Periodismo de avanzada

UNA ENTREVISTA… DE ACUERDO CON EL PLAN

UNA ENTREVISTA concedida por Monseñor Fellay al periodista Tim Sebastian en el marco del programa “Zona de conflicto” que se transmite por la radio alemana Deutsche Welle (Onda Alemana), ha sido publicada en el sitio You Tube el 1º de marzo de este Año de Gracia, en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=g0eTadAYK6o

Para los poco avisados o analistas simplistas, el titular de la Neo-F$$PX fue “derrotado” ignominiosamente por el reportero y mostró el lado flaco de su desempeño y de la entidad que preside.

¡Nada más apartado de la realidad! Monseñor Fellay sabe que el mundo, cuando piensa en la Fe Católica, en la Tradición de la Esposa de Cristo, en la Iglesia de siempre, rápidamente tiende a identificar todo esto con la Neo-F$$PX, teniendo en cuenta sus comienzos, las actitudes que se mantuvieron durante tantos años, y el elevado vigor con que se combatía desde sus filas contra los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo.

Para esta oportunidad, Monseñor Fellay tenía que dar otro golpe de timón (y van…) para acercarse más a la iglesia conciliar, mostrándose políticamente correcto (aunque pareciese forzado), utilizando la acostumbrada técnica de la entrevista pre-armada: “Usted me pregunta esto, de esta manera, y yo le respondo lo previsto, con el gesto adecuado.”

No es casual asimismo que el reportaje se haya realizado en Menzingen: ¿Qué mejor para los enemigos de la verdadera Fe, que ver a la supuesta iglesia derrotada de local?

Por eso, para empezar, pretendiendo defenderse de la acusación de tratar a los judíos como enemigos de Cristo, Monseñor Fellay termina por admitir, sutilmente (o no tanto), que no se los puede considerar de esa manera.

Detrás de esto vendrá el aceptar una reinterpretación de todo el capítulo XXIII del Evangelio según San Mateo.

Obsérvese que este último discurso de Nuestro Señor en el Templo es un nutrido y riguroso despliegue de las maldades farisaicas, y culmina, desde el versículo 34 hasta el 39, con advertencias proféticas que se extienden hasta el final de los tiempos… Efectivamente, el Redentor no sólo imputa a los judíos de su tiempo en la tierra la apostasía, la filiación diabólica y el deicidio, sino que augura que así se mantendrá esa raza de víboras, ese enjalbegado necrosario, hasta su Segunda Venida:

Por eso, he aquí que Yo os envío profetas, sabios y escribas: a unos mataréis y crucificaréis, a otros azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. En verdad, os digo, todas estas cosas recaerán sobre la generación esta. ¡Jerusalén! ¡Jerusalén! tú que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos debajo de sus alas, y vosotros no habéis querido! He aquí que vuestra casa os queda desierta.  Por eso os digo, ya no me volveréis a ver, hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

Todo esto —manifestado por Nuestro Señor y profetizado para el final— hay que destruirlo, y eso se le ha encomendado a Monseñor Fellay como uno de los protagonistas principales; precisamente en estos tiempos en que se advierte tan cercana la Parusía.

Del mismo modo, toda esta situación se aproxima, en la genuina visión que hay que tener sobre ella, a lo también anticipado por el Hijo de Dios en Mateo XXIV, 22: “Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; mas por razón de los elegidos serán acortados esos días.”

Vemos, con una mezcla de amargura agobiadora y de esperanza bienaventurada, que esta época, y la que se acerca a pasos agigantados, parecen amenazar, en los verdaderos fieles y creyentes, las más genuinas expresiones de fe y de piedad.

En ese verdadero “ping-pong” diseñado entre reportero y entrevistado, Monseñor Fellay revela la complicidad de Monseñor Williamson, al repudiar la tibia defensa de la interpretación genuina del Holocuento hecha por el Obispo de Kent en su oportunidad. Puede verse que tanto uno como otro prelado, por caminos sinuosos y aparentemente divergentes, acaban por hacerle el juego a los defensores del Sanedrín.

Por supuesto, no podía faltar también una defensa sutil de la herejía musulmana, pretendiendo, como en el caso de los judíos, absolver a la mayoría manifestando expresamente que son unos pocos los que llevan adelante el perverso combate contra Nuestro Señor y su Santa Iglesia, como si el libro pseudo-sagrado del Islam –que siguen todos los musulmanes– no fuera suficientemente demostrativo de la malignidad de su autor y sus continuadores.

En la misma línea, cuando el titiritero Sebastian alude a la autoridad papal y al Concilio Vaticano II, Monseñor Fellay se muestra francamente…, franciscamente… conciliador, y consigue un efecto de sumisión, servilismo y envilecimiento frente a la asamblea que pretendió condenar a la Santa Iglesia, y asimismo ante el usurpador de la Cátedra de Pedro que pretende darle el golpe de gracia (¿gracia dije?) a la Esposa de Cristo. Otra nutrición para las entrañas podridas del mundo moderno… y modernista.

En este mismo asunto Monseñor Fellay “reivindica” a la verdadera Iglesia secular, al Magisterio, y por extensión a los Santos Padres, a las Sagradas Escrituras y a todo el acervo de la Sagrada Esposa de Nuestro Señor, pretendiendo pasar como uno de sus genuinos exponentes, identificándose con el Sagrado Tesoro y envileciéndolo con sus anfibias y mediocres defensas, poniéndolo a disposición de las sucias manos mediáticas de su cómplice Sebastian.

Sigue el peloteo, ahora haciendo referencia a las excomuniones, a las doctrinas bergoglianas sobre el aborto, la homosexualidad, el concubinato perverso institucionalizado; denostando por complicidad al latín y a los cristianos (¿cristianos dije?) perseguidos en el mundo, mezclando conceptos de dogma y amor (?), etcétera.

En ese extenso ir y venir teatralizado, hasta deja ver que no piensa como la Santa Iglesia: “Si nos presentamos como católicos, estamos obligados a representar la enseñanza de la Iglesia en este punto, no lo que nosotros pensamos sino lo que enseña la Iglesia.” ¡Brillante, Bernard! ¡Piedra libre para el secuaz de Sebastian, detrás de esa frase!

Y esta otra, que es sencillamente conmovedora: “El modernismo es un error religioso. No tiene nada que ver con el mundo moderno”.

El inicuo periodista sigue aparentando atosigar a Monseñor Fellay, simulando complicarlo con los derechos humanos, contra los innombrados (pero supuestos en el diálogo) Mandamientos de la Ley de Dios, “distinguiendo” entre pedófilos y homosexuales (defendiendo a estos últimos, desde luego), hablando de igualdad entre varones (supongo: dice “hombres”) y mujeres —I Corintios, XIV, 34-35—, ignorando deliberadamente (también para destruir) que el ser humano más excelso de la Creación, fuera del Hombre-Dios Jesucristo, es la Llena de Gracia, la Virgen Santísima, eminentísima en gracias y dones prodigados a Ella por el mismo Dios; etcétera, etcétera, etcétera…

Finalmente, llegamos a los pecados de Monseñor Fellay… En este reportaje hay cerca de un centenar, pues aproximadamente esa cantidad de planteos y argumentaciones del periodista y del entrevistado es la que calculé en un vistazo. Claro que la transgresión mayor a la Ley Divina es el resultado de esta amañada entrevista: seguir arrastrando eficientemente almas al lodazal del mundo, de la iglesia conciliar y del universo mediático.

Ya otros se ocuparán de entresacar muchas otras perlitas de esta ostra malvada en forma de diálogo; creo que con lo expuesto tenemos bastante como para darle a este encuentro la merecida calificación de protervo que subyace en este análisis.

Todo esto, pero absolutamente todo esto, sigue… DE ACUERDO CON EL PLAN.