PATRICIA VERBOVEN- EL “ARTE” DE DIOS

(primera parte)

¿Qué es el arte?

El origen de esta palabra proviene del latín ars, artis ‘habilidad’, ‘profesión’, ‘arte’. A la misma familia etimológica latina pertenecen artesano, artilugio, artista e inerte.

Se define como cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos.

En otras palabras, es un concepto que engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario.

Y dice bien claro “del ser humano”, pero hoy, permítanme tomarme la licencia de aplicar este sustantivo a Dios.

Intento en este trabajo unir tres temas que nada parecen tener que ver: la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, el número 1,61803398… y la belleza. Veremos qué resulta.

En el artículo sobre la Virgen Alada, vimos cómo la imagen de La Inmaculada Concepción es modificada por algunos artistas, hasta convertirse en la Mujer descripta en el libro del Apocalipsis, agregándole símbolos extraídos del capítulo XII.

A raíz de ésto, alguien me hizo notar que alguno de esos símbolos también estaban plasmados en la tilma (Manta de algodón que llevan los hombres del campo, a modo de capa, anudada sobre el hombro) de Juan Diego, donde Nuestra Señora de Guadalupe se nos presentó para quedarse entre nosotros para siempre.

Circula mucha información sobre lo milagroso de esta imagen, las apariciones a Juan Diego, la historia de cómo se grabó en su tilma, la investigación que determinó que la pintura no tiene ningún origen conocido, la duración de la fibra vegetal con que está confeccionada la tilma, las imágenes que se encontraron en sus ojos, la posición exacta de las estrellas de su manto del día de la aparición, y otros tantos milagros que seguramente la mayoría conocen.

Pero ¿qué significan todos los elementos que acompañan a esta bella pintura celestial?

GUADALUPE

A partir de 1531, nueve millones de habitantes que durante siglos habían profesado una religión politeísta y practicado los sacrificios humanos más crueles, se convierten al cristianismo.
Cada año, los Aztecas ofrecían en sacrificio al menos 20.000 hombres, mujeres y niños a sus dioses sedientos de sangre, y en algunos festivales especiales, como la consagración de algún nuevo templo, los sacrificados al dios serpiente Quetzalcoatl llegaban a 80.000 en una sola ceremonia…
¿Qué ocurrió ese día sábado 9 de Diciembre de 1531 para que se produjera luego una conversión sin precedente histórico alguno?
Se podrían contestar que sucedieron dos cosas centrales:
Que las autoridades locales de la Iglesia aceptaron rápidamente la aparición, ya que le tardó solo 5 días a Fray Zumárraga aceptar lo sobrenatural, tendiendo un puente firme entre el mundo Europeo y cristianizado, y el indígena politeísta.
Y que la Virgen les habló a los indígenas en un lenguaje entendible para ellos, con simbologías que les eran familiares y de esta manera el cristianismo le dio sentido a lo que ellos ya conocían o intuían.

El lenguaje simbólico

Un símbolo es una imagen que representa en su conjunto una cosa concreta. Es una figura retórica de pensamiento por medio de la cual una realidad o concepto normalmente de carácter espiritual se expresa por medio de una realidad o concepto diferente, entre los que se establece una relación de correspondencia, de modo que al nombrar el concepto simbólico se sugiere o se evoca el concepto real. El simbolismo es el arte de pensar en imágenes.
Las antiguas culturas de México tenían a los símbolos como su lenguaje natural, siendo la forma más sencilla de expresar sus ideas, sus emociones, su cultura.
La aparición de un símbolo corresponde en primer término a la necesidad que tienen los hombres de comunicarse; al conocer los símbolos entendemos que surgieron del mundo que los rodeaba, del valor propio que cada grupo humano les fue dando, por lo que no se pueden desligar del contexto dentro del cual se interpretan.

La simbología en la imagen de la Guadalupe

Los símbolos, la historia, algunos códices y la tradición oral, fielmente transmitida de padres a hijos y plena en valores trascendentes, hacen que la sagrada imagen de la Santísima Virgen María de Guadalupe constituya para el pueblo indígena un códice pictográfico que pudo ser leído y valorado desde el primer momento. En el ayate (Tela de hilo confeccionada con la fibra del maguey, de la cual estaba realizada la tilma de Juan Diego) comenzaba un nuevo mundo, la aurora del sexto sol que esperaban los mexicanos y que los indígenas vieron, admiraron y entendieron,

LO QUE VIERON LOS INDÍGENAS

EL LUGAR Y LOS COLORES

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, que se realizó en la colina sagrada del Tepeyac –uno de los cuatro puestos principales para el sacrificio en la América Central precolombina y sede del Santuario de Tonantzin– significa para los indígenas, que la Virgen india es madre de dios.
Los colores del vestido de María: el rosa pálido de la túnica, es el de la sangre del sacrificio, el de Huitzilopochtli, dios que da y que preserva la vida, el color del oriente y el sol victorioso; el color dominante verdeazul del manto, es el color real de los dioses indios.

SIGNO DE CERCANÍA

Desde antes de las apariciones ya existía entre los aztecas una diosa llamada Tonantzin, que significa Venerable madre, a la que acudían los indígenas debido a que entre ellos la mujer era primero que el hombre.
Entre los aztecas, la madre tenía prioridad sobre el padre. Fue por eso que la evangelización entre los indígenas se hizo más fácil a partir de la presencia de Santa María de Guadalupe en tierras mexicanas.

UN NOMBRE FAMILIAR A INDIGENAS Y A ESPAÑOLES

Durante cuatro días la Virgen se había comunicado con Juan Diego hablándole en su propia lengua, el náhualtl. Al identificarse, María usó la palabra “coatlallope”; un sustantivo compuesto formado por “coatl” o sea, serpiente, la preposición “a” y “llope”, aplastar; es decir, se definió como “la que aplasta la serpiente”. Otros reconstruyen el nombre como “Tlecuauhtlapcupeuh” que significa: “La que procede de la región de la luz como el Águila de fuego”.
De todas formas el vocablo náhualtl sonó a los oídos de los frailes españoles como el extremeño “Guadalupe”, relacionando el prodigio del Tepeyac con la muy querida advocación que los conquistadores conocían y veneraban en la Basílica construida por Alfonso XI en 1340. ¡La Virgen se comunicó de manera que la entendiesen tanto los indios como los españoles!

LAS ROSAS Y EL ROSTRO

El puñado de rosas, que florecieron milagrosamente en un sitio desierto y en invierno, se ofrece como signo de autenticidad al obispo e indica la felicidad divina, en plena comunión con el Dador de la vida.
El color del rostro –de tono grisáceo–, su actitud y forma de vestir no son europeos, sino profundamente en consonancia con los usos del lugar. Su rostro indica el mestizaje, unión de dos razas, encuentro de dos mundos. El rostro impreso en el ayate es el de una joven mestiza; una anticipación, pues en aquel momento todavía no habían mestizos de esa edad en México.

LAS ESTRELLAS, LA FAJA Y EL TEMPLO

Las estrellas del manto son símbolos del comienzo de una nueva etapa; la faja negra que ciñe el talle de la Virgen es el signo de la maternidad; María lleva en su seno a su Hijo Divino y se lo ofrece a los nuevos pueblos; la falta de máscara (los dioses indígenas llevaban máscara) significa que la Señora no es una diosa, a pesar de ser superior al sol y a la luna, las grandes divinidades del lugar; la petición de un templo tiene el profundo significado del comienzo de un nuevo sistema de vida.
El pueblo azteca adoraba al Sol, a la Luna y a las estrellas. La Virgen de Guadalupe oculta al sol (sus rayos aparecen por detrás), pisa la Luna, y las estrellas adornan su manto. Todos al servicio de María.
Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.
El cinto que marca el embarazo de la Virgen y que se localiza arriba del vientre, cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia un nuevo tiempo tanto para el viejo como para el nuevo mundo.

LAS NUBES A SU ALREDEDOR

Para algunos indígenas, las nubes estaban asociadas con la altura, la elevación del espíritu, que indicaban lo divino. También anunciaban la llegada de un nuevo tiempo.

NAHUÍ OLLÍN: (FLOR DE CUATRO PÉTALOS)

Una flor de cuatro pétalos, Nahuí Ollín, se alcanza a visualizar en el vientre de la Imagen. Ésta representa, para los aztecas, la Morada de Dios, Centro del Universo, Ombligo de la Historia, Plenitud del Tiempo y del Espacio, Origen de la Vida. Esta misma flor se encuentra en el centro de la Piedra del Sol o Calendario Azteca.
El trébol de cuatro hojas como signo de plenitud simboliza a Dios. Al estar sobre el vientre de María quiere decir que Ella nos trae a Dios en su seno. Ella misma se presentó como la Madre del Verdadero Dios. Del Dios Autor de cielo y tierra, y que está en todas partes. La siempre Virgen María, Madre, no de los dioses falsos, en cuyo altar se derramaba sangre humana, sino del verdadero Dios.

SU CABELLO

Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señal de virginidad. Es Virgen y Madre. Las casadas llevaban el pelo trenzado.

SU ESTATURA

La estatura de la Virgen en el ayate es de 1.43 centímetros, compatible con los indígenas.

EL BROCHE CON LA CRUZ

Indica que ella nos trae la joya de Cristo crucificado. Era la misma cruz que ellos veían en los estandartes de los españoles.

SUS OJOS

Su mirada refleja ternura y bondad. Los indígenas no consideraban correcto mirar de frente; por eso tiene inclinada la cabeza en señal de reverencia y respeto.

EL ÁNGEL

A los pies de la Morenita un ángel asoma con dignidad; en la cultura hispana los angelitos revolotean en muchas imágenes, pero en nuestro lienzo mexicano se lee otra connotación muy indígena. Éste representa a un mensajero, orgulloso de llevar y mostrar a la Señora. Si supieron que Juan Diego fue ese personaje, entendieron, entonces, el símbolo del mensajero: tiene unas alas muy coloridas (parecidas a los del pájaro mexicano tzinitzcanque) resultan ser de los colores cósmicos, o sea que él está bajo el total cobijo de su Niña; tiene su vestido del mismo color de la túnica de Ella, así como el broche que la pliega bajo la barbilla: hijo de la Señora del broche, en lectura indígena. Con una mano el mensajero junta la cola del manto azulino, y con la otra, el pliegue del vestido rosado: Juan Diego juntó al cielo con la tierra al llevar el mensaje de Guadalupe al obispo.

LA VIRGEN DE GUADALUPE DE CRISTOBAL COLÓN

Muchos desconocen que la Guadalupe original es de Extremadura, España. De hecho, Cristóbal Colón fue un devoto e incluso el nombre de la isla caribeña de Guadalupe es en su honor, después de que ella salvó a su flota de una tormenta en el mar. La Virgen de Guadalupe española, es una de las varias tallas de tez negra que existen en Europa, a diferencia de la advocación mexicana que, como ya comenté, tiene la piel más clara o “morena”.
La Virgen de Guadalupe es una advocación mariana cuyo santuario está situado en la villa y puebla de Guadalupe (Cáceres), España.
Se trata de una talla sedente, románica, realizada en madera de cedro, que, según una antigua tradición, fue encontrada por un pastor de nombre Gil Cordero, vecino de Cáceres, a quien se le apareció junto al río Guadalupe, de quien tomó el nombre la Virgen y el pueblo. Según esta misma tradición, la imagen había estado siglos atrás junto al cuerpo de San Lucas, expuesta en Roma y en Sevilla, hasta que en 714, en plena conquista musulmana, la imagen fue escondida junto al río Guadalupejo, nombre que viene de la unión de la palabra árabe “wad” (río) y la contracción latina “lux-speculum” (espejo de luz), donde permaneció hasta su hallazgo por Gil Cordero, habitualmente fechado en 1326.
La talla pertenece al grupo de vírgenes negras de Europa occidental. Desde el siglo XIV aparece vestida con ricos mantos y joyas.
En el lugar del hallazgo se construyó una ermita, y posteriormente el rey Alfonso XI elevó la pequeña iglesia a Santuario. En 1389 el monasterio fue confiado a la Orden de los Jerónimos. Actualmente lo regentan los Franciscanos.

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GUADALUPE2

La Virgen Morena no sólo es Reina de México, sino también Emperatriz de las Américas, desde Argentina hasta Canadá. Mientras que otras manifestaciones de María solamente reclaman una región o país, en el caso de Guadalupe es la única que reina sobre un continente, todo el hemisferio occidental. Y, si eso no es suficiente, por un breve período en la mitad del siglo XX, también fue declarada patrona de las Filipinas, la nación de la tercera mayor población católica del mundo.

FUENTES
http://forosdelavirgen.org/3654/la-conversion-prodigiosa-de-los-aztecas-por-maria/

http://www.mexicodesconocido.com.mx/interpretaciones-sobre-la-imagen-de-la-virgen.html

http://www.vivelohoy.com/noticias/7965369/doce-misterios-de-la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe

https://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_de_Guadalupe_(Espa%C3%B1a)