SAN LEONARDO DE PORTO MAURICIO- PARÁBOLA

San Leonardo de Porto MauricioLa educación es un grave deber para los padres, sabiendo que ante Dios la debilidad, la indiferencia no tiene excusa, es lo que nos muestra el Santo en la siguiente parábola.

 El pastor de un rebaño fue hecho prisionero, encerrado e incomunicado sin saber porque. En la prisión, hizo su examen.

Sin duda, se dijo, me han arrestado por error. No tendría que hablar aquí pero nadie me escucha: ¿Qué mal he hecho? Todos los días decía mi rosario, ¿ está mal?. Yo tocaba la gaita, cantaba cancioncillas del país. ¿ Hay algo de malo en eso?. Tejía canastas de junco y de retama, y al mediodía descansaba un poco a la sombra de un álamo ¿ que mal habría en esto?. Y sin embargo, me han encerrado aquí. Justicia, ¿ Qué haces, dónde estás?

En ese momento la justicia entra

-Ven, dijo al prisionero, y lo condujo al tribunal, donde fue condenado.

-Pero, sin duda me toman por otro, o he sido calumniado.

-¡ Error! ¡Calumnia! ¿No eres tú el pastor del rebaño, y no te llamas así?.

-Es verdad.

-Y bien, estás condenado a galeras.

-Pero, ¿Por qué, Juez?

Porque aquí está la prueba: mientras que tú te divertías en jugar y cantar, o bien cuando dormías tranquilamente, tus cabras rompieron el cerco, entraron al jardín y destrozaron todo. Son bestias, ellas no son responsables, eras tú quien debía cuidarlas; tú sufrirás el dolor por los estragos que han causado. Mientras que, insensato, rezabas el rosario, las cabras entraron en este viñedo e hicieron un inmenso desastre. Estos animales no tienen discernimiento, eras tú quien debías cuidar, alimentar y manejar con destreza el cayado. Y bien, tú sufrirás el dolor del mal que han hecho.

Padres y madres, esta alegoría les concierne: un día comparecerán ante el tribunal de Dios, y sin comprender el por qué, serán condenados.

-Pero, ¿ la razón, Señor?

-Es ésta: mientras que ustedes, padres y madres de familia, asistían a una velada, a cualquier reunión, o bien dormían y cerraban los ojos, sus jóvenes, sus hijos, como cabras petulantes, rompieron el cerco de los divinos preceptos, entraron en ese jardín de inocencia, y han deshojado las azucenas de pureza que lo adornaban; eran bestias sin juicio: era su deber vigilar para que no hicieran mal. Mientras que ustedes pasaban el tiempo en esta fiesta o ese espectáculo, sus jóvenes, como toros fogosos, saltaron la fosa, y no se puede decir cuanto mal hicieron; el resultado fue un gran escándalo para toda la comarca. Era a ti, padre, madre o tutor, que te correspondía manejar bien el bastón y tenerlos bien vigilados: sufras pues la pena del mal que ellos hicieron.

¿Los asombra? ¡como! La justicia humana condena a este pastor por el perjuicio que hicieron en los campos estas cabras, estas bestias; ¿y la Justicia Divina, no condenará a estos padres por el mal que hicieron sus propios hijos en la casa?

Este pobre aldeano debió rendir cuenta del desastre que ocasionó su ternero y su cabra en el jardín de su vecino, y ustedes, padres y madres, maestros y maestras, ¿ no habrán de rendir cuenta de los estragos que han hecho aquí y afuera este hijo libertino, esta hija inmodestas, este joven sin recato, esta sirvienta débil, este servidor licencioso?.

Algunas veces, ustedes dicen; “Tengo un hijo, tengo una hija que me condenarán”.

Dicen la verdad, pues soy del parecer que muchos padres que viven rectamente serán condenados a causa de sus hijos, cuya inconducta toleraron.

Por su amor desordenado a los hijos, ustedes son causa de su ruina eterna, y esta ruina, a su vez, causa la propia.