este, que es la representación, y en alguna manera la renovación de la muerte del Salvador.

Se ponen aquí actos sobre todos los puntos de que acabo de hablar, para los que no tienen facilidad de producirlos por sí mismos, y podrán rezarlos después de la Comunión, lo que será necesario ejecutar con mucho afecto y fervor.

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La acción de gracias remota es la que se hace durante el resto del día que se ha comulgado, o también muchos después; porque es muy útil emplear muchos días en dar gracias a Jesucristo por tan gran beneficio, así como se ha debido emplear muchos días preparándose para recibirle.

Esta acción de gracias consiste en tres cosas.

1° En conservar su corazón entero para Jesucristo, teniendo cuidado de no dejar ocupar la menor parte a las criaturas, ni manchar la pureza con ningún pecado.

2° En corresponder fielmente a la gracia de este Sacramento, haciendo todas sus acciones con perfección y con un espíritu de amor y reconocimiento, y practicando con cuidado la virtud en las ocasiones que se presenten durante el día.

3° En hacer frecuentes elevaciones de corazón para dar gracias a Jesucristo, convidar a todas las criaturas del Universo a practicarlo con ellos, y rogarle obre en ellos efectos dignos de su grandeza.